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miércoles, 4 de enero de 2012

Aparece la contra-Carta Abierta



 Un grupo de intelectuales y trabajadores de la cultura, entre los que se encuentran Beatriz Sarlo, Roberto Gargarella y Guillermo Saccomano, inauguraron el blog 'Plataforma 2012' con un texto en el que llaman a "la recuperación del pensamiento crítico".

(Un grupo de intelectuales y trabajadores de la cultura integrado, entre otros, por la ensayista Beatriz Sarlo, el filósofo Roberto Gargarella, el escritorGuillermo Saccomano, la directora de cine Lucrecia Martel y los actores Manuel Callau y Héctor Bidonde, emitió una 'carta abierta' a través de un blog bautizado Plataforma 2012 y que aparecería como la contracara de Carta Abierta, el colectivo intelectual que apoya al gobierno de Cristina Fernández. 

"Escapar al efecto impositivo de un discurso hegemónico no es una tarea fácil. Pero es necesario y posible generar una voz colectiva que enuncie este problema y lo transforme en acto de demanda", señala el texto titulado 'Plataforma para la recuperación del pensamiento crítico', 1er post del blog y con fecha de este miércoles 4/1.

Contrariamente al espíritu de Carta Abierta, a la que este nuevo grupo califica como "voceros del gobierno", Plataforma 2012 denuncia que "nos encontramos ante verdaderos escándalos de diferente naturaleza y calidad, que tienen como denominador común la impunidad en relación con las responsabilidades de quienes nos gobiernan". El texto señala que "asistimos a la construcción de un relato oficial, que por vía de la negación, ocultamiento o manipulación de los hechos, pretende investir de gesta épica el actual estado de cosas". 

También menciona una serie de personas fallecidas en hechos vinculados con la represión estatal."Javier Chocobar, Diego Bonefoi, Nicolás Carrasco, Sergio Cárdenas, Mariano Ferreyra, Roberto López, Mario López, Mártires López, Bernardo Salgueiro, Rosemary Chura Puña, Emilio Canavari, Ariel Farfán, Felix Reyes, Juan Velázquez, Alejandro Farfán, Cristian Ferreira. Vemos crecer la lista de los asesinados. Muertes que en su repetición no dejan de asombrarnos. Muertes que van cubriendo toda nuestra geografía. Muertes que, lejos de ser inocentes, marcan un encarnizamiento represivo que no puede ser negado ni atribuido a lejanas decisiones para desresponsabilizar al gobierno central", dice.

La carta también hace alusión a los mecanismos impulsados por el Gobierno para silenciar críticas: "La discusión de ideas es sustituida por la descalificación del interlocutor y toda disidencia es estigmatizada. Trivialización del debate, bravata “intelectual”, sacralización de sus referentes con independencia de las acciones que producen, son sólo algunas de las modalidades en las que se expresa el intento de imponer un discurso único. Cuando desde los medios públicos se utiliza la denigración de toda voz crítica por medio de recortes de frases, repeticiones, burlas y prontuarización como procedimiento intimidatorio y se invalida a esas mismas voces cuando se expresan en otros medios, se produce una encerrona que por una u otra vía sólo promueve el silencio". 

"A pesar del afán disciplinador del discurso hegemónico, es nuestra responsabilidad como intelectuales y trabajadores de la cultura romper el silencio que pretende amordazar el pensamiento crítico y promover un debate transformador de los grandes problemas que plantea el presente. Es necesario. Y es posible.", finaliza el texto que es reproducido en su totalidad a continuación: 

"PLATAFORMA PARA LA RECUPERACIÓN DEL PENSAMIENTO CRÍTICO

Escapar al efecto impositivo de un discurso hegemónico no es una tarea fácil. Pero es necesario y posible generar una voz colectiva que enuncie este problema y lo transforme en acto de demanda

Si algo nos define como intelectuales es pensar sobre el mundo y la sociedad en la que vivimos, poner en cuestión los problemas que nos plantea, promover el debate de ideas, intentar leer más allá de la letra manifiesta y visibilizar lo oculto, tratar de salir de la mera apariencia de los efectos para bucear en las causas que los determinan. En síntesis, sostener nuestra capacidad y conciencia crítica y manifestarla, romper el silencio, como paso imprescindible hacia un accionar colectivo y transformador.

No encontramos este ánimo en algunos trabajadores del campo de la cultura, a quienes hemos respetado y queremos seguir respetando, pero que al colocarse como voceros del gobierno han producido una metamorfosis en relación con su historia y su postura crítica.

