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jueves, 9 de mayo de 2013

La depredación de la Justicia. Por Santiago Kovadloff


Nunca, desde los días de Alfonsín, la Corte Suprema de Justicia fue objeto de una expectativa social como la que hoy recae sobre ella. Nunca, desde aquel entonces, la conciencia social de su significación republicana ha sido tan alta, tan apremiante, tan requerida. No es para menos. La democracia argentina se encuentra, por obra del Gobierno, en el linde de su dignidad. Unos pocos pasos más y la República se habrá disuelto en las imposiciones de un nuevo despotismo . Nuevo no porque el sectarismo pretenda avasallar la ley, sino porque, mediante ese avasallamiento, irrumpirá algo hasta ahora inédito: de la ley habrán sabido valerse quienes la desprecian para consumar, abusando de ella, sus propósitos anticonstitucionales. Así se convalidará la reducción de nuestra Carta fundacional a una cáscara vacía. Será nombrada, será enarbolada, pero ya no será la que debió ser. Lo ha dicho bien Joaquín Morales Solá: el Gobierno "decidió agredir a la democracia con las herramientas de la democracia". ¿Cómo negar que se trata de una innovación tan ingeniosa como perversa, en el orden de las prácticas autoritarias?
¿Qué ha debido suceder para que se llegara hasta aquí? ¿Cómo se ha podido convertir la esperanzada transición de la dictadura militar a la recuperación democrática en este tenebroso pasaje al vandalismo creciente de un gobierno constitucional que aspira a sepultar las mismas leyes que le dieron legitimidad? Hay respuestas a estas preguntas. Disponen de ellas, en buena medida y entre otros hombres, Natalio Botana y Luis Alberto Romero. Y habrá que ir en busca de esas respuestas en el momento que corresponda. Hoy son otras las preguntas que apremian. Entre ellas, ésta: ¿procederá la Corte, cuando le quepa actuar, como lo requiere la defensa del orden constitucional todavía vigente? Si ella salva su independencia de criterio, salvará a la República. Salvará los principios que la hacen posible. Salvará su eventual e indispensable reconstrucción. Ésa es la expectativa de muchos. Pero ¿cuál es la realidad de todos?
La perversión del orden constitucional a la que estamos asistiendo aspira a coronar su despliegue con la desarticulación del papel actual de la Corte Suprema. ¿Será preciso aclarar, frente a este panorama, que reivindicar el valor de la República no significa despreciar los derechos de las mayorías, como pretende la demagogia populista? De lo que sí se trata es de oponerse a la reducción del orden democrático al reconocimiento exclusivo y excluyente de esos derechos. La Justicia es, aún hoy y entre tantas otras cosas, un poder contramayoritario. Eso no significa un poder alzado contra las mayorías. Un poder contramayoritario, como lo precisó la jueza Highton de Nolasco, no es un poder antidemocrático. Es un poder antitotalitario. No niega los derechos de las mayorías, sino que los inscribe en un marco más amplio que el conformado sólo por ellos. Más amplio y más determinante: el de la República.
Basta oír, por lo demás, lo que se dice para ver lo que sucede. Lear lo supo enunciar como nadie: "Un hombre puede ver sin ojos cómo va el mundo. Mirad con vuestros oídos". Lo hacemos. Somos, con notable intensidad en estos meses, una sociedad que escucha y se hace oír. El porvenir se nos juega en el lenguaje. En el significado que se atribuye a las palabras. En las palabras que se oyen y en lo que con ellas se quiere acallar. Si la Justicia se sometiese al poder político, todos nosotros terminaríamos al servicio de un amo y ya no de la ley. Una nueva servidumbre se habrá perfilado entonces. Sus filas estarán integradas por quienes hasta ayer nos considerábamos ciudadanos.
El desenfreno no se detiene ante nada. No perdona a nadie. Ni siquiera a quienes lo promueven. Son días implacables. El Gobierno ya no disimula el efecto, en su propio cuerpo, de las desmesuras que practica. La expectativa social es abrumadora. Nadie sabe aún qué ocurrirá. Se suceden las denuncias. El conventillo parlamentario ha reemplazado hace mucho a la acción legislativa. Bajo el impacto de delitos desenmascarados por el periodismo, la vida cotidiana de los argentinos se ha convertido en un tembladeral. Nadie sabe qué puede depararle el día siguiente. La inseguridad ha ensanchado sus dominios. Se extiende ahora sobre la liturgia democrática, que, hasta ayer, parecía a salvo de toda duda sobre su función estabilizadora. Detrás de la normalidad aparente que implica la venidera realización de elecciones legislativas, la Argentina se apresta a poner en juego su permanencia o exclusión del sistema republicano. La tensión que nos agobia es la de una metamorfosis siniestra y extenuante. La reducción de nuestra realidad social a los imperativos de la disputa política ha desfigurado el rostro y la médula de la Nación. Al igual que nuestro ministro de Economía, nadie en el Gobierno se muestra decidido a hacerse cargo de lo que realmente pasa. No estamos a la deriva porque nos falte timonel. Estamos a la deriva porque el timonel se empecina en orientar la nave hacia donde sólo puede encallar. Los ojos de Medusa no se cansan de buscar enemigos para petrificarlos. No advierte, no quiere advertir, que es ella misma quien genera la adversidad que la consume en el odio. No hay Sófocles que alcance para hacerle entender que ir por todo equivaldrá, finalmente, a terminar en la nada.
Mientras tanto, la suma del poder público está a punto de caer en una única mano. Con ello, la Argentina volverá al pasado. Un pasado que, al parecer, no alecciona. En 1857, en Londres y en un encuentro amigable, Rosas le aseguraba a Alberdi que su modo de concebir el país ya no tenía porvenir en la Argentina. Se equivocaba. Ignoraba que alguien, a principios del siglo XXI, volvería a afirmar que hay una forma única de disciplinar la Nación y es haciendo equivaler la ley a su persona. Curioso: Francisco sólo se quiere obispo de Roma. Cristina Fernández se quiere Roma.
FUENTE: LA NACIÓN

viernes, 1 de marzo de 2013

Cristina y las contradicciones del plan “democratizador” de la Justicia. Por Christian Sanz



