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jueves, 25 de agosto de 2011

Construir un relato alternativo. Por Daniel Gustavo Montamat


Tras la crisis del campo y el fracaso electoral del oficialismo en 2009, muchos analistas empezaron a hablar del fin del ciclo K y de la necesidad de estructurar un proyecto poskirchnerista. El oxígeno externo de los términos de intercambio (precio de los productos que exportamos respecto a los que importamos) y la apropiación de otras "cajas" internas de financiamiento del gasto público (AFJP, Reservas del Banco Central) devolvieron a la sociedad la sensación de bonanza económica. Con la economía en recuperación transitoria, el Gobierno rearticuló el relato populista: guerra a los medios "opositores", apropiación política partidaria de los derechos humanos, "fútbol para todos" y consumo "para todos". La muerte del ex presidente fue aprovechada para dotar al relato de misticismo militante, además de operar como borrón y cuenta nueva a las crecientes sospechas e imputaciones de corrupción. La posmodernidad populista había logrado su objetivo del aquí y el ahora: "Cristina, ya ganó".
En el arco opositor, el relato oficial caló tan hondo que, con honrosas excepciones, todos empezaron a asumir "el cristinismo" como la nueva etapa K, dejando para otra oportunidad la idea de consensos catalizadores de un proyecto capaz de erigirse en un relato alternativo no populista, republicano, inclusivo, de desarrollo y de justicia social. En las primarias abiertas triunfó el presente de manera abrumadora, pero, a no equivocarse, una mayoría disgregada aguarda el proyecto y los liderazgos de un futuro inminente.
Cuando Nietzsche concentró su agudeza intelectual en la "deconstrucción" de los metarrelatos que la fe (la religión) y la razón (la ciencia, la política) proveen para estructurar el ser y dar sentido a la existencia, advirtió que aumentaría la angustia existencial en el individuo y en la sociedad. Había que aprender a navegar en la nada. El "superhombre" de Nietzsche es, al fin y al cabo, el que está en condiciones de surfear el devenir, de encontrar sentido existencial en el instante. Con sus ideas, el filósofo alemán había dinamitado el "ser" heredado de la metafísica de Parménides y sembrado la simiente de la hoy ascendiente cultura posmoderna.
En esta misma página planteamos la necesidad de analizar la ola populista argentina y mundial en clave posmoderna. El populismo atiende demandas inmediatas y, a partir de una visión maniquea, se ocupa de la satisfacción del instante sin reparar en las consecuencias. Posmodernidad y populismo convergen en la obsesiva valoración de la gratificación presente. El futuro se descuenta a tasas tan altas que no tiene valor presente. En "el imperio de lo efímero" el futuro no cuenta.
Los Kirchner encarnan liderazgos posmodernos. Siempre tuvieron en cuenta la sucesión de nuevas sensaciones para eternizar el instante de la Argentina posmoderna: "fútbol", "milanesas", "televisión digital", "plasmas", "ascensos", "subsidios". Lo de "para todos" califica la inmediatez consumista, el aquí y el ahora, y persigue la identificación del universo social con las sensaciones de unos pocos que operan como los satisfechos del día.
El relato populista de los K siempre ha buscado surfear el devenir de las sensaciones colectivas (por eso aparece como "todoterreno" para el análisis moderno) y, por definición, no es principista, ni consistente con el pasado (el pasado es un instrumento del relato presente). La estrategia excluyente es hacer lo que sea necesario para preservar el poder presente. Por eso, cualquier mala noticia que desafíe el instante de poder, hay que negarla? todo deviene, todo deja de ser. Si el instante desfavorece, hay que ocuparse del próximo instante y ofrecer una nueva sensación al inconsciente colectivo. La táctica comunicacional conjuga atril, cadena nacional, medios militantes, redes sociales y hasta grageas de Twitter. Todos consustanciados con los ajustes del relato a la sensación de turno.
