sábado, 9 de febrero de 2013

¡Hay que congelar la protesta social ya!. Por Carlos M. Reymundo Roberts

 La Presidenta quiere una solución inmediata. Ya. Es evidente que está preocupada por losabucheos a Boudou y a Kicillof. Alarmada, diría yo. Se ha acostumbrado a la música de los aplausos y no al ruido de la rechifla.
Ojo: no es que Boudou y Kicillof no sean queridos. Nada que ver. En el caso del vice, estoy seguro de que la gente se ha terminado encariñando con ese muchacho simplote, laburador incansable de su destino, que todos los días intenta aplaudir más y mejor a la señora. Últimamente, al batir de las palmas y a su sonrisa franca y sincera ha agregado un movimiento aprobatorio de cabeza, con lo cual destina al menos la mitad de su cuerpo a demostrar su inquebrantable adhesión. Verlo así, leal y sumiso, resulta conmovedor.
Lo mismo Kicillof. Siempre me molestaron los tipos que leen a Marx y además quieren vivir como marxistas. Gente así te interpela. Pero revolucionarios que se llevan sus dólares a otro país, me encantan. La verdad, a todos nos gustaría tener una buena casa en Colonia. Él pudo hacerlo y lo hizo, y prefiere descansar allí y no en una Argentina de precios por las nubes. ¿Es tan terrible?
Detrás de los silbidos a Amado y a Kichi no hay bronca ni reclamos. Hay militantes a sueldo, golpistas, la cadena del desánimo. Boudou puede ser chiflado cuando canta o toca la guitarra, pero nunca cuando hace patria desde una tribuna. Caer vencido en San Lorenzo, donde se inmoló reemplazando a la jefa ausente, lo eleva, pienso, a la estatura heroica de un Sargento Cabral.
De todos modos, es obvio que algo debemos hacer. Parece que la señora se quedó muy mal con lo de Kicillof. ¿Por el llanto de sus dos hijos?, pregunté. "No -me contestaron-. Porque fue en Buquebus y no en avión. Dice que hay que viajar en avión siempre. Que ella va en avión a todos lados, salvo que sean unas pocas cuadras. En ese caso va en helicóptero.
También consideró que fue una tremenda equivocación haberlo dejado solo a Boudou en el acto. Nos dijo que todos los asistentes deberían haber sido de La Cámpora. "Pero señora, eran 50.000." "Entonces hubiesen llevado a Unidos y Organizados", refutó. Nunca se queda callada.
Razón no le falta: hay que ser creativos. Una propuesta fue: si cada vez va a haber más gente que nos silba, cambiémosles el ADN a los silbidos hasta convertirlos en algo simpático y no reprobatorio. Por ejemplo, que cuando hable la Presidenta, la corte que la acompaña a todos los actos no sólo aplauda, sino que también silbe, como señal de adhesión. La propuesta fue rechazada por improcedente: la corte está programada sólo para aplaudir. No sabe hacer otra cosa.
Otra idea: mandarles inspectores de la AFIP a los que nos escrachen. Bochada. No hay tantos inspectores.
Otra (en este caso, mía): llevar a los actos a tipos algo más entradores que Boudou y Kichi. Por ejemplo, Moreno y Aníbal Fernández, que además tienen carácter y temple. Me la bocharon Moreno y Aníbal. Parece que frente a gente que reprueba no tienen ni tanto carácter ni tanto temple.
También se sugirió la posibilidad de hacernos acompañar por Oyarbide y mostrarlo primero a él. Cuando la gente quede afónica de gritarle e insultarlo, como pasó en el partido de Del Potro y Federer en Tigre, en ese momento aparecen los nuestros. Se parte de la convicción de que toda persona puesta al lado de Oyarbide resulta querible.
Una moción audaz fue que Timerman negocie con los silbadores. Si lo hizo con Irán, contra todas sus convicciones, cómo no se va a animar con unos señores que no se proponen usar armas nucleares ni borrar a nadie de la faz de la Tierra, sino simplemente emitir un sonido agudo. Hay que aprovechar el estado de gracia de don Héctor. La Presidenta lo mandó a Inglaterra a hablar mal de los ingleses, y ya vimos el entusiasmo que puso en la faena. Alguna vez pensé que tenía un estilo demasiado frontal (como cuando lo vi trabajar para la oprobiosa dictadura desde el diario La Tarde), pero si se trata de pelearse con medio mundo y no temerle al ridículo, hemos dado con un gran canciller.
Otra posibilidad que barajamos fue sacar una ley que prohíba los escraches. Se opusieron terminantemente Hebe ("Turros, no me dejen sin laburo y sin sueldo"), Luis D'Elía ("¿Qué pretenden, que vuelva a ser maestro?") y la propia Presidenta, preocupada porque las cadenas nacionales ya no serían lo mismo.
Tampoco se pueden prohibir los silbidos: imagínense la indignación de los hinchas que van a las canchas. Además, entraríamos en una espiral infernal. Después tenés que prohibir los gritos, los cacerolazos, los bocinazos, los matracazos, las pancartas y hasta las marchas del silencio.
Una posibilidad es democratizar la protesta. Es decir, regularla, controlarla. Habría que darle un buen nombre a la iniciativa -por ejemplo, "protesta para todos" -, ponerla en manos de Sabbatella, pedirle letra a Carta Abierta, debatirla en foros de todo el país organizados por La Cámpora y aprobarla a libro cerrado. El resultado se me hace agua la boca: un país donde los reclamos pasarán a ser apenas un mal recuerdo de expresiones burguesas del poder concentrado. En ese momento podremos volver a las calles y dejarnos ver en los actos. Sólo quedará una forma de protestar. En las urnas. De eso ya nos ocuparemos.
FUENTE: LA NACIÓN

viernes, 8 de febrero de 2013

Cómo acabar con la inseguridad. Por Rodolfo Terragno


  


