miércoles, 1 de diciembre de 2010

EL DRAMA DE LA POBREZA

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                          
Elegí esta foto... porque no solo hablamos de la pobreza extrema, también de quienes alguna vez fueron clase media, que quieren y necesitan trabajar, que están tan excluidos como los indigentes... pero con una diferencia... todavía tienen los zapatos puestos y la dignidad despedazada...


Nota de Alfredo Leuco

A veces nos vamos por las ramas.
El gobierno y la oposición por distintos motivos se entreveran (y nosotros los periodistas también) en discusiones que son importantes pero que se transforman en el árbol que no nos deja ver el bosque. Nos quedamos con lo accesorio y no con lo importante, nos metemos de lleno en la fugacidad de temas menores y perdemos de vista la importancia estratégica de problemas como el de la pobreza y la inequidad social.

Si la democracia tiene una prioridad es igualar oportunidades y atender con urgencia a los más pobres de los pobres, a los marginados y a los excluidos.

Esta mañana en Córdoba, Daniel Arroyo que es uno de los expertos mas importantes que tiene la Argentina en el combate contra la pobreza lo dijo con toda claridad. Resumió la agenda social en 5 puntos.

1) la pobreza extrema que afecta al 10 % de los argentinos.

2) el trabajo en negro que incluye (escuche bien, por favor) al 40% de la población activa.
3) la desigualdad. Hoy la brecha entre los que más ganan y los que menos es de 28 a 1. Y este es uno de los motivos de mayor bronca entre los que sufren esta desproporción intolerable. Alguna vez esa diferencia fue de 7 a 1.

4) los jóvenes ni. Los que ni trabajan ni estudian y tienen entre 16 y 24 años. Son 900 mil hermanos argentinos que conforman un caldo de cultivo brutal para que se multipliquen las peores plagas sociales como el delito y el tráfico y consumo de droga.

5) El hacinamiento y la violencia en los grandes centros urbanos. En esos lugares vive el 70% de la población. Estamos hablando de 11 millones de personas que viven en el 1% del espacio físico total del país.

Es una locura, un verdadero despropósito que no haya un plan maestro como agenda de estado de todos los partidos políticos para transformar con urgencia semejante irracionalidad.

¿Escuchó bien?

Se lo repito: en el 1% de nuestro territorio se concentra el 70% de los habitantes.

De esta emergencia se sale con el diseño de un nuevo país. Con políticas públicas que premien con mayor coparticipación, por ejemplo, a aquellas provincias que logren repatriar a la mayor cantidad ciudadanos. ¿Se entiende? Hay que invertir dinero del estado para que los distritos más pobres, Santiago del Estero, Jujuy, Formosa, y tantos otros dejen de expulsar gente que viene a sufrir a los cinturones de las grandes ciudades porque en su tierra no tiene oportunidades.

Hay que fortalecer el trabajo, la mejor educación y la mejor salud en esos lugares para que nadie elija venir a sobrevivir a una villa miseria.

Para que todos puedan construir su futuro y el de sus hijos en la bendita tierra donde nacieron.

Esta es la tarea de las tareas. La refundación de una nueva Argentina. Mientras tanto hay que ampliar las asignaciones para hijos de desocupados o trabajadores en negro para que sean realmente universales, combatir la inflación sobre todo en la canasta de alimentos, otorgar microcréditos a los trabajadores manuales, artesanos y de oficios para que puedan capacitarse y comprar alguna herramienta que les permita multiplicar su producción.

Hay 4 millones de cuentapropistas que hay que ayudar con créditos.

Daniel Arroyo ponía como ejemplo a un carpintero de José C. Paz que con una sierra circular puede fabricar muebles a medida que ahora no puede. Y el la puede comprar con un crédito modesto. Esa sierra circular permite que el carpintero tome un par de ayudantes, que los vecinos le encarguen una mesa o una biblioteca o que una pareja de recién casados pueda comprarle su cama matrimonial. O ayudar a que un mecánico del Gran Rosario se pueda comprar una computadora que le permita reparar motores a inyección. Eso es combatir la pobreza y la desigualdad con las mejores armas.

Con las transformaciones necesarias y con la dignidad como bandera. No tendremos un país grande mientras haya argentinos excluidos y condenados. No tendremos progreso social y felicidad completa hasta que no tomemos conciencia del drama de la pobreza. Esto si que es por el bien de todos.


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