PONER A LA JUSTICIA A LOS PIES DEL PODER POLÍTICO


Finalmente, Cristina dijo lo que se preveía: "Quiero una Justicia democrática, no corporativa, sabiéndose que es parte del Estado y que debe aplicar la Constitución". Esa frase, pronunciada en el marco de la apertura de las sesiones legislativas de 2013, es parte de la tan mentada “democratización judicial” con la cual viene amenazando en los últimos meses la mandataria.
Con inusual soberbia, la Presidenta anticipó que impulsará una batería de medidas tendientes a modificar de raíz el sistema de Justicia argentino, comenzando por el siempre polémico Consejo de la Magistratura, el cual —dicho sea de paso— fue cooptado por el mismo kirchnerismo hace poco más de seis años.
"La propuesta va a ser que la totalidad de los miembros del Consejo sean elegidos por el pueblo", aseguró.¿Sabrá Cristina que solo unos pocos países permiten la elección popular de magistrados, sistema tan proclive al fraude?
A saber: en algunos cantones de Suiza y unas pocas municipalidades francesas los jueces son votados por la ciudadanía. Luego, en Perú, Venezuela y Colombia esa modalidad se aplica solamente a los jueces de paz. Ergo, lo que no funcionó en otros países, ¿por qué sería útil en la Argentina?
Independientemente de esto último, hubiera sido productivo que alguno de los hoy concurrentes al Congreso Nacional le hubiera explicado a Cristina que sus intenciones chocan de frente con el artículo 114 de la Constitución Nacional. Allí se explica que el Consejo de la Magistratura solo puede ser regulado “por una ley especial sancionada por la mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de cada Cámara”, la cual “tendrá a su cargo la selección de los magistrados y la administración del Poder Judicial”.
En fin, la mandataria siguió avanzando en su capricho y anticipó que se ramificará la instancia de Casación, creando una Cámara en lo Civil y Comercial, una en lo Contencioso y Administrativo, y en lo Previsional, además de la existente. La medida es un claro castigo al fuero Civil y Comercial luego de que la Cámara Federal extendiera un amparo en beneficio del grupo Clarín.
Para que no quedaran dudas al respecto, Cristina armó toda una exposición contra las medidas cautelares, a las que acusó de haberse“transformado en una verdadera distorsión del derecho, en una fuente de inequidad y denegación de administración de justicia".
Parece olvidar Cristina que ella misma utilizó ese recurso en más de una oportunidad, una de las últimas ocasiones fue en septiembre de 2010 a efectos de que los directores del Estado pudieran seguir participando de las reuniones de Papel Prensa. ¿Por qué en ese momento estaba bien apelar a las herramientas cautelares y ahora no?
Las contradicciones de la Presidenta no se limitan a las acciones de su propio gobierno, sino también a la demora en entender que en algún momento había que hacer cambios en la Justicia. Por caso, ¿recién ahora, luego de diez años, Cristina descubre que deben “democratizarse” los jueces?
No es mala la idea de la jefa de Estado, solo que debería aplicarse a otro fuero: el Federal. Allí es donde hace agua el sistema judicial, de la mano de exponentes como Norberto Oyarbide, Rodolfo Canicoba Corral y María Romilda Servini de Cubría, entre otros. ¿Por qué jamás Cristina habla de esos escandalosos magistrados? ¿Será acaso porque estos saben sobreseer a sus principales funcionarios en el marco de los casos de corrupción más escandalosos de las últimas décadas?
De esas cosas no habla la Presidenta… ni tampoco nadie le pregunta al respecto. Es bien cierto que se trata de una realidad incómoda, pero es una realidad al fin.
Si, como dice Cristina, lo que se busca es la “transparencia total del poder público”, no puede faltar en su discurso un capítulo referido a los jueces federales argentinos.
Por otro lado, sorprende el énfasis que la mandataria le pone a la “democratización” de la Justicia sin hacer el mismo esfuerzo en buscar la “democratización” del poder político, sobre todo aquel que integra el Ejecutivo Nacional. ¿Por qué un juez debe ser observado por haber fallado contra los intereses del Gobierno y nada ocurre con los ministros y secretarios que aparecen vinculados a millonarios desaguisados?
Finalmente, Cristina advirtió que impulsará la presentación de declaraciones juradas por parte de los jueces. "Por internet se debe poder tener acceso a las declaraciones de todos los funcionarios de todos los poderes del Estado. Si yo voy a un juzgado y ese señor va a decidir sobre mí, quiero saber, tengo derecho a saber", agregó, al tiempo que lanzó un curioso mensaje a los legisladores allí presentes: "Si a ustedes les cuentan las costillas a todos, cuántas veces vinieron, cuántas veces hablaron, cuántas sonrieron (también es necesario saber) cuáles son los expedientes que tienen los jueces y los tiempos en los que se tratan”, advirtió.
¿Cómo equiparar a quienes representan al pueblo, como son los diputados y senadores, con un poder independiente como el judicial?
El desconocimiento de Cristina a lo largo de su extenso discurso, sorprendió a propios y ajenos. Quien mejor lo graficó fue Ricardo Lorenzetti, presidente de la Corte Suprema de Justicia. La elocuente preocupación gestual que demostró a lo largo de la diatriba presidencial, dijo más que cualquier mensaje verbal directo.
Si bien el magistrado sabía que ocurriría lo que hoy sucedió, jamás imaginó que la verdad superaría sus peores especulaciones. “Se requieren reglas para cuando gane y cuando pierda, para cuando uno esté en el poder o cuando lo deje, cuando sea poderoso o sea débil", advirtió hace apenas unos días, en el marco de la apertura del año judicial. La realidad lo pasó por encima.
La embestida que se avecina contra el poder judicial no es nada auspiciosa. Solo basta recordar las palabras de Cristina en los días en los que se reformó el Consejo de la Magistratura, en el año 2006. Al igual que hoy, Cristina juraba que esa modificación redundaría en mayor independencia de los jueces.
No solo ello nunca ocurrió, sino que hoy la propia jefa de Estado terminó impulsando un cambio a una institución que el propio kirchnerismo ya había reformado.
Y un revelador dato final: el 42% de los jueces nacionales y federales fueron puestos por el oficialismo de turno a lo largo de los últimos nueve años.
Como dijo alguna vez el oportuno Juan Domingo Perón: “La única verdad es la realidad”.