01 DE Febrero DE 2013

La inseguridad angustia a los argentinos. Sin embargo, la clase dirigente no concentra energías en la solución del problema.

           Hay políticos que convierten a la seguridad ciudadana en un slogan y académicos que la hace objeto de discusiones bizantinas.

            De esta manera, no habrá solución.

            Hace falta que la política y la academia se apliquen a desentrañar las causas de la actual ola de delincuencia, indagar qué se ha hecho en países con un problema similar, estudiar en particular las experiencias exitosas y concebir medidas adaptadas a nuestra realidad.  

            El mundo avanza hacia una teoría integral del delito, que contempla la combinación de múltiples factores criminógenos, lo cual obliga a políticas de seguridad complejas.

            En América Latina –la región del mundo con mayor índice de criminalidad—hay esfuerzos por comprender y enfrentar la delincuencia.  En Ecuador se ha realizado un estudio ( “120 estrategias y 36 experiencias de seguridad ciudadana”) en el cual trabajaron especialistas en desarrollo urbano, seguridad ciudadana, violencia de género, trata de personas y cybercultura. 

            El criterio integral se expuso en Buenos Aires  (2010) en el seminario “Seguridad Ciudadana”, organizado por la Fundación Argentina Siglo 21, que reunió al director del Instituto Latinoamericano de las Naciones Unidas para la Prevención del Delito y el Tratamiento del Delincuente (ILANUD), una catedrática española especializada en seguridad ciudadana y el coordinador del Laboratorio de Análisis de la Violencia (LAV),  de la Universidad del Estado de Río de Janeiro.

            Ese criterio integral dominó el mes pasado, en Saint-Denis, Francia, un congreso internacional sobre seguridad en las ciudades, al cual tuve el privilegio de asistir.  Fue organizado por el Foro Europeo de Seguridad Urbana, con el auspicio de la Unión Europea.  A lo largo de tres días, hubo 125 presentaciones de otros tantos expertos, sobre temas tan específicos como la tecnología para la prevención, las funciones de la policía en el siglo XXI, la ciudad en la noche, el narcotráfico, el crimen organizado, el tratamiento de la discriminación o las auditorías de seguridad.

            A la conferencia asistieron dos ministros de François Hollande y una ex ministra de Nicolás Sarkozy.  En los tres días no escuché una sola referencia a la “izquierda” o a la “derecha”.   

            No es que las ideologías sean, en este tema, neutras. No lo son. Pero la izquierda y la derecha lúcidas comprenden que es imposible, a partir de una premisa, explicar (y menos resolver) la totalidad de los problemas sociales. Esto hace que desde ambas orillas del pensamiento políticos se aíslen problemas como el de la inseguridad, se los ponga bajo el microscopio y se examinen hasta sus más diminutos componentes, que no son todos ideológicos.

            A ningún estudioso o dirigente con esa visión se le ocurre que, para lograr la seguridad, haya que amputar los derechos humanos de los delincuentes. O que, al contrario, haya que sobornarlos con penas benévolas.

            Semejantes propuestas son, además de moralmente intolerables, incapaces de morigerar la delincuencia.

            Parten de una simplificación que la complejidad del tema no admite. La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) mide la inseguridad en el mundo a partir de la tasa de homicidios: el delito que más se denuncia o descubre. La estadística de la ONUDD muestra la imposibilidad de ligar a la inseguridad a una causa única:

            Si se la atribuye a la economía, no se entiende que España sea tan segura como Alemania (1,4) y Grecia más segura que Bélgica (1,7). Eso para no hablar de Estados Unidos (4.8).
            Si se la atribuye  a la injusticia social, no se entiende que Suecia (1,0) sea más insegura que Singapur (0,3).
            Si se la atribuye a las crisis, no se entiende que Irlanda (1,2) sea el país más seguro de la estable Europa del Norte (1,5).  Aunque su PIB por habitante es dos veces y media el de la Argentina y tiene sólo 5% de pobreza, ha sufrido una profunda crisis financiera.
            Si se le atribuye a factores socio-culturales, no se entiende que en la Argentina haya más homicidios (3,4) que en Somalia (1,5) o Marruecos (1,4).
            Si se la atribuye a conmociones políticas, no se entiende que en Libia (2,9) o Egipto (1,2) haya menos asesinatos que en Chile (3,2)
            Si se le atribuye a penas benignas, no se entiende cómo en Uganda, donde por hurtar cortan la mano, haya una tasa tan alta: 36,3.
            Si se atribuye a la falta de pena de capital, no se entiende que los países del hemisferio donde hay pena de muerte figuren entre los diez más peligrosos del mundo.  Son Jamaica (52,2), Belice (41,4) y Trinidad y Tobago (35,2).

