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domingo, 8 de mayo de 2011

Aumentó 2,5 veces la ayuda social, pero la pobreza no baja


Creció de $ 85.000 millones a $ 227.000 millones desde 2007, y el 30% de la población sigue siendo pobre.


Con un aumento del 15% del presupuesto destinado a la ayuda social y una distribución arbitraria, el uso clientelar de estos planes, que superan los $ 227.000 millones, volverá a estar en la agenda de un año electoral, en un escenario que todavía no dejó atrás la pobreza.
Si bien desde que Cristina Kirchner llegó al gobierno, en 2007, el gasto para servicios sociales creció 2,5 veces, el aumento no se condice con las cifras de pobreza e indigencia que dan las consultoras privadas y las oficinas de estadísticas provinciales, según las cuales la cantidad de pobres es hoy igual a 2007: se mantuvo en un 30% y está muy lejos de haberse reducido al 9,9%, como dice el Indec .
Los datos surgen de un trabajo de investigación sobre las partidas sociales que realizó la Fundación Siena, según el cual el Gobierno pasó de manejar $ 85.397 millones en 2007 a los actuales $ 227.478 millones que ofrecen las proyecciones de este año. Al parecer, la inflación y un reparto discrecional en las partidas influyeron significativamente en el estancamiento de estos niveles de pobreza. El estudio al que accedió LA NACION toma como gastos de servicios sociales de los ministerios de Trabajo, Desarrollo Social, Educación, Salud y Ciencia. También evalúa programas de vivienda y agua potable que apuntaron a mejorar el nivel de vida de los argentinos.
Constituida en 2004, la Fundación Siena realiza investigaciones sobre políticas públicas y su presidente es Gerardo Uña. El informe fue elaborado por Gisell Cogliandro y Ariel Melamud, y recuerda que el gasto público social tiene suma importancia en el presupuesto, ya que representa el 60% de éste. Sin embargo, aclaran los autores, cuando se analizan en forma desagregada las jurisdicciones y los programas sociales, se observan disparidades, como incrementos superiores al promedio y reducciones de los recursos.
La Anses es la repartición estatal que más aumentó su presupuesto el último año (18,8%). Le siguen los ministerios de Ciencia (14,5%), Educación (9,5%), Desarrollo Social (7,8%), y Salud (5,4%). "Resulta paradójico evaluar estos datos de aumento del presupuesto porque en muchos casos muestran inequidades en la distribución de fondos a las provincias en función de sus necesidades", dijo Cogliandro a LA NACION.
Como ejemplo de ello, se observa que el programa Seguridad Alimentaria tiene una baja asignación en el nordeste y noroeste argentino, donde están los índices de pobreza más elevados del país.
Uno de los planes que tuvo un fuerte aumento presupuestario en los últimos dos años es Argentina Trabaja, que pasó de $ 1500 millones en 2010 a $ 3787 millones, en 2011. No obstante, el informe señala que este programa, cuyo objetivo es la generación de puestos de trabajo en organizaciones comunitarias, presenta una distribución que no responde a criterios objetivos, como la desocupación o la población.
Por ejemplo, el programa sólo distribuye los recursos a diez provincias y a la ciudad de Buenos Aires. Pero el territorio bonaerense concentra el 68% de los fondos previstos para este año y hay distritos no kirchneristas, como Catamarca, Chubut y Tierra del Fuego, que registran tasas de desocupación superiores al 7% y no recibieron ni un centavo.
A su vez, el programa Techo Digno se concentra en Buenos Aires con el 37,2% de los fondos, ya que tiene el 33,8% de las viviendas del país con privación material en el acceso a los servicios e infraestructura social básica. Pero el mismo programa se distribuye a Jujuy (apenas el 0,6%) y Salta (1,6%), que tienen más déficit habitacional que otros distritos.
Las partidas para las pensiones no contributivas aumentarán un 13% este año. Este fondo tiene por objeto brindar asistencia económica a personas en estado de vulnerabilidad social, y este año llegará a 1.028.253 personas (entre ellos, ancianos, madres y discapacitados). Pero según la Fundación Siena las partidas se incrementarán en un 106,3% en Buenos Aires.
El informe también advierte que llama la atención que Chaco y Santiago del Estero reciban menos recursos en el programa de seguro de desempleo que Chubut, cuando tienen más población y tasas de desocupación más elevadas.
Ante ello, el informe recomienda mejorar la calidad y transparencia en la información sobre la distribución geográfica de los programas y establecer criterios objetivos de asignación del gasto.
PLANES EN EXPANSIÓN
Los programas sociales impulsados por el Gobierno registran este año un significativo aumento de fondos.
$3787 millones 
Los fondos del plan Argentina Trabaja para 2011 (año electoral) crecieron un 152% respecto de 2010, cuando ascendieron a $ 1500 millones. En una primera etapa, el plan se aplicó en el conurbano bonaerense y luego se extendió a otras provincias. Salta, por ejemplo, no recibe recursos, pese a que registra el 11,5% de desocupación, una de las tasas más altas del país.
$10.083 millones 
El programa Asignación Universal por Hijo es uno de los planes sociales con más recursos. Creado tras las elecciones de 2009, pese a haber sido reclamada su instrumentación por sectores de la oposición, su ejecución comprendió durante 2010 unos $ 7315 millones. En marzo último, la Presidenta anunció su extensión a las mujeres embarazadas.
$11.415 millones 
Las pensiones no contributivas registraban en 2010 un presupuesto de $ 10.091 millones, lo que marca un crecimiento del 13% para este año. Es un programa que brinda asistencia económica a personas en estado de vulnerabilidad social y llega a 1.028.253 beneficiarios, principalmente ancianos, madres y gente discapacitada.
$1914 millones 
El Plan Nacional de Seguridad Alimentaria da prioridad a familias indigentes, cuyos ingresos no pueden cubrir la canasta básica de alimentos. El año pasado tenía un presupuesto de 1287 millones.
Martín Dinatale
LA NACION

