Mostrando entradas con la etiqueta Mario Vargas Llosa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mario Vargas Llosa. Mostrar todas las entradas

domingo, 24 de abril de 2011

¿El final del modelo kirchnerista?. Por Joaquín Morales Solá


Como no comprender el ciego rechazo del kirchnerismo a Mario Vargas Llosa y, sobre todo, al itinerario de sus palabras en busca de la libertad? ¿Cómo, cuando vino a contradecir (sin quererlo, seguramente) los paradigmas de una verdad oficial cada vez más frágil? Ni la libertad para expresarse es compatible con un Estado que esconde más que lo que muestra ni las columnas del canonizado modelo están ya en pie. Es hora de preguntarse, incluso, si ese modelo no está agotado o si no se está aproximando peligrosamente al fin de cualquier circunstancia humana. Puede ser que Cristina Kirchner esté mejor que nunca en las encuestas (es lo que dicen todas las mediciones de opinión pública que se conocen), pero su gobierno está dejando atrás muchas de las políticas instauradas durante la administración de su marido. ¿Cambio deliberado de política? ¿O sólo la necesidad imperativa de explorar otros caminos antes de aceptar un fracaso?
En las entrelíneas de las palabras y los actos del oficialismo se esconde, a veces, la aceptación de una verdad distinta de la declamada. Por ejemplo, en el discurso del ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni, en la inauguración formal de la Feria del Libro, se deslizó la vieja renuencia del peronismo a aceptar la convivencia pacífica entre la libertad y la justicia, como grandes conceptos que acompañaron el progreso de la humanidad. Sileoni confundió, más bien, la justicia con la libertad o, dicho de otro modo, consideró saldada la libertad en tanto exista la justicia social. En esa confusión no hay contradicción entre los dos Kirchner, aunque es cierto que el enredo se profundizó en los últimos meses de Cristina Kirchner. Esa supuesta incompatibilidad entre dos conceptos esenciales para las personas acompaña al peronismo desde que el peronismo existe.
Otra aceptación implícita de realidades negadas fue la fijación del techo del aumento salarial de este año en un 24 por ciento. Fue la admisión sin palabras de que el Indec dice cualquier cosa menos la verdad. Si la inflación del año pasado fue del 10 por ciento, como difundió la agencia oficial de mediciones, ¿por qué se aceptan incrementos salariales que duplican o triplican el aumento de los precios? ¿Por qué ese techo se está convirtiendo en piso y ya hay sindicatos, como el de la alimentación, que reclaman un 40 por ciento de aumento salarial con la amenaza de próximas huelgas si no se los conceden? O la inflación real supera en más del doble a la que midió el Indec o la Argentina está ante el más grande proceso de redistribución de la riqueza bajo un régimen no revolucionario.
La verdad es más simple. Sólo el jefe sindical Hugo Moyano tiene el derecho (y el poder) de tirar los informes del Indec al cesto de los papeles inútiles: Vamos a hablar de la inflación en serio , se arremangó cuando se sentó frente a los ministros. Los ministros aceptaron mansamente hablar en serio y el aumento de los camioneros se fijó en el 24 por ciento, mientras Guillermo Moreno multaba a los economistas, en otra oficina del Gobierno, porque habían dicho lo mismo que decía Moyano. El método conlleva -cómo no- una negación implícita de la libertad.
Néstor Kirchner solía decir que su victorioso modelo se asentaba en cinco columnas inmodificables: superávit fiscal, superávit de la balanza comercial, tipo de cambio competitivo, inflación baja y desendeudamiento. Ahora va quedando muy poco, o casi nada, de todo eso, pero el cambio no admite la palabra; no debe decirse ni aceptarse. La mejor prueba de que la economía está dando síntomas de alerta desde hace mucho tiempo es que durante el período de Cristina Kirchner se fugaron del país 60.000 millones de dólares, según una medición del economista Carlos Melconian. Ese monto supera a las reservas nacionales, que son ahora de unos 53.000 millones de dólares, apenas unos 3000 millones más, en cifras redondas, que los que Cristina heredó de su marido en 2007. La acumulación de las actuales reservas nacionales se hizo casi íntegramente durante el anterior mandato presidencial.
