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domingo, 13 de noviembre de 2011

VIGILANTES Por Pepe Eliaschev



Si Horacio Verbitsky fuese un periodista, sólo un periodista, este incidente no motivaría una ventilación pública de esta naturaleza. Pero él ya no lo es más. Verbitsky es, desde hace ya muchos años, un operador abiertamente involucrado en la defensa partisana y explícita de un gobierno del que se siente parte.
¿Ministro de facto? ¿Jefe de inteligencia ad hoc? No importa; las suyas han dejado de ser las armas y los preceptos del periodismo. Las ofuscadas 1.006 palabras que me dedicó el domingo pasado en Página / 12 (“Discusiones al Pepe”) revelan, empero, algo más melancólico que su encuadramiento oficial.
Los años no vienen solos y Verbitsky revela con la columna que me consagra que se le han enmohecido los reflejos. Oxidadas sus destrezas, maneja recuerdos que no podrá verificar con los datos. Pura vejez, añadida a su legendaria pulsión al odio y al sarcasmo. Pero, a diferencia de los años noventa, cuando desde la agrupación Periodistas, en la que aunaba esfuerzos con su consocio de entonces, Mariano Grondona, ahora Verbitsky hace el ridículo y hasta le ladra al propio kirchnerismo, al que está asociado.
Se ha molestado muchísimo porque, siguiendo la invalorable pista que ofreció el ex canciller Rafael Bielsa, verifiqué que en enero de 2003, cuatro meses antes de las elecciones presidenciales de la que surgiría electo Néstor Kirchner, Verbitsky mencionaba al santacruceño por “el rol decisivo que tuvo en la década pasada para asegurar la privatización de YPF, cuando fletó el avión de la gobernación santacruceña para asegurar que uno de sus diputados, que por un accidente tenía una pierna enyesada, llegara a tiempo a la sesión decisiva. Con las regalías atrasadas percibidas, efectuó colocaciones financieras en el exterior, lo cual prueba que no se quedó en el ’70. Sus simpatizantes tampoco mencionan el lobby sobre el gobierno nacional que Kirchner encabezó hace un año. (…) Fue el vocero de Repsol contra las retenciones a las exportaciones de hidrocarburos decididas en aplicación de la ley de emergencia económica”.
Respuesta del Verbitsky-2011 a mi recuerdo del Verbitsky-2003: “No cambié yo, sino Kirchner. Suscribo hoy cada palabra de las que escribí entonces”. Para drenar su furia, no satisfecho de mostrarle sus dientes al kirchnerismo (pero, eso sí, sin admitir su simpatía exultante por Adolfo Rodríguez Saá, cuyo breve gobierno apoyó), Verbitsky no encuentra mejor alternativa que asumirse vigilante de la coherencia revolucionaria. Ahí su bajón profesional deriva en confusiones patéticas, porque al intentar endilgarme un “travestismo (…) que niega su propia historia”, derrapa malamente, con mentiras y falsedades penosas, porque revelan su evidente decadencia profesional.
Mi reportaje a los miembros del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP), detenidos en Salta a mediados de 1964, se publicó en la revista Gente el 27 de octubre de 1966, sin mi firma, y bajo el título: “Guerrilleros condenados en Salta”. Yo era redactor de la revista desde fines de 1965. Su director, Carlos Fontanarrosa y su jefe de redacción, Julio A. Portas, ya fallecidos, me enviaron a Salta. Mal puedo haber ofrecido, pues, tal nota a Confirmado, de la que Jacobo Timerman me despidió en julio de 1965. Mareado y/o impune, Verbitsky escribe que mi nota fue titulada: “Hablan los chacales sanguinarios de Salta”. Luego evidencia su turbia praxis profesional: “El dice (sic) que se publicó sin su firma y que Gente lo indemnizó para que se fuera. Mi recuerdo (sic) es que la nota salió con su nombre y que con toda razón él les hizo juicio”. Todo mal: no les hice juicio y Gente me echó porque me negué a firmar una nota que presumiera, sin evidencias, delitos de los guerrilleros. La reescribieron y me despidieron, sin más. Yo tenía 21 años. Verbitsky ya sobresalía en Confirmado como redactor de Timerman.
No sólo jamás negué mis columnas para Cristianismo y Revolución de 1969 a 1970, sobre temas internacionales, sino que las he mencionado en innumerables reportajes. Verbitsky se vale de la misma mercadería enmohecida y policial de la que se ha servido Aníbal Fernández hace pocos años para acusarme de negar mi pasado. No sólo no lo niego, sino que me hago cargo críticamente de él y he escrito un libro (Me lo tenía merecido. Una memoria), publicado por Sudamericana en 2009, donde he contado mi vida, sin ocultamientos ni patrañas.
Al comentar Los hombres del juicio, mi reciente libro sobre la histórica condena de la Justicia argentina a las juntas militares de la dictadura, Verbitsky dice, tras alegar peyorativamente que se trata del juicio a “Videla, Massera & Compañía”, que yo adhiero a “la doctrina castrense-episcopal de la memoria completa”. Pero el Grondona del que se vale para atacarme es el mismo Grondona del que él era conmilitón en los años noventa.
Perpetra luego desprolijidades tal vez impensables cuando era periodista. La revista que menciona se llamaba Afrique-Asie, no “Africasie”, como improvisa, no era el “boletín oficial de los movimientos de liberación del tercer mundo”, sino una publicación tunecina con redacción en París, y yo, lejos de ser “corresponsal”, fui sólo un colaborador, entre 1970 y 1973. Inventa un supuesto “vínculo orgánico” mío (¿con Montoneros?), a propósito de que fui redactor de El Descamisado de mayo a noviembre de 1973. No trepida en citar a personas muertas, como el Yaya Ascone (no Azcone) y Nicolás Casullo, para fantasear una pertenencia mía a un ámbito de encuadramiento que nunca integré. Todo vale para este James Bond del setentismo criollo, pero sus diatribas chocan contra los hechos, pese a su fallido intento de atribuirme un “ocultamiento y (…) denigración de la propia personalidad”. Sucedió algo mucho más sencillo e ilevantable: mi cita de hace dos semanas en PERFIL (“Permisividades”, octubre 30), puso en tela de juicio los pergaminos oficiales de este habitual denigrador serial. Lo saqué de la casilla; a un año de la muerte de Kirchner, tuvo que ufanarse de que fue Kirchner quien “cambió”, nunca Verbitsky, quien jamás se equivocó, cometió errores, ni tampoco escribió folletos para la Fuerza Aérea. Abrevar en los servicios y depender de ellos tiene sus precios. Sobre las razones que justifiquen tamaño descenso al barro, yo tampoco me animo a especular, por ahora.
FUENTE: PERFIL

