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sábado, 5 de enero de 2013

Un glorioso himno en tributo a la Presidenta. Por Carlos M. Reymundo Roberts

 En esta columna, la última antes de mis vacaciones, quería rendirle un especial tributo a Cristina, entre otras cosas porque estoy en deuda: casi no he podido ocuparme de ella en todo el año. Sé que la señora detesta ser el centro de un homenaje, pero no me resisto a saludarla como corresponde: con párrafos que me expresen y la expresen, con un texto que, surgido de mis pliegues más íntimos, sea testimonio de gratitud y admiración.
Cuando me enteré, esta semana, de que al sencillito gobernador de San Juan, José Luis Gioja, le habían dedicado un himno, me dije: ¡eso, un himno! Yo escribo la letra (por Dios, qué honor) y le pido a Fito que se encargue de la música. Bueno, no sé si me va a alcanzar para pagar la millonada que pide Fito cada vez que lo convocamos. Ha logrado que su kirchnerismo y su cuenta bancaria convivan muy bien. En fin, estoy seguro de que a alguien voy a encontrar.
Por lo tanto, puse manos a la obra. Escribí tres días y tres noches sin parar, borrando y volviendo a empezar, hasta que, creo, concebí una pieza original, profunda, visceralmente comprometida. Una suerte de oda, una canción apasionada. Se la dedico a ella, por supuesto, pero quiero compartirla con todos ustedes. Sólo pido que cuando sea reproducida en la prensa internacional y en las redes sociales se cite al autor. Aquí va.
Cristina, Cristina, Cristina. Gracias por reinventar la Argentina / Cristina, líder de todos y todas. Gobernando usted, solita y sola / Es la Presidenta que enseña a toda hora. Economista, psicóloga, cocinera, historiadora / La que predica la paz y armonía. La que vive esos valores noche y día / Gracias por estos años de consumo y crecimiento. Por tenernos a los saltos a cada momento / Por invitarnos a recorrer el futuro. Y decirnos que sin usted será muy duro / Por buscar la re-re a pesar de la Constitución. Que una ley no le corte las piernas a la revolución.
Gracias por Boudou y por Moreno. Por La Cámpora todoterreno / Por Jaime y por De Vido. Lástima Once, crueldad del destino / Gracias por el tren bala. La idea no era mala / Por el Indec y por Oyarbide. Que hacen lo que usted les pide / Por Aerolíneas, YPF y la Rural. Faena de una expropiadora serial / Por Kicillof, el ilustrado. Al que en cualquier momento le cuelgan el cartel de buscado / Por Abal. Un intelectual. Menos mal / Por encumbrar a Mariotto. Y después apagarlo con el control remoto / Por hacer de Sabbatella un erudito del derecho y la comunicación. Que pierde todas las batallas con entusiasmo y abnegación / Por Felisa Miceli y su bolsita feliz. Dejada en el baño por un desliz / Por deshacerse de Schoklender, Eskenazi y Moyano. Socios a los que se les fue la mano / Por tenerlo a Scioli bien cortito. Estos motonautas son muy rapiditos / Por Luis D'Elía. Respeto, tolerancia, alegría. Lo mejor de nuestra cría.
Gracias por olvidarse de corregir Ganancias. Un impuesto sin ninguna importancia / Por el cepo cambiario y el cierre de fronteras. Por llevarse los dólares afuera / Por aligerar las reservas del Banco Central. Siempre hay deudas que pagar / Por explicarnos cómo se supera la crisis de la energía. Con fina sintonía / Por presionar a los jueces. Una y mil veces / Por Puerto Madero. Que creció con nuestro dinero. / Por ocultar información sensible. Lo que hace a la realidad más digerible.
Gracias por Fútbol para Todos y la TV del Gobierno. Que nos muestra el Cielo y nos ahorra el infierno / Por la fabulosa cadena de medios oficiales. Que nos hace olvidar de todos los males / Por Barone y Víctor Hugo. Periodismo duro / Por la prensa militante. Cuestionadora y equidistante / Por la ley de medios, que democratiza el mensaje. Por el relato, que es una forma de aprendizaje / Gracias por reescribir la Historia. Por domesticarnos la memoria.
Gracias, Cristina, por el giro exterior profundo. Por apartarnos de los malvados de este mundo / Gracias por Chávez, Evo, Correa, Vietnam y Angola. La Argentina ya nunca estará sola / Por la cadena nacional. Cada vez más popular. / Por su palabra. Que es como un abracadabra.
Gracias por reinaugurar lo ya inaugurado. Por si lo hubiésemos olvidado / Por exhibir en Georgetown y Harvard su templanza. Y por advertirnos del horror de La Matanza / Por su coquetería. Por estrenarnos algo cada día / Por el turismo de aventura en la Fragata Libertad. Para que los marineritos se formen de verdad.
También le agradecemos por denostar a la oposición. Gente que no tiene solución. Un país sin opositores evita males mayores / Por perseguir a los críticos con todo el peso del Estado. Con la AFIP, la SIDE y los teléfonos pinchados / Por alertarnos sobre la plaga de golpistas. Médicos, monjas, zapateros, periodistas / Por explicarnos que las góndolas saqueadas fue obra de turbas organizadas / Por la ola de inseguridad. Como somos víctimas todos, es una forma de equidad / Por la crisis de la construcción. Ingenioso recurso para combatir la polución.
Gracias por jugar fuerte. Cueste lo que cueste / Por la hegemonía y el autoritarismo. Que se enteren: esto no es más de lo mismo / Por el "vamos por todo". No importa el modo / Señora, por esta era de libertad y democracia sólo podemos decirle ¡muchas gracias!
Ahora que lo pienso bien, creo que no le hace falta música.
FUENTE: LA NACIÓN

