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domingo, 9 de octubre de 2011

¿Qué es la Corpo? Por Jorge Fontevecchia


Derrotados los partidos políticos, integrados los movimientos sociales de protesta y domesticados los sindicatos, la Corpo (la corporación o las corporaciones) es el “verdadero” adversario del kirchnerismo. El “periodismo hegemónico” es la Corpo, pero no es su único componente. “El campo también es la Corpo”, dijo Pérsico en el reportaje largo del domingo pasado, pero quizá se quedó en 2009 y hoy el campo sea ya filokirchnerista. Los acreedores y el establishment financiero mundial fueron la Corpo durante la presidencia de Néstor Kirchner, aunque ahora hasta Estados Unidos aplica “medidas económicas kirchneristas” y el FMI critica al Banco Central europeo por ser muy ortodoxo. La Corpo, entonces, siempre está, pero va mudando de rostro. Yendo bien para atrás, la Corpo fue el colonialismo español, luego el inglés y el norteamericano.
Pero, entonces, ¿qué es la Corpo? ¿Es el mal? ¿Es lo que se opone a nuestra emancipación o desarrollo? ¿Puede serlo cualquiera que se ubique en esa posición y dejar de serlo cuando se corra de ella? La Corpo sería un significado mientras que el colonialismo, los acreedores, el campo o el periodismo serían un significante cuya función es representar el impedimento mismo, aquello que nos limita y nos dice “no”.
Y entonces, ¿qué es lo que nos dice “no” a nuestros sueños de progreso e impide o retarda que se realicen? Casualmente, es lo real, aquello que no le importa cuán justas y nobles sean nuestras aspiraciones, o necesarias y urgentes las reparaciones que precisemos, aquello que no se deja transformar por el relato y se resiste a él con el poder de lo evidente.
La historia de la humanidad es la lucha por transformar positivamente al mundo, tanto natural como cultural. No siempre se logra en cada intento, pero generalmente se lo consigue en la suma de intentos a lo largo del tiempo.
La economía es uno de los campos de esa batalla, quizá el más difícil. Y donde muchos sueños han quedado aplastados por su impracticabilidad, por lo menos en ese momento de la historia. El fracaso obedece a que las fuerzas no fueron las suficientes, lo utópico de hoy puede ser realizable en el futuro.
Lo difícil de dominar de la economía no es la teoría económica, que evoluciona como cualquier ciencia, sino lo real del mundo material que ella estudia. Ese es el imperio de lo concreto al que todo político teme y al que los votos, como expresión del deseo de los habitantes, influyen pero no dominan.

Estamos bien pero vamos mal. Invirtiendo aquella muletilla menemista cuando se nos repetía que “estamos mal pero vamos bien”, podría decirse que la economía argentina actual está pasando su mejor momento con el tercer mayor crecimiento de producto bruto del mundo, sólo superado por el de China e India, pero en 2012 habrá problemas imposibles de evitar. En lugar de promover una política orientada a la reducción de daños, en parte por la campaña electoral, el oficialismo promovió un optimismo ciego que tuvo su mejor síntesis en la tapa de PERFIL posterior a las elecciones primarias, cuando el gobierno todavía sostenía que la economía argentina estaba blindada frente a la crisis internacional, donde acompañada de una foto del ministro de Economía en la nieve se recordó la frase que se repetía durante la Guerra de las Malvinas: “Estamos ganando”.
¿A quién le ganamos? A la Corpo, claro. A la Matrix, al Sistema, a la hidra de mil cabezas, la del eterno retorno, que se encarna en distintos adversarios pero que nunca dejaría de habitar un cuerpo: el del periodismo.
Economistas y periodistas serían los mayores sirvientes de la Corpo porque cuando nuestros deseos no se realizan ellos son los encargados de reflejarlo y explicar por qué. No es casual que las mismas persecuciones que se aplican a los periodistas se destinen contra las consultoras económicas que informan la inflación real. Una anécdota que lo sintetiza es el globo que Moreno hizo colocar del Indec con la leyenda “Clarín miente”, siendo el Indec justamente el productor de la mentira más simbólica del país: su dato de inflación.
Al considerar al periodismo como el máximo exponente de la Corpo, se cae en el habitual error de confundir al representante con lo representado, de atribuirle al periodismo la capacidad de imponer su relato sin importar qué suceda en la realidad. Como lo demostraron estas últimas elecciones primarias, cuando lo real está bien aunque los medios más importantes del país lo quieran ver mal, su capacidad de influencia es extremadamente limitada. El problema se presenta al estar mal lo real, como en 2009, cuando la economía argentina tuvo una seria caída y no por casualidad De Narváez le ganó a Néstor Kirchner.
Si lo real está mal, la caja de resonancia que en sí mismo es el periodismo multiplica la velocidad de percepción y potencia el humor negativo de la sociedad. Los gobiernos autoritarios tratan de controlar a los medios no –sólo– para que aplaudan en los momentos buenos sino para tenerlos contenidos en los momentos malos, donde su capacidad de daño se multiplica exponencialmente.
El Gobierno tiene hoy lo real a su favor pero su preocupación está colocada a partir de 2012, cuando se comience a sentir el enfriamiento de la economía y los índices de popularidad de la Presidenta y los de aprobación de su gestión se acerquen a los valores que tenían antes de la muerte de Néstor Kirchner.
Considerar al periodismo como el componente invariable de la Corpo es denunciarlo de estar en contra del progreso social, algo que por egoísmo comercial no les convendría a las empresas de medios (salvo coyunturas especiales, como un enfrentamiento puntual), ni por solidaridad de clase a los periodistas, casi ninguno de los cuales nació rico.
Informar sobre las amenazas que pueden impedir la realización de nuestros deseos no implica querer que esos sueños no se realicen. Por el contrario, pueden buscar la forma de perfeccionar su implementación. Y la alerta temprana de futuros problemas ayuda a crear con anticipación mecanismos de defensa que reduzcan las consecuencias negativas.

fuente: Perfil

sábado, 10 de septiembre de 2011

Cuba y Nicaragua: ataques a la prensa

La semana pasada, tanto en Cuba como en Nicaragua se produjeron sendos hechos contra la libertad de expresión.