Christian Sanz

FUENTE: TRIBUNA

sábado, 16 de febrero de 2013

La bomba iraní. Por Dante Caputo

La República Islámica de Irán volvió a desafiar a Occidente mientras avanza su plan nuclear. El pasado imperial persa: cinco mil años de historia y sólo uno de democracia. ¿Un país propicio para firmar acuerdos?



En estos días, Irán retornó a los debates locales con cierta fuerza. Pero ese país no preocupa sólo a los argentinos. Está en una posición central en el tablero mundial.
Entre períodos de silencio y otros de protagonismo, esta nación ha estado en la historia durante cinco milenios. Se unificó hace algo más de 2.700 años. Fue un imperio poderoso donde, además de la fuerza, creció el conocimiento y floreció la cultura. Su historia sufrió un quiebre cuando Alejandro Magno derrotó a Darío III en la célebre batalla de Issos, en el año 333 antes de Cristro. Luego comenzaron 700 años de guerra contra los romanos.
En esos siglos de civilización, guerras, derrumbes y recreaciones, Persia nunca fue democrática. Excepto un año, sólo uno. Entre julio de 1952 y agosto de 1953, Mohammad Mosaddegh gobernó el país luego de ser electo democráticamente.
Allí debió comenzar otra historia. Pero las leyes de nacionalización del petróleo que Mosaddegh impulsó afectaron al Reino Unido y a Estados Unidos, y tuvieron una respuesta instantánea. Los servicios secretos de ambos países ejecutaron la operación Ajax, que culminó con un golpe de Estado que desplazó a Mosaddegh y entregó el poder al tímido y tenebroso shah Mohammad Reza Pahlavi.
Hace pocos años, Barack Obama pidió disculpas por esa acción, la primera intervención de la CIA para derrocar un gobierno.
El régimen del shah cayó a su vez en 1979 con la revolución que encabezó el ayatolá Jomeini y que derivó en la creación de la República Islámica de Irán, una teocracia dominada por el oscurantismo religioso y la represión. Jomeini, oficialmente Líder de la Revolución, decía del gobierno que nombró que era “el gobierno de Dios” y quien no lo obedeciera se “rebelaría contra Dios”. Como ve, lector, un irrebatible argumento sobre la legitimidad de origen del primer gobierno de la República Islámica.
También nació allí un enemigo de las potencias occidentales, con las que las tensiones no disminuirían por más de treinta años.
Entre los países islámicos, Irán se cuenta entre los más duros enemigos de Israel y de los judíos. Siendo canciller, me entrevisté en Naciones Unidas con diplomáticos de ese país. Una vez, con el ministro de Relaciones Exteriores, oí las amenazas de destrucción contra Israel y los judíos. Vi los rictus de un odio estremecedor. ¿Cómo se regresa de tanta furia?
Mi duda principal con Irán y los esfuerzos de diálogo que promueve en estas semanas Estados Unidos es si existe espacio de negociación con un interlocutor cuyas pasiones por lo absoluto dominan su comportamiento.
Occidente teme que el desarrollo nuclear de Irán ponga el “odio absoluto” en operaciones y sabe que, si eso sucediera, no alcanzaría la CIA, como en 1953, para hacerle cambiar las decisiones al gobierno iraní.
El nuevo secretario de Estado estadounidense, John Kerry, impulsó el diálogo con Irán. Las razones de este cambio de estrategia las analizamos en esta columna hace pocas semanas. Brevemente, es el resultado de la crisis económica, el endeudamiento y el desequilibrio fiscal. Las dos últimas guerras (Irak y Afganistán), que costaron 3 billones de dólares, son una experiencia que los estadounidenses están lejos de querer reiterar. Como es bien sabido que nunca se debe amenazar con el uso de la fuerza si luego no se puede cumplir con la amenaza, fue necesario abrir la nueva etapa en busca del diálogo.
En su discurso del pasado martes sobre el estado de la Unión, el presidente Obama dijo: “Los líderes de Irán deben reconocer que éste es el tiempo de la solución diplomática, porque la coalición se mantiene unida pidiéndoles que cumplan con sus obligaciones. Y nosotros haremos lo que fuera necesario para impedirle que tenga el arma nuclear”. Ha llegado el tiempo para negociar, pero usaremos la fuerza si es necesario. El mensaje es claro y sería practicable si Irán estuviera dispuesto a lo primero y creyera lo segundo. Dos condiciones que no necesariamente se darán.
Es indudable que para llegar a algún resultado, los métodos usados hasta ahora deberán cambiar. Irán no parece estremecerse ni dar indicios de voluntad de diálogo sobre el tema nuclear a pesar de las fuertes sanciones que se le aplican. Este jueves fracasaron las conversaciones en Teherán con los representantes de la Agencia Internacional de Energía Atómica.
Las cinco potencias occidentales que sostienen este esfuerzo para cambiar el plan nuclear iraní no han podido avanzar y, por las razones dichas, por ahora, tampoco pueden amenazar. En cambio, Israel, que sabe que su sobrevida está atada a la necesidad de impedir que Irán construya una bomba, no considera ninguna restricción para el uso de la fuerza si el nivel de amenaza llegara a un punto crítico.
Quizá la respuesta israelí no sería nuclear; pero si lo fuera, se abriría una inmensa incertidumbre sobre las consecuencias y la amplitud de una guerra que tocaría no sólo a la región.
Hacia fines de mes, Estados Unidos, Rusia, China, Francia y el Reino Unido se reunirán con Irán. Aunque, a juzgar por las declaraciones del presidente Mahmoud Ahmadinejad, las posibilidades de éxito son muy limitadas: “En nombre de la nación iraní, les digo que quienquiera piense que Irán se rendirá a la presión está cometiendo un enorme error y se llevará sus deseos a la tumba”.
El dilema se dibuja de manera cada vez más nítida. Si Irán continúa su desarrollo nuclear y éste culmina en la posesión de una bomba, la inestabilidad de la región obligará a una intervención occidental, que es precisamente lo que no quiere hacer Estados Unidos.
Naturalmente, los iraníes conocen las razones del cambio de estrategia de la administración Obama. Estados Unidos no quiere la paz, la necesita (al menos por un tiempo). Por tanto, se abre para Ahmadinejad un espacio mayor para mantener su negativa a aceptar inspecciones para controlar el eventual uso militar del programa nuclear. Este efecto de la apertura estadounidense naturalmente limita la capacidad negociadora del gobierno de Obama.
¿Hasta dónde puede la nueva política esperar buenos resultados? El tiempo corre en contra de la tarea que comienza el señor Kerry. Aunque Ahmadinejad haya recibido de buen grado la propuesta negociadora del vicepresidente Biden, los temores aumentan a la luz de la instalación de las nuevas centrifugadoras (las que permiten separar el uranio 235 del 238), que aumentarán rápidamente la producción de material fisionable. Para Israel, estas centrifugadoras reducirán a un tercio el tiempo necesario para fabricar la bomba.
Irán está hoy en el corazón de la política mundial. Allí se discuten la guerra y la paz, lo que en este caso significa la capacidad occidental para detener la fabricación de un artefacto nuclear por parte de un régimen autoritario y fanático.
Entre el Eufrates y el Tigris, Irán, con casi cinco milenios de historia y un año de democracia, está en el centro de las preocupaciones estratégicas de Occidente y peligrosamente cerca de alcanzar la posesión de una bomba atómica. Sin duda, un país propicio para firmar acuerdos en busca de la verdad y la justicia.
FUENTE: PERFIL