sábado, 29 de diciembre de 2012

Relájense: este parto recién empieza. Por Carlos M. Reymundo Roberts

 Pobre Cristina, no termina el año con suerte. Los saqueos la sorprendieron en el Sur sin un micrófono cerca. Por eso tardó ocho días en reaccionar y decirnos algo. Ocho días interminables. Pero finalmente, como siempre, anteayer habló e iluminó todo. ¡Gracias! Ahora sabemos que los saqueos fueron obra de una banda cruel y despiadada de desestabilizadores.
Está muy bien. Ya teníamos productores agropecuarios golpistas, medios golpistas, empresarios, jueces, gendarmes y prefectos golpistas, gremialistas y caceroleros golpistas, pero nos faltaban golpistas en la base de la pirámide social; golpistas arruinados, marginales y con hambre. Cuando vi a esa señora sin dientes y en harapos que lloraba durante uno de los saqueos , gritando que sus hijos no tenían nada para comer, lo tuve clarísimo: allí estaba, químicamente pura, una destituyente profesional.
Esta línea de pensamiento de Cristina descarta otras interpretaciones. Una es que, después de nueve años de boom del consumo, los saqueos venían a ser, siguiendo a Clausewitz, "la continuación del consumo por otros medios". También se llegó a decir que la gente robaba plasmas para poder ver y oír mejor los discursos en cadena.
En cualquier caso, no comparemos estos despojos a los súper con los de 2001. Por de pronto, en aquella oportunidad te sentabas frente al televisor (un insignificante 21' hecho en China) y no había forma de zafar de la uniformidad a la que nos sometían los medios, machacándonos con la transmisión en vivo de la invasión a las góndolas. Esta vez, en cambio, los canales de inspiración kirchnerista nos ahorraron esas imágenes atroces. Podías encender tu LED HD 51' (hecho en China, pero patentado en Tierra del Fuego) y seguir en la Televisión Pública un apasionante dibujito animado. ¿Se entiende ahora un poco mejor la ley de medios?
Otra gran diferencia es que en 2001 la gente estaba triste y detestaba a los políticos. Hoy, entre las hordas saqueadoras seguramente había muchos votantes de Cristina, es decir, personas que están felices de la vida.
¿Estuvo Moyano detrás de esto? Sí, está demostrado. Reconozco que fuimos más rápidos para encontrar a los culpables que para encontrar soluciones. Y reconozco también que no está bueno que nuestro principal aliado durante ocho años, el hombre al que le dimos poder y caja, sea un indeseable que manda a la gente a robar y a destruir. Claro que también podemos hacer una lectura positiva: tardamos ocho años en conocerlo, pero ahora ¡qué bien lo conocemos!
Mal que nos pese, los delincuentes se organizaron bien. La mayoría fue a los súper, pero otros, más sutiles, fueron a la Inspección General de Justicia y se chorearon los expedientes sobre las empresas que involucran a Boudou en el caso Ciccone. Amado no dijo nada porque odia victimizarse, odia los escándalos y me temo que odia también la palabra expediente, toda una paradoja en alguien tan expeditivo.
La respuesta de la señora a los saqueos a comercios fue, inmediatamente, saquear el predio de la Rural. Lo cual demuestra que no todos los saqueos son malos. El Gobierno no hizo las cosas a la apresurada ni actuó bajo emoción violenta. Se tomó nueve años para comprobar que ese predio había sido vendido, hace más de dos décadas, a precio vil. Y a los que criticaron la medida les pido que sean más respetuosos: si de algo entiende nuestra exitosa abogada es de tasaciones inmobiliarias.
Además, vamos a sorprender a todos. La exposición rural se va a seguir haciendo ahí. ¿Con qué vacas? Con las que tienen en sus campos ministros, gobernadores, intendentes. Nuestra Presidenta, por fin, va a poder inaugurar la muestra, frente a tribunas llenas de militantes, barrabravas y pueblos originarios (los verdaderos dueños de la tierra), llegados espontáneamente en ómnibus espontáneos contratados con dinero espontáneo. Habrá visitas guiadas para D'Elía, Hebe, Moreno y muchos más. Moreno conoce la Rural desde la época en que era funcionario de Cavallo, pero no la recuerda. Finalmente, vamos a cambiar el eslogan de la Rural: "Cultivar el suelo es servir a la Patria". Tenemos que elegir entre dos fórmulas: "Servir a Cristina es cultivar la Patria" o "Haga Patria: cultive el suelo de Cristina".
Algunos compañeros se han puesto mal con este atribulado fin de año. Están sorprendidos por la violencia que estalló en el acto de hinchas de Boca, en el ataque a la Casa de Tucumán, en los saqueos. Se preguntan cómo puede ser que, más allá de los desestabilizadores, subsistan tantos bolsones de miseria. Que haya cada vez más villas. Se preguntan por la inflación, la caída en la construcción y el consumo, el aumento del desempleo y el tarifazo en trenes y colectivos. Se preocupan por la inseguridad. Por los trenes que chocan y los aviones de Aerolíneas que dejan pérdidas terribles.
Mi respuesta: relájense. Está naciendo el país nuevo. Los recién nacidos siempre lloran, patalean y tienen hambre. Son como desvalidos. A ese país le estamos poniendo los pañales. En cuanto a la violencia, ya lo dijo Marx: es la partera de la historia. ¿Me siguen? Parteras, llantos, pañales. Un alumbramiento. Y, por supuesto, una madre. Cristina. Gracias, señora, por despedir al país viejo y llevarnos de la mano a recibir el Año Nuevo, con sidra y turrones de góndolas arrasadas.
fuente: La Nación