sábado, 16 de abril de 2011

Los subsidios y el ejemplo de Brasil. Por Carlos Pagni


Hay decisiones administrativas que cobijan pensamientos estratégicos. Dilma Rousseff, en Brasil, acaba de cancelar 40.323 subsidios del exitoso programa de asistencia social Beca Familia. ¿El motivo? Los beneficiarios no cumplieron con la obligación de vacunar y mandar a la escuela a sus hijos.
La izquierda brasileña pretende que la mano del Estado sea inteligente. No hay asistencia social sin inclusión social.
Descubrir al otro ayuda al descubrimiento de uno mismo. Desde hace un año, el equipo de Amado Boudou intenta que los organismos multilaterales de crédito relajen las auditorías sobre varios subsidios a la pobreza. Esos organismos han documentado que el Estado en la Argentina es ciego a la evolución de los beneficiarios de la asistencia. Si bien la Asignación Universal por Hijo premia a quienes cumplen los requisitos sanitarios y escolares, sus sanciones no son tan claras.
Ningún campo refleja mejor el rol que una sociedad le asigna al Estado que el de la batalla contra la pobreza. Brasil inspira la discusión de siempre: caridad o promoción. Mejor dicho: populismo o progresismo.
Fuente: La Nación

viernes, 25 de marzo de 2011

Modelo, ¿cuál modelo?


La gestión kirchnerista no exhibe una construcción coherente de políticas públicas y expone falacias y distorsiones.