Nos encontramos ante verdaderos escándalos de diferente naturaleza y calidad, que tienen como denominador común la impunidad en relación con las responsabilidades de quienes nos gobiernan. Y de manera paralela, asistimos a la construcción de un relato oficial, que por vía de la negación, ocultamiento o manipulación de los hechos, pretende investir de gesta épica el actual estado de cosas.

Javier Chocobar, Diego Bonefoi, Nicolás Carrasco, Sergio Cárdenas, Mariano Ferreyra, Roberto López, Mario López, Mártires López, Bernardo Salgueiro, Rosemary Chura Puña, Emilio Canavari, Ariel Farfán, Felix Reyes, Juan Velázquez, Alejandro Farfán, Cristian Ferreira. Vemos crecer la lista de los asesinados. Muertes que en su repetición no dejan de asombrarnos. Muertes que van cubriendo toda nuestra geografía. Muertes que, lejos de ser inocentes, marcan un encarnizamiento represivo que no puede ser negado ni atribuido a lejanas decisiones para desresponsabilizar al gobierno central. Ahora descubrimos que desde 1994 somos un país federal, y que por lo tanto las muertes dependen de las policías provinciales, o de los caciques locales. Curiosa apelación al federalismo, cuando es el gobierno nacional el que ejerce el centralismo unitario y decide de hecho los presupuestos provinciales, el que resuelve candidaturas, impone ministros y se abraza con los gobernadores casi al mismo tiempo de ocurridos los hechos.

Muchas de las últimas muertes están vinculadas a la carencia de tierra, y detrás de cada nombre hay una historia de vida que se remonta a la histórica lucha de los pueblos originarios contra el despojo del que han sido objeto. El proceso de concentración de la propiedad de la tierra y la soja-dependencia de los últimos ocho años son un correlato en el presente de aquel despojo, que el discurso oficial oculta.

El “relato” hegemónico pretende imponerse sobre la materialidad y el valor simbólico de estas muertes. Efectivamente, en torno a estos y muchos otros hechos se elabora un discurso oficial que construye consensos, porque aparenta dar cuenta de una serie de necesidades sociales y reivindicaciones nacionales mientras se afianza la persistencia de lo mismo que aparenta cuestionar.

Este relato disciplinador y engañoso utiliza la potencia de los recursos comunicacionales de que dispone crecientemente el gobierno para ejercer control social mediante la inducción de mecanismos alienatorios sobre las formas colectivas de la subjetividad.

Quieren aparecer como actores de una gesta contra las “corporaciones”, mientras grandes corporaciones como la Barrick Gold, Cerro Vanguardia, General Motors, las cerealeras, los bancos o las petroleras – y el propio grupo Clarín, hoy señalado como la gran corporación enemiga – han recibido enormes privilegios de este gobierno.

Quieren también aparecer como protagonistas de una histórica transformación social, mientras la brecha de la desigualdad se profundiza. Y cuando la realidad se impone sobre el “relato”, los voceros oficiales y oficiosos del gobierno sostienen que se trata de “lo que falta”. Según los intelectuales reunidos en Carta Abierta, “lo que falta” sería – más allá de las “asignaturas pendientes” que estarían dispuestos a admitir – una cuestión de “imaginación política”. Y lo que es evidencia y síntoma de lo que no sólo no se transforma sino que se profundiza sería – como en el fenómeno de las placas tectónicas - algo así como restos traumáticos del pasado en el interior de un proceso transformador, que reaparecen una y otra vez.

El contenido de la producción ideológica oficial se inscribe en una metodología. La discusión de ideas es sustituida por la descalificación del interlocutor y toda disidencia es estigmatizada. Trivialización del debate, bravata “intelectual”, sacralización de sus referentes con independencia de las acciones que producen, son sólo algunas de las modalidades en las que se expresa el intento de imponer un discurso único. Cuando desde los medios públicos se utiliza la denigración de toda voz crítica por medio de recortes de frases, repeticiones, burlas y prontuarización como procedimiento intimidatorio y se invalida a esas mismas voces cuando se expresan en otros medios, se produce una encerrona que por una u otra vía sólo promueve el silencio.

Hoy la homogeneidad discursiva empieza a estar atravesada por algunas filtraciones que la erosionan: el relato épico ha iniciado un proceso de cierto desenmascaramiento. La asociación entre derecho de huelga y extorsión o chantaje, o la justificación de la sanción de la ley antiterrorista, serían expresiones paradigmáticas de este fenómeno.

A pesar del afán disciplinador del discurso hegemónico, es nuestra responsabilidad como intelectuales y trabajadores de la cultura romper el silencio que pretende amordazar el pensamiento crítico y promover un debate transformador de los grandes problemas que plantea el presente. Es necesario. Y es posible.