            ¿Quiere decir que la inseguridad no obedece a ninguno de esos factores?
No. Significa que obedece a todos ellos, en diferentes proporciones y combinaciones.

            Para impedir que se eleve la tasa de delincuencia y, más aun, hacer que se reduzca significativamente, hace falta una política criminal sofisticada y continuidad. Si la estrategia es errada o el enfoque cambia con cada gobierno, no hay forma de tener éxito en la prevención del delito.

            Es por eso que, como candidato a Senador Nacional, estoy dirigiéndome a todos los otros candidatos, sin distinción de partidos, proponiendo que dejemos la seguridad ciudadana fuera de la pugna electoral. La idea es que, en vez de presentarse cada uno como líder de la seguridad, busquemos el consenso sobre medidas que pueden reducir la delincuencia.

            En toda campaña, los candidatos procuran diferenciarse y suelen extremar sus desacuerdos. Es necesario que prevengamos tal hipertrofia en este tema.  Los aspirantes podemos competir y diferenciarnos en mil cosas pero, pero en materia de seguridad, debemos tirar todos para el mismo lado.    

            No importa quien promueva el acuerdo. Su búsqueda debe ser un ejercicio paritario, sin voz cantante, en el que todos nos abstengamos de sacar ventaja. El diálogo debe estar protegido de partidismos y tácticas electorales. O es una tarea colectiva en pie de igualdad o carece de sentido.

            Mi contribución será un temario tentativo, presentado con el solo propósito de ordenar y darle una secuencia adecuada a la discusión:
 
1. Desigualdad social y delincuencia vindicativa.
2. Marginalidad y desvalores.
3. Fallas del sistema educativo y ausencia de empatía social.
4. Discriminación y resentimiento.
5. Subordinación y violencia de género.
6. Debilidad institucional e ineficacia de la prevención.
7. Propagación de la delincuencia y rol de los medios de comunicación.
8. Deficiencias de las fuerzas de seguridad y facilidades para el delito.
9. Incongruencias de la legislación penal y sanciones no proporcionadas.
10.  Inconsistencia procesal y desnaturalización de la pena.
11.  Restricciones del Poder Judicial y denegación de justicia.
12.   Reincidencia y sistema carcelario. 

Fyodor Dostoievsky dice, precisamente en Crimen y Castigo: “Hace falta más que inteligencia para actuar inteligentemente”.  En este caso, hace falta espíritu solidario, ideas prácticas y vocación de consenso.