El discurso oficial reincide con insistencia en la exaltación del "modelo" como si se tratara de un verdadero conjunto propio de políticas coherentes y virtuosas, además de exitosas. En algunas ocasiones, la referencia incluye la calificación "de inclusión social" o también "nacional" como si cualquier otro modelo que no sea el kirchnerista no pudiera orientarse al interés de la Nación.
Se oye en estos días que quien no apoye la reelección de Cristina Fernández de Kirchner estaría en contra de su modelo y, por lo tanto, del país. De tanto repetirlo, es posible que un segmento de la población lo tome como una verdad indiscutible. Sin embargo, es importante saber que el llamado modelo no es de ninguna manera una construcción coherente de políticas públicas y que, además, la gestión del gobierno nacional expone falacias y distorsiones que ya han producido daños. Esas debilidades muchas veces intentan ser tapadas mediante la proliferación de estadísticas oficiales tan poco serias como algunas de las que emanan del intervenido Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).
El crecimiento de las economías emergentes ha sido un rasgo notable de la década. A pesar de la reciente crisis financiera internacional, el mundo ofreció condiciones extremadamente favorables para estas economías. Las tasas de interés se mantuvieron notablemente bajas, incentivando los flujos de capital financiero y las inversiones directas hacia la búsqueda de mejores rendimientos. La especulación se orientó en buena medida hacia las materias primas, impulsando sus precios hacia arriba. A esto se sumó el fuerte aumento de la demanda de alimentos por parte de países como China, la India y otros, que dieron mayor ímpetu a los precios agrícolas. No todas estas ventajas fueron aprovechadas por la Argentina, pero fueron suficientes para que nuestra economía emerja de una caída anterior de más del 20 por ciento de su producto bruto interno y exponga en los ocho últimos años una tasa media anual de crecimiento del 6,6 por ciento. Si se tomara como punto de partida el año 1998, esta tasa media bajaría al 3,5 por ciento.
Este logro no se aparta demasiado del observado para el mismo período en otros países de la región, como Brasil (2,3%), Chile (3,3%), Uruguay (3%) o Perú (4,2%). El aparente buen desempeño de nuestra economía se relativiza también si se considera que desde 2003 se aplicó una política expresamente orientada a una reactivación de corto plazo, expandiendo el gasto público y el consumo, sustituyendo importaciones mediante un tipo de cambio alto y aprovechando la capacidad productiva ya existente. La elevada inflación ha sido consecuencia y rasgo dominante. Los otros países crecieron equilibradamente, con inflación muy reducida, atrayendo inversiones y mirando el largo plazo antes que el corto.
La macrodevaluación de comienzos de 2002 y el sostenimiento posterior de un tipo de cambio elevado produjeron una fuerte caída de las importaciones y, consecuentemente, un elevado saldo comercial. Además, generó un amplio espacio para gravar fuertemente las exportaciones agrícolas. Antes de que el gasto público tomara el impulso que la gestión kirchnerista luego le imprimió, se había logrado un importante superávit fiscal. Se creyó así alcanzar para siempre lo que se mostraba como el mayor atributo del modelo: los superávits gemelos.
El superávit fiscal se perdió hacia fines de 2009, cuando el gasto desbordaba por el impresionante aumento del número de empleados públicos, además de la incorporación de más de 2.500.000 nuevos jubilados sin aportes previos, y el incremento de los subsidios para compensar congelamientos de precios y tarifas.
El saldo de la balanza comercial está reduciéndose rápidamente debido al aumento de las importaciones, alentadas por una política cambiaria que mira más la contención de la inflación que la competitividad externa. El déficit fiscal está siendo financiado con expansión monetaria aunque ello se intente disimular de mil maneras. Todo lo que ha hecho el Gobierno frente a la inflación es intentar controles de precios, por medio de la intimidación y el garrote de Guillermo Moreno; persistir en congelamientos y falsear los índices oficiales.
No puede haber un modelo exitoso si no convoca inversiones que sustenten un desarrollo genuino. El supuesto modelo K no lo ha logrado. La Argentina ha pasado en una década del segundo al sexto puesto en América latina, según la recepción de inversiones extranjeras directas. El desarrollo de la infraestructura y de la capacidad industrial ha sido absolutamente exiguo. Nuestro país es actualmente importador de energía a muy alto costo como consecuencia de la caída de la producción de petróleo y gas. El riesgo se mantiene en altos niveles, equiparables sólo a los de Venezuela, en tanto aún no se ha logrado salir totalmente del default declarado a fines de 2001. Y la fuga de capitales ha sido una realidad permanente en los últimos años.
El desprestigio del Gobierno nos afecta a todos y es tema común en ámbitos internacionales. Contribuye a eso la elevada corrupción, al igual que la falta de respeto por las instituciones, la inseguridad jurídica y la construcción permanente de enemigos como estrategia de poder. El orden público y la seguridad personal están subvertidos por una equivocada interpretación de la responsabilidad del Estado y de parte de la Justicia frente al delito. Hay una aceptación pasiva del piqueterismo y de las usurpaciones, y el ciudadano común debe sufrir la frecuente paralización de los servicios públicos. Todas estas circunstancias son padecidas por la población y, más particularmente, por aquellos que deben defenderse con un ingreso fijo y cuentan con menores recursos. ¿Cuál es entonces el modelo del que nos hablan?

