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miércoles, 25 de enero de 2012

La palabra amordazada. Por Santiago Kovadloff


Una vez más la Constitución ha sido burlada. Quienes deberían resguardarla antes que nadie le han vuelto la espalda sin pudor. El oficialismo prueba, con su conducta transgresora, que para sus voceros la ley está supeditada a lo que el poder absoluto exige. Esta brutal antinomia entre política y Constitución puede ser enmascarada, pero no por eso resulta menos letal para la República.
Guillermo Moreno, ese funcionario a salvo de toda mesura, expresa proverbialmente una concepción del poder que haría las delicias del rey Herodes y que, en su ausencia, satisface las aspiraciones principescas de otros mandatarios no menos sedientos de espejos que multipliquen su imagen. La omnipotencia vivida como derecho no conoce otro procedimiento para imponerse que el atropello, ni otro lenguaje para darse a conocer que el de la camorra y el chantaje. Lo más grave, sin embargo, no es que ese infante de marina de los años 50 sea como es y proceda como lo hace. Lo más grave es que el Gobierno encuentre en su figura el emblema de su gestión nacional y popular.
La decisión de poner en los puños del secretario de Comercio todo lo relativo al cumplimiento de la denominada ley de Papel Prensa -por no hablar de otros dominios de los que también se ha enseñoreado- es una elocuente definición de lo que el Gobierno entiende por responsabilidad y eficacia en el desempeño que le compete.
Con el logro de esta tan particular concepción de la libertad expresiva que promueve el Frente para la Victoria no sólo serán afectadas en el acceso al papel las empresas privadas del ramo y ello a favor de un monopolio estatal. Su lamentable incidencia se hará sentir primordialmente sobre la opinión pública. De seguir las cosas como van, muy pronto se la verá subordinada a las imposiciones informativas y analíticas de la realidad que el oficialismo entienda indispensables y excluyentes también en toda la prensa escrita.
La disconformidad con esta conducta sovietizante no implica pretender que el oficialismo prescinda de esa palabra de vocación totalizadora en la que se deleita. Implica recalcar, ante quien quiera oírlo, que ese Frente, procediendo como lo hace, no está dispuesto a admitir otra cosa que lo que él establece. No está dispuesto a admitir como válido el derecho de un amplísimo sector de la sociedad (integrado a su juicio por quienes se agolpan en el círculo dantesco e infernal de las almas reaccionarias, antipopulares y destituyentes) a elegir los medios a través de los cuales desea informarse.
De modo que el veredicto oficial es claro: habrá que asfixiar a la oposición porque la oposición, aun sin partidos que la representen cabalmente, encuentra en la prensa disidente la voz que sí la representa. Esa voz que no es otra que la de los presuntos enemigos del indiscutible sistema democrático en que vivimos. Planteado esto con más delicadeza: habrá papel para quien se avenga a escribir lo que debe. No lo habrá, en cambio, para quien pretenda seguir escribiendo lo que le parezca. "It's your choice", diría el rey Lear.
Para infundir más colorido a esta fiesta de la unanimidad, el Gobierno ha resuelto caratular de terroristas a quienes no acaten sus criterios de verdad o procedan de manera contraria a como él entiende que se debe actuar en el orden público. No hay nada que hacer: la nostalgia entre nosotros no muere y cada tanto el pasado hace sentir su potencia para reinscribirse en el presente. Mejor aún: para devorárselo entero sazonando el plato con algún ingrediente progresista.
¿Qué democracia es ésta en la que vivimos? ¿Qué democracia es ésta si la Constitución Nacional que legitima al Gobierno en el ejercicio de su mandato resulta luego pretextual e inocua para quienes tienen el deber de asegurar su vigencia? ¿Qué democracia es ésta que asienta su despliegue en el desprecio por la diversidad de criterios en el campo de las ideas, en la tergiversación de los índices inflacionarios, en la negación del federalismo, en la inseguridad jurídica, en la tolerancia a la corrupción, en los asesinatos impunes y en la convalidación de un sindicalismo perverso? ¿Qué democracia es ésta que no duda en homologar la indiscutible mayoría de votos que respalda y legitima al partido gobernante con la totalidad de votos emitidos y de los cuales un 46% puso en juego otras opciones que la oficialista en las elecciones de octubre pasado?
Ese pensamiento alternativo tiene derecho a contar, en su frondosa diversidad, con una prensa que lo exprese. ¿Lo tiene? Que nadie se equivoque. El Gobierno estima que no.
Creer como muchos lo hacen que el conflicto generado por el control estatal del papel es un problema que afecta únicamente a la prensa y a quienes de ella y para ella viven puede ser un error fatal para el porvenir de una democracia que no se quiera populista. ¿Cuándo despertarán de su apatía cívica los que sólo parecen reaccionar si cesa el tañido de las monedas en sus bolsillos? La disconformidad no prosperará políticamente si se limita a ser un mohín de disgusto ante lo que pasa o un fugaz estado de ánimo que altera por un segundo el apacible paisaje de las playas y los campos que frecuentamos. O el fruto de una operación contable que arroja un circunstancial saldo negativo. Si las protestas sólo se harán oír cuando las inspiren los pesares económicos de quienes no pasan hambre, bien jaqueado está el porvenir de los valores republicanos.
Varios han sido, en estos últimos meses, los intelectuales europeos que se han manifestado para señalar que la crisis por la que atraviesan las democracias más desarrolladas no es sino consecuencia de la vergonzosa pleitesía que las dirigencias políticas les rinden a los mercados financieros. Supeditada a las imposiciones de esos mercados, la política se vuelve prostibularia. Es mejor que nuestras dirigencias -esas que alzan las banderas de la oposición- no lo olviden. No se trata, obviamente, de dejar el dinero de lado; se trata de no dejarse de lado al reconocer la importancia del dinero. El Gobierno está persuadido de que un significativo sector de la clase media tiene precio. Y las últimas elecciones presidenciales le han probado que algo de razón lo asiste al pensar así. El campo y la industria tendrán que reconsiderar políticamente las consecuencias cívicas de eso que ambos llaman "realismo". Está bien tener los pies en la tierra. Pero la mirada, como propone la insignia latina, debe estar puesta en el horizonte. Sin largo y mediano plazo, no hay política de Estado que tenga porvenir.
Muy pronto se hará oír el estertor de la palabra amordazada. Su mueca de impotencia ha de ser, entonces, la nuestra. El proyecto de coerción sobre la libertad de opinión ya está aprobado. Hemos ingresado en la etapa de los hechos. Y los hechos serán inequívocos. Si no lo advertimos, si no reaccionamos en defensa de la Constitución buscando los caminos que permitan reconstruir una oposición eficaz y cada vez más significativa, el pensamiento uniforme se expandirá de un extremo a otro del país.
Una larga noche caerá entonces sobre la sensibilidad crítica. Y todos nosotros, si no reaccionamos con los recursos que esa Constitución nos brinda y la perseverante tarea que exige la construcción de un frente político suficientemente representativo, terminaremos siendo, por mucho tiempo, seres sólo parecidos a ciudadanos y rigiendo nuestras conductas por principios sólo parecidos a los de la dignidad.
FUENTE:  © La Nacion