Dos hechos ocurridos la semana pasada en Cuba y en Nicaragua, con diferencia de días apenas, han resultado ser enormemente peligrosos para la libertad de prensa en la región.
Es obvio que no hay libertad de expresión en Cuba. Los medios de difusión masiva están sólo en manos del gobierno y únicamente difunden el discurso oficial, sin críticas y siempre con loas y aplausos para los actos gubernamentales. Pero lo que el gobierno cubano no puede controlar son los artículos de los corresponsales y periodistas extranjeros acreditados en la isla. Estos son los encargados de difundir al resto del mundo la verdadera realidad local de cada día.
No sorprende entonces que, después de dos largas décadas de trabajo en Cuba, se le haya retirado "definitivamente" su acreditación periodística, esto es, su credencial de trabajo, al corresponsal en La Habana del diario
El País y de la Cadena Ser de España, Mauricio Vicent. Su "grave delito", según el régimen castrista, fue faltar "a la ética periodística" por "ofrecer una imagen parcial y negativa" de la realidad del país, lo que a la consideración del gobierno cubano se había "agudizado" en los últimos tiempos hasta el punto, siempre según los funcionarios cubanos, de influir en la línea editorial del diario al que pertenece.
Esta conducta es semejante a la adoptada por Irán, país que acaba de quitarle la credencial periodística precisamente a otra corresponsal de El País, por motivos básicamente similares.
La medida adoptada contra el corresponsal de El País no es casual: tiene mucho que ver con el marcado endurecimiento de la violenta ola de represión que está siendo desplegada contra los disidentes y muy especialmente contra las valientes Damas de Blanco, que son objeto de toda suerte de vejaciones y ataques callejeros por parte del régimen.
Los malos ejemplos contagian. El diario independiente nicaragüense La Prensa, de propiedad de la familia Chamorro, no pudo circular en su país el fin de semana pasado porque se lo impidió una protesta presuntamente gremial, que bloqueó la salida y la circulación de sus ediciones.
Un supuesto conflicto gremial que está litigándose en los tribunales sirvió como excusa y forma de presión para cercenar la libertad de prensa, y dañar y desprestigiar así al reconocido diario afectado. Se violaron además artículos de la Constitución nicaragüense, que garantizan la libertad de pensamiento y la de información a toda la sociedad, y, también, de la Declaración de Chapultepec, que define a los impedimentos a la circulación de los medios como una forma de censura previa. Esto, por supuesto, sin contar el enorme daño económico causado al medio.
El verdadero motivo del bloqueo al diario está en que este, a diferencia de otros medios, no se ha sometido al régimen sandinista y continúa actuando de manera independiente. En numerosas ocasiones ha tildado de ilegal el nuevo intento de Daniel Ortega de ser
reelegido como presidente de Nicaragua, pese a las estipulaciones del texto constitucional de su país que no permiten una reelección adicional.
Estos ataques a la libertad no son nuevos en nuestra región y, lamentablemente parece que se repiten y amenazan con extenderse. Hay que estar, entonces, muy atentos y denunciarlos inmediatamente cuando ocurren. Luego podrá ser demasiado tarde.
Fuente: La Nación

jueves, 8 de septiembre de 2011

PERRO FALDERO. Por Alfredo Leuco (AUDIO)


Perro faldero


Horacio Verbitsky es noticia. Es el autor intelectual del plan sistemático para atacar al periodismo independiente desde la maquinaria estatal. Alguna vez lo definí como el jefe informal de los servicios de inteligencia kirchnerista. Y ahora lo certifico. Es el titiritero que mueve los hilos detrás del poder de varios ministerios. 

Es un caso digno de estudio porque se dio vuelta en el aire y traicionó hasta sus propias definiciones de lo que debe ser el ejercicio del periodismo. Ya no investiga al poder político ni a los empresarios ni destapa casos de corrupción como lo hacía durante el menemismo. Ya no lidera una agrupación como la llamada “Periodistas” que utilizó como escudo para protegerse. Ahora hace todo lo contrario. Con la camiseta kirchnerista puesta se dedica a fustigar a los colegas que hacen bien su trabajo y levanta su dedito tanto para acusarlos falsamente como para dictar cátedra.

¿Se imaginan ustedes los libros y las notas que hubiera escrito Verbitsky si Carlos Menem, Eduardo Duhalde o Fernando de la Rúa hubieran comprado tierras fiscales en Calafate a precio vil para luego revenderlas en millones? ¿O cuantas rigurosas investigaciones hubiera realizado si un presidente que no tuviera el apellido Kirchner cobrara alquileres e intereses por plazos fijos desmedidos, inexplicables y totalmente fuera del mercado? ¿Nadie robó para la corona en este gobierno? ¿Se terminó la corrupción? A Verbitsky ya no le interesa investigar como los Kirchner se hicieron millonarios. 

Ni como se enriqueció Ricardo Jaime y con quien compartía sus valijas. O la brutal vergüenza de un delincuente perverso apadrinado por el poder político como Sergio Schoklender. Para Verbitsky nada de esto merece ser revisado por el periodismo. Todo lo contrario. Su objeto de investigación, ahora, son los periodistas. No dijo una palabra cuando Magdalena Ruiz Guiñazú fue sometida a un juicio en la plaza pública. Se pudo del lado de la empresa Electroingeniería y avaló la censura a Nelson Castro en radio del Plata. Miró para otro lado cuando en esos programas paraoficiales que pagamos todos los argentinos para que les chupen las medias al gobierno realizaron un operativo demolición de la figura de Jorge Lanata y asociaron su imagen a la de un genocida como Jorge Rafael Videla. Se dio vuelta. Pasó a ser vocero de los intereses oficialistas. 

