POLÍTICA PIGMEA Y CONGELADA
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jueves, 22 de septiembre de 2011
jueves, 25 de agosto de 2011
Construir un relato alternativo. Por Daniel Gustavo Montamat
Tras la crisis del campo y el fracaso electoral del oficialismo en 2009, muchos analistas empezaron a hablar del fin del ciclo K y de la necesidad de estructurar un proyecto poskirchnerista. El oxígeno externo de los términos de intercambio (precio de los productos que exportamos respecto a los que importamos) y la apropiación de otras "cajas" internas de financiamiento del gasto público (AFJP, Reservas del Banco Central) devolvieron a la sociedad la sensación de bonanza económica. Con la economía en recuperación transitoria, el Gobierno rearticuló el relato populista: guerra a los medios "opositores", apropiación política partidaria de los derechos humanos, "fútbol para todos" y consumo "para todos". La muerte del ex presidente fue aprovechada para dotar al relato de misticismo militante, además de operar como borrón y cuenta nueva a las crecientes sospechas e imputaciones de corrupción. La posmodernidad populista había logrado su objetivo del aquí y el ahora: "Cristina, ya ganó".
En el arco opositor, el relato oficial caló tan hondo que, con honrosas excepciones, todos empezaron a asumir "el cristinismo" como la nueva etapa K, dejando para otra oportunidad la idea de consensos catalizadores de un proyecto capaz de erigirse en un relato alternativo no populista, republicano, inclusivo, de desarrollo y de justicia social. En las primarias abiertas triunfó el presente de manera abrumadora, pero, a no equivocarse, una mayoría disgregada aguarda el proyecto y los liderazgos de un futuro inminente.
Cuando Nietzsche concentró su agudeza intelectual en la "deconstrucción" de los metarrelatos que la fe (la religión) y la razón (la ciencia, la política) proveen para estructurar el ser y dar sentido a la existencia, advirtió que aumentaría la angustia existencial en el individuo y en la sociedad. Había que aprender a navegar en la nada. El "superhombre" de Nietzsche es, al fin y al cabo, el que está en condiciones de surfear el devenir, de encontrar sentido existencial en el instante. Con sus ideas, el filósofo alemán había dinamitado el "ser" heredado de la metafísica de Parménides y sembrado la simiente de la hoy ascendiente cultura posmoderna.
En esta misma página planteamos la necesidad de analizar la ola populista argentina y mundial en clave posmoderna. El populismo atiende demandas inmediatas y, a partir de una visión maniquea, se ocupa de la satisfacción del instante sin reparar en las consecuencias. Posmodernidad y populismo convergen en la obsesiva valoración de la gratificación presente. El futuro se descuenta a tasas tan altas que no tiene valor presente. En "el imperio de lo efímero" el futuro no cuenta.
Los Kirchner encarnan liderazgos posmodernos. Siempre tuvieron en cuenta la sucesión de nuevas sensaciones para eternizar el instante de la Argentina posmoderna: "fútbol", "milanesas", "televisión digital", "plasmas", "ascensos", "subsidios". Lo de "para todos" califica la inmediatez consumista, el aquí y el ahora, y persigue la identificación del universo social con las sensaciones de unos pocos que operan como los satisfechos del día.
El relato populista de los K siempre ha buscado surfear el devenir de las sensaciones colectivas (por eso aparece como "todoterreno" para el análisis moderno) y, por definición, no es principista, ni consistente con el pasado (el pasado es un instrumento del relato presente). La estrategia excluyente es hacer lo que sea necesario para preservar el poder presente. Por eso, cualquier mala noticia que desafíe el instante de poder, hay que negarla? todo deviene, todo deja de ser. Si el instante desfavorece, hay que ocuparse del próximo instante y ofrecer una nueva sensación al inconsciente colectivo. La táctica comunicacional conjuga atril, cadena nacional, medios militantes, redes sociales y hasta grageas de Twitter. Todos consustanciados con los ajustes del relato a la sensación de turno.