jueves, 19 de enero de 2012

El Gobierno lanza un ataque relámpago. Por Adrián Ventura


La resolución 9/2012 que anteayer dictó el ministro de Economía, Hernán Lorenzino, desnuda la política oficial sobre la prensa libre: el Gobierno no está dispuesto a desperdiciar ni siquiera un día para silenciar a los diarios independientes.
Basta con tomarse el trabajo de leer la resolución que reglamenta la ley 26.736, sancionada el 22 de diciembre último a instancias de la presidenta Cristina Kirchner, para advertir varios aspectos relevantes.
  • La reglamentación fue dictada apenas tres semanas después de sancionada la citada ley. Ni las Fiestas ni la operación de la primera mandataria distrajeron al Gobierno de su objetivo central de acallar las críticas.
  • Hasta ahora, la compra de papel para diarios y su importación eran absolutamente libres. A partir de ahora, en cambio, será una actividad intensamente regulada. Y, para que no quepan dudas, Economía se apresuró a fijar el monto de los cupos para la producción y para la importación de papel para el próximo trimestre.
¿Cómo calculó el Estado los cupos de papel que los diarios necesitan comprar a Papel Prensa o importar? No los consultó ni tampoco hizo un relevamiento. Hubo, otra vez, una decisión política que, más allá de ser discrecional, fue arbitraria o antojadiza. Pero lo más objetable no es si esos cupos satisfacen o no las expectativas de los diarios: lo objetable es el propio establecimiento de cupos para una actividad que debe ser absolutamente libre. La Argentina se dio el lujo de volver al primer gobierno de Juan Domingo Perón, pero lo hace copiando una receta aggiornada por Hugo Chávez al siglo XXI: se debe atacar a la prensa escrita, y también a los cables y a la televisión, para acallar todo resquicio de libertad.
  • La resolución también desnuda que el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, pasó a ser el hombre más fuerte del Gobierno. La resolución de Economía le delega a él la atribución de aplicar cupos, reglamentos y sanciones. El mismo hombre que, hace más de un año, ingresó en una asamblea de accionistas de Papel Prensa con guantes de box -al grito de "aquí no se vota"-, corporizando un estilo de gestión bravucón, pasó a ocupar un lugar central del poder.
Esta semana, las petroleras Repsol YPF, Shell, Esso, Oil y Petrobras experimentaron esa misma sensación: sufrieron una embestida del Gobierno por el precio del gasoil, y Sebastián Eskenazi, titular de Repsol, percibió que el centro de gravedad del poder se desplazó desde el ministro de Planificación, Julio De Vido -con quien había tejido un esquema de subsidios al gasoil- hacia Moreno.
Sin embargo, las petroleras realizan una actividad distinta a la prensa: ayer, cuando sus directores se reunieron con el secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi, una de las petroleras extranjeras amenazó con retirarse si la forzaban a aceptar precios máximos. La reunión se suavizó. En cambio, lo que precisamente busca el Gobierno con la ley de papel para diarios es asfixiar a Papel Prensa, a Clarín, a LA NACION o a cualquier otro medio independiente.
FUENTE: LA NACION