Como muchos otros propagandistas obsecuentes que encima fomentan el odio hacia los periodistas que mantienen la dignidad y la critica hacia el gobierno mas poderoso desde el retorno de la democracia. En los 90, Verbitsky era un perro de presa para husmear en las relaciones de corrupción entre los grandes empresarios y el poder ejecutivo. Hoy muchas empresas apoyan al gobierno y eso los convierte en intocables. Ni que hablar de los sindicalistas, intendentes y gobernadores francamente derechistas y súbitamente millonarios como Jose Luis Lingieri, Raul Otacehé y Gildo Insfran, entre muchos otros. 

Hoy Verbitsky es un perro faldero. Se deja acariciar por el poder al que debería mirar críticamente. Se subordina y salta por un bizcocho. Hizo cosas insólitas. Mintió para vincular a un dirigente del Partido Obrero con hechos vandálicos en Constitución. En el 2004 censuró al querido colega ya fallecido Julio Nudler quien ya en ese entonces lo llamó “comisario político”. Como si fuera Braga Menéndez o Pepe Albistur difundió un video de los Kirchner para tratar de demostar una actitud combativa frente a la dictadura que nunca tuvieron. Y encima, ahora puso en la mira a periodistas como Mariano Obarrio y actuó como jefe de prensa de Florencio Randazzo. Intentó ensuciar a Jorge Lanata porque representa todo lo que Verbitsky dejó de ser. A uno le puede gustar o no el estilo de Lanata. 

Pero nadie puede dudar de su independencia absoluta, de su honestidad, de su provocación intelectual y creativa permanente, de la jerarquización que hizo de nuestro trabajo como un francotirador incluso al límite de poner en riesgo la continuidad de los propios medios que fundó. De hecho una encuesta flamante de FOPEA a 1.000 periodistas muestra a Lanata como el mas votado a la hora de elegir a su referente profesional.

Verbitsky, en una de sus columnas, trepado a la soberbia de los que se creen que tomaron el palacio de invierno, amenazó con esa frase que podría haber quedado en la historia como la advertencia de un poderoso gobernante autoritario. Pero increíblemnente fue escrita por alguien que se considera periodista: “ Si vienen por mas, es posible que lo encuentren. Sigan asi.” Desde el periodismo nunca nadie se atrevió a tanto. 

Si todavía le queda algún recuerdo de este noble y maravilloso oficio, Verbtisky recordará que mientras mas poder y mas respaldo tiene un gobierno, mas distante y crítica debe ser la mirada de los periodistas. Fiscal del poder, abogado del hombre común. Haciendo el máximo esfuerzo para ser un contrapoder. Con rigurosidad y ética. Resistiendo los ataques para no tirarle nuestra honra a los perros.



Fuente: Continental.