FUENTE: http://www.terragno.org.ar/vernota.php?id_nota=1030

Congelamiento de precios: la ilusión óptica de Moreno. Por Roberto Cachanosky

 El secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, va camino a otro de sus estrepitosos fracasos al establecer el congelamiento de precios. Ya fracasó en el control de la inflación, el blue, y su control de las importaciones contribuyó a la caída en el nivel de actividad económica que se refleja en la pobre evolución de la recaudación impositiva, por debajo de la inflación real, generando más problemas fiscales.
Con el congelamiento de precios, Moreno tiene un problema de ilusión óptica. Cree que los precios suben, cuando en realidad lo que está ocurriendo es que la moneda se desvaloriza. Lo que acaba de hacer Moreno con el congelamiento de precios es tratar de evitar que la pileta se desborde tapándola con un papel de diario mientras la canilla está abierta y el desagote tapado. Tiene el problema de ver distorsionado el funcionamiento de la economía. Es decir, ve cosas que no existen y no ve lo que sí existe.
Lo que deberían distinguir en el Gobierno es la diferencia entre el aumento de precios y la inflación. Por ejemplo, si hay una mala cosecha de papas, el precio de las papas va a subir si la demanda se mantiene constante. Eso es un aumento de precios. Pero que suban las papas, no quiere decir que el resto de los precios de la economía también tenga que subir.
Lo que está ocurriendo en la economía argentina es que todos los precios parecen subir, cuando en realidad es que cada vez la gente puede comprar menos con los pesos que tiene por la moneda que se desvaloriza. Al respecto ya escribí unos días atrás una nota explicando por qué el BCRA emite barras de hielo.
En los últimos 12 meses la emisión primaria de moneda, cantidad de pesos en circulación, aumentó el 35%. Si uno mira los datos del BCRA se encuentra con que al 23 de enero de 2012 el stock de adelantos transitorios al tesoro (emisión monetaria para financiar el déficit fiscal) era de $ 65.280 millones y al 23 de enero de este año el stock de adelantos transitorios era de $ 128.000 millones. Un 96% de aumento.
Lo que está ocurriendo en la economía argentina es que el BCRA está aplicando una mayor tasa de impuesto inflacionario. Emite a marcha forzada, con lo cual el poder de compra del dinero se desvaloriza. Que el común de la gente no sepa qué está pasando con esta destrucción monetaria es lógico porque el común de los mortales no se toma el trabajo de leer los balances del BCRA y los datos monetarios. Pero lo que sí alarma es que alguien que ocupa el cargo de secretario de Comercio no tenga la capacidad profesional de poder relacionar dos variables al mismo tiempo: oferta de bienes y servicios y cantidad de moneda circulando.
Si la economía está, siendo optimista, estancada y al mismo tiempo se importan menos bienes, no hace falta ser Albert Einstein para advertir que hay menos bienes a disposición de la gente. Si esta menor oferta de bienes, que no es tan complicado de entender que la genera el mismo Gobierno, se relaciona con un aumento del 35% anual del circulante, cualquiera puede advertir que el problema no está en los precios sino que está en el BCRA.
¿Y por qué emite tanto el BCRA? Por lo dicho anteriormente, el déficit fiscal hace que el Central cobre cada vez más impuesto inflacionario. El 56% del aumento de la base monetaria del 2012 se explica por emisión para financiar al tesoro.
Pero agreguemos un tercer elemento. Por un lado, disminuye la oferta de bienes por las medidas que, entre otros, adopta el mismo Moreno. Por otro lado, Mercedes Marcó del Pont tiene a las máquinas de imprimir billetes echando humo y, en tercer lugar, la gente, que no lee los balances del Central pero no es estúpida, ve que sus pesos valen cada vez menos, con lo cual huye del peso. Esto se denomina en economía caída en la demanda de moneda. Al juntar los tres elementos: menos bienes en oferta, más pesos en circulación y caída en la demanda de moneda, tenemos la tormenta perfecta para generar un agudo proceso inflacionario.
Ellos creen que congelando los precios van a ocultar la realidad. En rigor, si el secretario de Comercio hubiese actuado con cierto grado de idoneidad profesional, debería haberle pedido a Marcó del Pont que congele la emisión de moneda, en vez de él congelar los precios.
¿Qué es lo que puede esperarse de esta medida de inflación cero a lo Gelbard de 1973? Que falten productos en las góndolas. Que los productos tengan menor calidad y/o vengan en envases más chicos. ¿Por qué? Porque nadie va a vender a 10 lo que luego le va a costar 15 reponerlo. Algunos perderán parte de su capital de trabajo durante un tiempo. Pero va a llegar un punto en que nadie va a querer trabajar a pérdida indefinidamente.
Cuando el secretario, afectado por su ilusión óptica, le diga al del supermercado por qué quiere subir el precio de la leche, el del supermercado le dirá que el que le vende la leche le aumentó el precio gracias a que desde el Central siguen emitiendo. Cuando el secretario llame al que produce leche, le responderá que el envase y otros costos le subieron. Tendrá entonces que hablar con los del envase y otros costos y así sucesivamente. En definitiva, tendrá que congelar todos los precios de la economía, lo que no significa que vaya a frenar la inflación porque el problema se genera en el déficit fiscal que se traslada al Central vía emisión.
Con el tipo de cambio real atrasado, las tarifas de los servicios públicos también atrasadas y los precios congelados, terminaron de reflotar la inflación cero de Gelbard que desembocó en el Rodrigazo de 1975.
fuente: LA NACIÓN



