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martes, 12 de febrero de 2013

O se está con la Constitución Nacional o se está contra ella. por Alejandro Bulacio


Dos ideas de Patria, de derecho, están en juego. Una democracia constitucional por un lado, y una pseudodemocracia hegemónica con tufo autoritario por otro. 

Es imposible estar al medio. O se está con la Constitución Nacional, o se está contra ella. 


Y
 ojo que en nuestra norma fundamental, cabemos casi todos... hay principios liberales, católicos, ideas de justicia social peronistas (lo que les da cabida a las visiones populares), aportes radicales y socialistas, las ultimas reformas son más bien progresistas...


Lo que no es posible es no bancarse la idea de República, la división de poderes, el poder limitado, la independencia del poder judicial, las reglas de juego claras. 


Frente a ello, un simple abucheo no es para preocuparse. 
Sería para estar muy preocupados sino ocurriera, y no hubiera reacción alguna. 


Es más... le está dando la posibilidad al gobierno de rectificar su rumbo (ejem... casi imposible no?), viendo que la sociedad va para otro lado. 


Sin estos pequeños actos de resistencia, cuando se pretenda cambiar nuestro Acuerdo Fundamental Social, Político y Jurídico... (no solo para la reelección.... evidentemente) las reacciones necesariamente serán mucho más duras. Y ello puede ser por vías de hecho, o con apariencia jurídica... 


Y mejor ir de menor a mayor. Justamente para evitar la violencia y el caos. 


Quizá muchos en el poder ya lo estén comprendiendo y solo falte que el pueblo les de vuelta la cara en serio, para que empiecen a pensar como volver al cause normal de la democracia, dentro del proyecto que quieran, pero no fuera de la República, y contra ella.


La Constitución nos obliga a defenderla hasta con la vida... No es una lucha de barras bravas... 


Por suerte de a poco se va transformando en una lucha en la que la mayoría del pueblo está de un lado, y unos pocos alcahuetes e ideólogos del otro, ya que de a poco, hasta que les gustaría un orden jurídico distinto, se dan cuenta que tampoco quieren volver a una especie de gobierno absolutista con apariencias pseudemocráticas.-



Alejandor Bulacio

jueves, 2 de febrero de 2012

¡Una Constitución para la Presidenta!. Por Adrián Ventura


La Constitución actual no le impone a Cristina Kirchner casi ningún límite y la pretensión de reformarla para eliminar la prohibición de una segunda reelección la convertirá en un traje a medida.


¿Qué le puede aportar una reforma constitucional -sueño de tantos kirchneristas- a la Argentina? Veámoslo en detalle:
  • ¿Mejorará de alguna manera el medio ambiente? Ya está protegido por la actual Constitución y, a pesar de ello, el gobernador riojano Beder Herrera sólo prometió frenar el multimillonario proyecto minero para Famatina a raíz de una fuerte presión social en la provincia que empezó a repercutir a nivel nacional.
  • ¿Más libertad de expresión? Sería increíble que el mismo gobierno que persigue al Grupo Clarín, a LA NACION, a Papel Prensa, a la Editorial Perfil, entre otros medios de comunicación, y que manipula al extremo la publicidad estatal, esgrimiera ese argumento para sostener una reforma constitucional. Por otra parte, la Casa Rosada aún no explicó por qué impidió la sanción de las leyes de acceso a la información o de reparto equitativo de publicidad oficial, reclamadas desde hace años por organizaciones de la sociedad civil.
  • ¿Tendrán los ciudadanos más garantías para el derecho de propiedad? Habría que preguntarles a los empresarios, importadores e inversores qué opinan sobre las cambiantes reglas que con las que el Poder Ejecutivo -a través sobre todo de las medidas que impone el secretario de Comercio Exterior, Guillermo Moreno- suele cambiar los contratos.
  • ¿Más independencia de la Justicia? El gobierno nacional domina casi todos los tribunales, y cuando la Corte Suprema de Justicia se atreve a dictar una sentencia que le disgusta -por ejemplo, las actualizaciones de las jubilaciones, el caso del ex procurador general de Santa Cruz Eduardo Sosa o la condena a que le entregue publicidad oficial a la Editorial Perfil- suele incumplirlo, sin mayores consecuencias.
  • ¿Querrá fortalecer el Congreso de la Nación? Recordemos que hace pocas semanas, el presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, dijo con relación a la crítica que se hace de que el Congreso es una "escribanía" del Poder Ejecutivo, que a él le parece bien que se limite a dar fe de las iniciativas del Gobierno, que él, naturalmente, califica como buenas. Y, por otra parte, ¿cómo imaginar que el Poder Ejecutivo quiera tener un sistema parlamentario, con un Parlamento más fuerte, si justamente se nutre de la debilidad de la rama legislativa?