Pablo Albarello, Mirta Antonelli, Bibiana Apolonia de Brutto, Norma Barros, Héctor Bidonde, José Emilio Burucúa, Jorge Brega, Manuel Callau, Ana Candiotti, Andrés Carrasco, Nora Correas, Diana Dowek, Lucila Edelman, Sandra Franzen, Roberto Gargarella, Adriana Genta, Norma Giarracca, Liliana Helman, Eduardo Iglesias Brickles, Diana Kordon, Darío Lagos, Alba Lancillotto, Adriana Lestido, Matilde Marin, Lucrecia Martel, Gabriela Massuh, Francisco Menéndez, Luis Felipe Noe, José Miguel Onaindia, Jorge Pellegrini, Derly Prada, Mabel Ruggiero, Carlos Ruíz, Alfredo Saavedra, Guillermo Saccomano, Luis Sáez, Horacio Safons, Beatriz Sarlo, Alberto Sava, Herman Schiller, Aurora Juana Schreiber, Maristella Svampa, Nicolás Tauber Sanz, Miguel Teubal, Osvaldo Tcherkaski, Yaco Tieffenberg, Enrique Viale, Dennis Weisbrot, Patricia Zangaro, Daniel Zelaya."

FUENTE: U24


domingo, 31 de julio de 2011

ENTREVISTA A BEATRIZ SARLO. Por Federico Sierra


La intelectual analiza la figura de la Presidenta y expresa que “hay algo en su subjetividad que la vuelve insegura al debate público, una instancia que elude”. Y a horas del ballotage porteño, Beatriz Sarlo señala "es fácil hablar de mal de Macri desde las ocho de la mañana hasta las doce de la noche, pero después para convertir eso en política necesitás bastante más". 


“La antikirchnerista que los kirchneristas aman odiar”, “una socialdemócrata sin partido” o “una kirchernista malgré moi” . Las definiciones de Beatriz Sarlo sobre sí misma siempre son mejores que las que pueda dar otro sobre ella.

Sarlo viene desde lejos en el tiempo atravesando el campo intelectual: dirigió la revista Punto de Vista durante dos décadas, participó en la reconstrucción de la Facultad de Filosofía y Letras durante el alfonsinismo, analizó con destreza las derivas culturales de la posmodernidad durante el menemismo y asesoró a Graciela Fernández Meijide en la fallida experiencia de la Alianza. Pero fue su participación en el programa 678 lo que le valió una notoriedad inédita, una sobreexposición mediática y una frase que ingresó en la cultura popular “Conmigo no Barone”, que la dejó “extenuada por momentos”.

Su último libro, “La audacia y el cálculo”, indaga en el kirchnerismo como fenómeno político cultural y su despliegue en todas las instancias del campo periodístico.

“Un periodismo que se ha vuelto hipersofisticado, que se forma a la vez en las redacciones y las universidades, donde los periodistas están presentes tanto como objeto y sujeto de estudio”, señala la autora.

-¿Existe una fuerte tensión que atraviesa el campo intelectual actualmente?

-Y, está tensa la cuestión. Yo no podría compararlo con el peronismo histórico porque es algo que yo no viví, porque era muy chica, pero está tensa. Entonces, mi obsesión en este momento es mantener el diálogo. Algún tipo de diálogo. Eso se ha vuelto casi una obsesión te diría en cada una de mis intervenciones: ubicar cuáles son mis interlocutores y formular mis señalamientos pensando cómo pueden ser leídos y recibidos. Escribir pensando cómo puede ser leído en el otro campo. Sino se convierte en un ruido infernal. No romper puentes: continúe o no el kirchnerismo, acá la Republica sigue y hay colegas con los que nos vamos a seguir cruzando.



-A pesar de haber muchas plumas críticas al kirchnerismo, pareciera que la oposición carece de intelectuales de jerarquía...

No, no creo que haya orfandad de intelectuales opositores. Vicente Palermo y Marcos Novaro son tipos de consulta. Incluso Roberto Gargarella, con un estilo de intervención típicamente intelectual, en el que parte de la disciplina que él maneja para hacer señalamientos puntuales, ha hecho críticas fuertes. No sé si se podría nombrar una lista de veinte tipos porque ya se convertiría en otra cosa y acá no se trata de armar un equipo de fútbol, pero no diría que no hay intelectuales de jerarquía.

-¿Pero por qué Carta Abierta tuvo más visibilidad?