La intolerancia no tiene ideología. Por Santiago Kovadloff



El escrache, venga de donde venga, es signo invariable de salvajismo político. Una señal de intolerancia que, espontánea o no, se nutre en la dificultad que encuentran las disconformidades de un grupo para encauzarse institucionalmente. Asentada como está en el desenfreno, esa disconformidad termina por convertirse en expresión bastarda de un descontento social.
En el imaginario colectivo, el funcionario y la persona investida como tal terminan por ser equivalentes. Es una alquimia difícilmente evitable. Ser y hacer resultan, así, homologables. La calidad de la gestión pública si no lo dice todo, lo dice casi todo de quien la lleva a cabo. Axel Kicillof ha pagado como ciudadan o lo que su tarea representa para aquellos que lo agraviaron a bordo de una nave de Buquebus y aun para quienes, sin haberla cometido, justificaron esa agresión.
Sobre el viceministro de Economía se concentró el desacuerdo con un gobierno que ha dilatado su impopularidad en la clase media argentina; una clase harta de sufrir el efecto extenuante de un estatismo creciente, errático y persecutorio, ejercido, por lo demás, con soberbia y desdén hacia todos los que deben atenerse a sus consecuencias. Sin embargo, el marco y los medios elegidos para hacerle saber a Kicillof que su desempeño no cuenta con la complicidad de la resignación colectiva prueban hasta qué punto se ha desdibujado, en muchos, la conciencia de la diferencia entre recursos apropiados e inapropiados para dar a conocer el disenso con el oficialismo y la necesidad de promover un cambio. El escalofriante criterio de justicia de los pasajeros que embistieron contra Kicillof y los suyos, y el fervor por la democracia directa alientan, al complementarse en la blasfemia, conductas poco menos que bestiales y que, a fuerza de frecuentes, son un indicio inconfundible de la decadencia en la que vivimos.
El pronunciado desequilibrio institucional que se produjo en la Argentina, el desinterés oficial en contar con una Justicia independiente y el auge de la "primavera populista", como supo llamarla Carlos Marx, se reflejan con elocuencia en la proliferación de los escraches. Pero el escrache no sólo abunda como práctica entre representantes, militantes y simpatizantes del oficialismo. Su legitimación ha sido convalidada también por quienes deberían ser los primeros en repudiarlo. ¿Cómo explicarlo? El escrache se multiplica donde la contención constitucional de los desacuerdos políticos se desdibuja y donde poco o nada importa que se desdibuje. Esa peligrosa indiferencia no es únicamente un mal oficialista. Es una antigua patología nacional cuya vigencia está lejos de haberse extinguido en los últimos treinta años de democracia a medias recuperada.
El escrache es una práctica pseudopolítica que la presidenta de la Nación no desconoce ni como víctima ni como promotora. Es comprensible, aunque resulta inaceptable que la bajeza de algunos traspase los límites que impone su investidura para darle a conocer su descontento. Lo incomprensible e igualmente inaceptable es que quien concentra sobre su figura los más altos atributos simbólicos de la Nación proceda como si no le tocara ser quien es. Ese menoscabo de la significación de la investidura presidencial, tanto por parte de quien la ataca como por parte de quien, encarnándola, debería mostrarse inflexible en su resguardo, es más que llamativo. Deja ver a las claras que corren tiempos en los cuales el rigor de la ley se muestra subordinado al desenfreno del poder y de la impunidad. Mediante esta perversa inversión queda convalidado el empleo del escrache, sea su destinatario Axel Kicillof o Nelson Castro. Se le niegue a uno un lugar como pasajero en un barco o al otro un módico sándwich de miga en un bar de la ciudad. En ambos casos, la intolerancia es la que toma la palabra.
Al enmascarar su propósito autoritario en un discurso que se dice progresista en todo lo que emprende, al hacer de la descalificación del disidente un prerrequisito de la propia autosuficiencia y al recurrir una y otra vez al encubrimiento de los hechos que reflejan su falta de escrúpulos y de transparencia, este gobierno ha enseñado a mentir y a despreciar. Su habilidad para imponer lo que pretende se traduce no sólo en las prácticas propias, sino también en las ajenas; en conductas sociales vergonzosas, como las que afectaron a Axel Kicillof y su familia. Es así como el pensamiento único se expande y arraiga, incluso entre quienes aseguran combatirlo. De esa manera, los que no coinciden terminan pareciéndose. La metodología del escrache no tiene ideología. Como no la tienen tampoco los totalitarismos. El ejercicio del menoscabo es ecuánime. Unos y otros han pasado a ser unos contra otros, en nombre de todos. Divididos primero y enfrentados después, pareciera que unos y otros han aprendido a proceder del mismo modo. ¡Y ello para probar que son diferentes! Las malas políticas se combaten ahora con malas palabras. El lenguaje cloacal se propone como expresión del pensamiento. La incertidumbre sobre el porvenir de sus hijos autoriza, al parecer, a muchos padres indignados con este gobierno, a aterrorizar con sus insultos a los hijos de aquellos a quienes se considera responsables de esa siembra de incertidumbre, como ocurrió en el barco en que viajaban los Kicillof.
El retroceso del país, en términos de calidad cívica, es uno de los patéticos logros mediante los cuales este gobierno viene a sumar su propia ineptitud a la de aquellos que lo precedieron. Para inocular a buena parte de la sociedad el apego a la violencia verbal que caracteriza a tantos de sus dirigentes, este gobierno no ha necesitado más que reavivar viejas hostilidades enquistadas en un cuerpo colectivo que desconoce la fecundidad de la reconciliación porque ignora el sentido superior de la política.
Lo sepan o no, los agresores que se ensañaron con Axel Kicillof se parecen a los peores devotos del oficialismo. A los practicantes del agravio ejercido contra todo el que los contradiga. Es cierto: no toman comisarías. No amenazan a los jueces de la Nación. No se escudan en la impunidad para cometer sus felonías económicas. No monologan simulando que dialogan. Pero son capaces de insultar con ferocidad a un funcionario del Estado y desesperar a su familia. Son, en apariencia, hombres afines a las fuerzas opositoras. Dicen no coincidir con el Gobierno en casi nada. Están hartos de su ineficiencia y de la corrupción que trasunta buena parte de sus procedimientos. Hartos de verlo jugar con la Constitución como si se tratara de un fetiche. Hartos de ver sus bolsillos esquilmados por una inflación renegada y un encierro en la irrealidad de nuestra moneda que no disimula lo espurio del interés que mueve a sus promotores. Hartos de la inseguridad, de la explotación de los que poco y nada tienen. Pero incapaces, a la hora en que deberían hacerlo, de devolverle a la palabra la dignidad perdida. De rehuir la injuria, los conceptos envilecidos por la estupidez y el prejuicio. De honrar la inteligencia. Son los hombres que creen estar diciéndole no al Gobierno cuando imitan sus peores conductas.
fuente: La Nación