sábado, 31 de marzo de 2012

Yo sí pongo las manos en el fuego por Boudou. Por Carlos M. Reymundo Roberts


Cuando leí las declaraciones de mi amigo Randazzo sobre el caso Ciccone me indigné. No podía creerlo. ¡Cómo que no ponía las manos en el fuego por Boudou! ¿Acaso sospecha del hombre que eligió la señora para que fuera su vicepresidente? Yo estoy dispuesto a inmolarme por dos cosas: por el Indec y por Boudou. Ah, y por Jaime.
Estaba tan mal que lo llamé por teléfono: "Flaco, espero que mañana mismo, bien temprano, vuelvas a salir por radio y digas en forma terminante que por él no sólo ponés en el fuego las manos, sino los brazos y hasta la cabeza". Su respuesta me dejó tranquilo: "Mañana escuchá la radio". Me sentí orgulloso: un reto había alcanzado para convencerlo. En realidad no sé si fue el reto o el poder que me da esta columna: saben que al que no se cuadra, dejo de mencionarlo. ¡Cuando los ignoro se quieren morir!
Sin embargo, lo que encontré al día siguiente no fueron declaraciones de Randazzo, sino de Aníbal Fernández y de Kunkel, soldaditos obedientes si los hay, y los dos decían lo mismo: que tampoco ellos ponían las manos en el fuego por Boudou. Epa, dije, qué está pasando. De Kunkel se puede llegar a pensar que sigue afectado por la cachetada de la Camaño, pero ¿Aníbal? Pensé en la Presidenta: ya no tendría que mostrarle el abismo a un desbocado, sino a tres.
Me dispuse, pues, a ver cómo, bajo la orden de Cristina, salían todos a matar a los infieles. Imaginé el desfile por nuestra cadena de medios de ministros, legisladores, intelectuales. Imaginé a la propia señora parada frente a una fogata en Plaza de Mayo, diciendo que ella por el honor de su vice estaba dispuesta a sumergirse en las llamas de cuerpo entero. Imaginé reprimendas en público y castigos en privado. Imaginé expulsiones y destierros. Incluso imaginé conferencias de prensa, lo cual, reconozco, ya era un exceso de imaginación.
Pero nada de eso pasó. Los infieles gozan de excelente salud. Ahí caí en la cuenta de que Boudou no la tiene fácil. Acaso sea un problema de evolución de la especie. Su antecesora Felisa Miceli no pudo explicar cómo se quedó con una bolsa de billetes; Amado no está pudiendo explicar cómo se iba a quedar con la fábrica donde se hacen esos billetes.
Confundido, hice una ronda de llamadas. La primera, a De Vido. "Mirá -me dijo-, este chico nunca fue muy prolijo. Es un poquitín atolondrado y soberbio. No digas que te lo dije yo, pero esto con Cobos no nos hubiese pasado."
La segunda llamada fue a Abal Medina. No quiso hablar del tema. Su única preocupación fue que mencionara que es el jefe de Gabinete. "Es que nadie me cree", se quejó amargamente.
La tercera, a Scioli. Como siempre, no escuchó mis preguntas. No salía de "odio al vice, odio al vice, odio al vice". Me parece que hablaba de otra cosa.
También me atendió Zannini, acaso el funcionario más cercano a la Presidenta. Me atendióliteralmente. "Vos siempre ocupándote de cosas intrascendentes, inútiles." Pero lo llamo por Boudou, insistí. "Vos siempre ocupándote de cosas inútiles", insistió él.
La ronda siguió con el senador Pichetto, al que admiro porque siempre tiene cara de que el mundo se acaba en diez minutos y, sin embargo, le mete para adelante. Fue sincero. "No puedo decirte nada porque todavía no me bajaron línea de Olivos. No me gusta Boudou, pero si la señora me lo pide, a ese desafinado lo convierto en Frank Sinatra."
Marcó del Pont se enteró de mi pesquisa y llamó ella. Estaba desesperada. Como la Presidenta le saca las reservas, había pensado reponerlas dándole y dándole a la máquina de Ciccone. Le pregunté si esa solución no era inflacionaria y me contestó: "Boudou me asegura que no".
En el medio se coló una llamada del radicalismo: ya no saben qué hacer para meter bocado. Preguntaron si iba a publicar algo sobre el caso Ciccone, para que agregara la opinión del partido. Un comunicado cortito que dice así: "La UCR no va a permanecer ajena a la suerte de esta causa judicial e insta a la prosecución de todas las investigaciones pertinentes en el marco de la Constitución y las leyes". Muy excitante.
También Echegaray, el gran recaudador de la AFIP, estaba como loco para que habláramos. Me dijo cosas horribles de Boudou. Y de Vandenbroele, el testaferro (palabra de origen italiano:testaferro , cara de hierro, caradura). Y de Ciccone. Y de las cosas que le obliga a hacer la Casa Rosada. Y de la mala suerte que tuvo al estallarle este caso. "Ricardo -lo interrumpí, un poco harto de la perorata-, ¿ahora qué vas a hacer?" Por lo que entendí de su respuesta, pensaba explicarle al vice que recaudar es un arte.
Desde luego, la última llamada fue a la Presidenta. Le pregunté si estaba enojada con Boudou o si había empezado a sospechar de él, y no me contestó. Le pregunté cómo le habían caído las declaraciones de Randazzo, Aníbal y Kunkel, y no dijo una sola palabra. Le comenté el resultado de mi ronda de conversaciones y se quedó callada. No fue un diálogo especialmente fluido, pero igual me sirvió para sacar jugosas conclusiones.
Lo llamé a Amado y le dije: "Yo en tu caso no pondría las manos en el fuego por nadie".
fuente: La Nación