fuente: La Nación

viernes, 4 de marzo de 2011

El peor veneno. Por Alfredo Leuco

Hay una verdad irrefutable: la droga tiene un poder destructivo feroz. Es una bomba de fragmentación en el corazón de cualquier país. Es el peor veneno que puede circular por las venas abiertas de una sociedad. Quema las cabezas de los más pobres que consumen paco como un viaje de ida al delito y a la degradación como personas. 

Prostituye las relaciones económicas de los sectores de mayores recursos que utilizan la cocaína para evadirse y el lavado de dinero para evadir. Les otorga a los narcotraficantes un poder fenomenal para corromper políticos, jueces y policías. Es cuando el crimen se convierte en organizado y cuando las muertes empiezan a multiplicarse. 

Unir a todos los argentinos detrás del combate integral contra el consumo y el tráfico de drogas podría ser una maravillosa epopeya de todos sin distinción de camisetas partidarias. Extirpar la droga y a los jefes criminales que la manejan va a hacer más libres y mas sanos a nuestros hijos y mas transparente a nuestra comunidad. No parece que los gobiernos se lo tomen como una verdadera política de estado. Y lo digo por todos los gobiernos. 

Por los de Cristina Fernández, Mauricio Macri o Daniel Scioli y también por los socialistas de Santa Fe o por los de varias provincias radicales o donde gobiernan partidos vecinales. No existe suficiente conciencia de la magnitud del enemigo. Es un monstruo grande y pisa fuerte. Y por eso debemos pedirle a Dios que no nos sea indiferente. No estamos las familias argentinas ni las autoridades alertas y movilizadas contra la droga que es la principal dinamita de la convivencia pacífica y los lazos solidarios. Hay que atacar a fondo y con la fuerza de todos. Empezar por los jefes, por supuesto. 

Apuntar a encarcelar a los que lucran con la miseria ajena y la salud de la población. Algo estamos haciendo mal. Tenemos la guardia baja. Estamos mirando para otro lado. Si no las cifras no serían tan alarmantes. Hay complicidades que castigar y una conciencia que fomentar. ¿Cómo es posible que solo durante el año pasado hayan pasado por nuestra bendita Argentina 70 toneladas de cocaína? ¿Escuchó bien? Lo viene diciendo el noticiero desde la mañana. 70 toneladas de veneno que se transporta en barco o en aviones. Durante un tiempo nos dormimos en los laureles de que éramos un país de tránsito y de que aquí ni se fabricaba ni se consumía demasiado. Eso ya es el pasado. 

Hay 600 mil consumidores de cocaína entre nosotros. Y al gobierno no se le escapa la tortuga. Se les escapa un avión a España con 944 kilos de cocaína. Es intolerable tanta incapacidad. Ya somos el segundo mercado de cocaína en Sudamérica después de Brasil. ¿Que estamos esperando? ¿Qué pronto descubran un cartel de Buenos Aires como hay en Colombia o en México? Nos falta de todo. Mas radares, mas controles, coordinación entre policías y gendarmes, jueces expertos y honestos, ministros de Salud y de Defensa que trabajen juntos y una sociedad participando en todo lo que pueda.

Hay un ejército de fantasmas degradados por la marginalidad y el maldito paco que forman 180 mil argentinos. ¿Escuchó bien? 180 mil argentinos casi todos pobres de toda pobreza y casi todos pibes están fabricando su propia muerte con esas pipas asesinas. El humo les tritura las neuronas. 