domingo, 3 de febrero de 2013

Inquietudes de un presente contradictorio. Por Santiago Kovadloff

 Occidente está viviendo una época de profundo desencanto, motivado por las evidencias que la época arroja a partir de la caída del imperio soviético. Según esas evidencias, el capitalismo encierra contradicciones que desbaratan la esperanza de que su desarrollo sea capaz de conciliar el afianzamiento del poder y la expansión de la ética, tanto en el orden social como en el orden del conocimiento.
Se advierte esto de manera muy intensa en la crisis de inseguridad que genera la expansión del terrorismo y en el predominio de la voracidad financiera sobre los principios de la independencia del Estado.
El efecto de estos fenómenos sociopolíticos sobre las comunidades occidentales se agrava, por ejemplo, cuando la Unión Europea -es decir, los países más desarrollados- acusa el impacto de la ineptitud política para dar sustento al ideal de la comunidad continental.
La impunidad financiera, que nos habla de una crisis que parece estar convocando para llegar a una solución a los mismos que la provocaron, y el hecho de que el desarrollo del conocimiento de punta en el orden tecnológico va unido a una creciente exclusión de buena parte de los miembros de las comunidades desarrolladas son alteraciones con respecto a los ideales de mediados de siglo que generan una incertidumbre muy honda.
En los llamados países en proceso de desarrollo, como el nuestro, el desencanto con los sistemas democráticos también se pone de manifiesto a través del auge de los populismos que, si bien afecta a unos pocos países -Ecuador, Venezuela, la Argentina- muestra las dificultades que encontró América latina para llevar adelante una transición efectiva desde los gobiernos autoritarios a las democracias representativas plenas. Incluso en los países en los que esa transición ha sido más exitosa -Chile, Perú, Uruguay, Brasil-, la pobreza y la exclusión laboral y educativa siguen teniendo un peso que el desarrollo económico no ha logrado atenuar.
Miedo significa, desde esta perspectiva, incertidumbre con respecto al porvenir y a un presente vapuleado por las contradicciones. Miedo significa la hegemonía de la noción de consumo sobre los ideales de la ciudadanía y sobre la inclusión social indispensable, un consumo que muchas veces crece a expensas de la exclusión. Pocas veces la ostentación del poder económico ha sido tan desembozada mientras la pobreza y la exclusión aparecen por todas partes.
Fragilidad institucional y consumismo desenfrenado. Pobreza institucionalizada en formas del delito administrado por el tráfico de drogas: son nuevas configuraciones de la incertidumbre para aquellos que advierten ineficacia por parte de los Estados para terminar con estas experiencias del horror.
La extinción de los partidos políticos en el caso argentino, las dificultades para la reconstrucción de la vida institucional, los riesgos a que está expuesta la vigencia de la Constitución, el auge de la presunción de que de formas arcaicas como el caudillismo puedan provenir modelos innovadores de organización política, son fenómenos sociales que generan incertidumbre y temor en un sector muy amplio de la sociedad.
Otro factor decisivo es la pérdida de protagonismo de las religiones en estos últimos 40 años; la adhesión a los credos se funda mucho más en razones sentimentales y tradicionales que en la convicción de que ellos representan un recurso eficaz para enfrentar los desafíos del presente.
La desaparición de la escuela pública, que constituyó en el pasado una de las singularidades educativas más notables de la vida argentina, el auge de la desocupación allí donde la inflación devora los salarios, y el temor a ver restringidos en el futuro los canales de expresión no condicionados por el Estado también son fuentes de temor y de desvelo en una sociedad que no logra consumar su transición del autoritarismo a la democracia plena.
FUENTE: LA NACIÓN

lunes, 26 de marzo de 2012

MEMORIA Y LEALTAD HISTÓRICA Por Luis A. Brasesco


Este 24 de Marzo, fue el día de la Memoria, el día en que la reflexión debió ser el acto más importante que un argentino  debía realizar, no sé si lo realizó pero por lo menos habló de él. Recordar el golpe mas horrendo y criminal que la historia apunta, de los golpes de estado en la República Argentina, para que no solo, el golpe no ocurra jamás, sino para desterrar definitivamente los crímenes, la violencia, el deterioro de la democracia, el robo, la  sustracción de bebes, la desaparición de personas, el menoscabo a la dignidad de las personas, la violación a la libertad en todas sus expresiones, el atropello a la Constitución en todos sus derechos y garantías y  su sustitución por un Estatuto confeccionado a la luz de la ideología de la seguridad implantada como sustento de los gobiernos militares usurpadores del poder.-