martes, 25 de octubre de 2011

Todo el poder en su mano. Por Santiago Kovadloff


La profunda asimetría entre el partido victorioso y la profusión de los vencidos es grave. El sistema republicano llegó manco a las elecciones y sale de ellas igualmente lisiado. La concentración de poder por parte del Frente para la Victoria alcanza, a partir de ahora, dimensiones inéditas. Si la democracia representativa implica un sistema de partidos, no puede menos que admitirse que esos partidos no son hoy sino una sombra. ¿Qué control real sobre las previsibles desmesuras del oficialismo será practicable en estas condiciones?
Es cierto que el oficialismo no puede ser responsabilizado por la decadencia de la oposición. Pero no deja de ser significativo que no haya manifestado durante la campaña la menor preocupación ante esa decadencia, es decir, ante los efectos perniciosos que ella tendrá sobre la vida institucional del país.
Nadie fue a votar anteayer como lo hizo el 14 de agosto. El 23 de octubre no encerraba incógnitas significativas. La verdadera incógnita para muchos es la que promueve el resultado de la elección. ¿Con todo el poder en su mano, el oficialismo buscará la mesura o profundizará la confrontación?
El nombre de Néstor Kirchner sigue siendo decisivo. Lo colma de valor simbólico un trabajo de inconfundible artesanato peronista. En consonancia con él, es más que factible que Cristina Fernández insista en presentarse, tras esta victoria arrolladora, como la módica ejecutora de sus convicciones más íntimas y de su incomparable clarividencia política. No es así, sin embargo. Ella ha logrado lo que él no logró. La tragedia personal le abrió a la Presidenta el camino de la épica. Cristina Fernández demostró, con su creciente autonomía y su indiscutible habilidad retórica, que era capaz de hacer de él su obra maestra y transformarlo en un gigantesco emblema orientador de la sociedad mientras, al unísono, lo disolvía como el severo tutor de sus días. Vertebrada por la exaltación del recuerdo y el dolor compartido con su pueblo por una pérdida personal irreparable, la figura de su esposo se desvaneció materialmente para ganar estatura mitológica. Ahora, mediante un triunfo electoral avasallador, la Presidenta consuma la conversión de la memoria de su esposo en la fuente orientadora de sus aciertos y en el estandarte de una sociedad en marcha hacia su redención. En otras palabras: con esta victoria aplastante de su viuda, Néstor Kirchner pasa a ser definitivamente un paradigma y Cristina Fernández, a su vez, una contundente realidad.
Esa victoria es igualmente singular por ser la de alguien reconocido tanto emocional como económicamente por quienes la votaron. A la gratitud que despierta su figura en buena parte de un electorado que sumido en la pobreza no se ahoga ya en la miseria, poco le importan los procedimientos mediante los cuales se lo respalda como se lo hace ni cuál será la perdurabilidad real de esta política de regalías. Menos aún importan esos procedimientos entre quienes se gratifican con la abundancia súbita del consumo. Entre los pobres triunfó el clientelismo y no el ejemplo de Toti Flores. En la clase media, la disconformidad de ayer fue barrida por los buenos vientos de la abundancia. El carpe diem horaciano es en ella un mandato indiscutible.
Nunca una elección presidencial reflejó tan hondamente la dificultad argentina para construir un bipartidismo significativo, es decir, un bipartidismo en el cual quien saliera derrotado no dejara por eso de representar a un sector amplio y compacto de la sociedad. E, igualmente, un bipartidismo en el cual quien saliera victorioso no viese facilitado, por su triunfo, el tránsito hacia el monopolio del poder.
¿Quiénes y qué resta en pie en la orilla del disenso? La tenacidad de un periodismo que no se concibe sino ejerciendo su libertad crítica y una opinión pública diaspórica y principista, pero sin dirigencias capaces de aglutinarla en torno a un liderazgo imantado por el don de persuasión. Una tenue excepción reluce en ese horizonte ganado por la opacidad: el Frente Amplio Progresista. Una propuesta que pareciera emerger, lenta y módicamente, del orden metafórico que ocupó hasta hoy en el plano nacional para ingresar a la realidad, es decir, a un orden de representación algo más amplio y efectivo. ¿Coincidirán el fervor de muchos de los que lo votaron con la perseverante y ardua tarea que deberá emprender el FAP para ganar el peso electoral que exigirán los desafíos del año 2015? Lo mismo cabe preguntarse con relación a Pro.