domingo, 28 de agosto de 2011

Las palabras y las cosas. Por Jorge Fontevecchia


El texto de la investigación de Lanata el domingo pasado comenzaba así: “Esta nota no le importa a nadie. En las próximas líneas se informa que un secretario privado de Néstor Kirchner, el gobernador de Santa Cruz y varios de sus familiares directos, y el contador del matrimonio K se asociaron en negocios millonarios y serán denunciados en los próximos días por lavado de dinero. En la Argentina post primarias, post 50%, post Tecnópolis, post ‘la TNés adentro’, los datos que siguen guardan poca relevancia”.
La nota de Lanata es una investigación sobre los negocios entre el actual gobernador de la “provincia originaria”, donde además reside el jefe Máximo de La Cámpora, junto a quien días después terminó confeccionando la declaración de bienes de la Presidenta, su contador. También con la participación de quien fuera el secretario de Néstor Kirchner. Pero antes de pasar a los datos duros de los negocios, Lanata termina su introducción con una hipótesis sobre cómo la nota podría ser deconstruida por el periodismo militante. Por ejemplo, preguntándose: “¿Por qué la publican justo ahora? ¿A qué oscuros intereses responde esta crónica? ¿Cuál es su vínculo con la Ley de Medios?”. Sumando más sarcasmo con posibles reacciones del oficialismo como, por ejemplo, que se “publique una solicitada de desagravio con la adhesión de varios artistas populares dándoles a los hechos el enfoque que deben tener: son parte de una campaña de los medios hegemónicos contra el campo popular”.
Produce sonrisas en el lector el tono satírico del comienzo de la investigación de Lanata, ya que los delirios que expuso irónicamente bien podrían convertirse en realidad en un Gobierno donde, ante cada denuncia de los medios, no sólo no se toma distancia del involucrado sino que, fiel a su estilo, se redobla la apuesta, haciendo efusivas muestras de su mayor cercanía y apoyo a la persona cuestionada. Zaffaroni nunca hubiera imaginado acumular tantos homenajes (se habla de que recibirá tres nuevos doctorados honoris causa) por un motivo tan lejano a su esfera de prestigio.
Y aunque diferente, otro ejemplo del mismo proceder se percibe en cómo el Gobierno exhibe su estrecho vínculo con Hebe de Bonafini, tras las denuncias sobre administración fraudulenta en la Fundación Madres de Plaza de Mayo a partir de la escandalosa salida de su apoderado Sergio Schoklender.
La estrategia del kirchnerismo parecería dar un mensaje a los medios: “Cuanto más denuncien a personas cercanas al oficialismo, más las encumbraremos”. En el comienzo de la humanidad, los grupos arcaicos se articulaban sobre un orden simbiótico donde si se tocaba el cuerpo de uno de los miembros del grupo, todo el resto debía sentirse tocado y asumir la ofensa como propia. Uno de los padres de la sociología, Emile Durkheim, llamaba a esos grupos primitivos más simples (familiares, tribales o de clanes) “sociedades de solidaridad mecánica” en contraposición a las “sociedades de solidaridad orgánica”, que son las más avanzadas. Pero aún hoy, miles de años después, el método de cohesión arcaico sigue vigente en muchos grupos cerrados como, por ejemplo, una barra brava.
Si bien el kirchnerismo es retaliativo en esencia, esta forma de responder a las denuncias no fue la misma en el pasado cuando, por ejemplo, a la ex ministra de Economía Felisa Miceli se le encontró dinero en una bolsa en su despacho. Si bien se la mantuvo activa pasándola a administradora de las cuentas de Madres de Plaza de Mayo, Miceli tuvo que dejar su cargo. En el contexto actual, no sería ilógico suponer que no hubiera sido necesario que la ex ministra de Economía tuviera que renunciar frente a la misma denuncia de un medio de comunicación.
Esta diferente forma de reaccionar frente a las críticas es un termómetro de un cambio de actitud del Gobierno ante los medios. Que las denuncias no tengan las consecuencias que antes tenían podría ser funcional a que los medios pierdan peso frente a la sociedad. Hace unos meses, el viceministro de Economía, Roberto Feletti, pudo haberlo anticipado al declarar: “Ganada la batalla cultural contra los medios y con un posible triunfo electoral en ciernes, no tenés límites”.
Pero no sólo sería una señal del Gobierno sino también de la propia sociedad, que le estaría diciendo al periodismo que, por ahora, las denuncias de corrupción que pudiera hacer quedarán secundarizadas frente al buen funcionamiento de la economía. Experiencias pasadas anticipan que no bien aparezcan complicaciones económicas, los ciudadanos recordarán, súbitamente, todas las denuncias de corrupción acumuladas y lo que antes hubiera sido desconsiderado pasará al centro de la escena.
Pero ese momento no es el actual y cuando Lanata, en el comienzo de su investigación, dice: “Esta nota no le interesa a nadie”, debería agregarse la palabra hoy: “Esta nota hoy no le interesa a nadie”, y así quizás esté dejando constancia para cuando en el futuro los ciudadanos quieran prestarle atención.
Esto ya sucedió en 1995 con la reelección de Menem, cuando los medios publicaban denuncias de corrupción pero la mayoría lo votaba. Llegado su tiempo, casi todos fueron antimenemistas.
En la columna de la semana pasada, cité que “las palabras no les ganan a las cosas”, tratando de reflejar que la suma de todas las denuncias de la prensa, “las palabras”, resultaba irrelevante frente a la potencia de “las cosas”, lo real, como el crecimiento económico.
Un amigo me escribió opinando lo contrario, que el kirchnerismo gana por su buen nivel de producción de “las palabras” (publicidad, medios afines y el relato), porque “las cosas” no estarían tan bien como deberían. Aun sin oponer las palabras a las cosas, mínimamente se puede coincidir en que el kirchnerismo ha sido muy eficaz en el uso de las palabras para convertir como propias cosas buenas que no eran producto necesaria o exclusivamente suyo, como para con palabras disimular el efecto negativo que tendrán en el futuro cosas que hoy producen bienestar.
Las palabras y las cosas es el título de un célebre libro de Michel Foucault, donde describe las cuatro formas en que las palabras guardan similitud con las cosas: la “convenientia, aemulatio, analogía y sympathia”. “Conocer las cosas es revelar el sistema de semejanzas que las hace ser próximas y solidarias unas con otras” pero, por tanto, diferentes. “Ni el hombre, ni la vida, ni la naturaleza son dominios que se ofrezcan espontánea y pasivamente a la curiosidad del saber.”
Además Foucault cita en Las palabras y las cosas a Descartes, quien escribió: “Es un hábito frecuente, cuando se ha descubierto alguna semejanza entre dos cosas, el atribuir a una y a la otra, aun en aquellos puntos que de hecho son diferentes, lo que se ha reconocido como cierto en sólo una de las dos”. Y a Francis Bacon, quien también escribió que “el espíritu humano se inclina naturalmente a suponer en las cosas un orden y una semejanza mayores de los que en ella se encuentran; en tanto que la naturaleza está llena de excepciones y diferencias, el espíritu ve por doquier armonía, acuerdo y similitud”.
“Sobre las palabras ha caído la tarea y el poder de representar el pensamiento”, escribe Foucault, pero “el lenguaje de la acción es hablado por el cuerpo”. El cuerpo, la acción y las cosas comparten su pertenencia a lo real. En el territorio de las palabras conviene no olvidar que pensar es siempre sentir, es sentir que hay una semejanza.
Cuando la economía no es próspera, los ciudadanos tienden a asociar la corrupción como una de las causas de ese retroceso. Mientras la economía es floreciente, esa misma preocupación se adormece.

Fuente: Perfil

viernes, 26 de agosto de 2011

El homogéneo lenguaje oficial

Es de lamentar que desde la administración pública se pretenda influir sobre los contenidos de los artículos periodísticos.



