domingo, 12 de diciembre de 2010

Twitter: @clubdelosmalos. Por Alejandro Borenzstein


Una pregunta, ¿debe el Club de los Malos operar en Twitter? La cuestión está mal formulada porque, de hecho, venimos utilizando el Twitter hace tiempo, haciéndole escribir pelotudeces a muchas figuras, tanto del oficialismo como de la oposición. En ese sentido, a la hora de empujarlos y exponerlos al ridículo, no tenemos prejuicios partidarios.
En todo caso, la pregunta correcta sería: ¿Debe el CDLM tener su propia cuenta en Twitter, aún a costo de aumentar la exposición y poner en riesgo nuestra histórica clandestinidad? La clandestinidad, si bien destila oscurantismo y misterio, emana cierto glamour y, por sobre todas las cosas, es condición esencial para el funcionamiento del Club de los Malos . Sería absurdo que una institución dedicada a la organización sistemática del mal, estuviera al alcance de cualquiera o tuviera una dirección reconocible . Definitivamente, no figuramos en las páginas amarillas.
El debate se resolvió al comprender que la utilización de Twitter, puede resultar de suma utilidad a la hora de reclutar nuevos socios . La gente tendrá la posibilidad de difundir los nombres de tantísimos guachos que todavía no han sido detectados y que merecen un justo reconocimiento . El censo de octubre demostró que hay mucho talento suelto sin descubrir aún, y que el semillero de turros es inagotable.
“Me complazco en presentar la nueva cuenta de Twitter: @clubdelosmalos ”. De esta manera inició su discurso el Director de Exhibicionismo y Difusión del CDLM durante el cocktail de presentación que se llevó a cabo en unos bellísimos vagones devastados (pero aún en funcionamiento) del Ferrocarril Roca, una de nuestras empresas más queridas . En la oportunidad se aclaró que, en principio, no se aceptarán menciones privadas del tipo “mi primo Osvaldo es un mierda” . Pero será bienvenida toda mención pública, por ejemplo “el intendente Mengano es un flor de turro ”, o “el gerente de la sucursal Rosario del Banco Pindonga es un maravilloso hijo de puta que vale la pena presentar en sociedad ”.
Pero lo más importante fue el anuncio de que la gente podrá votar en la edición 2010 de los tradicionales Premios Turros , que se otorgarán a fin de año. Los ciudadanos propondrán sus candidatos preferidos, luego los datos serán procesados por el INDEG (Instituto Nacional de Estadísticas de Guachos) y de ese modo el pueblo decidirá democráticamente quienes fueron los grandes turros del año .
Las categorías en la cuales se podrá votar son las siguientes: 
1.
Mejor labor oficialista (acá se premiará a la persona que haya hecho el mayor daño posible al gobierno). Recordemos que en la edición del año pasado, lo ganó Luis D’Elía .
2.
Mejor labor opositora . Las últimas dos ediciones las ganó Cobos . Su comportamiento institucional desprestigió como nadie a buena parte del arco opositor.
3.
Mejor labor en empresas de servicio . Habitualmente ganan las empresas de colectivos, pero creemos que este año la cosa va a estar peleadísima . Hay de todo: prepagas, ferrocarriles, aeropuertos, obras sociales y medicamentos, etc. etc. No habría que subestimar, como posible ganador, a las promociones con tarjetas de crédito para supermercados y shoppings. Una idea genial del CDLM por la cual los ingenuos compradores suponen que les hacen un descuento del 20% el día que le toca a su tarjeta, cuando en realidad le cobran un 20% más caro cualquiera de los otros días de la semana . Es emocionante ver la cara del consumidor cuando, a la hora de pagar, el vendedor le dice: “Lo lamento, pero con la tarjeta de su banco la promoción del 30% era ayer ”. Hay fotos.
También se elegirá la Mejor labor en medios, Mejor labor deportiva, el infaltable Premio a la trayectoria y el tan ansiado Turro de Oro 2010 .
Pese al entusiasmo que todo esto había concitado entre los miembros, el ánimo durante el ágape no era el mejor . Episodios de último momento habían generado caras de preocupación: la aprobación parcial de la ley que regula a la medicina prepaga fue un duro golpe para nuestros turros. También el pedido del gobierno al FMI para que colabore en una verdadera medición de la inflación y, por ende, el reconocimiento tácito del problema, generó cierta preocupación entre los encarajinadores del kirchnerismo. ¿Se nos terminó ese maravilloso instrumento de desprestigio para el oficialismo que era el truchaje de los índices? ¿Qué será de la vida de Moreno? ¿ Perderemos a este bastión ? ¿Alcanzará con AeroJaimepara destruir al gobierno? Desde el fondo del vagón se escuchó la voz de uno de los más prestigiosos miembros: ¡No se desanimen! ¡Todavía tenemos a Timerman! Veremos. El tiempo dirá.
Por ahora, es mejor ver el vaso medio lleno: el proyecto de destrucción de la oposición anda fenómeno . Los encarajinadores de la oposición tienen equipo y están para pelear cosas importantes. En pocas semanas, partieron en dos al PJ federal y dividieron al Radicalismo entre alfonisinistas y cobistas. Eso sí, cabe aclarar que no tuvimos nada que ver con el incidente del bigote de Macri . Se lo tragó él solito.
Para amenizar el final de la velada, se le entregó una placa de reconocimiento al ingeniero que alteró los celulares para que, al marcar el código de acceso al correo de voz, de erróneo en muchas ocasiones, pese a haber ingresado los números correctos . Lo acompañaba su simpática esposa, que fue quien grabó con su voz el irritante mensaje: “Usted ha ingresado una clave de seguridad incorrecta, por favor inténtelo otra vez”.
El Twitter ya está activado. Ojalá sirva para darle la oportunidad a la gente de hacer feliz a los cientos de miles de turros que esperan su merecido reconocimiento.
Sabemos que muchos estarán ansiosos ante la posibilidad de ganar un premio Turro, pero la ansiedad no es nuestro problema. Como lo demostramos en Villa Soldati , contamos con la serenidad de tener la humedad justa, la temperatura exacta y la presión atmosférica necesaria para gestar, cada vez que queramos, una tormenta perfecta . Tal vez nos falte un poco más de glamour. Pero bueno, la clandestinidad tiene sus limitaciones.


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