En la Unión Cívica Radical en cambio ha triunfado Cronos. Los hijos no han podido con el padre y han terminado devorados por la fe desmedida en los beneficios del parentesco sin poder hacer suyas las virtudes de la singularidad.
Eduardo Duhalde pasará a la historia como el atinado presidente que supo ser en un tiempo en el que la insensatez lo gobernaba todo. No fue ni será el dirigente que derrotó al kirchnerismo.
Elisa Carrió, que supo nuclear a su alrededor a un grupo formidable de figuras rebosantes de integridad y aliento protagónico, termina como los iracundos del Infierno dantesco: destrozándose a sí misma a dentelladas tras haber contribuido a despedazar todo lo que la hubiera podido enriquecer.
Me temo que en este escenario caracterizado por la falta de equilibrios parlamentarios la Argentina nacerá, a partir del próximo mes de diciembre, no a un nuevo orden político sino a una intensificación desusada del orden político vigente. En él, las prácticas monopólicas del poder y el liderazgo férreamente personalista encontrarán, es previsible, escasas barreras para terminar de imponer sus criterios. No obstante, nadie deberá mirar hacia el kirchnerismo para señalar a los primeros responsables de esa desproporción. El kirchnerismo no es sino el producto terminal de una transición incumplida desde el autoritarismo hacia la democracia republicana, de la injusticia social a la sociedad del trabajo y la educación.
Es más que probable que, a partir de aquí, se inicie la construcción abiertamente sistemática del kirchnerismo como doctrina llamada a asimilar y disolver en su seno las enseñanzas culturales del peronismo. De su rotunda fortaleza política extraerá el kirchnerismo ahora su más ambicioso arsenal conceptual. Irá por la educación para moldearla a su solo criterio. Irá por la información para profundizar el descrédito de toda disidencia. Lo hará como lo ha hecho ya con tantas cosas. Con los derechos humanos y con el Consejo de la Magistratura, entre otras. ¿Por qué se desprendería de la unilateralidad ahora que todo lo puede?
Cuesta creer que, tras ocho años de intransigencia kirchnerista en la materia, la presidenta reelecta vaya a optar por la interlocución y la convivencia con quienes no comparten sus convicciones. Bueno sería que lo hiciese. Pero el voto mayoritario acaba de convalidar su concepción y su práctica del poder y, en ellas, el ejercicio del verticalismo es central.
El populismo no derrotó al sistema de partidos. Se impuso donde éste ya no existía. A la mitad del espectro electoral que concurrió a esta elección no se le ofreció una alternativa confiable para competir con el oficialismo. Podía perder con cualquiera de los muchos que integraron el arco de propuestas anémicas a disposición. Pero no podía ganar con ninguno.
Hace ya mucho que la Constitución está en manos de los hombres y no los hombres en manos de la Constitución. Admito que no siempre la experiencia es buena consejera pero, en las actuales circunstancias, opto por lo que ella enseña. Estoy persuadido de que la Presidenta seguirá las lecciones impartidas por su esposo y, una vez más, acomodará las imposiciones de la ley a sus necesidades. Lo previsible, por eso, es el rumbo que seguirá la gestión desplegada por el próximo gobierno. Imprevisible, en cambio, es el destino de la oposición, es decir, el porvenir de un sistema de controles republicanos que asegure la subsistencia del pluralismo y supere su actual irrelevancia. Otra lógica, más abierta a la negociación y menos beligerante, deberá gobernar las relaciones entre mayorías y minorías si se aspira a refundar en el país el valor de las instituciones. Cabe preguntarse, finalmente, si es a eso a lo que se aspira.
Fuente: La Nación

lunes, 26 de septiembre de 2011

¿QUIÉN GANÓ EN RIO NEGRO?






Este es el candidato K que ganó en Río Negro. En la foto sentado junto al nazi Erich Priebke.


