jueves, 2 de junio de 2011

El silencio de los culpables. Por Adrián Ventura


Según las leyes, toda persona acusada de un delito tiene derecho a callarse o mentir para no autoincriminarse. Pero en política hay silencios que sugieren culpabilidad.
La agrupación Madres de Plaza de Mayo fue la que brindó al Gobierno su bandera de los derechos humanos; es la que maneja, a través de una fundación, millonarios fondos públicos para hacer obras, y es, también, la que está bajo sospecha de haber desviado, junto con Schoklender, una parte de esos dineros que terminó en manos de la firma Meldorek, de la que aquél es accionista y director titular.
Hasta ahora, sin embargo, las Madres no quisieron aclarar nada:
  • La Unidad de Información Financiera (UIF) demoró un año en enviar su investigación al fiscal de Casación Raúl Plee, para que iniciara una causa penal. Apenas se decidió a hacerlo ayer, para evitar ser objeto de fuertes críticas durante la sesión del Senado, donde se aprobó una importante reforma de la ley antilavado que reclamaba el Grupo de Acción Financiera Internacional.
  • Un abogado presentó otra denuncia ante el juez Marcelo Martínez de Giorgi, para que se investigara si hubo desvío de fondos. El fiscal requerirá, pero la pesquisa implicará auditar todos los fondos que recibe Madres, por lo cual demorará en dar frutos.
  • La Sindicatura General, violando su obligación, nunca transparentó aquel financiamiento.
  • Además, Schoklender y las Madres tienen en su favor otra carta: como hasta ahora nadie investigó si incurrieron en defraudación, administración infiel u otro delito, no puede imputárseles el llamado delito "precedente", por lo cual nunca podrán ser condenados por lavado de dinero proveniente de ese delito. Sólo ayer el Congreso independizó la sanción del delito precedente de la del delito de lavado, pero esto nunca podría perjudicar retroactivamente a Schoklender. En suma, los vericuetos legales favorecen la impunidad.
Por eso, la decisión de las Madres de excluir del Espacio de la Memoria a varios periodistas que pretendían obtener algunas respuestas sólo alimenta la sensación de que se intenta ocultar algo turbio. La Corte Interamericana, la misma que siempre impulsó el castigo por los desaparecidos, también estableció que impedir el acceso de periodistas a fuentes públicas es censura. Sólo la ceguera política puede justificar que las Madres quieran censurar el derecho a la expresión, base de todo reclamo.

Fuente: La Nación

1 comentario:

  1. DOLOR DE MADRE -cuento breve de una tragedia-




    Al fondo del último recoveco, en las profundidades de su conciencia, la mujer fue arrinconando apretadamente el mayor de sus rencores. Durante mucho tiempo pudo esconderlo de todos. Salvo, claro, de sí misma. En la soledad más absoluta nunca derramaba lágrimas, por ellos solamente insultos. Su sombra era el mudo testigo del modo en que encorvaba la espalda para sacar desde muy hondo todas y cada una de las palabrotas. Y a veces ni siquiera palabras, secos e impiadosos sonidos guturales lacerando el agrio repudio de la sangre. El dolor fue sincero, ¿cómo no serlo?, la mentira anidaba en la razón de tan grande aflicción. Se aferró al pañuelo como un blanco de amnesia, para olvidar todas las manchas, aquellos mocos que ella misma les sonaba. Y lo lavaba para que se viera más limpio. Pero la traición... ¿de qué forma perdonarles la traición? Porque no fue sólo que se alzaron contra la Patria al ensangrentar la tierra queriendo arriar la bandera que los vio nacer. Otras madres de hijos igualmente ganados por la misma causa del odio se dejaron caer en la vergüenza al entender que intentando borrar la historia del país y arrasar sus símbolos, tradiciones y libertades lo que en verdad querían era matar a sus padres. Al fin de cuentas eso es la Patria, la tierra de los padres. Ella se negó a verlo, pero lo vio antes de cerrar los ojos. Esos hijos escupieron en la cara de sus progenitores que la sociedad que les legaban era mierda, tan mierda que merecía ser aplastada bajo la opresión de un trapo rojo. Todo se debía destruir, las leyes, las costumbres y hasta los afectos para dar paso a un hombre nuevo. Un hombre nuevo que no tendría nada de hombre, pero sí mucho de bestia y autómata.

    No pudo soportar sentir semejante vergüenza por haber engendrado esos hijos. ¡Asesinos!, gritó. Y hubo quienes mal creyeron que insultaba a los matadores de su prole. Nunca entendieron el profundo dolor de madre traicionada. El deseo de venganza atronaba día y noche entre sus sienes. A toda hora vociferaba la furia que le arremolinaba el ánimo.

    Entonces cierto día conoció a un convicto parricida, y al fin halló el modo de consumar su venganza.

    - Hijo, hijo mío -le dijo.


    Ariel Corbat, La Pluma de la Derecha
    http://www.plumaderecha.blogspot.com
    Estado Libre Asociado de Vicente López

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