sábado, 3 de marzo de 2012

Un grito desesperado contra ciertos dirigentes K. Por Carlos M. Reymundo Roberts


Sábado - Lo voy a decir muy claro: estoy harto. Sí, harto de esos kirchneristas que no dejan de tirar pálidas. Una mala onda total. Los últimos días parecen haberse puesto de acuerdo para bardear todo lo que hacemos. Y, lo peor, lo imperdonable: llegan al colmo de atacar a la Presidenta. Para mí es suficiente. No queda otro camino que echarlos del Paraíso. Arrojarlos al fuego eterno de la oposición, donde sólo hay miserias, llanto, envidia y crujir de dientes.
Muchos pensarán que exagero. Tendrían que escuchar las cosas que me han dicho esta semana. Yo debería haber grabado las conversaciones, aunque me queda el recurso de pedirle la cinta a la SIDE. Son críticas furibundas. El resumen es que todo ese cretinaje ha empezado a hablar de un clima de final de fiesta. Claro que ustedes no quieren el resumen, sino un relato pormenorizado. Odio hacerlo, odio repetir semejantes cosas, pero me debo a mi público.
El panorama que pintan es desolador: dicen que la señora no está bien; que le está costando mucho asimilar lo de Once; que la ven dubitativa, contradictoria, enojada. Que se pasa días y días preparando discursos. Que después habla 3 horas y media en el Congreso para ocultar detrás de un fárrago de cifras el único dato importante: que se acabó la plata y no queda otra que manotear las reservas del Banco Central. Que no confía en nadie ni escucha a nadie. Que vamos a los tumbos. Que se pudre todo.
Yo los desafío y les pido pruebas de que las cosas estás tan mal. Ahí llega lo peor. Con una trompa de acero inoxidable, hablan si parar. En primer lugar, del "desastre" de los trenes; del error de la señora de haber anunciado el martes a la noche que no iba a tomar ninguna medida hasta que se expidiera la Justicia, y a la mañana siguiente intervenir TBA; de poner como interventor a un menemista; de escaparse al Sur en vez de haber ido a los hospitales a visitar heridos; de no echarlo a Schiavi; de asociarnos con empresarios del transporte corruptos e inescrupulosos; de no haberles hecho caso a las auditorías del propio Estado que advertían sobre riesgos de accidentes graves en los trenes de TBA.
"¿No te das cuenta -me apuran, perversos- que ahora resulta que son malos (los Eskenazi, Moyano, Brito?) todos los que antes eran buenos? ¿No te parece un escándalo que Boudou se pase un mes sin dar una sola explicación sobre el caso Ciccone, y que después vaya a la TV (bueno, a 6,7,8 ) para amagar decir algo sobre el tema y no decir nada? ¿No te parece terrible que hasta se nos anime Macri y nos tire los subtes por la cabeza? ¿No es un horror que la revista The Economist, la más prestigiosa del mundo, diga que no va a usar más las cifras del Indec porque son mentirosas? ¿Qué me decís de que faltan remedios porque Moreno cerró las importaciones?"
¡Basta! Así, con un grito, los obligo a callarse. Y les voy contestando una por una todas sus críticas. ¿Lo de Once? Es doloroso que haya 51 muertos y 700 heridos, pero ya lo dijo la señora en Rosario: antes la gente no tomaba los trenes porque no tenía dónde ir. Salvo 751 personas, todos estamos de acuerdo en que lo de ahora es mucho mejor.
¿Dijo que no iba a tomar medidas y las tomó al día siguiente? Decidió darle una lección de rapidez a la Justicia. ¿No echó a Schiavi? No lo hizo porque había peligro de que volviera al Pro. ¿Puso al frente de TBA a un menemista? Sí, a un peronista. ¿No fue a los hospitales? Eran los hospitales de Macri, en los que seguro falta de todo, y Ella no hubiera podido soportarlo. ¿Nos asociamos con empresarios corruptos? Nada de eso: son todos empresarios recomendados por Boudou. ¿No les hicimos caso a las auditorías? Lo que pasa es que los informes fueron a la Secretaría de Transporte, y todo el mundo sabe que hubiese sido mucho mejor mandarlos a los diarios. ¿Nuestros amigos de ayer hoy son nuestros enemigos? Eso quiere decir que nuestros adversarios de hoy pueden ser nuestros aliados de mañana. ¿Boudou no contesta las acusaciones? Es que pidió hacerlo con guitarra y cantando, y la verdad es que desafina. ¿Macri nos devuelve los subtes? Ahora le vamos a demostrar cómo se maneja un tren. ¿The Economist no nos cree? Yo me pregunto quién le cree a The Economist. ¿Faltan remedios? Lo que pasa es que los que venían de afuera tenían troqueles adulterados por Moyano.
Qué lindo: cómo les tapo la boca. Después de escucharme se quedan callados, muy callados. Incluso creo que hasta cortan la llamada. Entonces allí, sólo acompañado por la contundencia de mis argumentos, reflexiono sobre la ingratitud de todos estos cuatro de copa a los que nosotros inventamos, a los que sacamos de la ignorancia total, a los que les dimos una causa y un buen sueldo y ahora se nos rebelan. Además, cobardes, sólo se rebelan en la intimidad, porque después los veo en los actos de la señora aplaudiendo como locos.
Por suerte, yo sigo en la ruta. Convencido de mis ideales y de mi lucha, que son los ideales de Ella y la lucha de Ella. No voy a mentirles. A veces también me asaltan las dudas. Los cuatro de copa en algo tienen razón: es como que se están desalineando los planetas. Veo cosas que no me gustan mucho. Cosas que me preocupan. Algunas, me alarman. Quizás otro día se las cuente, pero si me prometen no decir nada. Porque yo, que amo a Cristina, no le temo tanto al ardor de su enojo como a la frialdad de su venganza.
fuente: La Nación