LOS DECRETOS

Se podría analizar artículo por artículo la actual Constitución, que la presidenta Cristina Kirchner interpreta que incluso le permite gobernar por decreto de necesidad y urgencia o transferir partidas presupuestarias sin límite.
Pero, en todos los casos, la conclusión puede ser exactamente la misma: la única beneficiaria de una futura reforma no sería la sociedad, sino la propia Presidenta, que sería habilitada a un tercer mandato. Al menos ésa es la intención de los tempranos promotores de un plan de reforma (algo sobre lo que Cristina Kirchner aún no se ha expresado en público).
En toda reforma constitucional, los políticos, para disimular sus ambiciones personales, edulcoran las modificaciones con promesas de alcanzar mejores niveles de bienestar, libertad, igualdad o más distribución del ingreso.
Por eso, para no caer en esas trampas que luego llevan al desengaño, lo mejor es pensar el tema con la mayor crudeza.
fuente: La Nación

lunes, 26 de diciembre de 2011

El laberinto político. Por Santiago Kovadloff


Acaso resulte sorprendente, pero a esta altura de los hechos ya no es inverosímil. Muchos estiman que, por el camino que vamos, una madre, en diciembre del año 2015, podría ungir a su hijo como presidente de la Nación. Los Kirchner no están solos en el afán de construir una dinastía familiar. Los Moyano, en ese sentido, no aspiran a menos aunque, por el momento, se los vea rezagados. La pronunciada agonía de los partidos encuentra, en esta primacía política de la sangre, su diagnóstico más sombrío. Si una hija puede proceder como lo hizo Florencia Kirchner el pasado 23 de octubre y si una viuda puede lo que pudo Cristina Fernández al homologar el nombre de su difunto esposo a los valores supremos del Estado por los cuales decidió jurar como mandataria, es porque ya estamos incursionando en una nueva (o muy vieja) concepción del poder.
También en este sentido el llamado cristinismo se quiere como una etapa superadora del justicialismo. Perón no vaciló en entregarle el poder a su inefable segunda esposa mientras consagraba al pueblo como su único heredero. Un cóctel ciertamente explosivo. Los Kirchner llegaron más lejos y, a lo que todo indica, aún más lejos quisieran llegar.
Ha comenzado por estos días una carrera que se extenderá por los próximos cuatro años. En ella compiten intereses contrapuestos. La oposición debe pelear para ganar protagonismo; el Gobierno, para no perderlo. Dígase lo que se diga, es dentro de sus filas donde el Gobierno encuentra los principales obstáculos que debe superar. Es en sus propias filas donde la Presidenta sitúa los riesgos mayores, aun cuando así no se lo admita. Sobre ex aliados, nuevos aliados, gobernadores de esquivo perfil y subordinados de siempre de dudosa fidelidad, recae la mirada inclemente de su desconfianza crónica. El estrellato ofertado a sus hijos no indica otra cosa. La estrategia, mientras tanto, pretende hacer creer que sus enemigos son externos. "Corporaciones conspirativas" es una de sus flamantes designaciones.
La oposición no sabe cómo dejar atrás su irrelevancia. La fragmentación que la inhabilita debe su vigencia a un modo de interpretar las necesidades del país y el papel de los liderazgos que la arrinconan en la intrascendencia. Nadie, en ella, ha pensado todavía cuál ha sido el aporte efectuado por todos sus dirigentes al desastre común. Al Gobierno, en cambio, lo amenaza su descomunal concentración de poder. Si se embriaga con ella, si profundiza su aislamiento, liquidará una incomparable oportunidad de liderar un proceso de reconstrucción democrática que la República pide a gritos. Y creo, desgraciadamente, que no será otro su rumbo. A lo que todo indica, no estima que su propia suficiencia pueda depararle ninguna frustración. Más aun: la Presidenta, lejos de tener la última palabra, como cabe a su función específica, tiene la única palabra que circula en su entorno. Faltan, entonces, no sólo los aportes que podrían hacerle algunas voces opositoras. Faltan, igualmente, el discernimiento y la sensatez que deberían proveerle, si las oyera, algunas de sus voces más cercanas. Falta, en suma, el aporte invalorable del pensamiento alternativo.
Pareció, hasta hace algún tiempo, que buena parte de ese aporte lo tenía a su cargo Carta Abierta. Hoy se tiene la impresión de que sus redactores han optado por la defensa intransigente de la acción presidencial, lejos ya de aquel espíritu crítico que motivó su origen.
La figura del disidente es una de las más odiadas por la Presidenta. Si se exceptúa la del traidor, no creo que haya otra que le inspire mayor rechazo. En la figura del disidente estalla la autocomplacencia oficial. En ella, encarna la disonancia que enfurece al Poder cuando ese poder lo quiere todo de un solo color. El hechizo del liderazgo hegemónico encuentra en el disidente su límite drástico. Es el lapsus de la lógica totalizadora, el ejercicio autónomo de la reflexión que atormenta al discurso excluyente o único. El poder autoritario necesita terminar con esa práctica para que el mundo vuelva a parecerse a lo que su sed de uniformidad le exige.