domingo, 3 de febrero de 2013

LOS MALOS Y EL MAR. Por Alejandro Borensztein


 Alejandro Borensztein HUMOR POLÍTICO
El regreso de los comandos especiales del Club de los Malos destacados en Ghana no podía haber sido más reivindicatorio. Si bien el operativo que mantuvo confiscada la fragata Libertad fue un éxito, dejó un sabor amargo por no haber logrado el plan original de hundirla frente a las costas africanas en un intento de escape que el CDLM trató de inducir pero finalmente no consiguió. Por eso, lo primero que hicieron nuestros agentes cuando llegaron fue organizar un asado de camaradería en Bahía Blanca y a los postres trasladarse a Puerto Belgrano para hundir lo que tenían más a mano. La Santísima Trinidad sació la sed y el deseo de revancha.
Mientras las bodegas del destructor se llenaban de agua y la línea de flotación desaparecía bajo el mar iluminado por la luz de las antorchas que enarbolaban los edecanes del CDLM, aprovechamos para realizar una sencilla ceremonia marítima para jerarcas, familiares y allegados.
Allí se premió, no solo a los agentes que infiltramos en los tribunales africanos, sino también a los encarajinadores del CDLM que desembarcaron en el Ministerio de Defensa para coordinar este papelón internacional. Sin embargo, estos agentes que operan alrededor del ministro Puricelli no pueden ni compararse con los encarajinadores que maniobran alrededor del Canciller Timerman. Hay quienes sostienen que ya podríamos retirar a nuestros encarajinadores de la Cancillería.
Si es por arruinar al kirchnerismo y al país entero, el Canciller no necesita ayuda. Después de lo de Irán, demostró que ya puede hacerlo solito. Hay otros miembros del Club de los Malos que proponen adelantar la ceremonia de entrega de los Premios Turro y otorgarle a cuenta el Turro de Oro 2013. Otros sostienen que hay que esperar. Queda un largo año por delante para hacer cosas mucho peores.
De hecho, el acercamiento a Teherán es sólo una parte del plan quinquenal elaborado por el CDLM que combina la errática política exterior con los manoseos jurídico-institucionales internos y termina en la inevitable huida de capitales e inversiones. Una fórmula matemática perfecta: tocarle el culo al mundo occidental + abrazarse con los iraníes + gargajear a la justicia = dólar a 8 pesos. Tan simple como eso. Todavía el gobierno no se dio cuenta de esta parábola trigonométrica. Para cuando se aviven, ya se la habremos mandado a guardar.
Para mejorar aún más nuestra performance, el CDLM ha desempolvado el viejo plan de las candidaturas testimoniales que tantas satisfacciones nos diera en 2009. Algunos miembros del Club se preguntan si el gobierno va a cometer dos veces el mismo error, a lo que la respuesta es unánime: “Obviamente sí”. Ya conseguimos que el Gobernador del Chaco Capitanich declare que irá como candidato testimonial a senador por su provincia.
Solo falta confirmar si piensa dejar colgados a los que lo voten como senador o a los que ya lo votaron como gobernador. A esto se le agrega la declaración de Mariotto, avisando que él también se anota para una testimonial. Bocatto di Cardinale para el CDLM.
Por otra parte, si bien la mayoría de los barcos opositores siguen desguazados en los astilleros del CDLM, mantenemos una flota de agentes activos en todo el frente opositor. De hecho, esta semana se anotaron un poroto en el proyecto de demoler a Macri. Hace rato que buscábamos abrirle un boquete a la armada macrista y finalmente lo encontramos de la manera menos pensada: una cámara, un micrófono y un Del Sel sobre un escenario lograron un efecto devastador.
Miguel Del Sel resultó ser el Amado Boudou del PRO. Quien lo hubiera dicho. Y pensar que nosotros le habíamos puesto todas las fichas al Fino Palacios. Así es la vida, las cosas llegan por donde uno menos se las imagina.
Lo mismo nos pasó con los socialistas. Años buscando por donde entrarles y finalmente con un par de policías, un poquitito de droga y alguna que otra bala ya le vamos encontrando la vuelta.
Todo es cuestión de darse maña, y en eso el CDLM es puro corazón.
Más allá de estos intereses sectoriales, el proceso de desmoronamiento socioeconómico sigue viento en popa. El aumento del 20% en el mínimo no imponible frente a aumentos salariales del 25% es una genialidad. También anda muy bien el plan que hace que los Corderitos de Dios paguen los productos 20% o 30% más caro si concurren al súper o al shopping el día que su tarjeta o su banco no tiene promoción. Es un gran proyecto porque destruye especialmente a los sectores más pobres que no tienen ni tarjeta ni banco ni nada. Ya lo dijo el CEO del Club de los Malos: “Desmoronad pobres y desmoronaréis mayorías”.
Frase guacha si las hay, por significado y por pronunciación.
No podía faltar el reconocimiento a nuestros perturbadores urbanos que tantas alegrías suelen darnos. En este caso, subió al escenario un muchacho de estatura mediana, aspecto simple, austero, nada que permitiera sospechar que estábamos frente a un turro descomunal. Formado en el campo del supermercadismo, es el responsable máximo de que siempre estén habilitadas la menor cantidad de cajas posibles. Ahora administra el flamante sistema de bolsitas de supermercado que se cobran, y que luego se usan en las casas para tirar la basura. El nuevo aporte de este coloso del mal consiste en hacer mínimas perforaciones en el fondo de la bolsa de modo que la falla sólo puede ser detectada cuando el reguero de grasa de pollo, o de filetto, o de líquido de pañal usado, delata el recorrido del usuario. O sea, demasiado tarde. Con su aspecto simplón, allí estaba de pie frente a todos nosotros, uno de los hijos de puta más grande de estos tiempos. Alabado sea.
La ceremonia cerró con las emotivas palabras del Jefe del Escuadrón de Saboteadores Anónimos que bajan las palancas de luz cada vez que el Ministro De Vido sale a decir que la política energética del gobierno es un éxito.
Para muchos Corderitos de Dios, el mar significa playa, arena, sol, vacaciones. Para nosotros representa la profundidad, la oscuridad, la turbulencia, la inmensidad y la estéril resistencia. El poder y la fuerza del mar son nuestra mejor metáfora y sobre sus ondas infinitas navegamos sin piedad, velas al viento, en la búsqueda de la más bella de las aventuras: arruinarle la vida al soberano. No hay tempestad que nos detenga ni olas que nos amedrenten. Ya lo dijo el gran Federico Fellini, miembro honorable de la Società dei Cattivi di Roma: “E la nave va”.
FUENTE: CLARÍN