          El país, según el cristal con que se mire este acontecer, realizó la conmemoración, levantando las banderas de los derechos humanos, unos con aplausos al gobierno, otros con censuras al gobierno, pero hubo algo importante el Congreso de la Nación honró al Tribunal que enjuicio a los Comandantes, convirtiéndose en un acto institucional que viene a llenar un vacío de ingratitud.manifiesta.-


          Sin duda alguna, estamos también viviendo un contrasentido ya que se sigue desde el oficialismo contando una historia incompleta y parcial de la tragedia y se está gobernando con actitudes y textos legales ideados, presentados por el Poder Ejecutivo al Congreso , sancionados como leyes de la Nación, como por ejemplo. la Ley Antiterrorista, que es un instrumento que sirve para la persecución ideológica y del pensamiento no aceptado por la autoridad, la practica clara y contundente de emplear la estrategia del amigo y del enemigo, de llamar consenso a la simple adhesión al pensamiento oficial y repudiar y ridiculizar al diferente, la existencia de una libertad de prensa matizada con el apriete para silenciar opiniones adversas, la adquisición de medios de comunicación por parte de la legión de amigos del oficialismo que viven de la publicidad oficial a cambio de ser aplaudidores del gobierno, el distinguir el manejo de la policía para piquetes de amigos y piquetes de adversarios, en fin un discurso presidencial altanero y ofensivo. Esto es claro, a esta Democracia, la están deteriorando con un estilo de gobernar altanero y lindando con el hegemónico, y al mismo tiempo se habla con ardor de los Derechos Humanos, olvidándose que los derechos sociales también está comprendidos en la amplitud de los primero .Por ello quiero recordar algo que escribí en la publicación del Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos, denominada “Aspectos trascendentes de la nueva Constitución de Entre Ríos” que titule “ El trabajo decente concretado a través del dialogo en el Consejo Económico Social y la negociación colectiva estatal, logra la armonía social” y que transcribo, “  Buen comienzo es determinar el concepto de derechos humanos transcribiendo lo expresado  por la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas y que dice, *Los derechos humanos son derechos inherentes a todos los seres humanos, sin distinción alguna de nacionalidad, sexo, origen nacional o étnico, color, religión, lengua o cualquier otra condición. Todos tenemos  los mismos derechos sin discriminación alguna.  Estos derechos son interrelacionados, interdependientes e indivisibles*El recuerdo  del pensamiento  transcripto, que es personalidad con justicia, honor, respeto, es a los efectos de sintetizar la lucha del ser humano por su libertad y derechos que hacen a la naturaleza humana, en una palabra, llegar a la dignidad , que es personalidad con justicia, honor, respeto, pureza y estima. Esta lucha siempre la realizaron mujeres y hombres que creyeron desde los tiempos remotos  en ideales sublimes que inspiraron su acción, pues siempre creyeron en la verdad, el amaos los unos a los otros, o que la piel de uno termina en la piel del hermano. Por ello su lucha se inspiró en muchas oraciones, ideas fuerzas, doctrinas o concepciones en la libertad suprema del hombres, en su libre albedrío, en su libertad de pensamiento……………Por ellos los derechos humanos se resumen en el trabajo decente, garantizando la realidad humana del trabajo, y son *aquellos  legitimados a lo largo de la historia en el campo jurídico laboral y que ofrecen garantías o prerrogativas individuales y colectivas mínimas a hombres y mujeres que dependen del trabajo asalariado para vivir y permiten alcanzar el bienestar material en condiciones de libertad y dignidad. Estos derechos considerados  humanos, se caracterizan por ser históricos, inherentes, de hombres y mujeres, irrenunciables integrales, inacabados, siempre exigibles y complementarios tanto en derechos individuales como colectivos* (Luis Arriaga Valenzuela  “Flexibilidad contra empleo estable: Reforma a la Ley Federal de Trabajo en Méjico y la irrenunciabilidad de los Derechos Humanos Laborales),-


          Porque hago este recuerdo, en primer lugar para clarificar que  son los Derechos Humanos y en segundo lugar porque estamos en plena época de discusiones de actualización de salarios y en este sentido hay que recordar que el trabajo decente, que es el que debemos esforzarnos de que reine en plenitud en la Argentina no es solo remuneración sino el complejo total de los que significa este derecho, porque en el obrar se honra la memoria cumpliendo en la actualidad con los preceptos de los Derechos Humanos.-


          Después de estas ideas que saltan de la razón hermanadas con el corazón , quiero recordar algo que en  este 24 ni los anteriores, y es a los muertos anónimos, que lucharon por la libertad en este periodo oscuro de nuestra historia contemporánea,  en esos hombres, que sirvieron en la lucha, que no sabemos como se llamaban, eran casi todos muy pobres, lecheros, panaderos, peones y hasta personas que pedían limosna puerta por puerta, quiosqueros, canillitas, que daban informes, de lo que veían, escuchaban, a quienes luchábamos defendiendo presos políticos, sociales, gremiales. Ellos son los soldados desconocidos en esta lucha, son los sin nombres, sin recuerdos. Tuve la intención pero me fue imposible por mi salud llevar un ramo de flores a la cruz mayor del cementerio de mi ciudad, pero desde hoy seremos muchos los que haremos este homenaje.-


          Estas  líneas  tienen el sentido de que recordemos para no reeditar aquello oscuro, para no repetir violaciones a las normas Constitucionales, de olvidarse del pueblo cuando se gobierna, para perfeccionar nuestra democracia, para que mirando el futuro, sin omitir hacer justicia, tratemos entre todos los argentinos hacer un país pujante,  con el pueblo fraternizado. Honrar la vida, honrando los derechos de todos y respetando las diferencias en armonia social y respeto entre los seres humanos.-
         