No es de extrañar la homogeneidad de comportamiento existente en las filas del oficialismo. En un artículo profusamente documentado, uno de nuestros redactores políticos acaba de acreditar con su firma la cantidad de recaudos -algunos, sumamente extravagantes- que sus miembros adoptan antes de que quede a veces registrada y se tome, por lo tanto, como indebida indiscreción una entrevista cualquiera con periodistas de medios independientes.
En esa línea se ha situado la coincidencia de ministros y otros funcionarios de la administración pública al procurar que se destiña el trabajo de los medios de prensa no sometidos al elenco oficial respecto de la cobertura periodística de las recientes elecciones. Como cada uno cumple el papel que puede, el canciller Timerman dio al asunto más lata que otros y se quejó así, en un diario de Uruguay, de que "el matutino opositor La Nacion" hubiera puesto el acento, al analizar los resultados del domingo 15, más en los desaciertos de candidatos de la oposición que en los aciertos de la Presidenta.
El canciller Timerman es el mismo que se ha asegurado un lugar en el anecdotario diplomático argentino por haber usado un alicate en el asombroso impulso de abrir con las propias manos en Ezeiza pertenencias del Estado norteamericano. Como se sabe, éstas terminaron siendo devueltas después de todo un inútil escándalo alrededor de la llegada en regla al país de un avión militar. Sin medias vueltas, como en aquel caso, y también ahora con igual precariedad de elementos, Timerman ha dicho que un sector de la prensa es "destituyente".
Si el canciller pretende con esa temeridad -en la que no está solo, por cierto- acallar a quienes no se hallan dispuestos a silenciar sus observaciones críticas, se equivoca. No lo han logrado los periódicos chispazos acusatorios que un grupo de intelectuales e informadores actuantes en el kirchnerismo han dirigido desde hace tiempo al periodismo ajeno a las complacencias con el poder de turno dentro de un régimen que nadie discute que es democrático por el origen, pero que debería ser mucho más republicano en su ejercicio real.
Aun a costa de echar sobre los barriales de la lengua española lo poco recomendable de un nuevo neologismo, aquella gente congregada por la exultación epistolar ha sido más original que el canciller. Fueron ellos quienes hicieron primero el discutible aporte lingüístico de hablar de que algo o alguien puede ser "destituyente". Suena como un grave asunto, por cierto, sobre todo si se lo dice con envaramiento.
La creatividad, reconozcámoslo, sigue siendo, en cualquiera de sus variantes, terreno más apropiado de quienes hacen de la vida artística todo un derrotero invariable, sin distracción en los meollos, desde luego respetables, de la más cruda política internacional. Como estamos acostumbrados a lo que procede incluso de la periferia del arte, tomamos nota debida de aquellos escarceos más o menos políticos.
Texto: fuente: La Nación

jueves, 25 de agosto de 2011

¿QUE HACÍA HECTOR TIMERMAN DURANTE LA DICTADURA?


... BUENO, ES QUE NO HAY SANTOS EN ESTE PAÍS????????????????

estos archivos que no perdonan a nadie!!
Gracias amiga Pica!!

domingo, 10 de julio de 2011

ORDENARON INCAUTAR TODOS LOS NUMEROS DEL SEMANARIO SEPRIN



-EL JUEZ GALLARDO COMPARTE LA CATEDRA CON SCHOKLENDER EN LA UNIVERSIDAD DE LAS MADRES
-COMO EN LA DIKTADURA, SEPRIN ESTA PROHIBIDO.
-PUBLICAMOS  EL SEMANARIO COMPLETO CENSURADO
– EL JUEZ CUESTIONA LA FOTO, PERO EN EL CONTENIDO DE LA NOTA  ES DILAPIDARIO Y PROBATORIO DE SU CONDUCTA.
No es posible comprender el alcance de la censura de este “estado de gobierno” . Porque a un Juez no le gustó su foto o decía que no era el , ordenó censurar una publicación y retirarla de la kioscos. A la vez ordenó a la Policía Federal “retirar en la zona de cada comisaria “ si hubiera carteles de Seprin.
Más allá de la foto, un juez de la Nación no puede pedir que censuren una publicación porque el derecho a la libertad de expresión de empresa y de prensa está por encima de un capricho.
La jueza Liberatori en una actitud corporativa  acepto el pedido de “censura previa”.
Pero sin dudas la verdadera razón radica en los puntos de la nota:
Uno: Queda en evidencia en la nota que por sus fallos es un Juez que responde al gobierno.
Dos: En los documentos se muestra que esta embargado. Con deudas millonarias.
Tres: Tiene un auto importado cuyo 70 % está a nombre de una Anciana y el 30% restante a su nombre.
Cuatro: Es Docente en la Universidad de las Madres de Plaza de mayo.
Quinto: No sólo es docente, sino que comparte la cátedra de Derecho con Sergio Schoklender.
Sexto: estamos investigando y así lo hacemos saber, si el juez no sería socio de Sergio Schoklender en sus negociados.
Así que por esta razón  no solo es por las fotos, en un aspecto porque están en elecciones y no quieren que la gente sepa cómo opera el Gobierno Kirchnerista contra periodistas y usa a la justicia en su beneficio.
El Juez en su presunta exposición ante Liberatori,  no quería más que nada que se supiera lo que publicamos , mas allá de la foto.
Ahora sale un militante que lo único Que tiene en común con el juez,  es su “calvicie” – Y que es él, el de la foto- . ( Héctor Roulliet)
Pero no,  que esperan, –  que salgan a decir, si es el juez, -si dice eso, le corresponde una destitución o al menos un jury de enjuiciamiento.
Además el Juez Gallardo afirma ante su colega “Elena Liberatori”, que se ataca al todo el poder Judicial. Y eso no es verdad, él no es el poder Judicial y a el Dr. No se lo ataca o difama. Se publica una foto y se muestra su conducta no proba  y dudosa en algún aspecto.
Pero no se habla del poder judicial, sino de él y de sus fallos. Por aquello que “ un juez habla por sus fallos”…
El Magistrado “fue procesado” por dos colegas federales “ Servini de Cubria y Norberto Oyarvide. Asimismo esta embargado  por “tener la ideología” que hay que robarle a los bancos .
Observe hasta qué punto  operaron que antes de la medida de sacar los afiches e incautar la edición Papel,  la gente de Filmus y del Gobierno se movió rápidamente para tapar los afiches de Seprin sobre la promoción del Semanario.
No es la primera vez que el Gobierno o sus brazos armados,  tratan de destruir este medio. Ya lo intentó antes el “finado” Néstor Kirchner sin éxito. Y ahora esta gente. Con al menos dos causas, una de email, y la otra de “maten a la yegua”.  Y hasta quisieron embaucar a Oyarbide para que me metieran en la causa de Ciro James…
Le podemos asegurar que hay mucha más información sucia de este Juez que se esta investigando.
DETALLE DE LA NOTA CENSURADA  SOBRE EL JUEZ. ( Haga Click para ampliar)
Por el momento  Le mostramos la foto y distintas de Gallardo así como la del militante  que afirman que es él.
Y de ahí en más saque sus conclusiones: ( Haga Click para ampliar)
LA EDICION COMPLETA DE SEPRIN NRO 6 EN PAPEL :
Por Héctor Alderete