En seis meses se convierten en monstruos con un lejano parecido a los seres humanos. Es un genocidio silencioso. Un crimen de lesa humanidad. Ojalá estos gritos no queden en el desierto. Ojalá estas plegarias sean atendidas. Para que cada día haya menos droga y menos drogadictos en nuestro país. Para que abandonemos semejante oscuridad. Antes de que sea demasiado tarde para lágrimas. ¿Por que no nos organizamos como sociedad con el estado a la cabeza y matemos a la droga antes de que la droga nos mate a nosotros. ?



fuente: http://www.continental.com.ar/blog.aspx?id=1434694

domingo, 26 de diciembre de 2010

Impotencia ante las convulsiones. Por Joaquín Morales Solá


La Argentina tendrá su revolución, quizá, pero no será clasista ni cambiará el antiguo orden. Será una revolución extraña, en la que la lucha enfrentará sólo a los trabajadores más pobres con los excluidos del sistema. Los tercerizados del ferrocarril contra los pasajeros de trenes; los ciudadanos de barrios pobres contra ocupantes ilegales de terrenos públicos; los empleados bancarios contra los desdichados jubilados, o los argentinos que viven en villas miseria contra extranjeros que también se instalan en esas islas de promiscuidad social. Los sectores sociales acomodados sufren los fragores de esa lucha, pero ésta no los involucra.
En ese combate nuevo y casi constante, el Estado es una sombra cada vez más imperceptible. Tal vez se deba al hecho de que Néstor Kirchner ya no está. La enorme concentración de poder que construyó alrededor de su propia persona está llevando a muchos a la convicción de que el Estado desapareció junto con él. ¿A qué se debería, si no, la manifiesta y sorpresiva indisciplina de ciudadanos pacíficos y de duros actores sociales? A veces son grupos políticos, es cierto, pero muchas veces son argentinos comunes y corrientes que no sienten ningún respeto hacia la representación del Estado. A jueces y policías les cuesta cada vez más imponer una noción, aunque sea efímera, de la autoridad estatal.
El Estado hace lo suyo para merecer la indiferencia social. El jueves, cuando se desató la furia en Constitución, la policía tardó más de media hora en llegar a un lugar donde la violencia crecía con el correr de los minutos. ¿El Gobierno no sabía que una línea de tren estaba parada desde hacía varias horas en el último día laborable antes de Navidad? ¿Desconocía que esos pasajeros llegaban al final del día padeciendo un calor de escarmiento? Las vías estaban cortadas por un piquete de tercerizados, víctimas de un desigual sistema laboral. ¿Por qué no desactivó antes ese piquete, con los métodos que creyera convenientes, para normalizar el tránsito ferroviario? Nada se previno. Los funcionarios parecieron tan sorprendidos ante la borrasca de violencia como la gente de a pie. ¿Qué hacían los funcionarios del vasto espionaje oficial?
El piquete no es una novedad y hasta es posible que haya habido militantes del Partido Obrero. Los auténticos partidos de izquierda sienten ya un odio africano hacia el ambiguo kirchnerismo. La novedad estuvo en la furiosa reacción de los pasajeros varados. Iban a Quilmes o a Temperley, dos ciudades donde viven sacrificados trabajadores. Pasan gran parte de su día viajando en un sistema de transporte público directamente inhumano. Hacinados siempre, viven con intensidad mientras viajan el calor del verano y el frío del invierno. Si se leen los correos electrónicos de Manuel Vázquez, el ex asesor de Ricardo Jaime (responsable del transporte público durante gran parte del kirchnerismo), es fácil explicarse por qué la corrupción es la razón de una pésima calidad de vida de los ciudadanos.
Ese mismo día, los bancarios impidieron el movimiento de dinero en la sucursal del Banco Nación de Caballito, donde muchos jubilados esperaron durante horas que llegaran los billetes demorados. El apriete del sindicato bancario fue tan grande que el Gobierno decidió, a última hora del jueves, declarar feriado el 24 de diciembre, contra lo que se había anunciado. Miles de argentinos fueron perjudicados por esa decisión inesperada. Nuevas y peores formas de piquetes, con densa humareda o con alambres, cortaban la avenida 9 de Julio. Pequeños asentamientos de indigentes sucedían en muchos espacios públicos de la ciudad; ninguna negociación podía poner fin a la ocupación de Lugano. Un vasto temor era ya fácilmente perceptible en una mayoría social; el Estado no podía garantizar la tranquilidad pública.