domingo, 18 de diciembre de 2011

Camporización. Por Pepe Eliaschev


Era previsible, además de inexorable, porque cuando se embriaga de poder, el peronismo se convierte en una batahola tóxica. ¿Qué es el peronismo? Los militantes y cuadros que se han ido abroquelando en el aparato del Estado, bajo la cobija generosa de la Presidenta, ¿son más o son menos peronistas que los incombustibles sindicalistas a quienes expresa Hugo Moyano? Vieja e interminable disquisición, el debate sobre el “ser” del peronismo se sigue encarnando en una catarata de desencuentros que jamás perecen del todo. Mientras los medios de comunicación se hacen la (demasiado fácil) fiesta con el supuestamente infinito internismo de los radicales, lo cierto es que si hay una colectividad política argentina que ha hecho de los empujones interiores su principal manera de vivir su vida, es el justicialismo.
Lo único que Moyano quiso decir, y dijo, el jueves en Huracán, es que ya estaba bien de abuso de poder. Resuelta a arrastrar a sus partidarios a una puja final contra quienes a ella le producen rechazo (estético e ideológico), Cristina Fernández había reiterado, al reasumir el 10 de diciembre, exactamente el mismo ambicioso y pesado desafío del sector del que formaba parte a mediados de 1973. El kirchnerismo ha procedido con una lógica de colonización política territorial que parece calcada de lo que pretendió consumar la llamada “tendencia revolucionaria” entre 1973 y 1974, en vida de Perón. El reclamo de Moyano, al que no conviene tomar demasiado literalmente porque tampoco es irreversible, tiene –sin embargo– un rasgo de poderosa razonabilidad. La noción del vaciamiento del peronismo y su desplazamiento por ideas y –sobre todo– funcionarios que provienen de otras lógicas y aspiran a metas diversas, expresa una realidad que los justicialistas viven como evidente en la realidad actual del país. Tal vez no sucedía de esa manera con Néstor Kirchner, pero hoy es más notorio que nunca que la presidenta Fernández no procura ocultar ideas y planes de impronta muy diferenciada del peronismo. Lo que estalló ahora, o al menos lo que a juicio mío aparece como el rasgo más grave, peligroso y angustiante de la Argentina de diciembre de 2011, es que el gobierno kirchnerista decidió “ir por todo” con una ambición, unas certeza y un desprejuicio que no aceptan comparaciones. Todo quiere decir todo.
El “nunca menos” que ellos diseñaron como consigna central y determinante, expresa cabalmente una voluntad subjetiva de acumulación y personalización de poder verdaderamente llamativa. Hasta Hugo Chávez, en el poder hace doce años, ha procurado, con mediocre éxito es cierto, blindarse detrás de un “partido unificado” que responde al modelo de socialismo nacional que predica y trata de ejecutar el caudillo bolivariano. La Argentina de los Kirchner, en cambio, no deja de ser una comarca poblada por un proyecto político de brutal y solitaria centralidad en el mando.
Debe creer la Presidenta que los antecedentes de hace 38 años siguen siendo valiosos y, sobre todo, fecundos para conquistar y alambrar poder. Lo que este curioso y extravagante fenómeno del camporismo encarna es, así, la versión siglo XXI de la tendencia setentista, entonces convencida de que la movilización militante y el lenguaje de las balas terminarían por intimidar a Perón y disciplinarían a los sindicatos y a los cuadros políticos justicialistas, de impronta esencialmente reformista y negociadora. El kirchnerismo de hoy se convierte de este modo en un jacobinismo vociferante, convencido de que puede deglutir lo tradicional a puro golpe de autoridad.
Haber denominado “la” Cámpora al aparato destinado a expresar las intenciones de gobierno es un acto de fenomenal sinceridad. Perón se valió de Héctor Cámpora, pero no bien advirtió, ya en el verano de 1983, que ese hombre empezaba a responder con mayor disponibilidad a los mandatos de las falanges militantes, antes que a él, lo confinó en la distancia, la suspicacia y el cruel desprecio final. A mediados de 1973, cuando el camporismo no existía, Perón detestaba al hombre de San Andrés de Giles. Aunque el peronismo se apoltrone en la hipocresía de negarlo, a Cámpora lo sacó del poder el mismo Perón, el 13 de julio de 1974. No se le escapa a ningún peronista que tenga por lo menos 50 años, que “camporizar” a un gobierno originariamente justicialista como el de Cristina, ha sido un intento excesivamente brutal de llevarse puesto al peronismo de siempre.
Esta primera factura (vendrán muchas más, y tal vez más costosas) que presentó a cobro en ventanilla el señor Moyano, revela la naturaleza volátil y esencialmente imprevisible de un movimiento, que en su momento de mayor obesidad de poder puro y desnudo, exhibe simultáneamente la temible debilidad de quien, en su voracidad por masticárselo todo, se agota en esa ansia desmedida y produce el despedazamiento de sus propios actores.
El recorrido de las primeras semanas tras el triunfo electoral del 23 de octubre impide ambiguas conclusiones u opacos ocultamientos: la filigrana que subyace en lo actuado y en los planes oficiales trazados para el corto y mediano plazo revelan un acerada (y vociferante) decisión de ocupar y controlar el mayor espacio posible en cualquier fragmento de vida social argentina, de medios de comunicación a universidades, de empresas a tribunales, de colectividades a clubes de fútbol. En ese sentido, el kirchnerismo es un omnívoro desprejuiciado; tanto le apetece dominar al Racing Club de Avellaneda como disciplinar a las orgullosa Techint, seguir deglutiendo radios y canales de TV, como intimidar y neutralizar a una Corte Suprema, cuya independencia y autonomía iniciales ya parecen ir disipándose.
La inminente y gravísima captura de Papel Prensa SA es más de lo mismo, un desorbitado gesto de atropello al sector privado que tendrá tóxicas consecuencias. Si hoy “democratizan” Papel Prensa, ¿por qué no querrían “democratizar” mañana, por ejemplo, a Arcor o a Tenaris? Que sea nada menos que Hugo Moyano el adalid de esta recia interpelación al insaciable proyecto de poder oficial evidencia la taciturna intemperie argentina. Lo peor es que todo esto, aunque parezca mentira, apenas comienza.

