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jueves, 30 de junio de 2011

La Constitución o el delito. Por Santiago Kovadloff


Queda claro: la lucha de fondo, a partir de aquí, será a favor o en contra de la Constitución. A favor o en contra de la ley. A favor o en contra de la alternancia. A favor o en contra del autoritarismo. Sólo después, si se impusiera el marco de un sistema político y jurídico saneado, la izquierda y la derecha tendrán ocasión de ofertar sus matices doctrinarios.
Hasta ese momento la lucha será otra. Hasta allí, lo que está en juego son dos concepciones de la gobernabilidad. Una es democrática, la otra no. Anteponer lo ideológico -como campo de confrontación prioritaria- a esta alternativa axiomática equivale a darle la espalda al drama del país para buscar amparo en el lirismo conceptual. O, lo que es peor, a instalar la discusión en un escenario que a todas luces le conviene al oficialismo para seguir camuflando con bellas palabras hechos deleznables y propósitos demagógicos.
Javier González Fraga hizo saber que si Ricardo Alfonsín se impusiera en las elecciones de octubre, su gobierno sería gradualista en todo menos en lo que atañe a la Justicia. En otros términos: no hay que enfriar la economía, pero sí hay que recalentar la vigencia de la ley. Tiene razón. La Constitución no regirá de veras si no se impone la intransigencia en su cumplimiento. ¿No es ésta acaso también la convicción de Elisa Carrió? ¿No es éste el planteo central de Eduardo Duhalde? ¿Y qué decir de Hermes Binner, sino que es este mismo principio el que lo define? Ninguna de las fuerzas partidarias interesadas en competir por la conquista de la próxima presidencia puede tener con el oficialismo una diferencia más sustancial que ésta ni un motivo más hondo para impulsar un acuerdo básico entre todas ellas.
Es fácil prever hacia dónde se encaminará el oficialismo si gana las elecciones de la próxima primavera. No es fácil en cambio advertir todavía si sus opositores están dispuestos a deponer las diferencias que los segmentan ante la necesidad de impedir que ese triunfo oficialista se produzca. Nadie como los Kirchner ha manipulado con tamaña astucia y afán de distorsión los recursos ofertados al poder por una democracia debilitada, en favor de un desvalimiento aún mayor de sus fundamentos.
Hay horas en las cuales no entender qué es lo decisivo para una nación puede resultar fatal para su porvenir. Esta es una de ellas. Las circunstancias exigen de las dirigencias opositoras una lucidez perceptiva que no admite más dilaciones. Lo que primeramente hace falta es derrotar al kirchnerismo. Se trata de identificar o dejar de identificar la línea divisoria entre quienes comprenden que es indispensable defender la democracia y volver a consolidarla y quienes la esquilman sin pudor por entender que es otro el camino que debe seguir la organización nacional. De modo que o se está con la Constitución o se está contra ella. Con el propósito de respaldarla o con el proyecto de abolirla en favor de otra legalidad.
La fortaleza moral imprescindible para restituirle auténtica significación al orden constitucional malamente vigente no puede tener otra raíz que la conciencia del dolor, del envilecimiento, de la estafa y del empobrecimiento sembrados por la decadencia en que nos encontramos. No son la riqueza que el Estado acumula ni el consumo desbordante y circunstancial que alienta los que harán la felicidad de nuestro pueblo -como querían Sarmiento y Alberdi-, sino su adecuada y honesta administración. La corrupción administrativa por parte del Estado convierte los recursos con que cuenta en un robo y en una herramienta extorsiva. No es pues el progresismo lo que debe discutirse hoy en la Argentina, si de veras se quiere ir al fondo de las cosas. Hay algo previo que cabe discutir y son las condiciones que hacen posible la gobernabilidad. Ellas remiten a dos procedimientos básicos que pueden promoverla. Uno es el delito. El otro es la subordinación a la ley. Uno y otro encaran de muy distinta manera lo que es urgente resolver: el empleo, la educación, la inversión, la salud pública, la inseguridad. Se trata de optar, de convalidar uno u otro de esos dos procedimientos. De generar o dejar de generar las condiciones propicias para que la política, democráticamente entendida, vuelva a despertar expectativas sociales de dignidad y progreso.