El gobierno de Cristina Kirchner pasó del amplio superávit fiscal de Néstor Kirchner al déficit fiscal durante el año 2010. El déficit no aparece en las cuentas del Estado porque está disimulado por la transferencia de dinero del Banco Central y por los recursos que la Anses obtiene de las utilidades de los fondos que pertenecían a las viejas AFJP. Esto explica un fragmento, al menos, de la reciente vocación del Gobierno para meterse en las empresas que le pidieron préstamos al antiguo sistema privado de seguridad y ahora le deben al Estado kirchnerista. Más directores estatales no significarán más poder de decisión en las empresas, pero sí más poder de presión para que las utilidades no se deriven a la inversión, sino al financiamiento de un Estado deficitario. ¿Cómo explicar, si no, que el Gobierno haya rechazado la oferta de varias empresas de saldar en el acto sus viejos créditos?
Ese es el objetivo, más allá de las provocaciones que formuló uno de los cofrades de La Cámpora, Axel Kicillof, que motivó el escándalo entre el Gobierno y la empresa Techint, adonde quiere recalar el joven kirchnerista. Kicillof propuso anticipadamente tantas y tan profundas modificaciones en Techint que sólo serían posibles si su desembarco sólo precediera a la expropiación lisa y llana del conglomerado empresarial más importante del país.
La Argentina tiene un problema serio con su balanza comercial, porque durante la gestión de Cristina Kirchner disminuyó mucho el flujo de las exportaciones con respecto de la gestión de su marido, según un estudio del economista Federico Sturzenegger. Según éste, el aumento anual de las exportaciones bajó de un 18 por ciento, en tiempos de Néstor Kirchner, a sólo un 7,5 por ciento ahora. Esa es la razón por la que Moreno se paró en la puerta de la Aduana y devolvió a sus países de origen muñecas Barbie, automóviles BMW, computadoras de última generación o los productos más avanzados de las comunicaciones personales. Nos estamos alejando dramáticamente del progreso tecnológico mundial , alertó un empresario de la computación. Debe agregarse que también la Argentina se está enfrentando con los países que más le compran, como Brasil, China y los europeos, que podrían poner en marcha mecanismos comerciales de represalia. No hubo un solo escrito que aclarara esos cambios; sólo Moreno da órdenes y contraórdenes en la Aduana.
El tipo de cambio, en valores constantes, se asemeja bastante a los tiempos del 1 a 1, aunque hay diferencias de valuación entre distintos economistas. Todos coinciden en que el dólar ya no es lo que era para los argentinos y que la apreciación de la moneda nacional se debe, sobre todo, a una inflación muy alta y creciente. La inflación anual podría triplicarse o cuadruplicarse este año con respecto al período que terminó en 2007. Sólo el desendeudamiento sigue siendo una bandera en pie. La deuda pública es inferior al 50 por ciento del PBI. Esa drástica disminución del peso de la deuda se debe, en parte, a que nadie le presta a la Argentina (sólo lo hacía Hugo Chávez hasta que empezó a cobrar intereses de usurero) y al importante aumento del PBI durante los años kirchneristas, aunque también este último promedio mermó considerablemente durante el gobierno de Cristina Kirchner.
Es comprensible, entonces, que los gendarmes del kirchnerismo (la descripción pertenece al ex hombre fuerte del gobierno Alberto Fernández) hayan llegado a practicar hasta el macartismo para tapar las grietas del modelo. La arrogancia aduanera de Moreno, la presión sobre las empresas privadas y la censura explícita a los economistas bosquejan otro modelo, económico y político. Lo están construyendo a los tumbos, porque ni ellos saben hacia dónde van.
Fuente: La Nación