FUENTE: PERFIL

sábado, 19 de noviembre de 2011

HUMOR POLÍTICO: Por un puñado de dólares. Por Alejandro Borensztein


Ese es el título de un memorable western spaghetti de Sergio Leone protagonizado por Clint Eastwood en 1964. El western spaghetti fue un género de películas de los años 60 sobre vaqueros del oeste americano, rodadas en Italia por realizadores italianos, mucho más crueles, ingeniosas y divertidas que las de Hollywood .
Por un puñado de dólares es también aquello por lo que dan la vida casi todos los hombres de buena voluntad que quieren habitar el suelo argentino . Tanto el 54% que votó el proyecto nacional, como los húngaros que conforman el 46% restante.
¿Por qué tanta desesperación por un verde? Nada nuevo: temores, inflación,olorcito a que algo no cierra , el clásico “ cuanto más me impiden comprarlo, más lo quiero ” y, por sobre todo, la tradición dolarizadora de nuestra sociedad. Décadas de impericias políticas y económicas se pagan carísimo. Más precisamente, a 4,70 mangos el billete . Eso en el paralelo (al menos al cierre de estas líneas). En el oficial, te lo podés llevar a 4,30 pero difícilmente te aprueben la operación, por lo que la gente, insaciable, gorila y búlgara , corre al paralelo y lo hace subir cada vez más.
Por suerte está Moreno, injustamente estigmatizado , para frenarlo. Yo lo banco. Me cae simpático él, me cae simpático su bigote (otra especialidad del kirchnerismo) y me cae simpática la Magnum 9 mm que desenfunda para explicarte las cosas , por si no las entendiste bien. Algunos dicen que a veces pela una Colt 45plateada como la que usaba Lee Van Cleef en otro glorioso western spaghetti de 1966: “El Bueno ( ¿Boudou? ), el Malo ( ¿Moreno? ) y el Feo (mmmm… ¡¡¡Aníbal!!)”.
Me preocupa un poco el exceso de laburo que tiene el secretario de Comercio. El tipo controla las importaciones, las exportaciones, el trigo, la leche, los autos, los celulares, los precios, los costos, las tasas, la inflación, el valor del dólar oficial y hasta el valor del dólar grone . Un fenómeno. Por suerte no hace falta instalar el control de la natalidad, si no sería insoportable . Aunque pensándolo bien, no estaría mal que Moreno se lance a controlar la natalidad, al menos en la Ciudad de Buenos Aires cuya población ya supera los 3.000.000 de fachos y en la que cada porteño nuevo que nace es un voto más para el fucking Mauri. Sería un nuevo capítulo de este western kirchnerista . Me imagino el guión.
Escena 1 . Noche. Dormitorio de un opositor. Luz de velas. Música chill out.
Suena el teléfono . Se interrumpe el clima. Atiende Majul que justo estaba recibiendo un masaje con cremita.
“Hola, con Majul por favor ”, dice Moreno del otro lado de la línea con voz justicialista.
“Habla Majul” , dice Majul.
“Ah, que tal viejo, te habla Moreno” , dice Moreno.
“Te estoy llamando para avisarte que en tu barrio, esta noche, no se puede chichar, ok?” . (Silencio en la línea) “Lo que pasa ministro es que ya estoy todo encremadito , vio? ”, dice Majul preocupado.
“A ver si me vas a entender” , dice Moreno (saca la 45 pero Majul no lo ve, obviamente) “¡¡HOY ACA NO GARCHA NADIE, OK?? Andá a buscar una toalla, sacate la cremita y a dormir !!!...” De esa manera, Moreno podría controlar la natalidad, el INDEC informaría bajos niveles de nacimientos en la ciudad y frenaríamos la reproducción de porteños fachos. Yo sé que esto fomentaría inmediatamente el chichaje clandestino y el sexo paralelo o blue , pero no debería alarmarnos: finalmente esto es lo que, de todos modos, hace la inmensa mayoría de la gente.
Corte a Escena 2 . Noche. Puerto Madero. Dormitorio de Amado Boudou . Luz de velas. Climita íntimo. Música de Teresa Parodi. La cámara hace un paneo y vamos descubriendo un afiche de La Cámpora en la pared , un ejemplar de “La razón de mi vida” de Evita en la mesita de luz, la famosa foto del General montando el caballo pinto (pegada en el techo), un número viejo del cancionero popular para guitarra y la última Fortune . Entra a cuadro el ministro Boudou, desnudo. Apenas se le ve un cachete. La cámara va bajando para que la escena hot sólo sea sugerida y descubrimos, debajo de la cama, libros escondidos entre los que se destacan “Participación e intervención del Estado en la economía” (1982) y “Bases liberales para un programa de gobierno” (1989), ambos escritos por Alvaro Alsogaray . Suena el teléfono. Es Moreno.
“Hola… ¿hablo con lo de Timerman?” , dice Moreno.
“No Guille, marcaste mal, soy Amado” , dice Amado.
“Ah, perdón -dice Moreno- me equivoqué de impostor. Aprovecho para decirte que, además de cortarte los subsidios de gas y luz en tu barrio, de aquí en más, sólo se puede chichar los viernes a la noche” , dice Moreno rascándose la oreja con la Magnum.
“Guille, es viernes a la noche”, dice Amado. (Silencio). “ Ok -dice Moreno- en Puerto Madero será todo lo viernes a la noche que quieras, pero acá en el INDEC es martes a la mañana, así que a pegarse una ducha fría y a laburar, ok?” Por suerte, las elecciones fueron ganadas por el proyecto del campo nacional y popular que ya empezó a recortar esta joda de los subsidios a los ricos inventada por el gobierno del campo oligarca y rumano que tuvimos hasta ahora.
El recorte de los subsidios es una medida, aparentemente, bien recibida. Digo aparentemente porque sospecho que ahora viene la gran “empezá por otro lado” . El progresismo nacional (hablo del verdadero progresismo, no del falsoprogresismo de unos que yo sé) se la pasó los últimos años reclamando que anulen los subsidios a las clases ricas y medias. Pero ahora, cuando empiecen a llegar las facturas, todos van a saltar… “bueno, bueno, arranquemos por otro barrio ¿Por qué empezaron conmigo? Sacale el subsidio a mi cuñado que tiene más guita !!” . Van a ver, esto recién empieza.
Allí comenzará un nuevo capítulo de esta saga cuya estructura de enredos es siempre la misma: un simpático grupo de amigos que ante cualquier problema que aparece, combina comedia negra con patota cruel , y lo resuelve de la manera más torpe y divertida posible.
Ahora también se metieron con el dólar. Si pese a todo, usted finalmente se hace de sus verdes, tenga bien claro que habrá sido fichado por los muchachos de Moreno . La venganza será terrible: amigo, usted ya está marcado. A propósito, “Un dólar marcado”, inolvidable western tano dirigido por Giorgio Ferroni en 1965 y protagonizado por Giuliano Gemma. Buenísima. Otra de las tantas películas en las que se inspira el kirchnerismo spaghetti .