Inquietudes de un presente contradictorio. Por Santiago Kovadloff

 Occidente está viviendo una época de profundo desencanto, motivado por las evidencias que la época arroja a partir de la caída del imperio soviético. Según esas evidencias, el capitalismo encierra contradicciones que desbaratan la esperanza de que su desarrollo sea capaz de conciliar el afianzamiento del poder y la expansión de la ética, tanto en el orden social como en el orden del conocimiento.
Se advierte esto de manera muy intensa en la crisis de inseguridad que genera la expansión del terrorismo y en el predominio de la voracidad financiera sobre los principios de la independencia del Estado.
El efecto de estos fenómenos sociopolíticos sobre las comunidades occidentales se agrava, por ejemplo, cuando la Unión Europea -es decir, los países más desarrollados- acusa el impacto de la ineptitud política para dar sustento al ideal de la comunidad continental.
La impunidad financiera, que nos habla de una crisis que parece estar convocando para llegar a una solución a los mismos que la provocaron, y el hecho de que el desarrollo del conocimiento de punta en el orden tecnológico va unido a una creciente exclusión de buena parte de los miembros de las comunidades desarrolladas son alteraciones con respecto a los ideales de mediados de siglo que generan una incertidumbre muy honda.
En los llamados países en proceso de desarrollo, como el nuestro, el desencanto con los sistemas democráticos también se pone de manifiesto a través del auge de los populismos que, si bien afecta a unos pocos países -Ecuador, Venezuela, la Argentina- muestra las dificultades que encontró América latina para llevar adelante una transición efectiva desde los gobiernos autoritarios a las democracias representativas plenas. Incluso en los países en los que esa transición ha sido más exitosa -Chile, Perú, Uruguay, Brasil-, la pobreza y la exclusión laboral y educativa siguen teniendo un peso que el desarrollo económico no ha logrado atenuar.
Miedo significa, desde esta perspectiva, incertidumbre con respecto al porvenir y a un presente vapuleado por las contradicciones. Miedo significa la hegemonía de la noción de consumo sobre los ideales de la ciudadanía y sobre la inclusión social indispensable, un consumo que muchas veces crece a expensas de la exclusión. Pocas veces la ostentación del poder económico ha sido tan desembozada mientras la pobreza y la exclusión aparecen por todas partes.
Fragilidad institucional y consumismo desenfrenado. Pobreza institucionalizada en formas del delito administrado por el tráfico de drogas: son nuevas configuraciones de la incertidumbre para aquellos que advierten ineficacia por parte de los Estados para terminar con estas experiencias del horror.
La extinción de los partidos políticos en el caso argentino, las dificultades para la reconstrucción de la vida institucional, los riesgos a que está expuesta la vigencia de la Constitución, el auge de la presunción de que de formas arcaicas como el caudillismo puedan provenir modelos innovadores de organización política, son fenómenos sociales que generan incertidumbre y temor en un sector muy amplio de la sociedad.
Otro factor decisivo es la pérdida de protagonismo de las religiones en estos últimos 40 años; la adhesión a los credos se funda mucho más en razones sentimentales y tradicionales que en la convicción de que ellos representan un recurso eficaz para enfrentar los desafíos del presente.
La desaparición de la escuela pública, que constituyó en el pasado una de las singularidades educativas más notables de la vida argentina, el auge de la desocupación allí donde la inflación devora los salarios, y el temor a ver restringidos en el futuro los canales de expresión no condicionados por el Estado también son fuentes de temor y de desvelo en una sociedad que no logra consumar su transición del autoritarismo a la democracia plena.
FUENTE: LA NACIÓN