Dice en facebook 

En medio de tanto debate desarticulado entre los que nos consideramos de izquierda enfrentando EN TODOS LOS ÁMBITOS A LOS PATRONES, y aquellos que "se dicen de izquierda" pero acompañan al gobierno K, una impresentable bolsa de gatos fascistas y entreguistas, una imagen puede valer más que mil palabras. Ayer ganó Soria por el FPV en Río Negro. Esta foto deja bien en claro a quiénes apoyan estos miserables


TIENE RAZÓN!!!

jueves, 22 de septiembre de 2011

Duelo kirchnerista en Río Negro


Tanto el radical Barbeito como el peronista Soria se atribuyen una fuerte identificación con el gobierno nacional

SAN CARLOS DE BARILOCHE.-Gane el peronista Carlos Soria o el radical César Barbeito, el próximo domingo se dirá que Río Negro es una provincia kirchnerista. Los dos candidatos con mayores chances de ganar en esta provincia se disputan el electorado ciudad por ciudad, con una campaña signada por las denuncias cruzadas y discursos virulentos.
Río Negro es gobernada por el radicalismo desde el retorno a la democracia, en 1983, y esta vez el oficialismo teme perder el poder en la provincia más poblada de la Patagonia, donde están habilitados para votar 439.403 ciudadanos.
La polarización parece haber relegado a las terceras fuerzas. Tanto el Frente para la Victoria (FPV), que promueve la candidatura a gobernador de Carlos Soria, jefe de la SIDE durante la presidencia de Eduardo Duhalde, como la Concertación para el Desarrollo, la alianza que tiene a la UCR como columna vertebral y que impulsa a César Barbeito, se adjudican el triunfo.
Peronistas y radicales se esfuerzan por mostrarse cerca del gobierno nacional y ambos se atribuyeron el holgado triunfo de la presidenta Cristina Kirchner en las elecciones primarias de agosto, en las que obtuvo 195.830 votos, contra 43.585 de Ricardo Alfonsín.
Discursos provocativos, ataques a locales partidarios, agresiones a candidatos, como el compañero de fórmula de Barbeito, Julio Arriaga, que fue apuñalado en el rostro durante un acto en Cipolletti, y denuncias cruzadas por hechos de corrupción y espionaje signaron la campaña electoral, que concluirá hoy con los actos de cierres.
Barbeito llegó a la candidatura promovido por el gobernador Miguel Saiz (radical K) luego de ganar en marzo una interna partidaria que dejó heridos y portazos de varios dirigentes. Luego de cuatro mandatarios en los últimos 28 años, el radicalismo sufre el desgaste propio de casi tres décadas en el poder, con varias denuncias por hechos de corrupción. Incluso el candidato Barbeito -ex ministro de Educación de Saiz- está imputado por el cobro de sobresueldos.
El peronismo también evidencia problemas internos. Con la CGT fuera del esquema y acompañando al radicalismo, muchos resisten la figura de Soria, quien hasta hace más de un año decía que no necesitaba de los Kirchner para ganar una elección, posición que ahora revirtió con su adhesión al proyecto nacional. Recibió, así, respaldos oficiales con la presencia del ministro de Economía y candidato a vicepresidente, Amado Boudou, y de la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner.
Soria muestra una gestión exitosa como intendente de General Roca, pero sus exabruptos verbales reiterados alteraron en las últimas semanas la estrategia de campaña. Ahora se expone poco en actos públicos y se dedica a recorrer las ciudades con reuniones pautadas.
Los dos partidos principales conciben que la elección se definirá en San Carlos de Bariloche, donde vota un electorado importante por ser la ciudad más grande de la provincia y que aún mantiene en los sondeos un alto nivel de indecisos.
Se suman al abanico de propuestas la Coalición Cívica-ARI, con Magdalena Odarda como candidata a la gobernación, junto al radical Jorge Ocampos como postulante a vicegobernador; el Partido Socialista, que promueve la fórmula Omar Lehner- Mercedes Sarín; el Partido Demócrata Progresista, que lleva a los peronistas disidentes Ernesto Saavedra y Alicia Salicioni; el Partido Comunista, con Diego Vergara-Eliseo Antinori, y el Partido Obrero, que postula a Amalia Quintillán-Norma Dardik.
fuente: La Nación

viernes, 12 de agosto de 2011

La presión para que aporten a la campaña de CFK no sería solo en la ANSeS

 De acuerdo al diario Clarín, desde la campaña proselitista de Cristina Fernández se ha solicitado aportes financieros a personal de la ANSeS. Sin embargo, en otras reparticiones del Estado también se afirma que se ha exigido cofinanciar los gastos del Frente para la Victoria.



 (Urgente24). "A todos los funcionarios se les está exigiendo aportar un porcentaje a la campaña del Frente para la Victoria y eso ha provocado malestar. No es lo mismo pedirle dinero a un funcionario, por más que sea político, que ingresa $ 25.000 que a otro que ingresa $ 5.000", explicó un funcionario del Ejecutivo Nacional.
 
El relato fue a propósito de la nota de portada del diario Clarín, en la que, con la firma de Daniel Santoro, se tituló "Presionan a personal de la ANSeS para que aporte a la campaña K".