fuente: Clarín

lunes, 14 de noviembre de 2011

Tonterías que agitan más el dólar



Dice Carlos Pagni en su nota del diario La Nación:


En octubre de 2007, el tomate se había convertido en un producto de lujo. Llegó a costar 18 pesos el kilo y la gente dejó de consumirlo. El precio, entonces, bajó. Se impuso la ley de la oferta y la demanda. Sin embargo, Néstor Kirchner lo interpretó de otra manera: felicitó a las organizaciones de consumidores por el exitoso sabotaje a la conspiración de los horticultores.



Cinco meses más tarde, los chacareros se soliviantaron por el congelamiento de precios que significaron las retenciones móviles. Pero Cristina Kirchner denunció un movimiento destituyente, maquinado por quienes habían volteado a Isabel Perón en 1976.
Allí donde la dinámica del mercado señala un desequilibrio, el kirchnerismo tiende a ver un complot. Y organiza un boicot para desbaratarlo. La guerra contra los compradores de dólares es la última manifestación del mismo voluntarismo. En el mercado de divisas se verifica una crisis de confianza, producida porque el Gobierno decide no tratar las distorsiones que se han ido acumulando: inflación, retraso cambiario, reducción del superávit comercial, galopante gasto público, incógnita energética.
El kirchnerismo cree estar en presencia de otro fenómeno. El último en explicarlo fue el titular de la Unidad de Información Financiera, José Sbatella: "Los que perdieron las elecciones del 23 de octubre nos están sometiendo a un test de gobernabilidad". El argumento olvida que el primero en correr hacia el dólar fue el propio Gobierno, impidiendo las importaciones. Prefiere imaginar un desafío de poder. Un complot. Como el del tomate o el del campo.
Esta es la razón por la cual, en vez de inspirar confianza explicando qué piensa hacer con los desafíos que generan temor, la Presidenta apostó a desbaratar la confabulación con medidas disciplinarias. El viernes, en Olivos hubo un desfile de funcionarios y banqueros angustiados porque, en vez de ceder, el problema se ha ido agigantando. En octubre, el público compró US$ 3500 millones.
Ahora, gracias a las tácticas de Mercedes Marcó del Pont, Guillermo Moreno y Ricardo Etchegaray -que Amado Boudou acató sin chistar-, no sólo se fueron otros US$ 1200 millones, sino que el Central está perdiendo unos US$ 1000 millones por semana, debido a la corrida contra los depósitos en dólares. Para evitar una caída de reservas de US$ 3500 millones se produjo otra de más de 5000.
En esas reuniones del viernes se evaluó la posibilidad de facilitar las compras de dólares a los pequeños ahorristas. Pero ¿el Central querrá desprenderse de divisas a $ 4,29 cuando el paralelo ya trepó a $ 5?
La Presidenta prefiere los métodos rudimentarios. Le hace oler a Moreno el suéter de los grandes operadores y lo lanza sobre ellos. El secretario de Comercio Interior llama a los exportadores, uno por uno, para indicarles cuándo y cómo deben liquidar divisas. El miércoles pasado se verificó este diálogo:
Moreno : -¿Cuándo vendés los verdes?
Exportador : -El martes voy a vender 30 millones. Y voy a comprar 20 el jueves.
Moreno : -De comprar olvidate. Y la venta hacémela el lunes. Y no me vengas con que no tenés la papelería lista, ¿eh?
La obsesividad de Moreno conspira contra sus propios objetivos. La semana pasada hizo llamar a un laboratorio para impedir la compra de US$ 2 millones, dejando la falsa impresión de que el Central se ha quedado sin reservas.
Etchegaray, el titular de la AFIP, no parece más sofisticado. El último jueves se ufanó de que, gracias a su fiscalización cambiaria, fueron detectados varios propietarios de yates que eran monotributistas. Seguro que Etchegaray hablaba en broma: si para capturar a esas tortugas la AFIP necesita enloquecer el mercado del dólar, quiere decir que a la Presidenta el complot se lo están armando sus colaboradores.
Los funcionarios todavía no comprenden que fueron ellos, en su ansiedad por hacerse de divisas, los que impulsaron a los tenedores de pesos hacia el dólar. Cuando se bloquearon las importaciones y se obligó a Subaru a exportar alimento para pollos, el público supuso que el problema cambiario era dramático y se preparó para una devaluación.

DESESPERADOS

Moreno; Débora Giorgi, y el secretario de Industria, Eduardo Bianchi, siguen, como el mercado, desesperados por conseguir dólares. Sus criterios para permitir la entrada de containers son demasiado opacos. En el caso de Bianchi han dado lugar a una denuncia, al parecer muy detallada, que estaría sobre el escritorio del fiscal Guillermo Marijuan. La acusación habla de que Industria estaría reteniendo las cargas de una importadora metalúrgica para beneficiar a una competidora cuyas mercaderías ingresan sin problemas. El informe menciona pagos de sobornos. Lugares y personas. ¿Dónde se originó la delación? ¿Será, como sospechan en el Ministerio, en el propio gabinete nacional? Hay que suponer que Marijuan investigará el caso. Como siempre, los controles cuerpo a cuerpo favorecen corruptelas.
Giorgi y Bianchi ya provocaron controversias con las autorizaciones para empresas que, según dicen, fabrican electrónicos en Tierra del Fuego. Las estadísticas son casi inaccesibles, pero en el mercado existen cada vez más indicios de que lo que se presenta como una política de aliento a la producción nacional esconde, en realidad, un boom importador.
Moreno está distraído de estos enigmas. La crisis cambiaria lo llevó a mirar la política energética, que es uno de los grandes agujeros por el que se escapan los dólares. La decisión del kirchnerismo de regalar la luz y el gas desalentó la inversión y promovió las importaciones de combustibles. Estas fueron en 2010 de US$ 4000 millones. Este año serán de US$ 9000 millones. Y el que viene se calculan en US$ 12.000 millones. El aumento es consecuencia del mayor consumo local, pero también de que la primavera árabe y la tensión con Irán dispararon los precios internacionales. El barril de petróleo WTI, que hace diez días costaba US$ 90, cerró el viernes pasado a US$ 99.
El Tesoro ya no soporta el esfuerzo que representa el subsidio a la energía. El secretario de Comercio estudia un aumento de tarifas. Desde el miércoles pasado avisa a las compañías: "Muchachos, a cuidarse, porque volví". La decisión es muy expresiva del estilo de la señora de Kirchner.
El ministro de Planificación, Julio De Vido, y su escudero, Roberto Baratta, deben tolerar que Moreno acampe con su equipo de trabajo en un feudo que ellos consideraban exclusivo. El secretario del área, Daniel Cameron, acostumbrado a que lo ignoren, se concentra en los torneos de golf de Air France y pesca con mosca en Río Grande. Nadie debe sorprenderse con esta forma de administrar los recursos humanos.
La Presidenta designó al actual representante argentino ante la ONU, Jorge Argüello, embajador en Washington, y a Luis Kreckler en Brasilia, sin consultar al canciller Héctor Timerman. A diferencia de De Vido, al canciller le importan poco estas desautorizaciones. Tal vez sea la razón por la que conservará el cargo.
Moreno seleccionó a varias empresas-testigo. Analizados los costos, les fijará la rentabilidad. Es su noción del precio. Para la generación térmica eligió Central Puerto; para la hidráulica, El Chocón; para el transporte, Transener, y para distribución, Edenor.