Si el fanatismo ha encontrado su lugar en el poder, ¿cómo no habría de encontrarlo la repugnancia al pensamiento crítico que aun subsiste fuera de él? Disentir de ese pensamiento cuando corresponde es el deber lógico del oficialismo y también de la oposición. Pretender silenciarlo, en cambio, buscar su ahogo, es estar decidido a sellar con la impronta de la intolerancia el triunfo del monólogo. Y, dígase de paso, la gran victoria del Gobierno en esta embestida contra el pensamiento crítico es, hasta ahora, la formidable apatía social que, en relación con este asunto, reina entre quienes integran el 46% de un electorado que no lo votó. Ninguno de sus representantes se hace oír al respecto con la contundencia necesaria.
Hay, además de la del disidente, otra figura que el poder no soporta. Es la que representa Moyano. Moyano no es un traidor ni es un disidente. Es el alter ego del oficialismo. Es otra voz del pensamiento único, pero enfrentada ahora a quien se dice su titular. Moyano fue ese aliado que ya no conviene tener. Util hasta ayer; hoy, disfuncional. Ha llegado, pues, la hora de privarlo de legitimidad. El proceso histórico en marcha exige, al parecer, esas alianzas y estos enconos. Moyano, por supuesto, responde con la misma moneda con que le pagan. Pero, en la lucha por el poder, las palabras no suelen ser sino el preámbulo de los hechos. El Gobierno exige subordinación incondicional. Moyano no se muestra dispuesto a retroceder. La prensa es lo que Cristina más odia, pero Moyano representa el poder que más la desvela. Ambos, la Presidenta y el sindicalista, se saben inflexibles en su ambición. Una vez más, el peronismo exhibe las tensiones que genera su división. Una vez más, el país parece depender del curso que tomen esas remotas beligerancias.
Si fuera posible pronunciarse con cierta objetividad, diría que, desde 2001, éste es uno de los momentos más inquietantes de la política argentina. Acaso porque estamos en el umbral de acontecimientos de infrecuente intensidad: un gobierno que se dice peronista enfrentado al sindicalismo; una distancia electoral entre el oficialismo y sus adversarios del 37%, vale decir, como nunca se ha visto; una predilección de la Argentina por el trato con los países políticamente menos evolucionados de América latina y una simultánea reserva en las relaciones con los países más avanzados del subcontinente; casi tres décadas ininterrumpidas de vida democrática y una fragilidad institucional indisimulable.
La Argentina se encuentra en un proceso de declinación muy pronunciado. Si hoy no puede extraer lecciones de un mundo convulsionado por sus contradicciones, podría al menos extraerlas de su propia historia. Pero no. Entre nosotros la proclividad a la repetición del error ejerce una fascinación sin mengua. Lo que se repite cambia de formato, no de contenido. La Constitución es pretextual. Lo es desde hace mucho. La necesidad social de que así no fuera le permitió a Raúl Alfonsín ganar las elecciones de 1983. Pero la imposibilidad de dar sustento en el largo plazo a esa necesidad minó su gestión al poco tiempo de iniciada. Los gobiernos que siguieron al suyo ya concibieron la ley, abiertamente, como un instrumento servil del poder. La declinación cívica de la Argentina se inició en el interior de los partidos políticos cuando empezaron a abandonar su prédica docente y su labor programática para dejarse ganar por un oportunismo perverso. Así es como hoy están pulverizados. Profundizaron esa declinación, ni qué decirlo, los golpes militares. Y los dos últimos gobiernos, al que ahora se suma un tercero, supieron capitalizar los frutos amargos de ese deterioro. Ellos han fortalecido, como sostuvo Natalio Botana, "una democracia sui generis organizada en torno a la hegemonía del Poder Ejecutivo". Vuelve a cobrar vida de este modo un viejo proyecto de liderazgo político asentado en una figura dominante que se postula como equivalente al Estado.
Si supiéramos entender lo que quiso significar Guillermo Jaim Etcheverry con su obra La tragedia educativa, tal vez comprenderíamos que en ella no aspiró a pronunciarse ante todo un experto en la materia. Lo que allí ha hecho Jaim Etcheverry es mostrar, con inusual penetración, que la educación maltrecha que hoy abunda entre nosotros es un síntoma de la pobreza estructural y de la mezquindad ética que imperan en la concepción de la política; pobreza y mezquindad que nos extravían en un laberinto del que, todavía, no sabemos cómo salir.
FUENTE: LA NACIÓN