Alguno replicará a esta altura de la deconstrucción: "Pero ¡funcionó!" Sí, pero el rumbo de colisión es congénito al proceso de retroalimentación populista por restricciones internas y externas que tarde o temprano sobrevienen. Así como la sumatoria de tácticas no define un rumbo estratégico (que no sea el poder por el poder mismo), la sumatoria de corto plazo termina enfrentando a la gestión populista a los problemas de largo plazo. El culto al devenir social, sedante en la inmediatez del presente, deja sin respuesta a los planteos de fondo del ser social argentino (pobreza, inseguridad, trabajo, educación, progreso). Esos problemas, que requieren políticas de largo plazo, tienden a agravarse con el tiempo. El paso del tiempo también licua las rentas apropiables y agota los stocks acumulados que han financiado las sensaciones de consumo existencial. Aunque la construcción del relato político pueda seguir erigiendo enemigos de ocasión, las restricciones financieras y la creciente inflación erosionan el sustento del relato económico. Cuando empiezan a aparecer conejos muertos de la galera, la religión del presente se torna insoportable. Anthony Giddens, el ideólogo inglés de la Tercera Vía, asocia la rebelión juvenil en Europa a la sensación de exclusión consumista. "El no poder comprar es el estigma odioso de una vida sin sentido". De ahí "me rebelo, ergo, existo".
El relato del populismo posmoderno tarde o temprano deriva en "la insoportable levedad" del ser social que procuró manipular. Y así como muchos posmodernos naufragan en la nada, decepcionados de aferrarse a lo efímero, muchas sociedades pagan las consecuencias de haber entrampado su destino en espejismos de corto plazo.
El agotamiento del ciclo K, más allá de la euforia triunfalista de hoy, va a producir una nueva sensación de vacío social. Si se responde a los desafíos que sobrevendrán con otro relato posmoderno, la Argentina seguirá entrampada en el corto plazo y perdiendo posiciones relativas en la región y el mundo. Prisionera de las lacras sociales que ha sido incapaz de superar. Urge acordar y sentar las bases de un relato alternativo moderno, que aprenda del pasado y asuma los problemas del presente ponderando el futuro. Urge reemplazar los liderazgos posmodernos con sesgo y vocación caudillista, por nuevos liderazgos comprometidos con el futuro. No habrá posibilidades de resolver los problemas de corto plazo sin planes de largo plazo. Urge encontrar los estadistas del siglo XXI, preparados para militar en una contracultura refractaria de los atajos populistas y comprometida a honrar la justicia social con su dimensión intergeneracional. Para afrontar los desafíos que se vienen hay que restablecer el valor del diálogo y de los consensos en la democracia. Los consensos deben tener como objetivo la formulación de políticas de Estado de largo plazo que sienten las bases de un proyecto argentino para el siglo XXI. Como el Acuerdo de San Nicolás y la Constitución de 1853 sentaron las bases del proyecto argentino que rigió los destinos del país hasta 1930.
El ciclo populista posmoderno validado en las urnas en el presente ofrece una nueva oportunidad e impone nuevos deberes a los que creen en un futuro de alternancia republicana y políticas de Estado para alcanzar el desarrollo económico y social.
Hay señales que alimentan la esperanza: la labor pionera de ocho ex secretarios de Energía de las distintas administraciones de la democracia en la formulación de políticas de Estado para el sector, a partir del diálogo, las concesiones recíprocas y los consensos; la propuesta de otros cuatro ex secretarios de Agricultura de distintas administraciones de la democracia para otro sector vapuleado por el corto plazo; el documento de consensos institucionales que firmaron varios líderes políticos de distintos partidos en diciembre del 2010. Todas pinceladas incompletas de un cuadro que hay que seguir pintando para que la Argentina actual, prisionera del credo del instante, vuelva a reparar en el futuro de grandeza que corresponde a sus potencialidades.
FUENTE: La Nacion
El autor, ex secretario de Energía, es doctor en Economía y en Derecho y Ciencias Sociales
miércoles, 24 de agosto de 2011
Las próximas cajas
El Gobierno debe combatir el desborde del gasto público y no ceder a la tentación de apropiarse de fondos que no le pertenecen.
La Argentina volverá a exhibir durante 2011 un resultado fiscal deficitario luego de incluir el pago de los intereses de la deuda pública.
El deterioro fiscal no debe atribuirse a circunstancias externas imprevisibles ni a la reducción de los impuestos, sino a la fuerte expansión del gasto público. Se llega a esta situación a pesar del notable aumento de los recursos del fisco de la Nación y de las provincias y municipios.
En los últimos nueve años la presión tributaria ha crecido a un nivel récord, incrementándose en alrededor de diez puntos del producto bruto interno. La muy favorable evolución de nuestras exportaciones, ayudada por la bonanza de los precios internacionales, hizo posible esta evolución. Pero ya es muy difícil esperar nuevos aumentos de precios de nuestras exportaciones agrícolas ni tampoco de las retenciones.