Tuvo más visibilidad, pero tipos de jerarquía… sólo Horacio González, Forster o una intelectual más joven que es María Pía López. A González hay que reconocerle su persistencia y honestidad intelectual: una persona que hace cuarenta años que indaga en ese objeto simbólico-cultural central que es el peronismo. Viene de lejos. Pero todos los demás, que firman debajo, tampoco es que ocupan las primeras líneas. Son ciudadanos ejerciendo su derecho a participar, a expresarse, y está muy bien que lo ejerzan pero nadie podría decir que son intelectuales de renombre.

La catarsis de Carta Abierta

-Hubo cierto malestar del kirchnerismo con Carta Abierta luego de sus críticas a la campaña de Filmus.

Creo que Carta Abierta publicó y subió sus videos como lo hace siempre. Ya habían subido un escrito a la web antes de la elección, con una suerte de declaración de la ciudad, un horizonte mas utópico y otro mas concreto que no tuvo eco en el espacio de Filmus. Lo que sucedió fue que, quizás como responden mas a una lógica de ágora, de asamblea, tal es su estilo y así suben el material a internet. Que es el estilo contrario al del gobierno que ellos defienden. Ellos, no yo. El estilo Zannini, el secretismo, la negociación en bambalinas, que es el estilo del gobierno. Entonces se lo criticaron por lo que tienen no por lo carecen.

-¿Pero hacer esa autocrítica camino al ballotage no es políticamente contraproducente?

Alguno puede cuestionarlos, que tuvo las repercusiones que tuvo, camino al ballotage. Pero yo no lo haría. Para nada. Justamente es la forma en que trabaja ese grupo. No así el gobierno que ellos defienden. Es una forma más abierta que es lo contrario al kirchnerismo, con Cristina tomando decisiones a solas todos los días, en Olivos, Calafate o donde sea.



Cristina

-¿Es de esperar que Cristina acepte participar de un debate en esta campaña, camino a su reelección?

No, para nada. Si no lo ha hecho nunca. Un gobierno que nunca sentó a la oposición en una mesa de negociaciones, mucho menos va a someterse a un debate de campaña. Yo creo que Cristina Kirchner es una persona intelectualmente insegura. Hay algo en su subjetividad que la vuelve insegura al debate. Mas allá de lo que se dice, que tiene oratoria y maneja bien las frases con subordinadas, ella elude constantemente una instancia discursiva y de debate. Yo no creo que lo presidentes deban estar debatiendo y argumentando las 24 horas del día, pero hay instancias en las que es clave. Una elección es una de ellas.

-¿El principal problema del próximo gobierno será dirimir quién herede al kirchnerismo?

No digo que se termine el peronismo, ni si quiera el kirchnerismo. Pero que la herencia es un tema. Y esa herencia va a entrar en disputa cuando Cristina Kirchner asuma su segundo gobierno. Hay muchos que tienen un pagare y van a pasar a cobrarlo. El que se propone como futuro vicepresidente, Amado Boudou, no es una persona que pueda heredar el kirchnerismo. Así parece al día de hoy, pero se han visto milagros en la Argentina. También han quedado varios heridos. Veremos como se resuelve. Hasta ahora, hablando con peronistas ortodoxos, peronistas de toda una vida asociada a la política, muchos me repiten “nosotros somos gente educada”.

-¿Cómo queriendo decir qué?

Queriendo decir que, a pesar de que pudieron haber recibido maltratos, ellos van a respetar a la Presidenta. “Somos gente educada” significa que tiene códigos, que se van a abstener del canibalismo que ocurre a veces en la política argentina.

Macri 

-Usted suele decir que “del kirchnerismo hay que salir hacia delante” ¿La victoria de Macri en Capital hace caer las esperanzas de “salidas superadoras” al kirchnerismo? ¿O cree que la alianza Macri-Duhalde puede ser leída como “salida superadora”?

De ningún modo, ni siquiera sé si es una salida, para nada. Y no lo veo a Macri como presidente de la republica en 2015 como se grita en esos “Festilindo” que organiza cada vez que gana una elección. Pero aún si lo viera tampoco diría que es una salida superadora. El discurso de la pospolítica es que ya no se dan alineamientos; y el discurso de la política es descubrir que no serán tan fuerte como se daban en la Argentina de 1920 donde había socialistas, anarquístas, partidos liberales y partidos conservadores, porque tampoco hay una estructura social que lo sostenga, pero esos alineamientos subsisten. De ningún veo que Macri sea una salida superadora.

Por otro lado, no se puede ver que el gobierno de Macri en la ciudad haya sido una administración eficiente. Lo que se sabe y se reconoce sobre el gobierno de Santa Fe es que el Partido Socialista ejerce una política muy eficiente en términos de gestión, yo no diría que eso es característico del gobierno porteño



-¿Al kirchnerismo le conviene antagonizar con Mauricio Macri para ocupar el lugar de la centro izquierda?

