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miércoles, 24 de agosto de 2011

Las próximas cajas

El Gobierno debe combatir el desborde del gasto público y no ceder a la tentación de apropiarse de fondos que no le pertenecen.



La Argentina volverá a exhibir durante 2011 un resultado fiscal deficitario luego de incluir el pago de los intereses de la deuda pública.
El deterioro fiscal no debe atribuirse a circunstancias externas imprevisibles ni a la reducción de los impuestos, sino a la fuerte expansión del gasto público. Se llega a esta situación a pesar del notable aumento de los recursos del fisco de la Nación y de las provincias y municipios.
En los últimos nueve años la presión tributaria ha crecido a un nivel récord, incrementándose en alrededor de diez puntos del producto bruto interno. La muy favorable evolución de nuestras exportaciones, ayudada por la bonanza de los precios internacionales, hizo posible esta evolución. Pero ya es muy difícil esperar nuevos aumentos de precios de nuestras exportaciones agrícolas ni tampoco de las retenciones.
En los últimos años, el desborde del gasto ha debido ser atendido con la apropiación de los ahorros de los jubilados y extrayendo reservas y supuestas utilidades del Banco Central. Si continuara este "modelo" de financiamiento, sólo cabría esperar un aumento en el deterioro fiscal. En ese caso, la única incógnita que deberíamos develar pasa por saber cuáles serán las próximas cajas que descubrirán las autoridades nacionales y cuál el argumento "progresista" que luego se expondrá para justificar la apropiación de los nuevos recursos.
Esta línea de pensamiento se trasluce en el discurso oficial. Cabe recordar que en ocasión de ser presentado como candidato a vicepresidente de la Nación Amado Boudou, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner destacó que fue el actual ministro de Economía quien logró la "recuperación de los fondos (de los jubilados) para los trabajadores" y destacó que "no teme a las corporaciones", refiriéndose a la presión sobre empresas con acciones en manos de la Anses para la distribución de dividendos. Fue también Boudou quien ganó la pulseada frente a Martín Redrado para utilizar las reservas del Banco Central. Parecería que se ganó la candidatura como un descubridor de cajas.
El ministro de Economía no se conformó con estas cajas únicamente. En 2010 y 2011 la total falta de independencia del Banco Central fue aprovechada para lograr la transferencia hacia el Tesoro de cuantiosas utilidades devengadas contablemente por el efecto de la devaluación sobre las reservas, pero no realizadas. Se trata de otra caja cuyo uso conlleva emisión monetaria y el aumento de la inflación.
El premio que ha logrado Boudou será un gran incentivo para que todos los funcionarios con ambiciones de progreso se dediquen a buscar nuevas y ocurrentes fuentes de recursos. Puestos a imaginar, podrían por ejemplo fijar su mirada en los depósitos bancarios o en el direccionamiento del crédito hacia sectores y empresas digitadas por el Gobierno. De esa manera funcionaba el sistema financiero argentino en los años 70, la belle époque del dogma kirchnerista. Claro está que como a los ahorristas les incomodaba depositar sus fondos en bancos cuyos préstamos eran decididos por funcionarios públicos, el sistema terminó funcionando no con depósitos, sino con redescuentos del Banco Central.
Como la imaginación no tiene límites, ni los tiene la voracidad fiscal, no es difícil imaginar tampoco el intento de utilizar fondos que se descuenten de los salarios para la creación de un seguro nacional de salud. La calidad en la prestación de servicios en ese eventual sistema desfinanciado no sería un punto importante: se habría logrado crear el plan de "medicina para todos".
Finalmente, alguien podría pensar en una estatización del comercio exterior, para que el Gobierno pueda controlar los flujos líquidos y, así, demorar cualquier ajuste en las cuentas fiscales.
Puede que iniciativas de esta clase se concreten o no. El resultado de las elecciones de octubre próximo y la composición futura del Congreso serán sin duda determinantes.