¿Implica el acuerdo entre Ricardo Alfonsín y Javier González Fraga una evolución de ambos partidos -el Justicialismo y la Unión Cívica Radical- hacia una complementación que reconoce tanto la necesidad de acatar las instituciones como la de aprender a gestionar el poder? Si así no fuera, un eventual recambio de inquilinos en la Casa Rosada no habrá significado nada más que una efímera ilusión. Si así fuera, la distensión del conflicto social y el gradual desarrollo del proceso educativo irán infundiendo al ideario republicano un peso social y cultural que no tiene. De modo que la cuestión primordial no es saber quién ganará y quién perderá. Lo que cabe saber es qué se ganará y qué se perderá con quien gane y con quien pierda. Se trata de ver si estamos dispuestos a ir hacia una reforma constitucional que asegure la reelección indefinida del oficialismo actual o hacia un proyecto de alternancia que devuelva consistencia y seriedad a la democracia argentina.
Como ha ocurrido siempre con el kirchnerismo, es él mismo quien genera sus mayores dificultades y abre sus flancos más vulnerables. Sus contradicciones lo desbordan y, al igual que en el caso de Jekyll, su lado oscuro termina por empañar su triunfalismo y su soberbia. Como ha escrito Eduardo van der Kooy: "Los casos Bonafini y Moyano no se circunscriben sólo a ellos, a sus pensamientos y sus conductas. Representarían también un estado de crisis (¿incipiente?) en dos de los tres engranajes que, desde 2003, le permitieron funcionar al sistema kirchnerista. Refiere a las organizaciones sociales y de derechos humanos y al sindicalismo. La otra pieza está paralizada hace rato. El peronismo vive encapsulado y temeroso. ¿No esconde esta patología, también, un estado de crisis potencial?"
Si Néstor Kirchner viviera, el fantasma de la reforma constitucional no sería agitado con imprudente insistencia en la trastienda del poder. La alternancia matrimonial seguiría desempeñando, seguramente, el papel que empezó a cumplir en el año 2007. No siendo ello posible, Cristina Fernández necesita uno o dos períodos más al frente del Ejecutivo para terminar de dar a luz su descendencia confiable, hoy en pleno proceso de cocción. Transformada en madre simbólica y doctrinaria, podrá ver mañana su identidad expandida y perpetuada en un hijo o en varios de ellos, que no necesitarán ser carnales para ser ideológicamente legítimos. Por el momento, las referencias constantes de su entorno a la necesidad de "proteger a Cristina" tienen su razón de ser. La Presidenta depende mucho más de lo que desearía de quienes la rodean, cosa que con Néstor Kirchner no ocurría. A ella hay que cuidarla. De él había que cuidarse.
Para configurar la contundente victoria electoral que busca, Cristina Fernández debe sumar, a los que ya tiene asegurados, votos que la siembra populista no le basta para cosechar. El sentimentalismo que vertebra la sensibilidad política de muchos argentinos y el auge consumista en curso se muestran dispuestos a brindárselos. Los dictados del corazón, tan fervorosos como volátiles en el orden político, y los descarnados intereses económicos que sólo tramitan por la vía del cálculo sus opciones constitucionales se perfilan así como plenamente complementarios. Y la Presidenta ha demostrado tener reflejos rápidos para capitalizarlos. Bien lo ha dicho recientemente James Nielsen: "La compasión que tantos sienten por Cristina desde que murió su esposo ha podido más que la inoperancia tragicómica del gobierno que encabeza". Lo demás y siempre a su favor, al menos hasta ahora, lo ha venido haciendo la desconfianza social en la política y, sobre todo, en la consistencia de las instituciones.
Más allá de lo discutible que pueda resultar este diagnóstico, lo cierto es que el nuestro es un país con dificultades profundas para generar mecanismos de control. Y de esa impotencia se alimenta muy buena parte de nuestro escepticismo social. Carlos Pagni ha dicho con precisión que el nuestro es un país políticamente insolvente. Apto para los procedimientos populistas pero no para las exigencias de una democracia cabal. Propicio para la instrumentación de la pobreza pero no para su resolución. Nadie lo sabe mejor que aquellos que hoy celebran la fragmentación y la diáspora en que andan sumidos los partidos políticos y festejan el retroceso del orden constitucional. Es, no obstante, en circunstancias como éstas que cabe decidir de qué lado nos pondremos. Si del lado de la resignación o del lado de una búsqueda tan difícil como imprescindible. Tan riesgosa como fundamental.
© La Nacion