Macri es facilísimo, por muchos aspectos. Para cualquier progresista de izquierdas, Macri es un picnic. La cuestión es si uno esta en política para ir a los picnic o para ganarle a esa efectividad que Macri ha construido. Por otra parte es obvio que Macri se ha beneficiado de un voto antikirchnerista que jamás lo hubiera votado a él en otra circunstancias. Queda claro que hay un voto antikirchnerista que fue directo a Macri en primera vuelta. No hizo lo que pudimos haber hecho muchos de votar a Pino o Estenssoro, muchos fueron directo a Macri para decirle a Cristina Kirchner: “Tomá!”. Macri no puede hacer cosecha de ese voto porque no ese voto no es de él. Él no puede instrumentalizar eso porque sencillamente no le pertenece. Pero con Filmus es muy difícil, la soledad en la que Filmus hizo esta campaña tuvo por momentos algo patético. Es la soledad del corredor de fondo. Es fácil hablar mal de Macri desde las ocho de la mañana hasta las doce de la noche, pero después de eso para convertirlo en política necesitás bastante mas, y Filmus no lo tenía. No porque no tenía condiciones intelectuales, sino porque fue llevado a una especie de desierto. Alguien que no pudo hablar en su acto de asunción como candidato ya es un signo de alguien profundamente debilitado.

-¿Cómo interpretar la reacción de Fito Páez y todo el debate sobre la idiosincrasia del electorado porteño?

A mí lo que me asombró fue lo sucedido en Página 12. Dentro de diez años seguramente la pregunta que me haría es “¿Quién cerró Página 12 esa noche? ¿Quién estaba a cargo de cerrar esa edición y no lo llamó a Fito por teléfono para consultarle por una o dos frases?" La sensación que queda es de la irresponsabilidad periodística. Cualquier editor responsable levanta el teléfono para hablar con Páez antes de cerrar. Eso es lo que a mí me dejó pensando. Después, qué se yo lo que le pasa a Fito Páez, no tienen mucha importancia las ideas de Páez en política.

El progresismo, Del Sel y Duhalde

- ¿La división del Frente Progresista que postula a Binner y el radicalismo es síntoma de qué?

- La voluntad de Pino fue la que impidió que hubiera un frente progresista unificado. Cuando Solanas dice: “con el radicalismo nada” y Alfonsín ,- la voluntad de otro individuo-, se va con De Narváez. Ahí se comportan de manera simétrica y en sentidos opuestos. Cualquier salida para adelante en términos ideológicos, políticos, de gestión, quedo trunca. Muchas veces la historia depende del movimiento de un individuo o de unos pocos individuos. No depende cuando todas las condiciones están dadas, pero cuando no es así y Solanas pone una interdicción y comprueba las peores hipótesis de esa interdicción, ahí la historia gira. Entonces llegamos al 14 de octubre en posición debilitada y fragmentada. Alfonsín se comportó de modo acorde a todos los prejuicios que se tenían sobre él. No hay salida.

-¿A Del Sel le cabe el rótulo de “antipolítica” o es una fachada de la alianza entre el PRO y el duhaldismo?

-Con Del Sel ocurren ambas cosas: por un lado es un candidato que se presenta como no político, mediático. Un personaje puro de lo que yo describo en el libro como “celebrityland”, que hace su cierre de campaña en el programa de Susana Giménez junto a Dady Brieva. Más “celebrityland” que eso no se me ocurre nada. Nada, ni Oprah Winfrey. Es la argentinidad en celebrityland. Pero por otro lado hay un aparato político detrás. Quien conoce un poco la política sabe que no entra cualquiera con un autito por los pueblos a hacer campaña. Todo lo que hizo Del Sel en la provincia requiere de un aparato político. Las noticias que llegaban de Santa Fe indicaban que, una vez que Rossi fue elegido candidato del kirchnerismo, muchos empezaron a trabajar para Del Sel. Del Sel es la no política él, eso es lo que él vende y las gente acepta. Pero para mostrar a ese personaje se necesita de un aparato político, y siempre lo hay.