jueves, 30 de junio de 2011

La Constitución o el delito. Por Santiago Kovadloff


Queda claro: la lucha de fondo, a partir de aquí, será a favor o en contra de la Constitución. A favor o en contra de la ley. A favor o en contra de la alternancia. A favor o en contra del autoritarismo. Sólo después, si se impusiera el marco de un sistema político y jurídico saneado, la izquierda y la derecha tendrán ocasión de ofertar sus matices doctrinarios.
Hasta ese momento la lucha será otra. Hasta allí, lo que está en juego son dos concepciones de la gobernabilidad. Una es democrática, la otra no. Anteponer lo ideológico -como campo de confrontación prioritaria- a esta alternativa axiomática equivale a darle la espalda al drama del país para buscar amparo en el lirismo conceptual. O, lo que es peor, a instalar la discusión en un escenario que a todas luces le conviene al oficialismo para seguir camuflando con bellas palabras hechos deleznables y propósitos demagógicos.
Javier González Fraga hizo saber que si Ricardo Alfonsín se impusiera en las elecciones de octubre, su gobierno sería gradualista en todo menos en lo que atañe a la Justicia. En otros términos: no hay que enfriar la economía, pero sí hay que recalentar la vigencia de la ley. Tiene razón. La Constitución no regirá de veras si no se impone la intransigencia en su cumplimiento. ¿No es ésta acaso también la convicción de Elisa Carrió? ¿No es éste el planteo central de Eduardo Duhalde? ¿Y qué decir de Hermes Binner, sino que es este mismo principio el que lo define? Ninguna de las fuerzas partidarias interesadas en competir por la conquista de la próxima presidencia puede tener con el oficialismo una diferencia más sustancial que ésta ni un motivo más hondo para impulsar un acuerdo básico entre todas ellas.
Es fácil prever hacia dónde se encaminará el oficialismo si gana las elecciones de la próxima primavera. No es fácil en cambio advertir todavía si sus opositores están dispuestos a deponer las diferencias que los segmentan ante la necesidad de impedir que ese triunfo oficialista se produzca. Nadie como los Kirchner ha manipulado con tamaña astucia y afán de distorsión los recursos ofertados al poder por una democracia debilitada, en favor de un desvalimiento aún mayor de sus fundamentos.
Hay horas en las cuales no entender qué es lo decisivo para una nación puede resultar fatal para su porvenir. Esta es una de ellas. Las circunstancias exigen de las dirigencias opositoras una lucidez perceptiva que no admite más dilaciones. Lo que primeramente hace falta es derrotar al kirchnerismo. Se trata de identificar o dejar de identificar la línea divisoria entre quienes comprenden que es indispensable defender la democracia y volver a consolidarla y quienes la esquilman sin pudor por entender que es otro el camino que debe seguir la organización nacional. De modo que o se está con la Constitución o se está contra ella. Con el propósito de respaldarla o con el proyecto de abolirla en favor de otra legalidad.
La fortaleza moral imprescindible para restituirle auténtica significación al orden constitucional malamente vigente no puede tener otra raíz que la conciencia del dolor, del envilecimiento, de la estafa y del empobrecimiento sembrados por la decadencia en que nos encontramos. No son la riqueza que el Estado acumula ni el consumo desbordante y circunstancial que alienta los que harán la felicidad de nuestro pueblo -como querían Sarmiento y Alberdi-, sino su adecuada y honesta administración. La corrupción administrativa por parte del Estado convierte los recursos con que cuenta en un robo y en una herramienta extorsiva. No es pues el progresismo lo que debe discutirse hoy en la Argentina, si de veras se quiere ir al fondo de las cosas. Hay algo previo que cabe discutir y son las condiciones que hacen posible la gobernabilidad. Ellas remiten a dos procedimientos básicos que pueden promoverla. Uno es el delito. El otro es la subordinación a la ley. Uno y otro encaran de muy distinta manera lo que es urgente resolver: el empleo, la educación, la inversión, la salud pública, la inseguridad. Se trata de optar, de convalidar uno u otro de esos dos procedimientos. De generar o dejar de generar las condiciones propicias para que la política, democráticamente entendida, vuelva a despertar expectativas sociales de dignidad y progreso.