sábado, 4 de febrero de 2012

El increíble equipo que trabaja para la señora. Por Carlos M. Reymundo Roberts


Cuando me llamó Cristina por teléfono, el martes, me asusté. Todavía no había completado un informe que me encargó y temía que me lo pidiera. Pero, por suerte, era para otra cosa. Ya tenía listo su discurso del miércoles y quería saber qué opinaba yo. "Magistral", le dije después de haber oído los principales conceptos: el aumento para los jubilados y el apriete para que nadie se vaya de mambo con la suba de salarios, que podría complicarnos más un año que ya viene difícil.
La verdad es que dije magistral como un acto reflejo: sé que es lo que ella estaba esperando. Odia que la contradigan o que no la aplaudan. En el fondo, lo de los jubilados no era una gran novedad porque es uno de los dos aumentos que estamos obligados a dar todos los años por disposición de la Corte Suprema. Me permití sugerirle que no dijera lo de la Corte, especulando con que muchos no deben acordarse o ni siquiera lo saben. "Carlos -me dijo, con el tono del que le habla a un Carlitos-, no soy nueva en esto."
El tema de los salarios no lo toqué porque no lo entiendo: todos estos años necesitábamos que la gente tuviera mucha guita en los bolsillos y la gastara, y resulta que ahora eso es malo. Tampoco entiendo a un gobierno peronista y progre que no quiere que ganemos más y que se enoja con los sindicatos que defienden la plata de sus trabajadores. Por supuesto, el problema soy yo, que nunca entiendo nada.
Aproveché para preguntarle a la señora cómo se sentía en esta etapa posoperatoria y me contestó que "muy bien, pero cansada". Contó que llevaba días y días estudiando el discurso. Que en Santa Cruz se había dedicado sólo a eso. "Este va a ser un mensaje económico y ya sabés que la economía no se me da fácil", dijo, en una frase que quizá le robó a Boudou. Para peor, le habían pasado un aquelarre de datos y cifras y la pobre se había mareado. Eso se notó después un poco durante la cadena nacional, cuando la vimos enredarse con los papeles y los números. Pero tiene tanto estilo y tanta gracia que hasta los dislates le quedan bien. Por ejemplo, cuando dijo que en estos años nunca había habido pautas salariales, y que los aumentos conseguidos en las paritarias habían sido superiores? a las pautas. Yo la escucho y me maravillo. Una persona con esa presencia de acero inoxidable merece nuestro respeto y admiración.
Por suerte, del informe que me había pedido no me preguntó nada. El trabajo no era sencillo: cuando retomó sus funciones quiso saber qué había pasado dentro del Gobierno durante su licencia. "Quiero una radiografía completa de las internas", me ordenó. Ya se sabe que en nuestras filas la política de alianzas y enemigos es una expresión de las altas políticas de Estado.
Como dije, no fue fácil. Después de recorrer pasillos y despachos, de hablar con medio mundo, me senté con un lápiz y un papel y bosquejé un mapa de ese infiernillo. Me dio más o menos así. El tipo con más consenso es Moreno: lo odian todos. Especialmente De Vido, al que se le ha metido en el rancho y además no lo deja entrar.
De Vido no puede creer lo que le está pasando. Para no quedar fuera de juego, públicamente se muestra enojado con empresarios y sindicalistas, y por supuesto con los medios, y en privado los manda a todos ellos a enfrentar a Moreno. Y les da merca pesada para que lo hagan: si algo no le falta a don Julio es buena información. Moreno, imbatible, se pasea orondo como el verdadero jefe de Gabinete, el que lleva adelante toda la política económica, financiera y energética del Gobierno. Es el estratego y el policía, y sus malos modales empiezan por casa.
Boudou también lo detesta, pero no se le anima y prefiere pelearse con Randazzo, al que por estas horas le hace pito catalán por habérsele adelantado en la jugada de anudar el "automovilismo para todos" (para todos, menos para el Grupo Clarín).
Zannini lo tiene cortito a Boudou, que a su vez le encantaría tenerla cortita a Mercedes Marcó del Pont y no puede. En cambio, Boudou se lleva muy bien con Mariotto, que se lleva horrible con Scioli, que está a las patadas con la Garré. Más o menos como los 125 patólogos de la Presidenta.
Giorgi no lo puede digerir a Moreno, que si le preguntan por ella responde: "Giorgi, Giorgi, me suena...". Tampoco Echegaray puede convivir con Moreno y están en una guerra cada vez menos encubierta. La otra guerra de Echegaray es con Sbattella, el de la UIF. ¿Y Lorenzino? [N. de la R.: Hernán, ministro de Economía, 39 años, oriundo de La Plata, buen muchacho.] Me costó ubicarlo en el mapa. Creo que él tampoco se encuentra.
¿Habla todo este panorama de un gabinete enfrentado, de fuertes divisiones internas, de fractura en el más alto nivel del Gobierno, de luchas intestinas? ¡Nada de eso, señores! Hay dos coincidencias fundamentales: todos están contra Moyano y todos aman a Cristina. Pensándolo bien, me parece que la voy a llamar a la señora y le voy a decir que el informe está completo: me he encontrado con un equipo cohesionado y listo para seguir en combate.
Qué lástima, me dicen que no podré hablar con ella. Que durante unos días estará totalmente encerrada preparando algo clave, fundamental: su próximo discurso.
FUENTE: LA NACIÓN

sábado, 24 de diciembre de 2011

Yo, enviado por Ella para salvar a Europa. Por Carlos M. Reymundo Roberts


Qué bueno estar de vuelta en mi país, con mi gente y ¡en mi columna! Sí, la he recuperado para nuestra causa, venciendo los vanos intentos del gorila que me reemplazó de quedarse definitivamente con ella. Y, como ven, llegué a tiempo para cumplir con el deseo de la señora de que pase Nochebuena con toda su familia. Eso sí, estoy agotado después de una gira por Madrid, París y Berlín. Fui como enviado de Ella para asesorarlos por la crisis del euro. Nadie nos había llamado, pero me mandó igual.
Mi arribo a Madrid fue noticia en los diarios. "Llega un enviado de Cristina Kirchner para dar consejos sobre cómo enfrentar la crisis", decían los titulares de primera plana. Cuando di a conocer los consejos de la Presidenta, la información fue a parar a las páginas de humor. En Europa no entienden nada.
Básicamente, lo que dije allí fue lo siguiente: la primera crisis es la del relato; la historia del colapso del euro la están contando los diarios. Algo tienen que hacer. Qué es eso de que los gobiernos no tienen cadenas de medios. Qué pasa que no hay un solo 6,7,8 en las televisiones públicas; qué pasa que no estatizaron las transmisiones del fútbol; qué corno pasa que no compran periodistas, que no premian ni castigan a nadie con la pauta oficial; cómo no se les ocurrió pinchar teléfonos, intervenir casillas de mails, perseguir a la prensa independiente?
La crisis del relato se manifiesta también en la difusión de cifras. A Merkel y a Sarkozy les expliqué la extraordinaria experiencia del Indec, que está siendo recogida en los libros de historia como un caso único en el que la voluntad de un gobierno es más fuerte que la realidad. El sueño de todo gobernante: la economía subordinada a la política. A los españoles, que tienen 5 millones de desocupados, les dije que empezaran a hablar de una reducción de esa cifra, incluso aunque los desempleados fueran cada vez más. Los gobiernos tenemos la obligación de ser optimistas. El Indec es, antes que nada, un himno de fe y esperanza. Les encantó la historia y me pidieron que les mandáramos a Moreno, pero tuve que explicar que Moreno no podía salir del país por el cierre de fronteras que él mismo había dispuesto.
Otro problema grave es el de los mercados, que con su mal humor permanente son los que están marcando los tiempos y la dirección de esta crisis. El drama allí es que respetan al mercado y se terminan sometiendo a él. Pobres, cuánta inocencia. Les conté lo que habíamos hecho acá para frenar la corrida del dólar (además de pedirles a los Kirchner que por unos días dejaran de comprar). "Muchachos -los apuré-, a ver si me entienden: la policía. ¡Saquen la policía a las calles! Si ustedes no tienen casi inseguridad, ¿qué hacen con los policías? Mándenlos a los bancos, a las casas de cambio, a las bolsas. ¿Y los gendarmes? ¡Aprieten con los gendarmes! ¿No tienen jueces amigos? Paren con ese verso de la seguridad jurídica. ¡Está en peligro el euro!"
Este consejo no fue del todo asimilado. Ya lo dijo la semana pasada Guy Sorman en un artículo publicado en el diario ABC, de Madrid: "Los dirigentes europeos no están escribiendo la historia; la están sufriendo". Sí, la están sufriendo. Les hablé de policías en los mercados y temblaron. Les hablé de manotear las cajas de jubilaciones y les agarró convulsión violenta. Les aconsejé pagar las deudas con reservas y se persignaron. Hablé pestes del FMI y se taparon los oídos.
Otro tema que no supieron manejar es el de las consecuencias políticas de la crisis. En Grecia cayó Papandreu; en Italia, Berlusconi, y en España, Zapatero. Les dije que eso hubiese sido muy fácil de resolver: los ajustes siempre tienen que hacerse después de las elecciones. Nunca antes. Como lo hizo Cristina.
Les confieso que he vuelto de Europa desilusionado. Sus dirigentes no están a la altura de las circunstancias. Y, lo peor, se niegan a seguir nuestros consejos. Eso le dije a la señora cuando me recibió esta semana. Incluso le di una idea: "A mí no me hicieron caso: debería ir usted. En Italia la aman y están recontra agradecidos, porque después de que se reunió con Berlusca en Roma, él se empezó a caer a pedazos. Ahora quieren que usted se vuelva a ver con Sarkozy, con la Merkel. ¡Capaz que los borra a todos, señora! Le reitero, creo que debería ir".
Se quedó pensativa. Ya sabemos: no le gusta que le digan lo que tiene que hacer. Me contestó. "No voy a ir. No quiero quedar asociada a un continente decadente. Esa gente no merece mi tiempo. Prefiero ir a Venezuela. O a Bolivia. Países con futuro. O quedarme acá. Quiero estar cuando les saquemos Papel Prensa a La Nacion y a Clarín y oír cómo chillan. Quiero estar en este festival de leyes que se aprueban en horas y sólo porque yo lo ordeno. Quiero ver arrodillado a Moyano. Quiero ver cómo se doblan los jueces. Quiero asistir al funeral de la oposición. Quiero seguir escuchando cómo me aplauden los empresarios. Quiero ver a Moreno descontrolado poniendo a parir a todos. Quiero...
-Señora -me animé y la interrumpí-. Dígame: ¿quiere estar también para el ajuste? ¿Quiere estar acá cuando suban la luz, el gas, el agua, el transporte, los colegios, la salud? ¿Cuando caiga el consumo, cuando haya despidos, cuando la gente crea que se está pudriendo todo y se vuelque otra vez al dólar?
-Epa -contestó-, no lo había pensado. Me convenciste: viajaré. Creo que en Europa me pueden estar necesitando. Y de paso compro unas carteras.
fuente: LA NACIÓN