sábado, 5 de enero de 2013

Un glorioso himno en tributo a la Presidenta. Por Carlos M. Reymundo Roberts

 En esta columna, la última antes de mis vacaciones, quería rendirle un especial tributo a Cristina, entre otras cosas porque estoy en deuda: casi no he podido ocuparme de ella en todo el año. Sé que la señora detesta ser el centro de un homenaje, pero no me resisto a saludarla como corresponde: con párrafos que me expresen y la expresen, con un texto que, surgido de mis pliegues más íntimos, sea testimonio de gratitud y admiración.
Cuando me enteré, esta semana, de que al sencillito gobernador de San Juan, José Luis Gioja, le habían dedicado un himno, me dije: ¡eso, un himno! Yo escribo la letra (por Dios, qué honor) y le pido a Fito que se encargue de la música. Bueno, no sé si me va a alcanzar para pagar la millonada que pide Fito cada vez que lo convocamos. Ha logrado que su kirchnerismo y su cuenta bancaria convivan muy bien. En fin, estoy seguro de que a alguien voy a encontrar.
Por lo tanto, puse manos a la obra. Escribí tres días y tres noches sin parar, borrando y volviendo a empezar, hasta que, creo, concebí una pieza original, profunda, visceralmente comprometida. Una suerte de oda, una canción apasionada. Se la dedico a ella, por supuesto, pero quiero compartirla con todos ustedes. Sólo pido que cuando sea reproducida en la prensa internacional y en las redes sociales se cite al autor. Aquí va.
Cristina, Cristina, Cristina. Gracias por reinventar la Argentina / Cristina, líder de todos y todas. Gobernando usted, solita y sola / Es la Presidenta que enseña a toda hora. Economista, psicóloga, cocinera, historiadora / La que predica la paz y armonía. La que vive esos valores noche y día / Gracias por estos años de consumo y crecimiento. Por tenernos a los saltos a cada momento / Por invitarnos a recorrer el futuro. Y decirnos que sin usted será muy duro / Por buscar la re-re a pesar de la Constitución. Que una ley no le corte las piernas a la revolución.
Gracias por Boudou y por Moreno. Por La Cámpora todoterreno / Por Jaime y por De Vido. Lástima Once, crueldad del destino / Gracias por el tren bala. La idea no era mala / Por el Indec y por Oyarbide. Que hacen lo que usted les pide / Por Aerolíneas, YPF y la Rural. Faena de una expropiadora serial / Por Kicillof, el ilustrado. Al que en cualquier momento le cuelgan el cartel de buscado / Por Abal. Un intelectual. Menos mal / Por encumbrar a Mariotto. Y después apagarlo con el control remoto / Por hacer de Sabbatella un erudito del derecho y la comunicación. Que pierde todas las batallas con entusiasmo y abnegación / Por Felisa Miceli y su bolsita feliz. Dejada en el baño por un desliz / Por deshacerse de Schoklender, Eskenazi y Moyano. Socios a los que se les fue la mano / Por tenerlo a Scioli bien cortito. Estos motonautas son muy rapiditos / Por Luis D'Elía. Respeto, tolerancia, alegría. Lo mejor de nuestra cría.
Gracias por olvidarse de corregir Ganancias. Un impuesto sin ninguna importancia / Por el cepo cambiario y el cierre de fronteras. Por llevarse los dólares afuera / Por aligerar las reservas del Banco Central. Siempre hay deudas que pagar / Por explicarnos cómo se supera la crisis de la energía. Con fina sintonía / Por presionar a los jueces. Una y mil veces / Por Puerto Madero. Que creció con nuestro dinero. / Por ocultar información sensible. Lo que hace a la realidad más digerible.
Gracias por Fútbol para Todos y la TV del Gobierno. Que nos muestra el Cielo y nos ahorra el infierno / Por la fabulosa cadena de medios oficiales. Que nos hace olvidar de todos los males / Por Barone y Víctor Hugo. Periodismo duro / Por la prensa militante. Cuestionadora y equidistante / Por la ley de medios, que democratiza el mensaje. Por el relato, que es una forma de aprendizaje / Gracias por reescribir la Historia. Por domesticarnos la memoria.
Gracias, Cristina, por el giro exterior profundo. Por apartarnos de los malvados de este mundo / Gracias por Chávez, Evo, Correa, Vietnam y Angola. La Argentina ya nunca estará sola / Por la cadena nacional. Cada vez más popular. / Por su palabra. Que es como un abracadabra.
Gracias por reinaugurar lo ya inaugurado. Por si lo hubiésemos olvidado / Por exhibir en Georgetown y Harvard su templanza. Y por advertirnos del horror de La Matanza / Por su coquetería. Por estrenarnos algo cada día / Por el turismo de aventura en la Fragata Libertad. Para que los marineritos se formen de verdad.
También le agradecemos por denostar a la oposición. Gente que no tiene solución. Un país sin opositores evita males mayores / Por perseguir a los críticos con todo el peso del Estado. Con la AFIP, la SIDE y los teléfonos pinchados / Por alertarnos sobre la plaga de golpistas. Médicos, monjas, zapateros, periodistas / Por explicarnos que las góndolas saqueadas fue obra de turbas organizadas / Por la ola de inseguridad. Como somos víctimas todos, es una forma de equidad / Por la crisis de la construcción. Ingenioso recurso para combatir la polución.
Gracias por jugar fuerte. Cueste lo que cueste / Por la hegemonía y el autoritarismo. Que se enteren: esto no es más de lo mismo / Por el "vamos por todo". No importa el modo / Señora, por esta era de libertad y democracia sólo podemos decirle ¡muchas gracias!
Ahora que lo pienso bien, creo que no le hace falta música.
FUENTE: LA NACIÓN