Alguno replicará a esta altura de la deconstrucción: "Pero ¡funcionó!" Sí, pero el rumbo de colisión es congénito al proceso de retroalimentación populista por restricciones internas y externas que tarde o temprano sobrevienen. Así como la sumatoria de tácticas no define un rumbo estratégico (que no sea el poder por el poder mismo), la sumatoria de corto plazo termina enfrentando a la gestión populista a los problemas de largo plazo. El culto al devenir social, sedante en la inmediatez del presente, deja sin respuesta a los planteos de fondo del ser social argentino (pobreza, inseguridad, trabajo, educación, progreso). Esos problemas, que requieren políticas de largo plazo, tienden a agravarse con el tiempo. El paso del tiempo también licua las rentas apropiables y agota los stocks acumulados que han financiado las sensaciones de consumo existencial. Aunque la construcción del relato político pueda seguir erigiendo enemigos de ocasión, las restricciones financieras y la creciente inflación erosionan el sustento del relato económico. Cuando empiezan a aparecer conejos muertos de la galera, la religión del presente se torna insoportable. Anthony Giddens, el ideólogo inglés de la Tercera Vía, asocia la rebelión juvenil en Europa a la sensación de exclusión consumista. "El no poder comprar es el estigma odioso de una vida sin sentido". De ahí "me rebelo, ergo, existo".
El relato del populismo posmoderno tarde o temprano deriva en "la insoportable levedad" del ser social que procuró manipular. Y así como muchos posmodernos naufragan en la nada, decepcionados de aferrarse a lo efímero, muchas sociedades pagan las consecuencias de haber entrampado su destino en espejismos de corto plazo.
El agotamiento del ciclo K, más allá de la euforia triunfalista de hoy, va a producir una nueva sensación de vacío social. Si se responde a los desafíos que sobrevendrán con otro relato posmoderno, la Argentina seguirá entrampada en el corto plazo y perdiendo posiciones relativas en la región y el mundo. Prisionera de las lacras sociales que ha sido incapaz de superar. Urge acordar y sentar las bases de un relato alternativo moderno, que aprenda del pasado y asuma los problemas del presente ponderando el futuro. Urge reemplazar los liderazgos posmodernos con sesgo y vocación caudillista, por nuevos liderazgos comprometidos con el futuro. No habrá posibilidades de resolver los problemas de corto plazo sin planes de largo plazo. Urge encontrar los estadistas del siglo XXI, preparados para militar en una contracultura refractaria de los atajos populistas y comprometida a honrar la justicia social con su dimensión intergeneracional. Para afrontar los desafíos que se vienen hay que restablecer el valor del diálogo y de los consensos en la democracia. Los consensos deben tener como objetivo la formulación de políticas de Estado de largo plazo que sienten las bases de un proyecto argentino para el siglo XXI. Como el Acuerdo de San Nicolás y la Constitución de 1853 sentaron las bases del proyecto argentino que rigió los destinos del país hasta 1930.
El ciclo populista posmoderno validado en las urnas en el presente ofrece una nueva oportunidad e impone nuevos deberes a los que creen en un futuro de alternancia republicana y políticas de Estado para alcanzar el desarrollo económico y social.
Hay señales que alimentan la esperanza: la labor pionera de ocho ex secretarios de Energía de las distintas administraciones de la democracia en la formulación de políticas de Estado para el sector, a partir del diálogo, las concesiones recíprocas y los consensos; la propuesta de otros cuatro ex secretarios de Agricultura de distintas administraciones de la democracia para otro sector vapuleado por el corto plazo; el documento de consensos institucionales que firmaron varios líderes políticos de distintos partidos en diciembre del 2010. Todas pinceladas incompletas de un cuadro que hay que seguir pintando para que la Argentina actual, prisionera del credo del instante, vuelva a reparar en el futuro de grandeza que corresponde a sus potencialidades.
FUENTE:  La Nacion
El autor, ex secretario de Energía, es doctor en Economía y en Derecho y Ciencias Sociales