sábado, 26 de noviembre de 2011

Mi mensaje a Cristina: ¡la extrañamos! Por Carlos M. Reymundo Roberts


Todas las semanas me propongo hacer una columna seria, y, humildemente, creo que lo consigo. Es natural, porque el trabajo que me han asignado es llevar el relato del día a día de nuestra revolución, y todas las revoluciones tienen ese halo de cosa entre épica y dramática.
Esta vez, en cambio, me temo que muchos pensarán que estoy bromeando, que me he dejado llevar por la horrible costumbre, tan común en estos tiempos, de leer la realidad desde el prisma del sarcasmo. A los que crean eso les digo que están equivocados: tengo la misma seriedad de siempre, las mismas convicciones, el mismo compromiso.
Lo único que se ha modificado es la realidad. Señores y señoras, todos y todas, entérense: ha ocurrido una verdadera catástrofe. Nos han secuestrado a la Presidenta, no sabemos dónde la tienen y nos están poniendo una burda imitadora, probablemente salida del staff de Tinelli, que físicamente se le parece bastante, pero que cada vez que habla o hace algo mete la pata porque la señora, la verdadera, haría o diría exactamente lo contrario.
Hasta ahora no quise decir nada porque no lo podía creer. Empecé a sospechar cuando ella, compradora compulsiva de dólares, mandó prohibir la compra de dólares. Después me llamó la atención que empezara a destruir el castillo de los subsidios, piedra basal de nuestro modelo, para sustituirlo por un burdo tarifazo que traerá más inflación y más pobreza. Y no les digo nada cuando le cambió bruscamente el objetivo a Aerolíneas Argentinas: de ser una empresa que se proponía perder dos millones de dólares por día, algo que los de La Cámpora, pese a su juventud e inexperiencia, estaban consiguiendo, tenía que pasar a convertirse en la campeona de la austeridad. "Muchachos, olvídense de que es una línea de bandera, de la integración con el mundo, de estar al servicio del pueblo y de todo el verso de estos años. No hay más guita." La última gota fue devolverles el control aéreo a los milicos. Ahí se les fue la mano con la impostura: la señora se hubiera cortado la lengua antes de dar semejante orden.
Fue entonces cuando, perplejo, hice una ronda de llamadas a gente que se supone que sabe. Boudou me confió que él también estaba sorprendido. "No sé, no la reconozco: está más ortodoxa que yo en mis peores épocas", dijo. Después hablé con Timerman, y su respuesta fue que hacía tiempo que no la veía. "No me recibe, no me llama, no me atiende?". No hice una lectura política, sino conspirativa. Abonaba mi teoría del secuestro.
A Aníbal Fernández no hizo falta buscarlo: llamó él. "Che, no sé qué hacer con tanto barquinazo. Es cierto que me le animo a todo, pero? ¿cómo hago para salir a explicar que es blanco todo lo que hasta ahora decíamos que era negro?" Su frase final me comió la cabeza: "¿No te parece que Cristina está irreconocible?"
A Hebe de Bonafini la encontré en un pasillo de la Casa Rosada y muy tímidamente le tiré de la lengua. No hizo falta. Estaba que trinaba. "¿Cuál es el verdadero Sergio Schoklender, el chico bueno que adopté como hijo o el que destruyó mis sueños? ¿Cuál es la verdadera Cristina??"
De esa ronda de conversaciones, la más significativa es la que tuve con De Vido. Fui de frente con mi sospecha de que la Presidenta que estábamos viendo era trucha. Me cortó en seco. "No vuelvas a repetirlo. Esta es la auténtica Cristina: pragmática, realista, peronista, que se fía más de nosotros que de los imberbes de La Cámpora. Todo lo que está haciendo está muy bien. Por fin se dio cuenta de sus errores." Después de cortar no me quedó duda: la tiene secuestrada él.
Macri, al que también llamé, siempre me sorprende por su singular abordaje de los temas. "Es cierto que está muy cambiada, pero más cambié yo, ¿no? Durán Barba me dice que tengo que tratarla con mentalidad de contratista del Estado: me tiene que parecer bien todo lo que hace ella, simplemente porque lo hace ella." Le transmití mis dudas: "Mauricio, ¿y si resulta que no es ella?" Alucinante respuesta, risotada incluida: "¡Todavía estoy tratando de saber quién soy yo!"
Lo más burdo de la patraña de De Vido y sus cómplices fue llevar a la falsa Cristina a la Conferencia de la UIA y hacerle decir todas cosas horribles y contrarias a nuestro credo: mimar a los empresarios, darle la espalda al reparto de ganancias entre los trabajadores (un proyecto que el propio Néstor había alentado), hablar de inflación, ponerlo a parir a Moyano, pedirles a los obreros que trabajen más y protesten menos? ¿Quién en su sano juicio puede creer que nuestra Presidenta, la reina del progresismo, la madre de los pobres, va a estar preocupada por robarse un aplauso en el templo del capital? A los ricachones que la ovacionaron, felices porque esa señora decía todo lo que ellos querían oír, me gustaría gritarles: ¡cayeron en la trampa! ¡Los engañaron!
Les diría también que no se hagan ilusiones. Vamos a desenmascarar a la impostora, vamos a encontrar a la verdadera Presidenta (no se la pueden haber llevado tan lejos) y ella se va a encargar de volver a poner las cosas en su lugar. Dólares para todos, Aerolíneas para todos, subsidios para todos, ganancias para todos.
Mientras tanto, vaya mi mensaje a la señora, donde quiera que esté: "Cristina, la extrañamos".
FUENTE: LA NACION