¿Implica el acuerdo entre Ricardo Alfonsín y Javier González Fraga una evolución de ambos partidos -el Justicialismo y la Unión Cívica Radical- hacia una complementación que reconoce tanto la necesidad de acatar las instituciones como la de aprender a gestionar el poder? Si así no fuera, un eventual recambio de inquilinos en la Casa Rosada no habrá significado nada más que una efímera ilusión. Si así fuera, la distensión del conflicto social y el gradual desarrollo del proceso educativo irán infundiendo al ideario republicano un peso social y cultural que no tiene. De modo que la cuestión primordial no es saber quién ganará y quién perderá. Lo que cabe saber es qué se ganará y qué se perderá con quien gane y con quien pierda. Se trata de ver si estamos dispuestos a ir hacia una reforma constitucional que asegure la reelección indefinida del oficialismo actual o hacia un proyecto de alternancia que devuelva consistencia y seriedad a la democracia argentina.
Como ha ocurrido siempre con el kirchnerismo, es él mismo quien genera sus mayores dificultades y abre sus flancos más vulnerables. Sus contradicciones lo desbordan y, al igual que en el caso de Jekyll, su lado oscuro termina por empañar su triunfalismo y su soberbia. Como ha escrito Eduardo van der Kooy: "Los casos Bonafini y Moyano no se circunscriben sólo a ellos, a sus pensamientos y sus conductas. Representarían también un estado de crisis (¿incipiente?) en dos de los tres engranajes que, desde 2003, le permitieron funcionar al sistema kirchnerista. Refiere a las organizaciones sociales y de derechos humanos y al sindicalismo. La otra pieza está paralizada hace rato. El peronismo vive encapsulado y temeroso. ¿No esconde esta patología, también, un estado de crisis potencial?"
Si Néstor Kirchner viviera, el fantasma de la reforma constitucional no sería agitado con imprudente insistencia en la trastienda del poder. La alternancia matrimonial seguiría desempeñando, seguramente, el papel que empezó a cumplir en el año 2007. No siendo ello posible, Cristina Fernández necesita uno o dos períodos más al frente del Ejecutivo para terminar de dar a luz su descendencia confiable, hoy en pleno proceso de cocción. Transformada en madre simbólica y doctrinaria, podrá ver mañana su identidad expandida y perpetuada en un hijo o en varios de ellos, que no necesitarán ser carnales para ser ideológicamente legítimos. Por el momento, las referencias constantes de su entorno a la necesidad de "proteger a Cristina" tienen su razón de ser. La Presidenta depende mucho más de lo que desearía de quienes la rodean, cosa que con Néstor Kirchner no ocurría. A ella hay que cuidarla. De él había que cuidarse.
Para configurar la contundente victoria electoral que busca, Cristina Fernández debe sumar, a los que ya tiene asegurados, votos que la siembra populista no le basta para cosechar. El sentimentalismo que vertebra la sensibilidad política de muchos argentinos y el auge consumista en curso se muestran dispuestos a brindárselos. Los dictados del corazón, tan fervorosos como volátiles en el orden político, y los descarnados intereses económicos que sólo tramitan por la vía del cálculo sus opciones constitucionales se perfilan así como plenamente complementarios. Y la Presidenta ha demostrado tener reflejos rápidos para capitalizarlos. Bien lo ha dicho recientemente James Nielsen: "La compasión que tantos sienten por Cristina desde que murió su esposo ha podido más que la inoperancia tragicómica del gobierno que encabeza". Lo demás y siempre a su favor, al menos hasta ahora, lo ha venido haciendo la desconfianza social en la política y, sobre todo, en la consistencia de las instituciones.
Más allá de lo discutible que pueda resultar este diagnóstico, lo cierto es que el nuestro es un país con dificultades profundas para generar mecanismos de control. Y de esa impotencia se alimenta muy buena parte de nuestro escepticismo social. Carlos Pagni ha dicho con precisión que el nuestro es un país políticamente insolvente. Apto para los procedimientos populistas pero no para las exigencias de una democracia cabal. Propicio para la instrumentación de la pobreza pero no para su resolución. Nadie lo sabe mejor que aquellos que hoy celebran la fragmentación y la diáspora en que andan sumidos los partidos políticos y festejan el retroceso del orden constitucional. Es, no obstante, en circunstancias como éstas que cabe decidir de qué lado nos pondremos. Si del lado de la resignación o del lado de una búsqueda tan difícil como imprescindible. Tan riesgosa como fundamental.
© La Nacion