Entre la radicalización del populismo que propuso recientemente el funcionario Roberto Feletti y el temor a nuevos manotazos a activos o flujos líquidos por parte del Gobierno para financiar el déficit pueden entenderse las razones por las que los capitales prefieren buscar destinos más seguros que el que ofrece nuestro país. Es de esperar que las autoridades nacionales comprendan esos miedos de los inversores y aporten claridad.
Fuente: La Nación

domingo, 22 de mayo de 2011

Montoneros, moyanistas y republicanos. Por Mariano Grondona


En un reportaje que publicó la revista Debate , el viceministro de Economía, Roberto Feletti , dijo que "el populismo debería radicalizarse", agregando, para sostener su afirmación, que "uno de los problemas del populismo es que no era sustentable, ya que no podía apropiarse de factores de renta importantes. Esto es lo que cambió. Ganada la batalla cultural contra los medios y con un posible triunfo electoral en ciernes, no tenés límites". Estas declaraciones fueron contradichas por el ministro de Economía, Amado Boudou, el superior de Feletti, y por el ministro del Interior, Florencio Randazzo. Al hablar de la "apropiación de los factores de renta", ¿se estaba refiriendo Feletti a una posible revancha por la derrota que sufrió el Gobierno en 2008, cuando pretendió apropiarse de la renta de la soja y sólo consiguió llevar las retenciones al 35 por ciento? Al refutarlo, ¿estaban Boudou y Randazzo condenando de cuajo la renovada pretensión apropiatoria de Feletti o se limitaban a contradecirlo porque les pareció inoportuna ya que, si el Gobierno aspira a "ir por todo" contra el campo y contra empresas como Techint, el momento oportuno para hacerlo no sería "antes" de las elecciones de octubre, sino "después", para no ahuyentar desde ahora a los votantes de la clase media? Según esta hipótesis, el pecado de Feletti no habría consistido en proclamar su adhesión al "populismo radicalizado" que comparte con los sectores "duros" del kirchnerismo, sino en haberse apresurado.
Si entendemos por populismo la apropiación de la renta privada para volcarla a las arcas del Estado so pretexto de acelerar la "inclusión social" en vez de alentar a las empresas a que reinviertan sus utilidades a cambio de la consiguiente seguridad jurídica -esto sería "capitalismo"- la acusación de "populista" le había llegado hasta ahora al Gobierno desde la oposición. Pero Feletti, a la manera kirchnerista, dobló la apuesta al confesar que es populista, tomando así las críticas opositoras como un nuevo trofeo. Sólo la remoción de este viceministro que aspira a ser el próximo ministro de Economía para sustituir a Boudou si Cristina lo lanzaba a la ciudad -cosa que no ocurrió: irá Filmus- o, incluso, si lo consagra como su candidato a vicepresidente, dejaría a la "apropiación de la renta" fuera del horizonte kirchnerista. Pero esta remoción, hasta ahora, no se ha concretado.
Entre Montoneros y Moyano
Mientras continúe la confusión en las filas opositoras, la principal preocupación de la Presidenta es la tensión entre sus propios partidarios. ¿Hasta dónde llegará la confrontación entre algunos miembros del núcleo duro del kirchnerismo que la rodea -Verbitsky, Kunkel, Zannini?- y el sindicalista Moyano ? Sus orígenes no pueden ser más opuestos. De un lado, el "núcleo duro" proviene directamente de los Montoneros. El diputado Kunkel fue el superior directo de Néstor Kirchner en la Juventud Peronista de La Plata. Los sucesores actuales de los Montoneros no difieren de los Montoneros originales en sus fines últimos, sino en su estrategia. Estos, que apelaron a la violencia, fueron derrotados por las Fuerzas Armadas en la más sangrienta de las décadas. Aquéllos sacaron la lección de su derrota convirtiéndose, ya en democracia, enMontoneros desarmados . Aunque ya no apelan al crimen organizado, no por eso han abandonado la meta final que también caracterizaba a sus antecesores: la búsqueda del poder. Sólo que ahora, siguiendo las lecciones del comunista italiano Antonio Gramsci, quien ya no proponía conquistar el poder por la violencia, sino a través de la conversión cultural de la clase media -Gramsci decía que el comunismo triunfaría en Italia solamente cuando los descendientes de Giovanni Agnelli se hicieran comunistas-, los Montoneros de hoy apelan a ganar, mediante la ley de medios, la batalla cultural.