En los últimos años, el desborde del gasto ha debido ser atendido con la apropiación de los ahorros de los jubilados y extrayendo reservas y supuestas utilidades del Banco Central. Si continuara este "modelo" de financiamiento, sólo cabría esperar un aumento en el deterioro fiscal. En ese caso, la única incógnita que deberíamos develar pasa por saber cuáles serán las próximas cajas que descubrirán las autoridades nacionales y cuál el argumento "progresista" que luego se expondrá para justificar la apropiación de los nuevos recursos.
Esta línea de pensamiento se trasluce en el discurso oficial. Cabe recordar que en ocasión de ser presentado como candidato a vicepresidente de la Nación Amado Boudou, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner destacó que fue el actual ministro de Economía quien logró la "recuperación de los fondos (de los jubilados) para los trabajadores" y destacó que "no teme a las corporaciones", refiriéndose a la presión sobre empresas con acciones en manos de la Anses para la distribución de dividendos. Fue también Boudou quien ganó la pulseada frente a Martín Redrado para utilizar las reservas del Banco Central. Parecería que se ganó la candidatura como un descubridor de cajas.
El ministro de Economía no se conformó con estas cajas únicamente. En 2010 y 2011 la total falta de independencia del Banco Central fue aprovechada para lograr la transferencia hacia el Tesoro de cuantiosas utilidades devengadas contablemente por el efecto de la devaluación sobre las reservas, pero no realizadas. Se trata de otra caja cuyo uso conlleva emisión monetaria y el aumento de la inflación.
El premio que ha logrado Boudou será un gran incentivo para que todos los funcionarios con ambiciones de progreso se dediquen a buscar nuevas y ocurrentes fuentes de recursos. Puestos a imaginar, podrían por ejemplo fijar su mirada en los depósitos bancarios o en el direccionamiento del crédito hacia sectores y empresas digitadas por el Gobierno. De esa manera funcionaba el sistema financiero argentino en los años 70, la belle époque del dogma kirchnerista. Claro está que como a los ahorristas les incomodaba depositar sus fondos en bancos cuyos préstamos eran decididos por funcionarios públicos, el sistema terminó funcionando no con depósitos, sino con redescuentos del Banco Central.
Como la imaginación no tiene límites, ni los tiene la voracidad fiscal, no es difícil imaginar tampoco el intento de utilizar fondos que se descuenten de los salarios para la creación de un seguro nacional de salud. La calidad en la prestación de servicios en ese eventual sistema desfinanciado no sería un punto importante: se habría logrado crear el plan de "medicina para todos".
Finalmente, alguien podría pensar en una estatización del comercio exterior, para que el Gobierno pueda controlar los flujos líquidos y, así, demorar cualquier ajuste en las cuentas fiscales.
Puede que iniciativas de esta clase se concreten o no. El resultado de las elecciones de octubre próximo y la composición futura del Congreso serán sin duda determinantes.
Entre la radicalización del populismo que propuso recientemente el funcionario Roberto Feletti y el temor a nuevos manotazos a activos o flujos líquidos por parte del Gobierno para financiar el déficit pueden entenderse las razones por las que los capitales prefieren buscar destinos más seguros que el que ofrece nuestro país. Es de esperar que las autoridades nacionales comprendan esos miedos de los inversores y aporten claridad.
Fuente: La Nación
miércoles, 25 de mayo de 2011
El kirchnerismo y el “negocio” de las cooperativas
UNA CAJA DE LA QUE POCOS HABLAN
Según los datos oficiales, con fecha mayo del 2011, existen 18.164 cooperativas inscriptas en el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social —INAES—, y el grueso de las mismas se dedica a la construcción de viviendas (1642), pero también existe un número importante categorizadas bajo el rubro de “Agropecuaria” (136), “Agropecuaria-Apícola” (7), “Agropecuaria sin industrial” (24), “Agropecuaria Agroindustrial” (46), las distintas clases de “consumo” (120), las distintas clases de crédito (245), “De Provisión” (345), “Servicios Públicos” (1038), “Trabajo” (12.408) y 61 sin categorizar entre las categorías más numerosas. A su vez, también están inscriptas 4.731 Mutuales inscriptas en el organismo público. En su gran mayoría, tanto las cooperativas como las mutuales, no cuentan con líneas de contacto, en otras los datos están incompletos o están desactualizados. El número total, entre mutuales y cooperativas, es de 22.895, no tan alejado del estimativo de 30 mil que calcula el dirigente José Piñero.