domingo, 24 de abril de 2011

HUMOR POLITICO: Había una vez un directorio...


…con unos señores muy feos, dueños de una empresa que fabricaba chocolates. Como a todos los chicos les encanta el chocolate, la empresa ganaba mucha mucha plata. Los gobernantes de turno siempre pedían que reinvirtieran esa ganancia para crear más fábricas , con más trabajo para los papis, para que éstos, a su vez, pudieran comprarles más chocolates a los chicos. Pero como los gobernantes siempre eran muy pelotudos y no respetaban ni las leyes ni el estado de derecho , los señores feos, dueños de la empresa, no tenían confianza en el país y, por eso, acordaban en las reuniones de directorio que en lugar de construir más fábricas de caramelos y chupetines era mejor repartirse la mosca para comprar departamentos en Punta del Este, cambiar el Mercedes y contratar muchas muchas putas.
Hace muchísimos años hubo elecciones en el reino y todos votaron por Menem (los dueños de las fábricas, los que trabajaban en las fábricas y casi todos los que ahora están en el gobierno kirchnerista). El nuevo rey sacó una montaña de votos (una montaña alta alta como la que prontito prontito, va a sacar la señorita Cristina).
Una de las primeras cosas que hizo Menem f ue inventar las AFJP , que eran unas empresas que guardaban los ahorros de los trabajadores para cuando fueran viejitos. Con esa platita, las AFJP compraban acciones, que son partecitas chiquitas chiquititas de empresas (por ejemplo de fábricas de chocolate), que las venden en la Bolsa para juntar más plata, crecer y un día ser grandotas grandotas . Algunas crecieron, y otras prefirieron cerrar y traer chocolates de Suiza que son mucho más ricos. Pero al cerrar estas fábricas, despidieron a un montón de papis que dejaron de comprarles chocolates a sus chicos.
Los dueños de las famosas AFJP eran feos y malos , y les cobraban a los futuros abuelitos suculentas comisiones. A fin de año, se juntaban en reunión de directorio con toda esa plata y uno de ellos preguntaba: “¿Quién quiere un BMW Z4 con un motor de 3.000 cm3 de cilindrada y 250 caballos de fuerza?” “¡¡¡Yoooo!!!” , gritaban todos. Entonces se repartían la platita y se iban todos a comprar sus BMW Z4 con 3.000 cm3 de cilindrada y 250 caballos de fuerza, y a la noche se juntaban a festejar con muchas muchas putas.
Un día se fue Menem y vino un señor medio bobo, asesorado por unos chicos todavía más bobos que, en lugar de chocolates, les gustaba comer pescado crudo (puajjjjj, qué asco). Pero eran tan bobos tan bobos que, al poco tiempo, se armó un lío bárbaro. Hasta que llegó un señor gordito y bajito, y empezó a resolver el problema ( que él mismo había creado ). Luego trajo a un señor flacucho y alto, y las fábricas empezaron a hacer chocolate otra vez.
El señor alto le pasó el trono a su esposa, la señorita Cristina, y juntos pensaron:“¿Y si un día vuelven los señores bobos bobos? ¿Por qué no nos quedamos nosotros para siempre que somos mucho más vivos , y a los que no estén de acuerdo les hacemos chas chas en la colita?” Para eso necesitaban tener mucha plata, usarla como se les cante el upite y, de ese modo, en las eleccionesconseguir montañas de votos para la señorita Cristina . Entonces decidieron sacarles las AFJP a los señores malos y cuidar ellos mismos la platita. Todos apoyamos la medida porque era muy buena, terminaba con esos señores malos y recuperaba la platita para el reino . Algunos legisladores exigieron el control parlamentario del dinero, porque ya se veían venir dónde estaba la trampita del falso progresismo (nene, andá llamando a tu papi para que te explique esto mejor), pero nadie les dio bolilla. Con esa platita, en lugar de hacer trenes, rutas y todas esas cosas, empezaron a financiar a los papás para que puedan comprarse el LCD y vos puedas ver Disney Channel en High Definition .
Cuando rompieron el chanchito de las AFJP encontraron que, además de la platita de los viejitos, también estaban las acciones de algunas empresas. Y como tenían los chanchitos de todas las AFJP, juntaron un pilón de acciones asíííííí de grande. Pese a que de algunas empresas tenían hasta el 25% de las acciones, la ley les impedía ejercer el paquete accionario más allá del 5%. Entonces la señorita Cristina,con su varita mágica y un DNU , modificó la ley y permitió la participación estatal en los directorios por el total de la tenencia accionaria (¿llamaste a tu papi ya?). Para eso, mandaron a unos chicos buenos del jardín de infantes “La Camporita” que cuando sean grandes van a querer lograr dos cosas: A) hacer una sociedad más justa, y B) comprarse un BMW Z4 con 3.000 cm3 de cilindrada y 250 caballos de fuerza para salir a festejar con muchas muchas putas.
Algunas empresas (las que fabrican los chocolates que le gustan a la señorita Cristina) están chochas porque se dieron cuenta que ser socias del Estado las va a ayudar a tener más créditos y favores. Pero también están las empresas que fabrican los chocolates que al Gobierno no le gustan, y cuando la señorita Cristina los prueba dice: “Puajjjj, qué asco” . A esas, les va a mandar a las reuniones de directorio unos chicos feos que se van a portar muy mal y se van a tirar muchos muchos pedos.
Ahora, la señorita Cristina les está pidiendo a los directivos que, en lugar de reinvertir las ganancias en nuevas fábricas de chocolate (como siempre les había pedido), repartan los dividendos . Lo que pasa es que ella necesita platita para mantener la fiebre del consumo, hacer mucha propaganda, ganar las elecciones,cuidarnos a todos para siempre, y evitar que vuelvan los bobos de antes . Pero si seguimos con esta joda inflacionaria, un día vas a estar en tu casa tomando la leche y…ooopalalaaa!! se va a armar otra vez un lío bárbaro . Cada tanto aparece una ardillita y avisa “¡¡la inflación es del 25%!!” , pero enseguida sale del bosque el cuco Moreno y se la come (a la ardillita).
Así sigue este cuentito de gente grande que se porta como niños tontos en lugar de discutir cosas importantes como, por ejemplo, la influencia en nuestro país de la crisis energética petrolera y nuclear, porque si llegara a pasar en Europa lo que pasó en Japón, todos los bebés que la cigüeña traiga de París van a venir con cuatro bracitos .
Pero como nosotros estamos lejos lejos, todo esto nos importa tres carajos y seguimos discutiendo pavadas . Y colorín colorado este cuento ha terminado. Por ahora.

Por Alejandro Borensztein
Fuente: Clarín