martes, 28 de junio de 2011

NEUQUEN: Nuevo ataque contra periodista de Centenario

Este papel envolvía un ladrillo que fue arrojado
desde la calle al patio de la vivienda particular de Sánchez.
 

La serie empezó con el robo y quema de su casa.
Le enviaron un mensaje con amenazas.

CENTENARIO (ACE).- El periodista Mario Sánchez recibió un nuevo mensaje mafioso de muerte en su vivienda, y el sindicato de Prensa de Neuquén lo calificó de "ataque a la libertad de prensa".
El último hecho se produjo el fin de semana pasado, cuando pasadas las 22:30 el trabajador de prensa recibió en el patio de su casa un ladrillo envuelto que tenía un mensaje en el que se leyó la inscripción "el que ataca al MPN muerte". El anónimo fue confeccionado con letras de revistas recortadas y pegadas sobre una hoja.
Sánchez radicó la denuncia en la comisaría Quinta de esta localidad, donde además se instruyen desde el 19 de junio pasado, varios hechos que lo tienen como víctima.
El periodista prefirió no hacer declaraciones públicas y dejó la labor de difusión a la comisión directiva del sindicato de Prensa, de la cual forma parte como secretario de Interior.
El gremio, que se reunió ayer con Sánchez, se presentará hoy ante la fiscalía interviniente.
El domingo 19 por la tarde desconocidos ingresaron a la casa de Sánchez, robaron documentación, elementos de trabajo y provocaron un foco de incendio que logró ser sofocado por los bomberos.
Los días siguientes continuaron con episodios intimidantes, también denunciados ante la policía local: en dos días diferentes durante la semana pasada le arrojaron al techo y desde la calle, botellas de vidrio con líquido inflamable en su interior.
La saga de amedrentamiento continuó el sábado cuando el mensaje fue arrojado desde el exterior hacia el patio interno, con una amenaza de muerte.
Sánchez conduce un programa periodístico en la radio municipal Sayhueque de lunes e viernes, realiza tareas de producción de noticias en la misma radio y es corresponsal de la AM LU5 hace más de 10 años; además de producir y llevar a cabo programas de televisión comunitaria.
Según se pudo conocer, los hechos de los que fueron víctimas él y su familia desde el incendio están bajo la instrucción de la comisaría Quinta de Centenario, con la intervención del juzgado 1 y la fiscalía 5 de Neuquén.
El Sindicato de Prensa, con la firma de Oscar Livera y Pablo Salaburu, repudió y denunció las agresiones y amenazas sufridas "por ejercer sus tareas periodísticas". Exigió a los funcionarios policiales y judiciales la celeridad de la investigación. Y reclamaron de las autoridades locales y provinciales un "firme pronunciamiento".

fuente: rionegro

domingo, 12 de junio de 2011

Contraperiodismo. Por Jorge Fontevecchia

¿Borges en 6, 7, 8? Se cumple el 25º aniversario de la muerte
de Jorge Luis Borges una semana después del Día del
Periodista. Lo recordamos con humor.