AUMENTAR CARGOS TARIFARIOS

La decisión oficial no supone mejorar los ingresos de las compañías, aun cuando Edenor y Edesur estén en déficit operativo y, en un par de meses, ya no puedan pagar sus deudas. La estrategia es aumentar los cargos tarifarios que pagan los grandes consumidores para alimentar fideicomisos administrados por el Estado. Nada que objetar: es el modelo del caso Skanska, donde acaba de demostrarse que no hubo corrupción. (Aunque, ¿es verdad que el único peritaje de precios que los jueces tuvieron en cuenta fue el que propusieron los acusados?)
Como la cabeza de Moreno funciona igual para todos los mercados, los efectos que produce son los mismos. Su primera experiencia fue con la carne. Por mantener los precios bajos, desalentó la cría de ganado, y esa reducción de la oferta terminó elevando los precios. Ahora el producto es igual de caro, pero se consiguió achicar el rodeo en varios millones de cabezas.
Con la energía sucede algo parecido. A la larga, por aumento de tarifas o de cargos específicos, la luz y el gas dejarán de ser baratos. Pero se habrá conseguido reducir la disponibilidad de hidrocarburos, por falta de incentivo a la inversión.
El mercado del dólar sufre la misma lógica. Las reservas bajaron más de lo que lo hubieran hecho si se dejaba flotar el tipo de cambio. El dólar paralelo, igual, ya está en 5 pesos.
En todos los casos rigió un criterio populista: la maximización festiva del presente y el desdén por el porvenir. Los costos de ese enfoque quedaron ocultos detrás de la expansión. Pero ese ciclo llegó al límite. El futuro ya llegó y encuentra en el poder a los mismos que lo habían despreciado. Los que planearon la reelección, seguro, forman parte del complot.