Urgente24 consultó a algunos funcionarios de carrera en otras áreas del Ejecutivo Nacional, quienes afirmaron que también en esas reparticiones se ha reclamado "participación" (monetaria) en el proselitismo del Frente para la Victoria.
 
"Promociones, licencias y otros beneficios quedan sujetos a la calificación que uno obtiene entre otras cuestiones por el aporte a la campaña", se insistió.
 
"Ustedes han conseguido muchos ingresos gracias a Cristina, llegó la hora de hacer algo por ella", habría explicado el recaudador en la Afip, según un testimonio.
 
En la nota que firmó Santoro, "el gerente de Recursos Humanos de la ANSeS y militante K, Lisandro Tavano, pidió por mail hace una semana a todo el personal jerárquico del organismo (más de 400 personas) que aporten entre $ 2.000 y $ 8.000 para financiar la campaña de Cristina Kirchner en las primarias."
 
En verdad, Tavano, a las órdenes de Mariano Cascallares, estaría respondiendo a una exigencia que se le hizo a la ANSeS desde la Casa Rosada, pero no solo a la ANSeS, lo que vuelve aún más grave todo el asunto.
 
Segun Clarín, el importe solicitado tiene una escala:
 
> Subdirectores y gerentes de 1° nivel: $ 8.000.
 
> Gerentes de 2° nivel y jefes regionales: $ 6.000.
 
> Coordinadores nivel central y jefes de delegaciones: $4.000.
 
> Jefe de oficina, coordinador de la red, asesores, profesionales y contratados de la Universidad Nacional Tres de Febrero: $2000.
 
Es cierto que la Ley 26.215 de financiamiento de los partidos políticos, en su artículo 15 prohíbe las donaciones realizadas bajo cualquier forma de abuso de autoridad por parte de los empleadores pero ya se sabe que para algunos, las leyes son redactadas para aprender a violentarlas. 
 
Tavano confirmó a Clarín que el mail es de su autoría y pidió ser llamado más tarde. Sin embargo, luego no respondió las llamadas de este diario.
 
Segun Clarín, el mail de Tavano, que también está firmado por Marcelo Nogués, termina con el típico saludo partidario: “Abrazo Peronista”.