El Día del Periodista, la Academia Nacional de Periodismo otorgó la Pluma de Honor a una ex compañera de la redacción de la revista Noticias de los años 90, Norma Morandini (días después sorprendió siendo candidata a vice de Binner).
En su bello discurso ella dijo: “¿Qué pasó para que en nuestro país, en las vísperas de celebrar los treinta años de democracia, no se haya incorporado aún a la prensa como un valor inherente al sistema de libertades?”.
“Si con los agravios se cancela la libertad de opinión y con la propaganda se reemplaza a la información –continuó Morandini– se corre el riesgo de que como en el poema de Pessoa sobre el simulacro, simulamos tanto que vivimos en democracia que se nos hace creer que es democracia lo que en realidad es un régimen de poder personalista y por eso, autoritario. (...) Y eso es lo que nos pasó: condenamos la dictadura, pero no desmontamos la cultura autoritaria que la sustentó.”
Y agregó: “Hoy existe libertad, se nos enrostra desde el poder oficial como si se tratara de una concesión generosa del gobernante. Efectivamente: existe libertad, pero se castiga la opinión. ¿Pero quién tiene ganas de verse expuesto a las burlas, los insultos y las descalificaciones de aquellos que ostentan poder, o utilizan los medios del Estado para insultar o ridiculizar a los que piensan de manera diferente? La estrategia de la descalificación personal, el insulto, la burla, ha sido sumamente eficaz como censura, ya que al cancelar el debate plural se impide que se configure el espacio público de las opiniones, ese pacto verbal, fundamento de la democracia. Ser honesto, decir lo que se piensa, se ha convertido en un acto de coraje, lo que revela una sociedad amedrentada”.
El Día del Periodista y el eco de las palabras de Morandini en la semana en que se cumplirá el 25º aniversario de la muerte de Borges permitieron la humorada que ilustra esta columna: imaginar a Borges en el lugar de Sarlo en 6, 7, 8. El chiste también permite preguntarse qué hubiera sido de la incorrección política de Borges en estos tiempos de “periodismo militante”. ¿Qué habrían dicho de él? ¿Que habría dicho él de ellos? O si las burlas, las descalificaciones personales y los insultos de la propaladora oficial habrían modificado en algo su discurso...
En su momento Borges dijo: “Los peronistas son gente que se hace pasar por peronista para sacar ventaja. Detesto a los comunistas, pero, por lo menos, tienen una teoría. Los peronistas, en cambio, son esnobs”.
En otro, un joven lo ayuda a cruzar la 9 de Julio; en mitad de la avenida, el joven le dice a Borges: “Yo soy peronista”. Borges respondió: “¡No se preocupe!, yo también soy ciego”.
En el libro El palabrista, el periodista Esteban Peicovich  recopiló frases de Borges. Algunas de ellas servirían para responder un imaginario ataque de 6, 7, 8: “No creo en la agresión por cuenta propia. Detesto las polémicas, trato de estar de acuerdo con mi interlocutor. En una reunión, un señor se mostraba continuamente agresivo conmigo. Eso duró media hora. Entonces le dije: ‘Vamos a suponer que usted me ha insultado, que me ha dicho lo que suele decirse de la madre del interlocutor a quien se quiere injuriar. Vamos a suponer que usted me ha escupido. Todo esto lo damos por supuesto. Inclusive que usted me ha abofeteado. Después de esto, ¿no le parece que podemos seguir conversando tranquilamente? Yo he aceptado todas sus injurias, yo no he hecho nada, me he achicado todo el tiempo. Ahora hablemos’”. Recuerdo una historia del doctor Henderson, en el siglo XVIII, creo. Estaba discutiendo Teología en Inglaterra y alguien le arrojó un vaso de vino a la cara. Henderson se enjuagó y dijo: “Esto es una digresión. Sigo a la espera de sus argumentos”.
¿Qué clase de periodismo es este contraperiodismo oficialista? En Microfísica del poder,  Michel Foucault escribió: “La humanidad no progresa lentamente, de combate en combate, hasta una reciprocidad universal en la que las reglas sustituirán para siempre la guerra; instala cada una de esas violencias en un sistema de reglas y va así de dominación en dominación. Y es justamente la regla la que permite que se haga violencia a la violencia, y que otra dominación pueda doblegar a aquellos mismos que dominan. En sí mismas las reglas están vacías, son violentas, no tienen finalidad; están hechas para servir a esto o a aquello; pueden ser empleadas a voluntad de éste o de aquél. El gran juego de la historia es quién se adueñará de las reglas, quién ocupará la plaza de aquellos que las utilizan, quiénes se disfrazan para pervertirlas, utilizarlas a contrapelo, y utilizarlas contra aquellos que las habían impuesto; quién introduciéndose en el complejo aparato, lo hará funcionar de tal modo que los dominadores se encontrarán dominados por sus propias reglas”.
¿Habrán leído Microfísica del poder los estrategas del contraperiodismo?

fuente: Perfil

sábado, 11 de junio de 2011

Matar al mensajero. Por Roberto García

Es el peor momento del Gobierno desde la muerte de Kirchner. Y allí se prefiere culpar, otra vez, a la prensa.


Cristina Fernández no sabe por dónde salir del encierro en que permanece su Administración desde el inicio del Madregate. Pero sí sabe que no le gustan los periodistas.



Por suerte el Gobierno envía un satélite al espacio: es la noticia más notable y favorable que impuso en los últimos diez días.
En ese breve ciclo vio impávido perder la iniciativa mediática, también el dominio de una agenda que siempre les atribuyó a otros poderosos pero que ejerció sin trabas en casi toda su gestión. 
 
Como si ese poder fugaz, efímero, fuera una prioridad de vida. De ahí que vulnerar esa costumbre constituye para la Casa Rosada una debacle. Se han paralizado hasta quienes se ufanaban de que ya las tapas de Clarín o de otros medios no podían perforar el blindaje K. En rigor, los titulares siguen, la presión aumenta, también la responsabilidad o las presuntas culpabilidades por el escandaloso affaire Schoklender-Bonafini, y ya nadie se atreve –como al principio– a sostener que la divulgación del oprobio obedece a una campaña deliberada, opositora.
 
Aunque no todo es candor, por supuesto, el sustento y el suspenso del novelón han sido aportados por ministros y funcionarios de diversos niveles, asociados o simpatizantes del Gobierno (de las Abuelas a D’Elía) y, fundamentalmente, por los delitos obvios del elenco protagónico de Madres de Plaza de Mayo.

Habrá más capítulos (¿quiénes viajaban en el avión de Schoklender?, el fraude presunto a la AFIP, la falta de boletas, pagos non sanctos o el canje de cheques con porcentajes de retorno), el epílogo no tiene fecha y el Gobierno, tan identificado en su esencia con los personajes involucrados, comenzó a revelar una hoguera interna de incertidumbres: van de la demora en el proyecto de reelegir a Cristina a la floración de sucesivos entuertos, sean las peleas en el Inadi o las desavenencias con Moyano. Son más las desgracias, claro, pero deben ser los periodistas quienes amplifican tamaños desatinos.
 
Ese es el criterio de muchos en el oficialismo.

De funcionarios como Nilda Garré y Carlos Zannini, quienes se han expresado sobre cómo debe actuar la prensa (“a favor del interés nacional”).

De la agencia Télam, que supone “frustrados” a los periodistas porque no saben lo que quieren ser.

O la ahora cuestionada Bonafini, quien calificó de basura a quienes se ganan el pan “en los medios concentrados”.

Más importa, claro, lo que afirmó la propia Presidenta, quien para devaluar a los profesionales de hoy dijo que “los podía comparar con sus antecesores Moreno, Belgrano o Castelli”. O que esto, claro, eraincomparable. Justo en el Día del Periodista, cuando ella sostenía al mismo tiempo que a los profesionales actuales quería homenajearlos por la vocación asumida.
 