sábado, 4 de junio de 2011

CADA VEZ MÁS CORRUPCIÓN


GENTILEZA DE MARTIN RECALDE PARA AN 54
Nuestro gobierno podría ser calificado como un gobierno fallido en una democracia imperfecta. Fallido por la ausencia de la interacción de los Poderes. Fallido por la trasngresión casi sistemática de las leyes y la Constitución Nacional.
Todo se busca ajustar a sus necesidades y preferencias. Si la ley sirve, bien, si no sirve, se busca un subterfugio para justificarla y adaptarla a sus propósitos o simplemente desconocerla.
Nuestro actual sistema democrático es solamente la cobertura de un régimen fuertemente autoritario y personalista.
Pero además de las causas indicadas en el primer párrafo, otra que incide fuertemente, es el enorme nivel de corrupción gubernamental. En cualquier lugar, hecho o actividad que se investigue, surge casi de inmediato la purulencia de la corrupción.
Una de las banderas de este gobierno son los “Derechos Humanos”. Desde el principio de la gestión gubernamental del matrimonio Kirchner, este tema constituyó un tema central en su política interior.
Pero como no podía ser de otra manera fue mal llevada, pésimamente llevada, casi solamente como una declamación publicitaria que buscaba obtener réditos políticos.
Los organismos de “Derechos Humanos” muy en particular la organización no gubernamental “Madres de Plaza de Mayo”, entre otras, estaban muy cercanos a la presidente.
La líder de esta agrupación, la inefable Hebe de Bonafini, siempre próxima a Cristina en todos los actos públicos, se trataban como si fueran parientes o entrañables amigas.
Con el tiempo, la organización de las “Madres de Plaza de Mayo”, fue creciendo y formando una especie de holding que tenía desde una universidad propia, hasta, entre otras actividades, la construcción de viviendas en todo el país.
Obviamente ese desarrollo y crecimiento se debía a los millonarios subsidios oficiales.
El apoderado de esta fundación no era más ni menos que un famoso parricida, Sergio Schocklender.
Pero recientemente estalló como en casi todo lo que hace o hizo el oficialismo, el consabido acto de corrupción en el manejo irregular de esos fondos públicos.
El parricida tenía un nivel de vida realmente envidiable, un elevadísimo standard de vida.
Ya en 2010, Fundación Madres de Plaza de Mayo fue denunciada ante la Justicia por el rechazo de 147 cheques por un total de $1.668.270,39. En 2003, el Juzgado Nacional de 1ra. Instancia en lo Comercial Nº 1, decretó la quiebra de Sergio Schocklender. Ambos, Bonafini y Schocklender, habían sido denunciados por sobreprecios en la construcción de viviendas sociales “(“Las Casitas de Telgopor de Cristina”).
¿Puede ser creíble que su “madre adoptiva” no haya tenido conocimiento de la situación de Schocklener y del manejo irregular de los fondos?
El hecho es una mancha más para el gobierno. Una mancha más en este tema en particular, el de los “Derechos Humanos”, que se suma a los cientos, probablemente miles de millones de dólares, sin información oficial, distribuidos entre los familiares de los “desaparecidos” de la década del 70, en los 1200 presos políticos en cuyo detención y procesamiento se transgreden principios jurídicos universales y en los que fallecieron en prisión por no recibir la asistencia médica adecuada.
A ello le podemos sumar casi un tercio de la población que vive debajo de la línea de pobreza, sin perspectivas para su futuro ni el de sus hijos, en los niños en el Norte de nuestro país que se mueren de hambre y así se podría seguir en la enumeración de hechos que marcan un rotundo fracaso en la política de los “Derechos Humanos”.
Estos casos de corrupción que es extienden a casi todas las esferas y actividades del gobierno, se debe fundamentalmente, a la falta de organismos de contralor o de supervisión.
Y precisamente la transparencia de los actos públicos, era otra de las banderas que esgrimía la presidente y que reafirmó repetidamente desde el mismo momento de su asunción a la primera magistratura.
¡Que ironía! Dos de las banderas del FPV han caído… ¿Cuántas más caerán con el tiempo?