-Que se lo proporcionó el duhaldismo…

Duhalde jugó muy fuerte y la presencia del “Momo” Venegas en la fiesta es un sello. Duhalde envía ese hombre porque está enviando su sello. Entonces son dos cuestiones: una que puede preocuparnos mucho desde el punto de vista ideológico cultural: la gente se divierte un rato, mira el programa de Susana Giménez, siente que Del Sel es igual a ellos. No lo es, dado que no tenemos 40 millones de Midachis, pero siente ese efecto que dan las celebridades: por un lado es como Dios y por otro lado es como Jesucristo: un hombre en la tierra. Pero para ello necesita los apóstoles, y los apóstoles fueron puestos por el peronismo no kirchnerista. ¿Qué quiere decir que la elección se nacionalizó? Significa que es una elección que se “peronizó”: una elección entre dos aparatos peronistas, el kirchnerista y el disidente. 



Fuente: LPO

sábado, 16 de julio de 2011

Cristina no quiere alianzas. Por Beatriz Sarlo


El domingo pasado, el kirchnerismo químicamente puro alcanzó el 14% de los votos en la ciudad de Buenos Aires. Me refiero a la lista de legisladores encabezada por Juan Cabandié, que fue la única que tuvo el derecho de ser publicitada con las fotos de Filmus, Tomada y la Presidenta. También tuvo el dudoso privilegio de llevar a María Rachid en cuarto lugar. Las otras dos listas colectoras, encabezadas por Aníbal Ibarra y por Gabriela Cerruti, fueron tratadas como parientes quizá necesarios como mano de obra en la cosecha, pero indeseables. Tanto Ibarra como Cerruti se lo aguantaron, de modo que no hay motivos para compadecerlos. Cada uno es grande y se traga las humillaciones que considera necesarias para sus ambiciones.
Primera conclusión: los votantes de Filmus tuvieron en cuenta la existencia de tres listas y quisieron distinguir distinguir entre ellas. Ese electorado pensó un voto que no estuviera completamente teledirigido desde los salones de la residencia de Olivos. Votaba por Filmus y, seguramente, aprobaba a Cristina Kirchner, pero allí trazaba una línea que le garantizara una relativa, pero elocuente independencia. Un poco de aire.
Segunda conclusión, que difícilmente sea tenida en cuenta: no alcanza ser un nieto recuperado; no alcanza el abrazo de Estela de Carlotto, para consolidar una carrera política. Las víctimas del terrorismo de Estado merecen reparación, solidaridad y justicia, pero eso que merecen no se transforma en una plataforma de lanzamiento.
Tercera conclusión: La Cámpora moviliza el 14% de las simpatías porteñas, en caso de que todo ese porcentaje pueda serle atribuido. Todavía queda por ver si la inclinación presidencial por la agrupación tiene una traducción territorial en toda la república. Es decir: ¿cuánto arrastra Cristina? ¿a quién convence de que La Cámpora es, ¡por fin!, el "trasvasamiento generacional"? Sembrados por la Presidenta en las listas provinciales a mano alzada, no se les podrá atribuir en octubre una derrota, pero tampoco está claro que contribuyan decisivamente a una victoria. Si esto pasó en Buenos Aires con Cabandié, que no es distinto de los votantes porteños de capas medias, todavía habrá sorpresas en las elecciones por distrito. La Cámpora se convirtió vertiginosamente en una burocracia de Estado, con militantes funcionarios. Es una organización "liviana", de base burocrática, que tiene inmensas debilidades territoriales. A la Presidenta le gustaría gobernar sólo con esos jóvenes que le caen simpáticos y le deben todo, pero del otro lado de Puerto Madero no está sólo el Río de la Plata, sino lo que, en política, se llama "el territorio".
Se ha puesto de moda en los últimos días denigrar a los votantes de Buenos Aires y la respuesta a esta moda es inadecuada para la importancia del asunto si se limita a confirmar que las voluntades electorales son un derecho sagrado. Es obvio que son un derecho constitucional, pero pueden ser analizadas si se prescinde de los adjetivos que han empleado algunas "almas buenas" kirchneristas, sintetizados en la intervención de un músico pop sobre cuyas opiniones políticas nadie se había preocupado demasiado hasta ahora y, por lo que se vio, había razones para no hacerlo. El ataque de nervios no es un buen momento para sentarse a escribir y la pataleta de alguien a quien Macri le cae mal tampoco ayuda. Somos muchos los que no votamos ni a Macri ni a Filmus sin sentirnos insultados por quienes los eligieron.