viernes, 29 de julio de 2011

Cuando el poder es ciego. Por Santiago Kovadloff


Otro espectáculo bochornoso. Tras perder abrumadoramente las elecciones en Santa Fe, elkirchnerismo , que contó en los días más álgidos de la campaña nada menos que con la presencia en la provincia de la presidenta de la Nación, niega ahora que esa derrota lo haya afectado.
¿Por qué procede así? ¿Para quién? ¿Qué significa ese desprecio de las lecciones de la realidad que él mismo contribuye a crear? ¿Qué es esa marginación brutal a la que se condena al candidato propio y derrotado y que todo lo dio por su causa? ¿Fue él acaso el único responsable o, mejor, el responsable principal de la derrota? ¿No es un signo de fortaleza e integridad admitir lealmente lo ocurrido aunque no sea favorable?
¿Fue Barack Obama un pusilánime y no un hombre de temple cuando reconoció, meses atrás, que los republicanos le habían dado una paliza en la disputa por el control legislativo? ¿Y qué concepto de la democracia es el que palpita por debajo de este procedimiento del oficialismo autóctono?
Realizaciones no menos significativas e incluso más relevantes que algunas del gobierno nacional pueden ser exhibidas por varias administraciones provinciales de orientación no oficialista, entre ellas las de Santa Fe y San Luis . ¿Cómo es posible que el Frente para la Victoria no advierta que, subestimándolas, no sólo reniega de la verdad, sino que, con ello, se echa encima la antipatía de mucha gente lastimada por su soberbia y su hipocresía y que bien podría apoyarlo si procediera de un modo sensato? ¿Tanto le cuesta al oficialismo advertir que esa forma burda y despreciativa de actuar sólo sirve para echar luz, cada vez más luz, sobre su escasa sustancia democrática, su falta de sentido común para ganar auténticos adeptos y su inocultable repugnancia hacia el federalismo?
Los costos electorales pagados por el Gobierno en lo que va del año son cada vez más altos. Todos ellos, fruto de su desatino, de contradicciones que él mismo acentúa, de sus actos de corrupción, de encubrimientos que lindan con la estupidez cuando no con el cinismo y de las desmesuras grotescas de una conducción política que, siguiendo la enseñanza patética del avestruz, se muestra empeñada en probar que no sucede lo que pasa.
Lo ha dicho Julio Bárbaro, peronista cabal, tras la derrota oficialista del 10 del actual en la ciudad de Buenos Aires. "Estamos sufriendo [los peronistas] las consecuencias de una política sectaria y excluyente, de una soberbia exagerada por parte de quienes pueden haber tenido aciertos. Eso igualmente no le da derecho [al Gobierno] a despreciar y degradar a sus adversarios. Degradar al vencedor implica degradarse a uno mismo. Hay que preguntarse qué vientos liberamos para el que el voto nos abandone."
Era de prever que, una vez más, la mugre impregnara la campaña electoral porteña. No se entiende, sin embargo, qué ventaja concreta tendría Mauricio Macri convirtiéndose en el promotor de este nuevo ventarrón de inmundicia desatado sobre la ciudad, cuando las encuestas serias ya lo daban como holgado ganador. Y no hablamos ya de integridad moral. Hablamos, descarnadamente, de cuestiones utilitarias. Es plausible pensar, en cambio, que quienes se valen de ese sórdido método de concebir y practicar la política buscaban perjudicar al anunciado vencedor y no al vencido. No hay duda de que Daniel Filmus ha sido atacado explícitamente y que ese ataque merece el repudio de todos nosotros. Pero, implícitamente, la bala de plata parece haber sido dirigida a la cabeza de Macri.
El resultado de las elecciones provinciales en Santa Fe acercó todavía más al oficialismo a ese espejo donde no se quiere mirar, un espejo que le dice que no es lo que piensa. Nadie ha contribuido tanto como él mismo a desbaratar lo que más le conviene.
Nada es gratis en política. Como lo ha señalado Alfredo Leuco, el hartazgo social crece día a día. Abundan los delitos que rozan al Gobierno, estallan los hechos de corrupción que comprometen a sus funcionarios y allegados, pero nada vulnera el silencio en que el Poder se empecina, persuadido de que callando escapa a los efectos de lo que sucede.
No querer o no saber advertir hasta qué punto se contribuye a sembrar la propia desgracia es un rasgo de los personajes trágicos que los griegos antiguos retrataron para siempre. Lo que el oficialismo se empeña en no admitir incide profundamente en el ánimo social. En ese electorado que a la hora señalada le recuerda al Gobierno lo que él pretende olvidar. Es inútil escapar hacia adelante. Durar en el poder no es lo mismo que contar con sólida representatividad. Ya se sabe qué les pasa a los que escupen para arriba.
Es inverosímil catalogar como fascistas -cosa en la que se deleitan tantas voces progubernamentales- a quienes no clausuran quioscos para impedir la difusión de periódicos oficialistas o a quienes no persiguen a botellazos a dirigentes políticos del kirchnerismo. Como también es inverosímil caratular como fascistas a quienes no definen como canallas a los gobernantes del Frente para la Victoria. ¿Cómo llamar entonces a los aficionados a estas prácticas? ¿Bastará decir de ellos que son funcionarios del Gobierno, miembros de La Cámpora y militantes de la juventud sindical?
Una de las evidencias de veras inquietantes y difíciles de digerir que le imponen al Gobierno el triunfo socialista en Santa Fe, el de Pro en la Capital y el excelente posicionamiento de Del Sel en su provincia es que los jóvenes que no están de su parte distan de ser pocos o indiferentes a la política. Y, más todavía, que no necesariamente es el oficialismo el que está en mejores condiciones para esgrimir los argumentos atractivos, hondos y modernos a la vez que aspiran a conquistar al electorado juvenil. Acaso la vieja política -esa que el Gobierno dice combatir- lo tenga, a los ojos de incontables jóvenes, por uno de sus representantes más conspicuos.
Como bien ha dicho el ex presidente Ricardo Lagos, muchos son todavía (aunque no tantos ya como ellos mismos suponen) los que siguen aferrados con uñas y dientes a las "utopías regresivas de los 70", sin querer ver que "las nuevas generaciones y aun las anteriores votan por programas de futuro y no por pleitos del pasado".
Al socialismo no lo premió primordialmente el temor generalizado a la inseguridad, la disconformidad agraria ni el rechazo a la altanería del frente kirchnerista. Lo premió, sobre todo, el reconocimiento a una gestión eficiente en el orden local. El voto disconforme con el Gobierno se volcó francamente hacia Del Sel. Disconforme y, además, persuadido de que hay con qué enfrentar al oficialismo en las elecciones del 23 de octubre. Una convicción que los santafecinos comparten con los porteños en una de esas coincidencias que la historia del país no ha premiado nunca con la abundancia de ejemplos, pero que, al parecer, hoy se ha vuelto imperiosa.
© La Nacion

sábado, 23 de julio de 2011

Santa Fe en tu corazón. Por Alfredo Leuco (NOTA Y AUDIO)

La bandera de Santa Fe tiene una leyenda que dice: “provincia invencible”. Tributa al coraje de la autonomía federal que se consolidó en la batalla después de vencer a Lavalle y a Dorrego. 

Es la bandera que el brigadier Estanislao López les legó como gobernador y casi padre fundador de esa bendita tierra de la cultura del trabajo de sol a sol. Pero además, el caudillo Estanislao López fue el responsable de que Santa Fe sea la primera provincia con Constitución propia. 

Tal vez eso explique que hoy sea un distrito en donde florece la mejor calidad institucional. Los candidatos se eligieron en internas abiertas y obligatorias donde hubo competencia de verdad. 

Lo hicieron con boleta única que garantiza una mayor transparencia y hasta se dieron el lujo de tener un debate en serio, cara a cara, entre los tres hombres que se quieren convertir en el octavo gobernador desde el retorno de la democracia en 1983. Hasta el 2007 solo hubo peronistas en la jefatura del estado provincial.
 