Esta estrategia es opuesta a la ideología sindical cuyo origen, como el del primer Perón aunque no por cierto en la versión del último Perón, es fascista. Una vez, el rey de España Carlos V refutó con ironía a quienes le recomendaban combatir al rey Francisco I de Francia diciendo: "¡Pero si mi primo Francisco y yo estamos de acuerdo: los dos queremos Milán!". Y bien, Moyano y los sucesores de los Montoneros también quieren lo mismo: el poder. Pero el poder, así concebido, no se comparte. El odio entre el sindicalismo peronista y los Montoneros culminó el 20 de junio de 1973, cuando ambos bandos se masacraron en Ezeiza. Hoy, la relación entre el moyanismo y el núcleo duro del kirchnerismo se ha vuelto más astuta y hasta laberíntica, pero continúa siendo verdad que los dos quieren Milán.
¿La República perdida?
Hacia los años veinte, cuando Europa parecía desgarrarse entre el fascismo y el comunismo, Ortega y Gasset se hizo esta ansiosa pregunta: "¿Dónde están los liberales"?. Si uno advierte que tanto el moyanismo como el núcleo duro del kirchnerismo son autoritarios porque buscan un poder no domesticado por nuestras instituciones democráticas, la pregunta de Ortega, actualizada, sería la siguiente: si los grupos de poder cuya tensión rodea a la Presidenta son, ambos, autoritarios, ¿dónde están los republicanos , dónde están aquellos que no creen en la unidad del poder, sino en la división de los poderes ? ¿Diríamos que sólo entre los vacilantes opositores?
La batalla por la república democrática, en tal caso, ¿estaría perdida? ¿Sería inevitable que Cristina Kirchner, de ganar en octubre, lanzara de inmediato una propuesta "reeleccionista" mediante una consulta popular como la que acaba de hacer el gobernador Gioja en San Juan? Un reciente artículo del analista político Rosendo Fraga en Clarín, que lleva por título "Una cultura política a dos velocidades", que después amplió en una conferencia en la UADE, ¿podría devolvernos el optimismo?
La tesis de Fraga es que, contra lo que aparece a primera vista, el fervor por la república democrática florece en los seis mayores distritos de la Argentina. Tanto la provincia de Buenos Aires como la Capital Federal, tanto la provincia de Córdoba como la de Santa Fe (que hoy celebra elecciones primarias), al igual que las provincias de Mendoza y Entre Ríos, un conjunto de distritos donde vive el 70 por ciento de los argentinos, han reunido desde el advenimiento de la democracia en 1983 los siguientes caracteres: en ninguno de ellos hay reelecciones indefinidas; todos ellos han respetado la composición de sus cortes supremas; en todos ellos el Poder Ejecutivo está en minoría en las cámaras legislativas, pero también fueron capaces de aprobar sus presupuestos mediante el consenso.
¿No son éstos, acaso, los caracteres típicos de las repúblicas democráticas? Pero el "republicanismo" de los grandes distritos, continúa Fraga, no se ha repetido en otros dos niveles: ni en las 18 provincias llamadas "chicas", todavía sometidas a políticas hegemónicas, ni en el orden nacional, que estuvo casi siempre conducido, desde 1989 hasta la fecha, por presidentes provenientes del hegemonismo "pequeño-provincial", desde el riojano Menem hasta los santacruceños Kirchner. Lo cual significa que la Argentina todavía es políticamente bicultural . Y lo cual también significa que la crucial batalla entre una cultura autoritaria y una cultura democrática aún no está definida. Si Cristina se replegara y fuera sustituida por la candidatura presidencial de Daniel Scioli, diríamos que los republicanos podrían ganarla. Si se presenta y gana porque persisten las falencias de la oposición, la batalla entre nuestras dos culturas políticas, simplemente, continuará.