 Gracias Dr. Luis Agustín Brasesco

domingo, 18 de diciembre de 2011

La alarmante devaluación de la democracia. Por Joaquín Morales Solá


Hay vencedores y vencidos. El texto del proyecto que dispone la eventual confiscación de Papel Prensa y la algarabía de los diputados oficialistas en la noche de la votación tuvieron los trazos de una victoria de barrabravas. El problema de la democracia argentina es que los vencidos no son sólo LA NACION y Clarín, como coreó el kirchnerismo, sino también, fundamentalmente, la libertad de prensa. Un gobierno que controlará la producción nacional de papel para diarios y también las cuotas de importación, según el texto aprobado, se quedará con el dominio absoluto del insumo imprescindible de toda la prensa gráfica y, por lo tanto, de su libertad. No hay otra conclusión más clara y más certera que ésa.
La devaluación democrática ha tenido en los últimos días otros síntomas alarmantes. El diálogo fue abolido por los representantes del Gobierno. Quienes iban a ser condenados a la guillotina, los diarios, no pudieron ejercer su derecho a la defensa. La propia oposición se vio seriamente condicionada en su posibilidad de expresarse.Otros temas, como el presupuesto (la principal ley para el funcionamiento del Estado), los límites a la propiedad extranjera de la tierra o la brutal modificación de la ley que reglamenta el trabajo de los peones rurales, fueron despachados mediante un arrogante trámite exprés.
Una de las principales obligaciones que impone la democracia es el respeto a las minorías. Pero ese dogma es de imposible comprensión por un gobierno que se ha refugiado entre los duros. El ministro de Economía real, en los hechos, es Guillermo Moreno. Un hombre, Juan Manuel Abal Medina, dispuesto a seguir la moderación o la intolerancia con igual convicción, se ha hecho cargo de la Jefatura de Gabinete. Carlos Kunkel, Carlos "Cuto" Moreno, Diana Conti o Marcelo Fuentes son las personas que manejan en realidad el Congreso.
Un dejo de resentimiento, un reflejo siempre vengativo y mucho rencor acumulado guían los pasos de esos legisladores. Cristina Kirchner ha depositado gran parte del poder fáctico del Estado en manos del ala más fanática del kirchnerismo. La Presidenta se encontrará algún día con un conflicto: la historia registra que el fanatismo y los ultras han sido siempre minoritarios en las sociedades democráticas. Han sido, más bien, la causa infalible del fracaso de la política y de las naciones.
Un amplio y riguroso reglamento dictado por dos poderes del Estado para una sola empresa, cuyo producto, el papel para diarios, no falta en el mercado. ¿Qué es eso si no una persecución? El Estado (o el Gobierno, más precisamente) metido en la producción y comercialización de la producción nacional de papel y con amplias facultades para decidir sobre su importación, actualmente sin restricciones y sin aranceles. ¿Qué es esa obsesión sino el presagio de un control sobre lo que se escribirá más que sobre el mercado del papel?
Una increíble condena a un plan de inversión para pagar, según dice el proyecto, falsas acusaciones de delitos de lesa humanidad, que ningún juez probó nunca. ¿Qué es ese barroquismo sino el uso de la noble causa de los derechos humanos para saldar pobres pleitos actuales? Un Congreso que ignora que un artículo explícito y diáfano de la Constitución, el 32, le prohíbe dictar medidas contra la libertad de prensa. ¿Qué es eso sino la victoria de una decisión autoritaria sobre la letra y el espíritu de las instituciones?
Una nube de versiones falsas está tapando el centro de la cuestión. Diarios del interior apoyaban el proyecto oficial, decían los oficialistas. La asociación que agrupa a esos diarios, ADIRA, se pronunció rotundamente en contra del manotazo a un bien imprescindible de la prensa libre. No podía ser de otro modo. Sólo los diarios militantemente oficialistas apoyan el proyecto oficialista.
La Presidenta dijo el viernes que "el Estado generó la primera fábrica de papel para diarios". El Estado promovió, pero no generó nada. Los diarios que tienen actualmente la propiedad mayoritaria de la empresa debieron invertir 200 millones de dólares de la época (casi 700 millones de dólares actuales) para poner en funcionamiento la fábrica de Papel Prensa.

INESPERADOS ALIADOS

El primer fondo para la construcción de esa planta, antes de que se hicieran cargo sus actuales dueños, fue aportado por todos los diarios del país, no sólo por LA NACION y Clarín. El Estado nunca invirtió nada en Papel Prensa. Estamos hablando de los años 70. Cristina Kirchner le reconoció a la dictadura méritos que nunca tuvo. El rencor puede encontrar inesperados aliados.
Sectores de la oposición aprovecharon también el momento para liquidar antiguos resentimientos con la prensa. La política y el periodismo estarán siempre, y forzosamente, encerrados en un clima de tensión. El discurso de Ricardo Alfonsín provocó más nostalgias de su padre, que sabía distinguir con claridad entre la anécdota y las condiciones sustanciales de la democracia. Felipe Solá traspapeló sus recientes discursos republicanos. Mauricio Macri y Hermes Binner (a quienes la mitología política considera los únicos que quedaron con vida después del 23 de octubre) aportaron el silencio, que es el peor aporte cuando los valores más esenciales están irremediablemente heridos. La vida pública exige responsabilidades que van más allá de las comodidades personales o políticas.
La venganza kirchnerista con el periodismo fue ya explícita cuando una comisión del Senado aprobó el proyecto la misma noche que éste había sido sancionado por Diputados. No había ningún apuro más que el de ofrecerle a la Presidenta el regalo de la extrema disciplina. ¿Fue malo? No. La evidencia irrefutable es mejor que el disimulo. ¿De qué serviría el maquillaje de la amabilidad y la cortesía si, en última instancia, el proyecto se aprobará tal como lo quiso la jefa del kirchnerismo? Ya que el agravio a la libertad es un desastre, que lo sea hasta el fondo.