Fuente: SEPRIN

miércoles, 1 de junio de 2011

SALUD PÚBLICA VS FÚTBOL PARA TODOS. Por Ricardo Alfredo Rey


CUANDO CRISTINA PROMETÍA USAR ADECUADAMENTE EL DINERO DE LOS ARGENTINOS.


El domingo 23 de octubre de este año se realizarán las elecciones presidenciales en nuestro país. Faltan casi cinco meses para este acto y en casi todos los medios periodísticos (oficiales, pseudo-oficiales y privados), más del 50 o 60% de sus espacios están ocupados por mostrar cómo se van a conformar las listas, quiénes van a ser los candidatos, si hacen o no “colectoras”, si se forman o no alianzas, (algunas de ellas tan opuestas ideológicamente que ya sabemos de antemano como van a terminar), en fin, uno no comprende si es para informarnos o para distraernos sobre la realidad de la situación económica-política-social que estamos atravesando.

 Ahora, hablando de publicidad oficial, el paradigma sin ningún lugar a dudas es el Futbol para todos. Sabemos que este deporte atrae el interés de millones de personas y es muy interesante que llegue a todo el país a través de la televisión de aire sin costo extra para el usuario. Estoy totalmente de acuerdo que el futbol sea para todos, en lo que nunca voy a estar de acuerdo es que el costo de estas transmisiones sean pagadas por el erario público cuando bien podrían ser pagadas por la publicidad de múltiples empresas privadas. A continuación voy a demostrar que ver este deporte “gratis” por televisión mientras la Presidencia de la Nación hace publicidad de sus actos y sus promesas nos cuesta, indirectamente, mucho más caro de lo que nos imaginamos pues puede haber costo en vidas de por medio.
  Transcribo a continuación parte del discurso de la señora Presidente de la Nación en conmemoración del Día de la lealtad peronista, el 17 de octubre de 2008 en la Universidad de La Matanza.
“Quiero también en este día muy especial en el que venimos para presentar formalmente el acto de licitación pública de nuevos siete hospitales para los argentinos, cinco que construimos con recursos del PAMI diseñados por el Ministerio de Salud y dos producto de reasignación de partidas de nuestro presupuesto, el presupuesto de los argentinos, destinando lo que podía haber sido un avión presidencial a lo que realmente necesitan los argentinos y principalmente el conurbano bonaerense, que son hospitales.
Quiero contarles que son, junto al hospital de Paraná, provincia de Entre Ríos, 1.088 camas que vamos a tener los argentinos, con una inversión de 722 millones de pesos. Quiero contarles también que con Graciela habíamos elaborado un plan más ambicioso que bueno, ustedes saben, yo lo expliqué algún día en el Salón Blanco y de dónde iban a salir los recursos, tal vez de los que más tenían. No pudo ser por esas cosas de la política. Me preocupo por los que no van a tener esos otros 23 hospitales que hubieran sido tan necesarios, pero acá estamos con estos siete, y vamos a hacer más, todo lo que tal vez el egoísmo, tal vez la ceguera nos arrebataron se lo vamos a dar igual a los argentinos juntando recursos para que haya más hospitales.
Pero estos son siete hospitales, en Esteban Echeverría, dos aquí en Gregorio De Laferrere, y en Rafael Castillo donde tuve la idea aquella vez que fuimos a la tarde a inaugurar el agua potable, lo recuerdo como si fuera hoy; también en Escobar, Ituzaingó, General Rodríguez, siete hospitales para los argentinos, para lograr mejor calidad de vida, para lograr salud.
Con Fernando aquella tarde en Rafael Castillo, cuando fuimos a inaugurar obras de agua potable, luego veníamos conversando y él me decía que el gran problema que tenía era el tema de la salud, y entonces a los pocos días lo llamé a él y a su equipo de salud, y juntos nos sentamos en el despacho, como él relataba, a imaginar cómo podíamos, reasignando esas partidas, colocar dos hospitales aquí que tanto se necesitaban. Esto es lo que todos tenemos que hacer, poner esfuerzo e imaginación, buscar cómo mejoramos la asignación de los recursos para los argentinos, sobre todo los de mayor vulnerabilidad social, porque claro, los que tienen plata pueden ir a una clínica privada o a los mejores hospitales, pero necesitamos fundamentalmente poner en marcha más hospitales para que mayor cantidad de argentinos pueda acceder a este derecho, que es el de la salud.