El actual es el primer gobierno socialista de la Argentina. Santa Fe está que arde y ansiosa por conocer su destino. Pero el resultado de las elecciones de este domingo tendrá un fuerte impacto a nivel nacional.

Si gana Antonio Bonfatti dejará a Hermes Binner en una mejor plataforma de lanzamiento para sus sueños presidenciales. Y afectará, igual que en la ciudad de Buenos Aires, la figura de la presidenta Cristina Fernández, que en los últimos días cruzó espadas con el gobernador. Pero el Frente Progresista funciona con el Partido Socialista, el radicalismo y la Coalición Cívica, entre otros. Por eso tanto Ricardo Alfonsín como Elisa Carrió también tendrán su cuotaparte de la victoria.

Si gana Agustín Rossi se convertirá en un verdadero héroe del peronismo. Pasará a ser el nuevo hombre fuerte, el sucesor de Carlos Reutemann en el territorio y aportará mas combustible al proyecto reeleccionista de Cristina. En cambio si pierde, pasará todo lo contrario. Así de crueles son los resultados. En ese caso Rossi será otro eslabón de la cadena de problemas para la Casa Rosada que inició Daniel Filmus con la derrota que sufrió a manos de Macri en la primera vuelta. Habrá pases de facturas porque la militancia del Movimiento Evita y varios cuadros políticos y sindicales fueron marginados de las listas por orden de Cristina. 

Pero si gana Miguel del Sel estallará todo por los aires. Hasta ahora es la gran revelación. Se podrá traducir como un castigo para socialistas y kirchneristas, el nacimiento definitivo de una nueva estrella de la política (como en su momento fue Palito Ortega o el mismísimo Lole) y la sonrisa de Mauricio Macri se multiplicará en rodeo ajeno. Si llega a ganar Miguel del Sel será un dato inesperado y de alto impacto. Porque fortalecerá la alianza de los peronistas anti K como Eduardo Duhalde, por ejemplo, con el macrismo y obligará al justicialismo a barajar y dar de nuevo. 

Como siempre en democracia, las elecciones van a responder muchas de las preguntas que todos nos hacemos. ¿Ha superado el campo la bronca contra los Kirchner por aquellas humillaciones de la 125? Si no es así, ¿A quien elegirán para transmitir su descontento? ¿A Bonfatti o a Del Sel? ¿El crecimiento económico alcanza para suturar aquellas heridas? ¿La imagen positiva de Cristina se trasladará lo suficiente como para hacer ganar a Rossi? Veremos. 

Estamos hablando del cuarto distrito electoral, de una bota de 133 mil km cuadrados. Se trata del 8,5% del padrón que significa 2,4 millones de habitantes que mixturan el esfuerzo y el sudor de los gringos inmigrantes, de los gritos de alcorta, de las cooperativas de colonos y los pueblos originarios. 

Como cantan Miguel Brascó y Ariel Ramirez en “Santafecino de veras”:” Me llaman el Caburé/A veces el Guaraní/Por que soy de Santa Fe/Que es el lugar donde nací.” Ese himno formó parte de una maravillosa obra musical colectiva con todos los artistas del pago chico que se concretó en 1987. Se llamó “Santa Fe en tu corazón” y está todo dicho. Este domingo Santa Fé palpitará en el corazón de todos los argentinos. 