MOYANO, EL ÚNICO LÍMITE

Hugo Moyano es víctima también del diálogo proscripto. El jefe cegetista se ha convertido, con todo, en el único límite real y práctico con el que tropezó Cristina Kirchner desde su victoria. El propio Moyano no sabe por qué lo desterraron después de que el kirchnerismo lo tuviera como el aliado más importante durante ocho años. Moyano fue un engranaje fundamental en la construcción de poder del kirchnerismo.
Sin embargo, en ese caso también la Presidenta tropezará con un enorme conflicto: el peronismo tradicional, joven o viejo, se quedará con Moyano si le dan a elegir entre el jefe de los camioneros o La Cámpora. La corriente camporista está asumiendo formas violentas (incluso contra el inexplicable Daniel Scioli) que sólo son posibles bajo la protección del poder.
La decisión de Moyano de desafiar al cristinismo, de enfrentar a La Cámpora y de renunciar al Partido Justicialista por considerarlo una estructura vacía, ha conmocionado al peronismo. El peronismo siente que desde la CGT están tocando su melodía. Es el mismo combate ideológico de siempre entre la ortodoxia y la izquierda, que el peronismo no superó nunca, aunque esta vez sea sólo una caricatura. Néstor Kirchner solía juntar en un mismo acto a La Cámpora y a la juventud sindical que responde a Moyano. Cristina Kirchner no hará eso; ella cree que tiene por delante la culminación de una revolución inconclusa. ¿Revolución de quién? Parece que la iniciada por su esposo, aunque su marido fue una mezcla de reformador y de pragmático, muy alejado de las revoluciones.
Es probable que el Gobierno esté muy preocupado por el nivel de los aumentos salariales del próximo año, después del tarifazo, de los impuestazos de Scioli y de Macri y del consecuente reacomodamiento de los precios. La solución, en tal caso, consistía en dialogar con Moyano, que comprendió esos problemas muchas veces en los últimos años. Pero ¿cómo llegar a esa instancia cuando se ha impuesto el mesianismo sobre la reflexión o cuando se prefiere mandar antes que convencer?
Hace pocos días se conocieron fotografías de presos políticos torturados y asesinados por la dictadura. Eran crímenes que se sabían por la letra escrita, pero que cobran una dimensión sobrecogedora en las imágenes de esas fotos. Al mismo tiempo, en Tucumán se hallaron los restos de Guillermo Vargas Aignasse, un senador joven y talentoso, que practicó la política y no la violencia, asesinado cruelmente en los primeros días de la última dictadura.
Esos recuerdos amargos del pasado deberían revalorar los casi 30 años de democracia argentina. La política ha preferido, en cambio, llevar la calidad de la democracia a su peor nivel desde 1983. La decadencia democrática acusa a la dirigencia política y social, pero también interpela a una sociedad peligrosamente distraída.
FUENTE: LA NACIÓN

sábado, 9 de julio de 2011

El debate (secreto) entre Macri, Filmus y los otros. Por Carlos M. Reymundo Roberts


Qué honor fue para mí haber sido moderador del debate entre los candidatos a jefe de gobierno de la ciudad. No del que se vio por Canal 7, que de debate no tuvo nada, sino de otro que se organizó en reserva, que tuvo características especiales y del que participaron los once postulantes.
Fue, créanme, inolvidable. En realidad no tienen que creerme: lo podrán comprobar ustedes mismos, porque la única boca de expendio de ese encuentro será esta humilde columna sabatina. Todos los candidatos aceptaron que yo sea el responsable de difundir lo ocurrido.
¿El escenario? Cada candidato se ubicó donde quiso, y todos estaban conectados entre ellos y conmigo. Macri eligió la cancha de Boca (en busca de buenos recuerdos); Filmus, la Casa Rosada (para estar cerca de los apuntadores); López Murphy, la cancha de River (su obsesión es hacer todo lo contrario de Macri); Telerman, la embajada de Francia (insiste con su perfil "afrancesado"); María Eugenia Estenssoro, la casa de Lilita Carrió (con la promesa de ésta de no robarle cámara); Luis Zamora, una esquina cualquiera (tributo a sus épocas de vendedor ambulante de libros); Pino Solanas, la calle Lavalle (si fracasa otra vez tiene decidido volver al cine); Javier Castrilli, la AFA (ya tiene arreglada su vuelta al referato); Silvana Giudici, el Congreso (algo le dice que va a seguir siendo diputada); Jorge Todesca, su casa (le gusta sentirse reconocido o, al menos, conocido), y Myriam Bregman, la casa de Todesca (porque tiene el mismo problema).
En el comienzo, cada candidato expuso su principal propuesta. Macri dijo: "Me propongo gobernar la ciudad". Filmus: "Me propongo que Cristina gobierne la ciudad". López Murphy: "No sé qué propuso Macri, pero me opongo". Pino: "Mi primera medida será decretar que el tercero en las elecciones pueda participar del ballottage". Giudici: "Libertad de expresión para todos". Estenssoro: "Propongo declarar a Lilita opositora ilustre". Zamora: "Soy Luis Zamora, ¿se acuerdan de mí?" Todesca: "Ya sé que no me recuerdan?". Telerman: "Yo goberné la ciudad, pero pido que no se acuerden de eso". Bregman: "Voy a presentarme: yo soy la izquierda". Castrilli: "Voy a expulsar a todos".
La primera parte había salido bien, pero después las cosas se complicaron. Filmus acusó a Macri de no haber hecho nada. Macri le respondió que nadie ve su principal obra, el canal aliviador, porque está bajo tierra. Y agregó: "Yo no soy títere de nadie; en cambio vos?". Replicó Filmus: "A vos te manejan Caputo y Durán Barba". Terció Pino, juguetón con las palabras: "Porteños, si quieren un cambio, vótenme; porteños, cambien su voto, vótenme". López Murphy: "No lo voten a Macri". Telerman: "Ya sé que no me van a votar, pero?". Zamora: "¿Me recuerdan?" Todesca y Bregman: "¿Qué pasa con el audio que no tenemos retorno?" Castrilli: "Siempre me dejan para el final: esto es juego sucio".
En el siguiente bloque, sobre seguridad, Macri habló maravillas de su Policía Metropolitana. Filmus, informado de que esa fuerza es aprobada por la gente, dijo que sólo se proponía cambiarle el nombre: Policía Cristiniana de la Metrópolis; Estenssoro (Lilita le debe de haber soplado) propuso investigar la conexión entre el delito y la fuerzas del orden; López Murphy se inclinó por un recorte de gastos; Giudici, por aumentarlos; Telerman dijo cosas muy lindas, y además las dijo bien, pero no resultaba fácil traducirlas en hechos; Todesca y Bregman seguían incomunicados. Castrilli insistió con la expulsión, en este caso de los delincuentes.
Como estaba previsto, hubo una pausa. Los candidatos fueron rodeados por sus asesores, que, por supuesto, les dijeron que lo estaban haciendo muy bien y que se concentraran en el cierre de sus intervenciones. A Macri lo asistieron Caputo (le pidió que no dejara de recordar la obra pública) y Durán Barba; a Filmus, Abal Medina y, por celular desde Olivos, la Presidenta; a los demás, personas que yo al menos no conocía.
Al retomar el debate propuse hablar del tema de las comunas, y los once me preguntaron al unísono: "¿De qué??" Entonces pasé al siguiente ítem, la educación. Abundaron las coincidencias: todos prometieron más escuelas, maestros mejor pagos y computadoras para todos. Qué lindo. Va a dar gusto estudiar en esta ciudad.
El momento del cierre, en cambio, no fue un ejemplo de civismo. Se interrumpieron, se agredieron. Castrilli intentaba poner orden con su silbato, sin conseguirlo. Yo le daba la palabra a Filmus, porque era su turno, y me acusaban de kirchnerista. López Murphy no lo dejaba hablar a Macri, que quería recordar su gestión en Boca; Estenssoro, que supo trabajar en radio, discurseaba sin pausas comerciales, ajena a las trifulcas; a Giudici la acusaron de defender el monopolio de su palabra; Pino, un especialista, se fue y dejó a todos plantados; Zamora gritaba su apellido; Todesca y Bregman, ya íntimos, hablaban entre ellos.
Pero bueno, la democracia es así, ruidosa. Yo disfruté con la experiencia: amo la confrontación de ideas, el diálogo abierto. Y amo, claro, haber sido el periodista elegido por los 11 candidatos. Ya sueño con el momento en que suene mi teléfono y una voz de mujer, desde Olivos, me diga que tengo que ir preparando el gran debate de las elecciones presidenciales de octubre. Un debate sólo entre dos. Ella y Boudou.