En los últimos ocho años, acceder a la información pública, fue una tarea de espionaje. Los boletines oficiales están digitalizados en una tercera parte, la sección tercera, en donde no se encuentras las contrataciones ni los subsidios escandalosos que se publican en las restantes secciones. Sin embargo, el listado y las fechas de inscripción de las cooperativas y mutuales en el INAES, el cual puede descargar cualquier ciudadano, demuestra el aumento exponencial de las mismas. El lector puede pensar que es una virtud o no.
Corre por su cuenta, al igual que criticar o alabar el aumento sustancial de los subsidios a ciertos organismos de derechos humanos pero recordemos que el ex ministro de economía, Roberto Lavagna, decidió dejar su cargo tras denunciar públicamente un sistema de “cartelización” en un congreso de la Cámara Argentina de la Construcción.
A su vez, según un especialista en saquear recursos del Estado-Gobierno citado por el periodista José Antonio Díaz en “La Kaja” informa que el negocio está en “licitar una construcción a un valor de entre un 100 a un 200% por encima del real. Canjear una “comisión” de entre el 15 y el 25% para el funcionario u organismo que concede, a cambio de u “adelanto” de certificación de obra equivalente al 25 o 30% del valor total. Y liquidación, por último, del pago por parte del Estado, aunque la obra no esté finalizada” (1).
Existen, hasta el 19 de abril del 2011, 1642 cooperativas categorizadas como “de construcción de viviendas”. La primer cooperativa inscripta data del 20 de septiembre de 1927 y es la emblemática y hoy desaparecida cooperativa “Hogar Obrero Cooperativa de consumo, edificación y crédito LTDA” que nació en Avenida La Plata 543. Pasaron 84 años y se fundaron 18.164 cooperativas, a razón de 216,23 inauguraciones por año. En cuatro meses del 2011, el promedio se superó pues se inscribieron 286 cooperativas mientras que en el año anterior, 1797. En el 2009, el número ascendió a 3161, una cifra altamente superior al promedio anual de 1927 a la fecha, y en el 2008 descendió a 1031.
¿Existirá alguna explicación lógica de ese subibaja que significa inscribir cooperativas en el INAES? Año 2007 en que se desarrollaron las elecciones presidenciales, el número fue más elevado al año posterior, y alcanzó las 1649 inscripciones. 2006, la cifra es menor aunque nada despreciable: 1444. Se observa que, en los años en que se desarrolla un proceso eleccionario, el monto de inscripciones aumenta. ¿Cómo explicar que en el 2005, el año en que el aparato kirchnerista derrotó al duhaldista en la provincia de Buenos Aires, el número de cooperativas debutantes haya sido de 2210? El subibaja continúa hasta tocar el piso de los primeros años. ¿Existe una relación política entre el fluctuante número de inscripciones de cooperativas y mutuales y los procesos electorales o es pura casualidad?
Durante el duhaldismo —año 2002—, se inscribieron 335 sellos. De más está decir, que la corta presidencia de Adolfo Rodríguez Saá no existieron inscripciones; es más, el país –o al menos este organismo no trabajó o nadie osó inscribirse desde el 10 de diciembre del 2001 hasta el 4 de enero del 2002. Con la Alianza, la oficina de inscripciones se tomó una larga y prolongada siesta pues, en dos años, 560 formularios fueron aprobados. En la década menemista, las empleadas administrativas también se aburrieron bastante pues solo se aprobaron 1130 ingresos, a un promedio de 130 por año, bastante menos que las 3160 del año record: 2009, producto de la reactivación económica, la incursión de un Estado presente y benefactor —imagina el autor— y, por qué no, el auge del cooperativismo como flamante negocio en boga.
Todos los gobiernos, desde 1927 a la fecha y con excepción del desliz de Rodríguez Saá —que no permite una generalización— aprobaron la creación de cooperativas. Si durante el primer peronismo, la inmensa mayoría pertenecía a la categoría de servicios públicos y agropecuarios, durante el kirchnerismo, el incremento mayor representan las cooperativas de trabajo. En fin, 13.868 cooperativas se crearon durante los últimos dos gobiernos —Néstor Kirchner y Cristina Fernández— a razón de 1.733,5 por año lo que significa que dos gobiernos crearon el 76,34% del total de cooperativas inscriptas en la historia reciente —y no tan reciente— de la historia argentina.
Luis Gasulla
Próxima entrega: ¿El cooperativismo es un fenómeno de la ciudad de Buenos Aires o es federal?
[1] Díaz, José Antonio. “La Kaja. Kirchner S.A.” Editorial Sudamericana, 2007, página 53.
fuente: Tribuna
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