domingo, 13 de noviembre de 2011

La conspiración que encubre los problemas. Por Joaquín Morales Solá


¿Quien le hace a Cristina un relato distinto al de Guillermo Moreno? La pregunta estalló entre kirchneristas preocupados por el brusco giro de los asuntos financieros y cambiarios. Silencio. Sin respuestas. En realidad, hay una respuesta para esa pregunta: nadie. Los otros funcionarios están preocupados por permanecer o por escalar. Tampoco se sabe si alguno de ellos tiene una receta diferente. Moreno, en cambio, anda con sus dogmas bajo el brazo, dice que se va del cargo (mientras todos aseguran que estará en el Gobierno después de diciembre) e instala ideas de complot contra la Presidenta. Cristina le cree.
Moreno tiene un solo aliado, pero incondicional: es Ricardo Echegaray , jefe de la AFIP. Los dos son célebres como especialistas en diseñar soluciones de corto plazo. ¿Hay problemas con las masivas compras de dólares? No se venden más dólares, aunque los ahorristas en dólares se llevan sus depósitos. ¿Las importaciones requieren de dólares que no abundan? Cierran las importaciones, aunque hasta la industria argentina se quede sin insumos indispensables. ¿Se necesitan liquidaciones de dólares por las exportaciones? Hay que exportar con urgencia, aunque se violen expresas resoluciones del Gobierno. Ellos son así.
Un equipo técnico de empresarios estaba en los últimos días negociando en el ministerio de Julio De Vido la implementación de la quita de subsidios cuando apareció un mensaje de Moreno sobre esa cuestión. Los funcionarios de De Vido se apartaron en el acto. ¿Moreno también decidirá sobre los subsidios al consumo de servicios públicos? Sí, según todo lo indica. Vamos a terminar con un sistema en el que el jubilado del séptimo piso tiene subsidio y el empleado del octavo no lo tiene , se cansó uno de los negociadores.
Los empresarios que creyeron en la posibilidad de un cristinismo acuerdista han sido conquistados por la decepción. El kirchnerismo es una creación política (exitosa hasta ahora) de la confrontación. Cristina Kirchner fue una candidata cordial, que alimentó aquellas expectativas consensuales, cuando su presente y su futuro se mecían en un mar calmo y las brisas iban en la dirección de sus velas. La primera adversidad la devolvió raudamente a los viejos reflejos: es abriendo fuego en el campo de batalla como piensa ganarle al dólar, al déficit fiscal y a la inflación.
Tenemos, por lo pronto, una conjura detrás de la inestabilidad cambiaria. Moreno y el ala más dura de la administración aseguran que esa intriga viene del "club de la deuda". Cristina está convencida de que ese relato es cierto. El "club" estaría formado por banqueros que promoverían una nueva ola de endeudamiento de la Argentina para pagar viejas deudas.
Es extraño, pero al banquero que más se nombra dentro de la conspiración presunta es a Jorge Brito, un viejo amigo del Gobierno que avaló muchas, no todas, las medidas recientes de la administración. Un interrogante se abre, entonces: ¿acusan a Brito o al ministro de Economía, Amado Boudou, y a su delfín, Hernán Lorenzino, secretario de Finanzas? Estos funcionarios son muy amigos de Brito, pero son, a la vez, los que más bregan por una reinserción del país en el mercado internacional de créditos. ¿Brito? No hay mejor amigo de ustedes que él entre los banqueros , le contestó un empresario a un funcionario que divulgaba la conjetural confabulación. Inútil. La conspiración debe existir para explicar la desdicha.
Brito es un banquero importante, pero no está en condiciones de controlar lo que sucedió en los últimos tres meses. ¿Qué pasó en agosto, septiembre y octubre? Se fueron del sistema financiero unos 11.500 millones de dólares. El reparto fue así: poco más de 3700 millones se fueron mensualmente en agosto y en septiembre. Según cálculos recientes, que llegan sólo hasta el 28 de octubre, en este último mes huyeron del sistema unos 4100 millones de dólares.