fuente: La Nación

miércoles, 29 de junio de 2011

La democracia es debate. Por Alfredo Leuco (AUDIO)

Creo en el debate de ideas. Creo que esa esgrima de pensamiento es absolutamente enriquecedora para mejorar la calidad de la democracia y de las instituciones republicanas. Dudo, sospecho, me inspiran desconfianza los hombres providenciales y los que se creen dueños de la verdad y el discurso único. La sociedad democrática es la dinámica de la diversidad, ese arco iris que nos permite articular el pensamiento de cada uno de nosotros, para convertirlo en un producto colectivo de la cultura política. Creo profundamente en esa manera de construcción. 

Lejos del individualismo y de las grandes estrellas. Messi vale oro pero sin equipo no va a ningún lado. Confío en que muchas miradas honradas, con vocación de servicio y con la ética de la responsabilidad y la solidaridad van a parir mejores partidos políticos y una vida mejor para los ciudadanos. Escuchar y enriquecerse con el pensamiento del otro, rebatirlo, discutir fuerte y con pasión si es necesario, defender las convicciones y luego llevarlas en forma reparadora y transformadora a la sociedad es la mejor política que nos podemos conseguir. A eso tenemos que apuntar. 

Por eso estoy contento con el primer paso que vamos a dar esta noche en mi programa del canal 26. Hoy van a debatir civilizada y democráticamente los candidatos a vice jefe de los tres partidos que según todas las encuestas están más cerca de ocupar el podio. S van a cruzar con astucia, inteligencia, picardía e incluso con alguna chicana dirigentes de la talla de la ministra María Eugenia Vidal, compañera de fórmula de Mauricio Macri, el ministro Carlos Tomada que integra el binomio con Daniel Filmus y el diputado de la ciudad Jorge Selser que participa de la fórmula con Pino Solanas. Por ahora este es el único debate que se pudo armar por televisión. Si logramos dos puntos de rating, cosa que no es nada difícil porque hemos hecho mejores números que esos, los candidatos llegarán a 160 mil personas en una hora y media con sus propuestas. 

Digo que por ahora es el único debate que se pudo armar porque confío en que después los mismos protagonistas debatan en otros programas. O Macri, Filmus y Pino vean lo que va a pasar esta noche y decidan venir el martes que viene a debatir de la misma manera. Estoy orgullo del debate de esta noche. No por un tema de vanidad personal o profesional. Porque creo que del sano intercambio de ideas salen las mejores medidas de gobierno. 

Y porque creo que los que viven, sufren, gozan y votan en esta ciudad se merecen conocer que van a hacer estos dirigentes si llegan al poder. Vamos a escuchar las soluciones que prometen para los temas que más preocupan a los porteños. Seguridad, salud, educación, transporte y tránsito, los pilares de un gobierno van a ser expuestos, analizados, confrontados por cada uno de los protagonistas. Es un humilde aporte del lado del periodismo. Un granito de arena que intenta demostrar que se puede convivir pacíficamente en la diferencia, que se puede disentir respetuosamente, que se puede tomar una idea del adversario y mejorarla o llevarla a la práctica en bien de toda la comunidad. Hay ideologías distintas y eso está bien. No vivimos en una sociedad uniforme. Hay dirigentes con distintas trayectorias y eso está bien. 

Por eso van a ser juzgados por el voto popular que dará su veredicto. Pero hay un territorio común que es nuestro país y el sistema democrático que debemos cuidar entre todos. Esa casa es de todos los argentinos. Ojalá Macri, Filmus y Pino vean esta noche el programa y se den cuenta que no duele, que no pasa nada terrible, que solo hay ideas y neuronas en debate y que ellos también pueden hacer un aporte.
 
Ellos y todos los candidatos a presidentes o a gobernadores. ¿No le gustaría asistir a un debate entre Cristina, Alfonsín, Duhalde, Carrió, etc? ¿No sería bueno que Bonfatti, Rossi y Del Sel se crucen con sus mejores armas? ¿Y si Scioli, De Narváez, Stolbizer o Amadeo participan de un debate? ¿Quien gana? En realidad ganamos todos. En un debate el único que pierde es el autoritarismo. Porque la democracia es debate.




La democracia es debate
FUENTE: cONTINENTAL