Salvo que se creyera a los encuestadores kirchneristas, que tiraron números al voleo como si se tratara de una tómbola arreglada para favorecer al dueño del bingo, el voto porteño actuó como si la primera vuelta fuera la segunda. Sin embargo, en la primera vuelta era posible pensar en las listas de legisladores y de comuneros. En consecuencia, había más opciones: por ejemplo, votar por Pro cortando la boleta, lo cual habría adjudicado probablemente algún legislador más a otras agrupaciones y, sobre todo, habría evitado que Pro ganara en todas las comunas y, en consecuencia, fueran suyos todos los presidentes de esa nueva organización territorial. La primera vuelta habilitaba estas acciones diversificadoras de los votantes.
Sin embargo, se usó la primera vuelta como una picadora de partidos y candidatos. Se votó a la seguro, a favor o en contra. En elecciones de doble turno, se elige quiénes pasan de la primera a la segunda, pero hay espacio para un margen de indeterminación que haga posibles las renovaciones políticas. Nada muy distinto habría sucedido si un porcentaje de votos de Pro, que fueron allí para indicar una oposición nacional, que no le pertenecen en términos ideológicos y quizá ni siquiera en términos políticos, hubieran ido a la lista de Proyecto Sur, encabezada por Solanas. Y, si se me permite avanzar con esta hipótesis de voto más dispuesto a la exploración, vistos los porcentajes obtenidos por Filmus-Tomada, un voto más suelto y menos magnetizado nacionalmente habría podido resultar en una segunda vuelta diferente. Desde las semanas anteriores a las elecciones se supo que esto no iba a suceder. Pero que fuera improbable no quiere decir que no fuera, al mismo tiempo, de gran interés. Una primera vuelta diferente les habría dado una alternativa distinta a los que quisieron marcar un rechazo al Frente para la Victoria.
En realidad, la forma en que los porteños votamos en la primera vuelta respondió a los deseos de Olivos, aunque los resultados le hayan sido adversos a la Presidenta. Ella no quiso establecer alianzas con nadie. En consecuencia, dio orden de maltratar a las colectoras (Sabbatella puede hacer las cuentas, si es que ya no las hizo). La Presidenta desmintió en los hechos lo que Filmus está diciendo ahora: que va a llamar a todos para acordar los puntos de un programa, porque el Frente tiene vocación frentista. La redundancia vale, porque nadie le cree una palabra.
La cultura política del Frente para la Victoria es la obediencia. El maltrato le espera a quien se le ocurra tener una idea distinta (Filmus mismo lo sabe porque Cristina Kirchner lo tuvo parado en la puerta, y lo dejó entrar, finalmente, sólo porque a los otros las encuestas les daban peor.) Además, de la Presidenta para abajo todos se creen autorizados a los malos modos: Filmus no lo llamó a Macri el domingo, sino el lunes a la tarde (¿esperaba todavía el recuento?), pero tampoco la Presidenta lo llamó a Filmus la noche electoral; por lo menos no hubo llamado público, que es el que vale en estas circunstancias. La Presidenta saca el cuerpo a las derrotas como si fueran una enfermedad contaminante. Exige lealtad completa, pero pasa por alto que el principio de lealtad también se ejerce de arriba hacia abajo y que no se abandona en el desierto a quienes previamente se han subordinado.
Cristina Kirchner no es la dama moderada que se desvive por parecer simpática en los discursos de los últimos meses, en cuyo transcurso ha recurrido a todas las manifestaciones del dolor y de la fortaleza, con un manejo de escena que resultó convincente, observación que no obliga a dudar sobre sentimientos que no deberían convertirse en tema político. Cristina Kirchner, por el contrario, adora la intransigencia. Se la aplica a propios y ajenos en nombre de un modelo del que se siente la única representante en este mundo. La solidaridad que despertó su duelo puede fisurarse por sus arrestos ultrapersonalistas (o dañarse por abuso místico).
A nadie le gusta el mandoneo. Quienes la rodean lo aceptan porque les permite conservarse cerca del centro del poder. Cuando la lealtad es definida como invariable aquiescencia pública, la amenaza del destierro del reino presidencial cuelga sobre las cabezas de todos. La fortaleza del Frente para la Victoria es que nadie disputa hoy la jefatura y nadie está en condiciones de garantizar mejores resultados electorales que la Presidenta. Parece mucho capital político, pero, si se piensa bien, es inestable como la opinión.
© La Nacion