sábado, 24 de septiembre de 2011

Tranquila, Cristina: ya recuperé la columna. Por Carlos M. Reymundo Roberts


Y sí, algún día tenía que volver. No sólo porque, se supone, ya estoy descansado. No sólo porque extrañaba este espacio de compromiso y militancia. Y no sólo porque quería recuperar la columna de las manos de ese recalcitrante gorila que aprovechó mis vacaciones para esparcir su veneno antikirchnerista.
Fundamentalmente tenía que volver porque me debo a mi público, escaso pero fiel. Y porque la Presidenta me hizo saber que me necesitaba para el tramo final de la campaña. Ella, que no ceja en su afán de juntar votos, me lo dijo con dos palabras (es larguera para los discursos, pero telegráfica para dar órdenes): "Ya está". Es decir: basta de excusas, basta de ceder el espacio al enemigo, basta de festejar el 14 de agosto cuando está por delante el 23 de octubre.
Yo me quise hacer el ingenioso y le contesté: "Sí, ya está?, ya está ganada la elección, Cris". ¡Para qué! Se puso pésimo, y no sólo por lo de Cris, que tampoco le gustó. Me dijo que no entiendo nada y que se nota que soy nuevo. Que no está en juego la reelección o la consolidación del modelo, sino el dominio del país, de punta a punta. "A ver si te entra en tu cabecita: ¡vamos por todo!" Para no volver a meter la pata, desistí de preguntarle qué es "todo". Después me lo explicaron los de La Cámpora, con los que ya estoy íntimo porque les encanta tener otro amigo liberal (además de Boudou y Menem). "Todo es todo: el Congreso, la Justicia, los órganos de control, los medios de producción, la oposición, los intelectuales, los artistas, los deportistas, la prensa."
¡Qué lindo es el kirchnerismo! No dejo de maravillarme con ese afán hegemónico. En las democracias convencionales, los gobiernos enfrentan al periodismo independiente con críticas, en el mejor de los casos, y con leyes o aprietes económicos, en el peor. Los K, en cambio, somos creativos y audaces. Primero constituimos nuestra propia cadena. Después, a los mediosque se ponen de pie para enfrentarnos, no paramos hasta verlos de rodillas o acostados. Si hay un periodista famoso que nos critica todas las mañanas desde cierta radio muy escuchada, cortamos por lo sano. Directamente nos preguntamos cuánto cuesta. Cuánto cuesta convencerlo, digo.
En la política clásica, de un lado está el oficialismo y del otro, la oposición. ¡Qué viejazo! Néstor nos enseñó una ingeniería política distinta. De un lado estamos nosotros, el Gobierno, y del otro no tiene que haber nadie. Nadie que haga sombra. Permitimos un Duhalde o un Ricardito Alfonsín porque son funcionales. En realidad, nosotros vemos al opositor como una persona en tránsito: alguien que está en la vereda de enfrente, pero que en cualquier momento, muerto de frío, se cruza en busca del sol.
Ya sé: todo el mundo está pensando en Felipe Solá. Alguna vez, desde este humilde espacio, al verlo un poquitín despistado le recomendamos usar un GPS. A él no le gustó el consejo. Cuánta razón tenía. Fíjense que sin usar ningún instrumento de navegación fue llegando solito donde hacía rato quería llegar: al calor del poder. Felipe no es un muchacho para andar en climas destemplados. Su coqueta campera de gamuza y su pañuelito al cuello no son suficiente abrigo. La militancia anti-K le tomó el pecho y la garganta. Necesitaba un refugio. Qué suerte, creo que ya lo encontró.
Además, me ilusiono pensando en que no será el único. En estas semanas de vacaciones he podido ver cómo los planetas se nos han ido alineando. Todos los días viene alguien a tocar el timbre. Empresarios, políticos, jueces, periodistas. El Vasco De Mendiguren, de tan alineado, está convirtiendo a la UIA en una suerte de ministerio, y de paso así él vuelve a ser ministro, que es su sueño.
Qué simpáticos esos candidatos a gobernadores o a intendentes que ganan con un discurso opositor y al día siguiente los tenemos de nuestro lado. Saben que el límite del disenso es la caja: si se la ponen en contra no tendrán un peso para hacer obras y pagar sueldos. En nuestro argot, disciplina fiscal significa eso: o te disciplinás o no ves un mango. Y al viejo "subordinación y valor" de los militares le reciclamos el sentido: hoy quiere decir que no hay valor más importante que el que estés calladito y subordinado.
Por supuesto que queremos seguir librando la batalla cultural, pero nos preguntamos contra quién. Al otro ejército se le van cayendo los soldados. No sé si son mis sueños, mis esperanzas, pero creo que estamos empezando a ver un país muy homogéneo. O sos kirchnerista o no existís. Me encanta: cada vez nos parecemos más al viejo México de un solo partido, el PRI, que durante 70 años dominaba todo. Después se hicieron los democráticos, dejaron ganar a la oposición, y miren lo que están padeciendo, con un narcotráfico que baña el país en sangre.
Nos vamos pareciendo también a tantas provincias argentinas en las que reinaba (o reina) un caudillo o una familia. Qué lindo volver a las fuentes, al país profundo: a la Catamarca de los Saadi, a La Rioja de los Menem, al San Luis de los Rodríguez Saá. Es decir, regímenes donde el poder es cobijo y donde no hay cobijo si enfrentás al poder.
Entiendo a la señora cuando me anima y me dice: "Vamos, todavía falta un poco más". Sí, la entiendo y estoy de acuerdo. Por eso, acá estoy, otra vez en mi trinchera, recuperada. Pero miro a mi alrededor y qué veo: que cada vez falta menos. Manso y contento, el país se rinde a nuestros pies.
Fuente: La Nación