Por eso hoy estoy muy contenta, me parece que esta es la manera de recordar gestas como la del 17 de octubre. (Aplausos) Uno no demuestra el amor a una doctrina o a un partido solamente cantando su marcha, por más que nos guste cantar mucho la marcha, uno lo demuestra gestionando y haciendo cosas por la gente que más necesita, esta es la mejor manera de honrar la historia y nuestra propia historia. (Aplausos)”
  Demás está decir que después de dos años y medio de este anuncio no se puso ni siquiera la piedra fundamental de los mismos.
  Inserto a continuación algunas atribuciones del Poder Ejecutivo según la Constitución Nacional,
  En la Sección Segunda del Poder Ejecutivo, la Constitución Nacional Argentina establece:
Capítulo III, artículo 99: El presidente de la Nación tiene las siguientes atribuciones:
1. Es el jefe supremo de la Nación, jefe de gobierno y responsable político de la administración general del país.
La frase clave de esta atribución es que Ud. señora Presidente es la responsable política de la administración general del país. Si vemos que la palabra administrar según la Real Academia Española en su primera acepción dice: gobernar, ejercer la autoridad o el mando sobre un territorio y sobre las personas que lo habitan y en su octava acepción dice: graduar o dosificar el uso de algo, para obtener mayor rendimiento de ello o para que produzca mejor efecto.
  Es mi intención demostrar que habiendo fondos públicos disponibles (que es lo que Ud. administra) es su obligación disponer de estos de la manera más conveniente para los ciudadanos que con sus impuestos son los que aportan dichos fondos.
  Detallaré seguidamente que estos fondos para construir los hospitales existían pero fueron usados, como se ve hasta ahora, para hacer publicidad de su gestión de gobierno.
De los $ 600 millones arreglados en los derechos de 2009 (que en realidad, fueron más de $ 645 millones con algunos costos de producción), ya se pasó a los $ 828 millones que el Ministerio de Economía tiene presupuestado para el Fútbol para todos de 2010. En el Gobierno no aclaran qué parte de esa suma ya se usó hasta ahora y cuánto falta gastar aún.
Para la semana que viene se espera la primera transferencia de fondos a la AFA correspondiente a la temporada 2010-2011. Los especialistas creen que no costará los $ 828 millones ya asignados, sino que escalará a $928 millones y camino a los $ 1.000 millones. Diario Política.com (17/10/2010)
  La presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, tiene previsto un debut a lo grande para el flamante secretario de Medios, Juan Manuel Abal Medina. El programa "Fútbol para todos", que inicialmente iba a costar $ 600 millones anuales y luego se estiró hasta $ 928 millones, está a punto de incrementar más su presupuesto: serán $ 1.300 millones durante este año.
Aunque la plata que recibirá la AFA se incrementará poco (irá de $ 600 a 650 millones), la mayor erogación será que las transmisiones sean en el sistema de "alta definición", con mayor calidad de imagen. Martín Bidegaray especial para Los Andes.
  He aquí la prueba de lo que considero, a simple nivel ciudadano, que los recursos públicos existentes, mal utilizados, constituyen una grave “mala praxis” de los funcionarios que tienen la responsabilidad de asignarlos allí donde más se necesitan, especialmente como estaban destinadas estas promesas, a cubrir graves falencias en la salud pública, precisamente en el sector más necesitado de toda la población de este castigado Conurbano Bonaerense.
Señora Presidente, ya que el anuncio de construcción de los siete hospitales lo hizo el día de la Lealtad Peronista, recuerde una de las frases predilectas del fundador del partido político a quien Ud. dice pertenecer: “mejor que decir es hacer, mejor que prometer es realizar”.

 Fuente: Tribuna