El Gobierno se bamboleaba entre culpar a Eduardo Duhalde y Mauricio Macri, y acusar de una conspiración al Partido Obrero y al Movimiento Socialista de Trabajadores (MST). ¿El PO y Macri en un mismo complot? ¿El peronista Duhalde y el izquierdista Néstor Pitrola confabulando juntos? El problema del oficialismo es que no acaba de construir la denuncia de una supuesta conspiración y ya está obligado a imaginar otra. Hay en el fondo, digan lo que digan, un profundo problema social en el país, una calidad de vida de bajísima intensidad para todos los argentinos y una inoperante gestión oficial para resolver cualquier problema.
El Gobierno tiene otro conflicto, además. Carece de autoridad moral para deshacer los piquetes. El oficialismo cuenta con su propia brigada de piqueteros amigos, que le sirven sólo a sus propósitos políticos. ¿Por qué el PO o el MST entenderían el argumento civilizado de su autodisolución cuando los piqueteros kirchneristas están autorizados a usar el espacio público en beneficio político del oficialismo? ¿Por qué esos piqueteros del poder pueden convertirse en fuerzas de choque dentro de zonas liberadas y no lo podrían hacer los piqueteros que se oponen al Gobierno? ¿Por qué Hugo Moyano puede bloquear empresas y acceder luego a Olivos, tan campante, mientras el PO tiene prohibido cerrar calles o vías ferroviarias sin cargar con la culpa de la desestabilización? La democracia es una forma de vida que incluye y compromete a todos.
Las cosas se ponen más confusas cuando se advierte que el Gobierno atraviesa una transición entre el kirchnerismo y el cristinismo. Son dos líneas distintas, aunque parezcan la misma. Sin embargo, el propio cristinismo no carece de contradicciones. La más sobresaliente es la paradoja de convocar a los peronistas a abrirse a otras fuerzas e ideas y, al mismo tiempo, encerrar al Gobierno entre muy pocos de la muy estricta confianza de la Presidenta. Cristina Kirchner privilegia la disciplina prusiana mucho más que su marido, que entendía (aunque le costaba) que el peronismo nunca sería el peronismo sin algo de caos interno.
Al final, entre tanta renovación estética, Cristina terminó descansando más en Julio De Vido que en Héctor Timerman. De Vido es un peronista clásico, cuya mayor virtud es el conocimiento hasta psicológico de todos los Kirchner. De Vido es el que conversa con los empresarios (mucho más que lo que se conoce) y con Moyano, según la confesión pública del jefe cegetista. De Vido es el que le llama "buen chico" en público a Amado Boudou, su par en Economía, y es menos conflictivo que Aníbal Fernández. Su problema irresuelto son las muchas denuncias de corrupción que acosan a su ministerio. De él dependían o dependen, aunque sea formalmente, Ricardo Jaime, Fulvio Madaro, Néstor Ulloa, Claudio Uberti, Daniel Cameron, José López, secretario de Obras Públicas, y, sobre todo, los casos de corrupción que tienen atrapados a éstos en la Justicia.
La Argentina tiene problemas con su presente y con su pasado. El ex dictador Jorge Rafael Videla complicó a Ricardo Balbín en el golpe de Estado de 1976 poco antes de recibir otra condena a prisión perpetua. Se necesita no reconocer ningún límite de dignidad para exhibir el presunto testimonio de un hombre que murió hace casi 30 años y que, por lo tanto, no puede ejercer el derecho a su defensa. Balbín dio testimonio de su convicción democrática hasta el final de su vida, cuando ya muy enfermo ayudó a crear la Multipartidaria para presionar a la dictadura.
Por lo demás, Videla no estaba siendo juzgado por el golpe en sí mismo (motivo de la supuesta e inverosímil conversación con Balbín), sino por el secuestro, tortura y muerte de muchos argentinos. La nula calidad moral de los jerarcas del régimen militar explica también que convirtieran en su momento a las fuerzas del Estado en devastadoras bandas armadas.