Santa Fe en tu corazón
Fuente: Continental

miércoles, 13 de julio de 2011

Al Gobierno no le sirve ninguna lección. Por Joaquín Morales Solá


Pocas veces se ha visto con tanta claridad, como ocurrió en las elecciones de la Capital, que el kirchnerismo no reconoce los errores como una lección de vida. Su vocación para construir una versión propia y solitaria de la realidad es idéntica a la que tiene también para caminar por la política a contramano de la experiencia histórica. La insistencia en concurrir a la segunda vuelta no sólo es una carga pesada para los ciudadanos y para los recursos públicos; también es un error político. Ese error se convirtió en un monumental absurdo cuando personajes representativos del kirchnerismo, políticos o de la cultura, decidieron insultar a los porteños porque votaron a un adversario .
En efecto, los ciudadanos de la Capital tienen tres elecciones obligatorias más en los próximos meses: las internas abiertas del 14 de agosto y la primera y la eventual segunda vuelta de los comicios presidenciales. ¿Para qué agregarles una más? ¿Qué cambiará? Mauricio Macrinecesita sumar menos del 3% a su caudal de votos para alcanzar el 50%. Daniel Filmus está obligado a conquistar más del 22%. La diferencia es abismal. "Ya perdimos una vez. ¿Para qué vamos a perder dos veces? Macri ya sacó casi el 50 por ciento de los votos. ¿Para qué vamos a darle la oportunidad de sacar el 60 por ciento?", decía ayer un funcionario con acceso a las dependencias presidenciales. Razonable, pero inútil. La Presidenta decidió sola en la noche del domingo que el ballottage debía realizarse. No escuchó a nadie, no pidió la opinión de nadie ni lo consultó a Filmus , que es quien deberá hacerse cargo de otra derrota. En rigor, la mayor culpa del senador fue permitir que el cristinismo le impusiera la campaña, los candidatos y la carga del fracaso. Muchos funcionarios murmuran lo mismo en voz baja, pero nadie lo quiere decir en público: Cristina Kirchner también es culpable de lo que le sucedió al oficialismo en el devastador domingo de elecciones.
En el caso de las encuestas se encierra una diferencia fundamental entre Néstor y Cristina Kirchner. El ex presidente también enviaba a sus encuestadores a mentirle a la opinión pública, pero jamás permitió que le mintieran a él. Desde la Presidenta hasta Filmus, pasando por todo el gobierno nacional, estaban convencidos hasta el domingo último, en cambio, de que la diferencia entre Macri y Filmus sería infinitamente menor que la que terminó sucediendo. Cristina ha impuesto una manera de gobernar según la cual ella sólo debe recibir buenas noticias, hasta que la realidad le explota en sus pies.
El derrumbe de los encuestadores merece un párrafo aparte. La Capital es una de las regiones más fáciles del país para hacer mediciones de opinión pública. Es un territorio pequeño, tiene una sociedad homogénea y sólo una minoría muy pequeña carece de teléfono fijo. Los métodos y las técnicas se han perfeccionado durante los últimos 40 años. No hay otra explicación que la corrupción para explicar tantos errores en condiciones tan favorables. Sólo una encuestadora conocida y prestigiosa, Poliarquía, quedó en pie; otra, Management and Fit, comienza a construir nombre y prestigio. No hay nada más; la caída provocada por la manipulación del kirchnerismo se llevó nombres prestigiosos en la historia de las mediciones argentinas.
Más le valdría en estas horas a la Presidenta no ignorar lo que está sucediendo en Europa, continente que se asoma peligrosamente al abismo de una monumental crisis financiera y económica. Si el colapso ocurriera, la Argentina no será un espectador entretenido de sus consecuencias; también cargará con ellas. El país no está fuera del mundo ni de la economía mundial, por más que la diplomacia argentina se haya esmerado en los últimos años en colocar al país en otro planeta. ¿Hará el equipo económico de Cristina lo mismo que hicieron sus encuestadores?
Otra lección que nadie aprendió es que la persecución injusta termina creando víctimas y que la sociedad se pone siempre del lado de las víctimas. Macri fue procesado rápidamente, sin fundamentos decisivos, por el mismo juez, Norberto Oyarbide, que le permite a Ricardo Jaime salir del país o que nunca llamó a declarar a Hugo Moyano. El nuevo plan de seguridad del gobierno nacional fue un mensaje claro: la sociedad capitalina tendría policía y seguridad sólo si lo echaba a Macri. Ese plan expulsó más votantes independientes que los que conquistó. En un territorio crecientemente hacinado por las villas de emergencia, el único plan de viviendas del gobierno nacional fue el que pasó, como pasó, por las manos de Hebe de Bonafini y de Sergio Schoklender. Esa condena a pan y agua a Macri fue percibida por un número imposible de calcular de electores que terminaron votando por Macri.
Sucederá lo mismo con los hermanos Noble Herrera, perseguidos, ultrajados y agraviados en los últimos años por el único pecado de ser hijos de la directora de Clarín. Las pruebas de su ADN señalaron que no tienen nada que ver con las únicas dos familias querellantes; es decir, con las únicas dos familias que encontraron algunas coincidencias, de fechas o parecidos, con personas desaparecidas durante la última dictadura.
Todo lo demás es una perversa deducción, aunque ahora sólo le cabe a la Justicia apurar los cotejos con los restantes datos genéticos que existen. La estrategia del Gobierno consiste en demorar la previsible conclusión de esta causa; la obligación de la Justicia es hacer su trabajo. "Nadie podrá reparar el daño psicológico que les hicieron a esos hermanos por designio del Gobierno", denunció Elisa Carrió, la única política que enfrentó este caso sin pausas y sin vacilar. Algún día las víctimas serán reconocidas como víctimas por la sociedad.
Un tercer rasgo del kirchnerismo no tiene solución: se refiere a la poca humanidad y a la menor civilidad que les dispensa a los que están fuera del círculo más íntimo de la Presidenta. La frialdad con Macri pertenece al mundo conocido y predecible. Pero tienen razón Aníbal Ibarra y Gabriela Cerruti cuando se quejan de haber respaldado al kirchnerismo sin recibir su apoyo. Sólo existió Juan Cabandié para el oficialismo, que hizo una magra elección. Cabandié fue un protagonista omnipresente en la campaña junto con Filmus y Carlos Tomada.
Por el contrario, muchos se enteraron de que existía la lista de legisladores de Cerruti sólo cuando vieron su boleta en el cuarto oscuro. A Ibarra le negaron la entrada al palco kirchnerista, con notable displicencia, en la noche del domingo. Era justo el momento en que el kirchnerismo debía empezar a sumar y no a restar. Ninguna lección había sido útil. La matriz de los errores seguía intacta.
Fuente: La Nación