domingo, 12 de junio de 2011

Contraperiodismo. Por Jorge Fontevecchia

¿Borges en 6, 7, 8? Se cumple el 25º aniversario de la muerte
de Jorge Luis Borges una semana después del Día del
Periodista. Lo recordamos con humor.

El Día del Periodista, la Academia Nacional de Periodismo otorgó la Pluma de Honor a una ex compañera de la redacción de la revista Noticias de los años 90, Norma Morandini (días después sorprendió siendo candidata a vice de Binner).
En su bello discurso ella dijo: “¿Qué pasó para que en nuestro país, en las vísperas de celebrar los treinta años de democracia, no se haya incorporado aún a la prensa como un valor inherente al sistema de libertades?”.
“Si con los agravios se cancela la libertad de opinión y con la propaganda se reemplaza a la información –continuó Morandini– se corre el riesgo de que como en el poema de Pessoa sobre el simulacro, simulamos tanto que vivimos en democracia que se nos hace creer que es democracia lo que en realidad es un régimen de poder personalista y por eso, autoritario. (...) Y eso es lo que nos pasó: condenamos la dictadura, pero no desmontamos la cultura autoritaria que la sustentó.”
Y agregó: “Hoy existe libertad, se nos enrostra desde el poder oficial como si se tratara de una concesión generosa del gobernante. Efectivamente: existe libertad, pero se castiga la opinión. ¿Pero quién tiene ganas de verse expuesto a las burlas, los insultos y las descalificaciones de aquellos que ostentan poder, o utilizan los medios del Estado para insultar o ridiculizar a los que piensan de manera diferente? La estrategia de la descalificación personal, el insulto, la burla, ha sido sumamente eficaz como censura, ya que al cancelar el debate plural se impide que se configure el espacio público de las opiniones, ese pacto verbal, fundamento de la democracia. Ser honesto, decir lo que se piensa, se ha convertido en un acto de coraje, lo que revela una sociedad amedrentada”.
El Día del Periodista y el eco de las palabras de Morandini en la semana en que se cumplirá el 25º aniversario de la muerte de Borges permitieron la humorada que ilustra esta columna: imaginar a Borges en el lugar de Sarlo en 6, 7, 8. El chiste también permite preguntarse qué hubiera sido de la incorrección política de Borges en estos tiempos de “periodismo militante”. ¿Qué habrían dicho de él? ¿Que habría dicho él de ellos? O si las burlas, las descalificaciones personales y los insultos de la propaladora oficial habrían modificado en algo su discurso...
En su momento Borges dijo: “Los peronistas son gente que se hace pasar por peronista para sacar ventaja. Detesto a los comunistas, pero, por lo menos, tienen una teoría. Los peronistas, en cambio, son esnobs”.
En otro, un joven lo ayuda a cruzar la 9 de Julio; en mitad de la avenida, el joven le dice a Borges: “Yo soy peronista”. Borges respondió: “¡No se preocupe!, yo también soy ciego”.
En el libro El palabrista, el periodista Esteban Peicovich  recopiló frases de Borges. Algunas de ellas servirían para responder un imaginario ataque de 6, 7, 8: “No creo en la agresión por cuenta propia. Detesto las polémicas, trato de estar de acuerdo con mi interlocutor. En una reunión, un señor se mostraba continuamente agresivo conmigo. Eso duró media hora. Entonces le dije: ‘Vamos a suponer que usted me ha insultado, que me ha dicho lo que suele decirse de la madre del interlocutor a quien se quiere injuriar. Vamos a suponer que usted me ha escupido. Todo esto lo damos por supuesto. Inclusive que usted me ha abofeteado. Después de esto, ¿no le parece que podemos seguir conversando tranquilamente? Yo he aceptado todas sus injurias, yo no he hecho nada, me he achicado todo el tiempo. Ahora hablemos’”. Recuerdo una historia del doctor Henderson, en el siglo XVIII, creo. Estaba discutiendo Teología en Inglaterra y alguien le arrojó un vaso de vino a la cara. Henderson se enjuagó y dijo: “Esto es una digresión. Sigo a la espera de sus argumentos”.
¿Qué clase de periodismo es este contraperiodismo oficialista? En Microfísica del poder,  Michel Foucault escribió: “La humanidad no progresa lentamente, de combate en combate, hasta una reciprocidad universal en la que las reglas sustituirán para siempre la guerra; instala cada una de esas violencias en un sistema de reglas y va así de dominación en dominación. Y es justamente la regla la que permite que se haga violencia a la violencia, y que otra dominación pueda doblegar a aquellos mismos que dominan. En sí mismas las reglas están vacías, son violentas, no tienen finalidad; están hechas para servir a esto o a aquello; pueden ser empleadas a voluntad de éste o de aquél. El gran juego de la historia es quién se adueñará de las reglas, quién ocupará la plaza de aquellos que las utilizan, quiénes se disfrazan para pervertirlas, utilizarlas a contrapelo, y utilizarlas contra aquellos que las habían impuesto; quién introduciéndose en el complejo aparato, lo hará funcionar de tal modo que los dominadores se encontrarán dominados por sus propias reglas”.
¿Habrán leído Microfísica del poder los estrategas del contraperiodismo?

fuente: Perfil