Fuente: La Nación

viernes, 20 de mayo de 2011

Populismo y pobreza. Por Roberto Cachanosky

El hombre que produce mientras los demás disponen de su producto es un esclavo. 
Ayn Rand




El viceministro de Economía, Roberto Feletti acaba de afirmar que "el populismo -al que muchos critican- debería radicalizarse. Uno de los problemas del populismo es que no era sustentable, ya que no podía apropiarse de factores de renta importantes. Esto es lo que cambió. Un proceso de estas características necesariamente debería profundizarse." Al hablar de profundizar el populismo Feletti reconoce que la política kirchnerista ha sido populista. La próxima etapa sería de más populismo, de acuerdo a sus declaraciones.
Si el objetivo final de una política económica es mejorar la calidad de vida de la población con mejores salarios, condiciones laborales, eliminación de la pobreza e indigencia, terminar con la desocupación, etc., el camino más lógico es generar las condiciones institucionales para atraer inversiones que creen nuevos puestos de trabajo y permitan elevar los salarios y las condiciones laborales. Si efectivamente uno quiere mejorar la calidad de vida de la población, no hay otra alternativa que transformar al país en un lugar atractivo para que las empresas hundan sus inversiones. La pregunta que surge es si el populismo kirchnerista que desea profundizar Feletti ha logrado el objetivo de atraer inversiones.
La pregunta que surge es si el populismo kirchnerista que desea profundizar Feletti ha logrado el objetivo de atraer inversiones.
De acuerdo a la Cepal, una institución que difícilmente pueda ser catalogada de liberal, acaba de informar las estadísticas de Inversión Extranjera Directa (IED) en América latina durante 2010. Los datos que surgen son los siguientes. El año pasado, la región recibió U$S 85.143 millones de IED. De ese monto, fueron a Brasil U$S 48.462 millones, a Chile U$S 15.095 millones, a Perú U$S 7328 millones, a Colombia U$S 6.760 millones y la Argentina quedó relegada en el 5° puesto con sólo U$S 6193 millones. Cabe recordar que la Argentina solía ostentar el 2° o 3° puesto dependiendo de si se incluye a México o no. Estos datos reflejan que el populismo que pretende profundizar Feletti lejos ha estado de crear las condiciones necesarias para atraer inversiones y mejorar la calidad de vida de los argentinos, particularmente de los más humildes. Ese populismo ha tenido efectos adversos sobre el conjunto de la sociedad en general y de los más humildes en particular porque no solo no atrajo inversiones, sino que además generó un proceso inflacionario que castiga a los más pobres con mayor intensidad.
Pero tomemos datos del BCRA. Entre 2003 y el primer trimestre de este año, la fuga de capitales llegó a los U$S 69.565 millones. Para que el lector tenga una idea del monto fugado y no invertido en el país, podemos relacionarlo con el total de los depósitos del sector privado en el sistema financiero. Al momento de redactar esta nota los depósitos del sector privado equivalen a U$S 69.800 millones. Es decir, el populismo kirchnerista generó una fuga de capitales equivalente a todos los depósitos del sector privado. De no haberse producido esa fuga, hoy el sistema financiero debería tener le doble de depósitos y, por lo tanto, la ausencia de crédito que tanto preocupa a la Presidenta no hubiese existido si hubiesen imperados reglas de juego eficientes y estables.