martes, 21 de junio de 2011

Peligrosa ausencia de controles en el área del ministro Manzur

Es motivo de denuncias la aparente ausencia de controles en la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica y el Instituto Nacional de Medicamentos, ambos en jurisdicción del Ministerio de Salud de la Nación.


Cuando el ministro de Salud, Juan Luis Manzur, llegó desdeTucumán al Ejecutivo federal, fue consecuencia de una crisis en las políticas sanitarias pero también en la relación entre las obras sociales sindicales y quien era titular hasta entonces, Graciela Ocaña.
 
Desde entonces, pareciera, erróneamente, que la gestión de Manzur se acotara a supervisar la ejecución de beneficios a las obras sociales sindicales y supervisar que la investigación judicial sobre irregularidades en el uso de la Administración de Programas Sociales no manche a Cristina Fernández.

Sin embargo, otros acontecimientos en curso, en la jurisdicción de Manzur, podrían provocar escándalos como consecuencia de ese enfoque limitado que exhibe el ministro, quien sin embargo presume de sanitarista.
 
Ocurre que entre las competencias del Ministerio de Salud de la Nación hay organismos sanitarios fundamentales, hoy día con un comportamiento laxo, incumpliendo con sus objetivos reguladores, sin que al ministro Manzur le importe, pese a que la cuestión de las droguerías y laboratorios fuera de control ha resultado motivo ya de varios expedientes judiciales. 
 
Del ministro de Salud, Juan Luis Manzur, depende Gabriel Eduardo Yedlin, secretario de Políticas, Regulación e Institutos.
 
De Yedlin depende Carlos Chiale, director nacional de la Anmat (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica), secundado por Otto Orsingher.
 
Y también Marta Spinetto, directora del Iname (Instituto Nacional de Medicamentos).
 
En esa línea de mando (Manzur-Yedlin-Chiale/Orsingher-Spinetto) pueden ocurrir acontecimientos tan difíciles de explicar como los de Héctor Capaccioli, cuando se desempeñó en esa cartera.
 
Una denuncia
 
"¿Hasta cuando la impunidad?" se titula un correo electrónico que ha circulado por la plaza farmaceútica de Ciudad de Buenos Aires desde el 07/06, denunciando gravísimas irregularidades en el manejo de la fabricación de medicamentos para uso humano en una de las plantas que deberían supervisar Anmat/Iname.
 
Una pregunta obligada es si la ausencia de supervisión sucede solamente en la planta motivo del secreto a voces o es parte de un comportamiento más complejo de parte de las autoridades sanitarias.
 
En el ejemplo mencionado es la planta del laboratorio Surar Pharma SA, ubicado en Luis Viale 965 y Espinosa 1439, de Ciudad de Buenos Aires. 
 
Empleados de la firma, alarmados por las deficiencias que presenta el laboratorio y la ausencia de control del Iname – Anmat, se habrían tratado de comunicar con el interventor Chiale, el responsable de inspecciones del Iname, Rodolfo Mochetto; y otras autoridades de ambos organismos, para denunciar que, a pesar de las inhabilitaciones decretadas en 2010, estas fueron levantadas por los responsables políticos, a pesar de las graves deficiencias constatadas y la ausencia absoluta de modificaciones reales en las mismas. 
 
Los testimonios afirman que las habituales irregularidades históricas “ya son lisa y llanamente una postura criminal que,seguramente, desembocará en una tragedia relacionada con el no control por parte del organismo correspondiente”.
 
Las denuncias mencionan operaciones de “maquillaje” de las instalaciones, fraguándose la documentación a presentar a las autoridades, como aquellas relacionadas con el sistema de aire, esencial en el mantenimiento de la esterilización del ambiente y donde a pesar de no poseer aire filtrado se fraccionan polvos estériles. 
 
Por ejemplo, se menciona 
 
> una prohibida superposición de fabricación de antibióticos con productos ajenos a este espectro como la hidrocortisona, 

> falta de limpieza en las dosificadoras donde se mezcla el nuevo producto con el lote anterior de otro absolutamente antitético,
> ausencia de precinto en los frascos de fármacos por espacio de una semana así como falta de control  microbiológicos.
 
En definitiva, ellos afirman que la salud de la población se encuentra en peligro.
 
El laboratorio mencionado es dirigido por su responsable técnico, Roberto Carlos Gabani; y porFabian Drunday, y fue denunciado, en reiteradas causas judiciales como el continuador de otro quebrado Biocrom S.A., ocultándose, en las plantas de Viale y Espinosa, la procedencia del capital con el que ya que se habría defraudado -dicen- a la totalidad de los acreedores de Biocrom. 
 