sábado, 27 de agosto de 2011

Presidenta y millonaria, como debe ser. Por Carlos M. Reymundo Roberts


En mi condición de liberal y kirchnerista, nada me hace más feliz que tener una Presidenta multimillonaria. Es como la confirmación de que el capitalismo y el progresismo se pueden llevar a las mil maravillas. La señora es un compendio de los dos mundos: acumula riquezas y quiere hacer la revolución. ¡Me encanta!
Cuando esta semana se supo que el año pasado había incrementado 27% su patrimonio, y que éste había llegado a los 70 millones de pesos (casi 17 millones de dólares), personalmente sentí una satisfacción profunda, una suerte de reivindicación. Durante siglos, el peor insulto que la izquierda les propinaba a los dueños de la tierra era llamarlos "terratenientes". Y ahora resulta que nuestra abanderada nacional y popular no sólo es terrateniente, sino que, si repasamos la lista de sus bienes declarados, también es hotelesteniente, dolaresteniente, pesosteniente, empresasteniente, inmueblesteniente? Y todos felices.
Insisto en que la señora y su familia representan la síntesis de dos cosmovisiones, dos ideologías. La izquierda nunca se ha llevado bien con el capital. Cuando los Kirchner llegaron a la Casa Rosada, en 2003, tenían 7,4 millones de pesos, y desde entonces han multiplicado casi por diez su fortuna. Además de ser un prodigio de administración de los recursos, lograron convertirse en ídolos y referentes de gentes que, como los ex montoneros o las Madres de Plaza de Mayo, normalmente se hubiesen rasgado las vestiduras ante tamaña acumulación de ganancias desde el poder.
Para que se entienda mejor: a Menem (el Menem neoliberal de los 90, no el de ahora, aliado nuestro) sus riquezas lo condenaban; a los Kirchner, los beatifican. En Menem, el dinero era corrupción. En los Kirchner, ahorros.
Yo encuentro, además, innumerables beneficios en tener una Presidenta a la que le sobra la plata. El primero, bastante obvio, es que no tiene que estar preocupándose por si llega o no a fin de mes. En ese sentido, la señora está muy tranquila, creo. El segundo es que una situación económica apretada puede derivar en tentaciones reñidas con la moral. A la Casa Rosada no deberían llegar harapientos que aprovechan su poder para salvarse. El tercero es que presidentes que se manejan bien con el dinero no necesitan ministros de Economía. En otras palabras, un Boudou sólo es posible con un Kirchner.
Algunos podrían pedirme -nunca faltan los que buscan el pelo en la sopa- que les explique cómo se pasa de 7 millones a 70 millones mientras se gobierna un país. Mi respuesta es: no lo sé, pero me lo imagino. Me imagino que tienen un buen administrador, que han tenido suerte con sus inversiones y que no gastan más de la cuenta (incluso, que son un poquitín agarrados).
Otros cuestionan el hecho de que la Presidenta haya dicho hace poco que no hay que apostar al dólar, cuando tiene en plazos fijos más de medio millón de dólares (en pesos tiene menos). Los que critican esto, además de ser malintencionados, demuestran no entender nada: si la señora lo dijo es porque se da cuenta de que ese dinero le hubiese rendido más en otra inversión; que perdió plata por apostar al dólar. Tengamos en cuenta que ella habla como Presidenta, pero también como inversora. Se me ocurre un versito con rima, cosa de que quede grabado: es Presidenta e inversora a toda hora. Pero no pretendo hacer poesía, sino que se entienda su naturaleza.
Otra objeción de estos días ha sido que presentó la declaración jurada de sus bienes sobre el límite del plazo legal, e incluso fuera de él. Qué bárbaro: son impiadosos. ¿No se dan cuenta de lo que se tarda en contar 70 millones de pesos? No digo que no sea agradable sumar porotos, pero la cosa lleva su tiempo.
Por lo demás, todo el mundo sabe que hay millonarios ensimismados, egoístas, que nunca compartirán su fórmula, y hay otros que son todo lo contrario. Entre estos últimos están los Kirchner. Fíjense, si no, que gente sencilla como su chofer Rudy Ulloa o el cajero bancario Lázaro Báez, y muchísimos otros, de la nada construyeron una fortuna. Estoy convencido de que detrás de esa súbita prosperidad ha estado el aliento de Néstor y Cristina, el consejo sabio y, por qué no, hasta un impulso inicial en efectivo.
¿Tendrá algo que ver la riqueza de Cristina con su respaldo electoral? Yo pienso que sí. A los argentinos nos gusta que nos conduzca alguien al que económicamente le va bien. No hay nada más desalentador que un presidente pobretón, porque da la impresión de que nos va a hacer pobretones a todos. A Raúl Alfonsín nunca le sobró un peso, y así terminamos, en la hiperinflación. Las masas han estado con Perón, con Menem, con los Kirchner, toda gente de buen pasar. O con Scioli o los Rodríguez Saá. El General, cuándo no, lo tenía muy claro: la triple P (peronismo, poder y plata) es una fórmula imbatible. Muchos se lo dicen a Macri: lo que le falta es la pata peronista.
Yo deseo que los bienes de la señora sigan creciendo. La quiero bien arriba en el ranking de Forbes. La quiero desahogada y luciendo, como luce, las mejores joyas y relojes, las mejores carteras, la ropa más cara. Estilo Evita. Vamos bien. A este ritmo de multiplicación de su fortuna, con la reelección lo lograremos. Falta poco para que podamos decir: ella era nuestra Presidenta; ahora es nuestra reina.
Fuente: La Nación