Lo curioso es que el populismo que intenta profundizar el funcionario kichnerista, produce un efecto casi ridículo. ¿Por qué? Porque si bien parte de esa fuga de capitales puede estar en las cajas de seguridad o debajo del colchón, una parte no menor está invertida en activos financieros de los países desarrollados. Es muy raro que alguien fugue capitales para depositarlos en la populista Venezuela de Chávez o en la cuba sometida a la dictadura de Fidel Castro. Los capitales se fugan, por ejemplo, hacia EE.UU. ¿Qué es lo ridículo? Que la inseguridad jurídica que genera el populismo se traduzca en una fuga de ahorros hacia países desarrollados, por lo tanto, el resultado ridículo es que países pobres como el nuestro terminan financiando el consumo y la inversión de los países desarrollados. El populismo hace que los países pobres financien a los países ricos. En vez de atraer inversiones que generen puestos de trabajo aquí, las espanta y generan puestos de trabajo en los países más avanzados. Parte de esos casi U$S 70.000 millones que se fugaron en la era kirchnerista deberían hoy estar en el sistema financiero local financiando créditos. Y no lo están porque no hubo ni hay seguridad jurídica sobre los derechos de propiedad.
Lo curioso es que el populismo que intenta profundizar el funcionario kichnerista, produce un efecto casi ridículo
Feletti sostiene que el populismo ahora es sustentable porque actualmente puede apropiarse de rentas importantes. Es decir, su esquema de pensamiento no apunta a atraer inversiones para crear puestos de trabajo para darle dignidad a la gente de vivir de sus ingresos, sino a un efecto de corto plazo de mejorar transitoriamente a algunos sectores confiscando ingresos de otros, que él considera rentas importantes, para luego redistribuirlos.
En rigor tengo mis dudas de que ahora sí el populismo sea sustentable porque, según Feletti, existen rentas que antes no existían. Si así fuera el BCRA no estaría aplicando el fenomenal impuesto inflacionario que genera ni tendría la mitad de sus reservas comprometidas contra deuda de corto plazo. Con la renta que se apropia el Gobierno actualmente tendría que poder financiar el populismo sin necesidad de que el Banco Central financie al Gobierno con el impuesto inflacionario.
Pero en todo caso habrá que preguntarse si, aun suponiendo que ahora hay rentas expropiables, es sustentable el populismo en el largo plazo. En efecto, para que sea sustentable, esas rentas extraordinarias deben sostenerse en el largo plazo para financiar el populismo propuesto por el kirchnerismo. Ahora bien, ¿qué es una renta extraordinaria? Una renta que supera la tasa rentabilidad de otros sectores de la economía. Supongamos que alguien descubre que vender pizzas de palta es un muy buen negocio y la rentabilidad de la inversión en las pizzas de palta es del 20% contra un promedio de rentabilidad del resto de los sectores de la economía del 12%. En un país que atrae inversiones y el Estado no estorba la producción, nuevos competidores harán pizzas de palta copiando al primero. Aumentará la inversión, habrá más puestos de trabajo, más salarios y la economía crece. La propuesta del populismo kirchnerista es quitarle al primero que descubrió la rentabilidad del 20% en pizzas de palta hasta llevarla, digamos, al 12% promedio del mercado. Al quitarle compulsivamente esa rentabilidad extraordinaria, no habrá estímulos para que otros inversores apuestan a la pizza de palta, en consecuencia no se crearán nuevos puestos de trabajo, ni se pagarán más salarios, ni habrá crecimiento. Es más, quien ganaba el 20% y ahora el Estado le quita la renta extraordinaria no tendrá estímulos para ampliar su empresa. Por otro lado, el mensaje a los inversores será: todo aquél que descubra una demanda insatisfecha y logre una rentabilidad extraordinaria, será expropiado por el Estado. Si esta es la regla de juego, no habrá inversión de riesgo ni renta extraordinaria, con lo cual, el populismo es insostenible en el largo plazo. O si lo es, solo condena a la población a niveles de estancamiento o de creciente pobreza.
Son dos propuestas diferentes. Mientras unos proponen seguridad jurídica para atraer inversiones, crear puestos de trabajo y dignificar a la población con mejores ingresos y trabajo, el populismo kirchnerista que se pretende profundizar traba el crecimiento en base a inversiones y hace que la gente sea dependiente de las dádivas que pueda repartir el Estado.