Al margen de las contradicciones, casi nadie se preocupó por la referencia histórica de la mandataria. Aunque merezca atención, al menos para que ella no incurra en interpretaciones poco felices. Tantos divulgadores históricos cercanos al Gobierno o a sus adyacencias, notorios en los últimos tiempos por modificar la tradición escolar, tal vez le servirían de resguardo en esa materia.
 
Alguien fuera del rígido entorno que la rodea podía haberle dicho que Moreno, Belgrano o Castelli no eran periodistas, sino abogados. Como ella. Y este dato no busca imaginar comparaciones, siguiendo en la misma buena fe que confesó la Presidenta. Es cierto que Belgrano y Moreno escribieron mucho (al revés de lo que ella piensa de Castelli, conocido sí como un fogoso orador), editorializaron en algunos casos, expresaron su civismo, el ideario de Mayo, su pensamiento sobre temas más o menos abstractos.

Pero no eran precisamente periodistas y esa actividad pasajera que le gustó citar a Cristina –poco vinculada a la que hoy se practica, más relacionada con los hechos– la cumplieron como parte de otro propósito político. Más que informar a la gente, pretendían salvar a la gente. El medio, en todo caso, no representaba la vocación de ellos, apenas era una herramienta para otro tipo de intereses.
 
Debe admitirse que la mención a Moreno sí podría encajar en ese espíritu militante que elkirchnerismo, o una parte de esta fracción, trata de endosar al periodismo como fundamento de su existencia (y que lo habilita a mentir, por ejemplo, alterando cualquier digesto profesional).

Como se sabe, Moreno fue una suerte de redactor estrella en La Gazeta de Buenos Ayres, nacida el 7 de junio de 1810, cargo al que llega por ser secretario de la Junta y no por una vocación previa, al igual que el encargado de “seleccionar los materiales”, un censor por la naturaleza del medio, era responsabilidad de un cura, el presbítero Manuel Alberti, al que Cristina olvidó citar cuando era más importante en el medio que Castelli.

Aunque La Gazeta se reputa y se admite como el primer diario argentino (no lo fue, claro), en rigor era el boletín oficial de la Junta, una suerte de house organ, un periódico de propaganda de los quehaceres del nuevo gobierno.

Quizás, si valen las comparaciones, con expresiones de hoy, privadas o públicas, al servicio delkirchnerismoNada que ver entonces con el periodismo o la libertad de expresión, claro.

Comprensible esto en Moreno: era un abogado dedicado a la política, sectario en los momentos de la revolución. Como Belgrano, quien en esos tiempos dirigía el Correo de Comercio, que tuvo más de 50 ediciones y, sin embargo, nunca aludió en ese período a lo que ocurría con la Revolución de Mayo ni en la etapa previa o posterior. Una ignorancia poco entendible, no atribuible a un periodista. Sí, quizás, también a un abogado que hacía política.

De ahí que, sin menguar la estatura de estos próceres al no encuadrarlos como periodistas –por el contrario, hasta podría elevarlos el consumado hecho de que no lo eran–, parece hoy escolar, un descrédito o una disminución tratar de asimilarlos desde el oficialismo a una profesión que no figuraba en sus razones personales, en su otra misión finalmente histórica.
 
Estas incomprensiones confunden o hacen errar en ciertas ocasiones. Sobre todo cuando sobre el Gobierno cae un aluvión noticioso, tal vez como nunca antes, con tres impactos de difícil asimilación y de radical inquietud:
 
◆ El caso Schoklender-Bonafini, del cual no se puede desligar. Con multitud de imputaciones (ministerios, órganos de control), explicaciones a veces desopilantes (era dinero público hasta que se lo pasamos a las Madres, allí se convirtió en privado), un impredecible rol judicial por lo sospechoso y la realidad de que determinado volumen de fondos no puede ser obsequiado a los amateurs (por no aludir a los indecentes). Necio quien entrega la administración de un holding al que ni siquiera puede regentear un kiosco.
 
◆ La decisión de la Cámara de Casación que determinó la extracción compulsiva de sangre de los dos hijos adoptados por la dueña de Clarín, Ernestina Herrera de Noble, para ser confrontados con muestras de familiares de desaparecidos. Al fijarse una fecha como tope de demanda, julio de l976, se reduce la cantidad de reclamos a un grado todavía difícil de precisar (podría no superar la media docena). Noticia judicial de mala digestión para el Gobierno ya que, al margen de las apelaciones a la Corte Suprema, parece desmoronarse un caso de trascendencia política sobre el cual elkirchnerismo –por encima de sus intereses en los derechos humanos– había concentrado esfuerzos para desacreditar a su adversario mediático.
 
◆ Continúa y se renueva la reyerta entre la Casa Rosada y Moyano. Discusión por fondos a transferir, cargos a ocupar en las listas, investigaciones judiciales (¿aparecerán cuentas sospechosas?) y, en la puja, mandobles críticos indeseados. Al menos para quienes los reciben: al Gobierno parece afectarlo que el líder cegetista insista con denunciar la inflación que el Indec procura no ver, mientras Moyano se conmovió gremialmente con la protesta de una familia (y de quienes la apoyaron) por la muerte de un afiliado que la obra social no supo atender. El paro y los cortes le hicieron ver una mano negra justo cuando pedía puestos para los cercanos de su gremio. Un juego de devoluciones impropias que nadie sabe si cesará antes de que se defina la cartelera previa a las elecciones.
 
Un mundo que relata el periodismo, bien o mal, interesadamente o no, pero que en definitiva existe. Y que no podrían ocultar siquiera Belgrano o Moreno si les tocara ocupar estas horas en las tribunas de doctrina de estos tiempos.





fuente: Perfil