Esto ocurrió en octubre, el mes en el que nadie dudó del éxito de la Presidenta y en el que finalmente se consumó su victoria. La votaron masivamente, y masivamente se llevaron los dólares de los bancos. Esto no lo puede decidir una sola persona y ni siquiera un solo sector de la economía. Un dólar llamativamente barato frente al fenómeno inflacionario, falta de referentes económicos en la administración y los confusos mensajes también económicos del oficialismo espolearon la voracidad social por la moneda norteamericana.
Moreno y Echegaray hicieron el diagnóstico de la conspiración y le llevaron a Cristina la receta para conjurarla. Limitaron hasta extremos insostenibles la compra de dólares y crearon, como era previsible, más desconfianza y un dólar paralelo. Hace 30 años también se hablaba del dólar paralelo. La historia es endemoniadamente circular en la Argentina. Pero ¿cómo reconocer que el pensamiento ha evolucionado cuando el médico es Moreno, que cultiva las ideas del peronismo de los años 50? De todos modos, debe reconocerse que no hay otro funcionario en la administración como él, capaz de crear una narración de las cuestiones económicas, rústica y convincente, primitiva y sólida. Todo al mismo tiempo.
¿Qué hacen los otros funcionarios económicos? Boudou es incapaz de insinuar un gesto en contra de la voluntad presidencial. Débora Giorgi espera ser confirmada como ministra o ascendida a la jefatura del Palacio de Hacienda. Julián Domínguez urde su continuidad como ministro o su elección como presidente de la Cámara de Diputados. Ninguno sabe nada de su porvenir. ¿Sabés algo? Esa es la pregunta habitual entre los más envarados ministros. La respuesta, también habitual, es que todos ignoran todo. La Presidenta se encerró, sola, en sus cavilaciones sobre su futuro equipo de gobierno. Moreno, siempre desmedido y convencido de sí mismo, es el único que actúa, insensible frente a su destino.
Uno que desliza, a veces, cierta línea moderada es De Vido. Se limita a recordarle a la Presidenta que Néstor Kirchner lo había instruido a él para construir acuerdos políticos y para tender puentes con el peronismo, con los sindicatos y con los empresarios. No avanza más allá de esa recordación, ni siquiera para señalar que las crispaciones del kirchnerismo corrían por cuenta de otros.
De Vido se aparta, eso sí, cuando Moreno aparece con sus relatos de conjuras y con sus recetas para solucionar el problema de mañana. Pasado mañana, el problema será seguramente más grave. ¿Ejemplo? La inflación. Con el dólar pasó lo mismo. Moreno y Echegaray tomaron decisiones que le correspondían a Marcó del Pont, aunque ésta debió suscribirlas. Marcó del Pont no tiene tanta capacidad de daño como para hacer semejante estropicio , dijeron los que conocen a los protagonistas del melodrama. Sea como sea, el dólar no se quedó quieto ni los argentinos se fueron a dormir tranquilos.
El presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, fue testigo casual de la psicosis social sobre el dólar y de la desconfianza en los que mandan. En un almuerzo con importantes empresarios, éstos le preguntaron si el Gobierno podría acceder a las cajas de seguridad de los bancos. Lorenzetti respondió rápido: La jurisprudencia histórica de la Corte protegió la inviolabilidad de las cajas de seguridad . Es decir, sólo las pueden tocar sus dueños. Lo que el juez no dijo, o no quiso recordar, es que la propia Corte ya le había advertido a Echegaray, en medio de la crisis local e internacional de 2009, que el tribunal no permitiría que nadie se metiera en las cajas de seguridad de los bancos.
¿Dónde había un problema sin solución posible, tan grande que justificara la conversión del Estado en gendarme del dólar? En ninguna parte. Sin embargo, así son las soluciones de Moreno, la única pieza que gira y funciona, infatigable, en medio de un desierto de funcionarios.
FUENTE: LA NACIÓN