Como puede verse, el debate populismo versus estado limitado con seguridad jurídica no sólo se diferencia en la propuesta económica, sino que tienen visiones diferentes del ser humano. En el segundo caso se impulsa la dignidad del trabajo, del esfuerzo personal, el espíritu de innovación y emprendedor y del combate de la pobreza. En el segundo, se denigra al ser humano quitándole estímulos para trabajar, innovar e invertir, limitándolo a un ser dependiente del burócrata de turno. Esa persona no puede llegar a su hogar con el orgullo de mantener a su familia con el fruto de su trabajo, sino que termina siendo humillado ante los ojos de su familia por no tener la oportunidad de mantenerla con su salario dado que el populismo no crea más puestos de trabajo, solo redistribuye lo existente. Y lo existente tiende a ser cada vez menos porque el populismo expropia ingresos y stocks. En consecuencia se genera menos riqueza y lo que queda para repartir es cada vez menos. El ejemplo más categórico es el de la producción ganadera. En 2005, la propuesta populista fue frenar las exportaciones de carne para ofrecer, en el corto plazo, carne barata. Fue tal el fracaso de este populismo que se consumieron 15 millones de cabezas de stock ganadero, bajó la oferta y subió el precio al punto tal que la presidenta lanzó primero el plan Milanesas para Todos y luego Carne Para Todos. Y, ahora Moreno vuelve a prohibir la exportación de carne. Si tan exitoso hubiese sido el modelo populista, hoy ya tendríamos que tener carne barata en las carnicerías. Pero de eso no hay.
Probablemente Feletti esté pensando en la santa soja como la nueva fuente de renta a expropiar. Es probable que por un tiempo la soja ofrezca la posibilidad de apropiarse de esa renta, pero el día que los fondos de inversión vendan sus posiciones de commodities y vayan hacia la tasa de interés, se acabará la renta para redistribuir y el populismo quedará sin financiamiento.
Nos enfrentamos así, a dos modelos totalmente contrapuestos. Uno consiste en usar el precio de la soja para hacer populismo. El día que la soja, por cualquier causa, deje de generar esa renta, el populismo se derrumba. No es un proyecto de largo plazo. Es un proyecto que trata de aprovechar una coyuntura transitoria para generar una artificialidad de bienestar. El otro modelo no basa la mejora de la población en la soja, sino en el establecimiento de condiciones institucionales que atraigan inversiones, creen más riqueza, crecimiento y salarios.
El otro aspecto tiene que ver con la visión que uno tenga del ser humano. El populismo ve al ser humano como alguien a quien sojuzgar y mantenerlo preso de la arbitrariedad del populista de turno. Ve a la gente como un conjunto de seres incapaces de prosperar por su propia iniciativa que debe ser guiado por un supuesto ser iluminado y que se considera superior al resto de la sociedad.
El populismo kirchnerista que se pretende profundizar traba el crecimiento
La visión institucionalista ve al ser humano como alguien al que hay de devolverle la dignidad de vivir de su trabajo, creando las condiciones institucionales para que cada uno despliegue su capacidad de innovación y que la búsqueda de rentas extraordinarias generen un flujo de inversiones creadoras de puestos de trabajo. No busca un ser iluminado como fuente de crecimiento, sino instituciones, reglas de juego para que la gente busque su propia felicidad.
En definitiva, la propuesta de profundizar el populismo kirchnerista va mucho más allá de una cuestión económica. Lo fundamental es la visión que se tiene del ser humano y la dignidad con que va a ser tratado en uno u otro sistema.
Pero, finalmente, un punto que no es menor. El populismo, para ser aplicado, reclama la suma del poder público. Desprecia la democracia republicana porque le impide llevar a cabo el avance del Estado sobre la propiedad privada, sea ésta en forma de stocks o de flujos. Por definición el populismo requiere de una aparto burocrático para controlar y digitar los recursos de la economía, aparato burocrático que no tiene que tener límites a su accionar. En consecuencia el populismo es incompatible con la democracia republicana.
Como puede observarse, en octubre se juega mucho más que un sistema de precios, tipo de cambio o modelo de comercio exterior. Se juega, nada más y nada menos, que la dignidad y la libertad de las personas.