Tal es así que el domicilio de la sociedad se fijó en la Provincia de Buenos Aires para 'despistar' a los acreedores de Biocrom que nunca pudieron percibir las sumas reclamadas. 
 
Comenta una fuente relativa a personas ligadas al laboratorio que , a pesar de las reiteradas denuncias, la actividad siguió siempre  relacionada con Hugo Edrosa, Cecilia Fernandez y Mauro Lípari, acompañados actualmente por Pablo Frasca y Diego Valero. 
 
Todos ellos han sido vinculados con irregulares antecedentes en el área farmaceútica, conocidos por las autoridades del área de la salud pública. 
 
Si la actividad de la firma es la fabricación de medicamentos genéricos para uso humano de consumo en hospitales, la salud pública de la población argentina podría encontrarse en grave riesgo, sin que ninguna autoridad controle específicamente su actividad. 
 
Los empleados, tal como parece indicarlo la comunicación electrónica, piden que no se cobije “más a estos delincuentes que, en su afán de ganar dinero ponen en riesgo la salud de millones de personas”.

fuente: U24

miércoles, 18 de mayo de 2011

VÍA LIBRE A LA CORRUPCIÓN



Cómo el kirchnerismo debilitó los controles en la Argentina


Desde que llegó al poder, el kirchnerismo se ha abocado con gran éxito a desmantelar todos los organismos del Estado dedicados al control de la gestión oficial de turno. Uno de esos casos es el de la Defensoría del Pueblo, que hace dos años que está vacante de autoridad.

Según describe diario La Nación, también la Fiscalía de Investigaciones Administrativas (FIA), que tiene un papel clave en el impulso de las investigaciones judiciales por casos de corrupción en la administración pública,lleva también más de dos años sin un titular designado de acuerdo con el procedimiento establecido por la ley.
"El cargo está vacante desde la renuncia de Manuel Garrido al cargo, y desde entonces el Poder Ejecutivo arrastra los pies para poner en marcha los mecanismos para designar un reemplazante. Tanto es así que el concurso de oposición y antecedentes al que convocó está a un paso de fracasar ante las críticas recibidas por los diferentes candidatos que se presentaron para ocupar el lugar", cuenta el matutino.
Otro ejemplo de desidia es la Oficina Anticorrupción. "Este organismo tuvo un papel activo en la denuncia de irregularidades desde su creación hasta 2004. Pero con la llegada del kirchnerismo su papel se ha visto opacado, al extremo de prácticamente desaparecer como querellante en los estrados judiciales", según La Nación.
A esto debe sumarse la permanente negativa de la Sindicatura General de la Nación (Sigen) a suministrarle información a la Auditoría General de la Nación (AGN), órgano que depende del Congreso de la Nación y que tiene a su cargo la tarea de analizar el funcionamiento de diferentes áreas del gobierno, detectar irregularidades, aconsejar las medidas necesarias para mejorar su rendimiento e impulsar ante la Justicia la investigación de esas eventuales anomalías. En rigor, por orden judicial la Sigen tuvo que entregar la semana pasada todos los informes de 2009 que faltaban remitir a la AGN.
"A la negativa de la Sigen a proporcionar el material necesario para que la AGN pueda investigar el kirchnerismo le sumó una serie de trabas destinadas a impedir que el titular del organismo, el radical Leandro Despouy, pueda publicar sus informes sin consentimiento de los auditores oficialistas", continuó La Nación.
Por último, hay que recordar que el Poder Ejecutivo mantiene 152 juzgados vacantes, a pesar de que el Consejo de la Magistratura ha enviado las ternas para que elija sus candidatos.
Como puede verse, un verdadero descontrol... en detrimento de la transparencia de las instituciones democráticas.

Equipo de Política de Tribuna de Periodistas

miércoles, 2 de febrero de 2011

'Una sociedad sin control es una democracia incompleta', sostuvo el Secretario General de APOC



El secretario general de la Asociación del Personal de los Organismos de Control, Hugo Quintana dijo que "en Argentina la democracia es incompleta, porque los controles son dietéticos".

Por Continental advirtió que "el Estado no puede delegar el control y las consultoras son un negocio privado que quieren compartir esta facultad. Los funcionarios no se sienten obligados a rendir cuentas".

"Los argentinos tenemos un Estado que no es inteligente”, indicó.

"Sufrimos con los subtes por el conflicto entre dos sectores que el Estado no puede resolver", destacó.

“Por ser amigo de un ministro uno puede ser tener un cargo importante”, concluyó.