viernes, 22 de abril de 2011

VARGAS LLOSA DIO CÁTEDRA EN LA FERIA DEL LIBRO (Mirá el video)


"Me opongo a todas las dictaduras, de izquierda y de derecha”


Mario Vargas Llosa dio su esperado discurso en la Feria del Libro y no omitió referirse a los episodios que casi hacen que la visita quede en el olvido. “Agradezco a los organizadores haber resistido las presiones de adversarios de mis ideas políticas para desinvitarme”, dijo, y le agradeció también a Cristina Kirchner “cuya oportuna intervención atajó aquel intento de veto". “Ojalá esta toma de posición se contagie a todos sus partidarios y guíe su propia conducta de gobernante”. El escritor aseguró que sobre nuestro país habla "desde el cariño". "La Argentina es un país al que le tengo mucha admiración, que me formó intelectualmente", dijo, y afirmó que no critica a la Argentina sino "ciertas políticas" que le parecen "equivocadas".

"También he criticado las de mi país u otros, porque soy un hombre libre", dijo."Me conmueve mucho y me desgarra", afirmó sobre el país, sobre el que dijo que era "del primer mundo cuando tres cuartas partes de Europa eran el tercer mundo todavía". "Era un país enormemente próspero y era una democracia a principios del siglo XX. Llegó a tener un sistema educativo que fue un modelo para el mundo, el más avanzado de su tiempo, que casi lleva a terminar con el analfabetismo en una época en que media Europa era prácticamente analfabeta", indicó.
"¿Qué pasó en un país que había dado pasos tan extraordinarios para que viva los problemas que vive?", se preguntó, y agrego:"Argentina era el ejemplo que veíamos, el país que envidiábamos, el país donde los jóvenes universitarios querían venir a estudiar". Vargas Llosa afirmó que "Argentina está en crisis casi permanente, porque hay crispación política". "Hubo errores políticos, el país desaprovechó oportunidades extraordinarias, hay que decirlo para no perseverar en el error", continuó, y aseguró que sus palabras no eran una "hostilidad" sino "un acto de gran solidaridad". "Voy a seguir criticando todo lo que me parece mal, aunque a algunos los ofenda porque creo que eso es la libertad", dijo, y recibió un aplauso cerrado, al que el escritor respondió que "la libertad hay que ejercerla".
El premio Nobel reafirmó su postura liberal y aseguró que la doctrina "tiene que ver con la libertad". "Defiende a los individuos frente al Estado. Hay siempre un peligro de que el Estado los arrolle. Para eso hay que tener un poder judicial independiente al que pueda acudir el ciudadano. El progreso de la humanidad ha ido en esta dirección", dijo."Asociar el liberalismo a una dictadura es una obscenidad. El liberalismo es la negación de una dictadura", continuó el escritor, y afirmó: "Yo he combatido toda mi vida a las dictaduras, hay una gran coherencia en mi vida en eso. A todas las he combatido en nombre de la libertad".
"Me opongo a todas las dictaduras, de izquierda y de derecha. Hacen las mismas cosas: acallan a los disidentes, no permiten la crítica, acuden a la tortura para evitar que la critiquen. Son catastróficas, traen pobreza para sus pueblos. Me indigno cuando veo que se asocia el liberalismo con las dictaduras", indicó. “Desde la primera vez que pisé Buenos Aires advertí que esta ciudad y los libros tenían una afinidad recóndita, comparable a la que sólo había advertido antes en París. Al igual que esta última era una ciudad de librerías y de cafés literarios”, afirmó, y dijo que no es casual “que Borges fuera un porteño”. “Tampoco es raro que la UNESCO haya declarado a Buenos Aires la capital mundial del libro en 2012, decisión que celebro con alegría”, agregó. El escritor a continuación pasó a expandir su discurso, titulado “La libertad y los libros”, en el que mostró su pasión por la literatura, a la que calificó como un “viaje a lo imaginario”. "Los libros nos ayudan a desterrar los prejuicios entre los pueblos y las personas, y descubrir que por debajo de las fronteras somos iguales, que los otros somos en verdad nosotros mismos", opinó el escritor, y agregó: "Los libros nos hacen más libres y críticos del mundo". Vargas Llosa se refirió a las dictaduras que vieron en los libros una amenaza y los prohibieron, al decir que "no es casual que hayan despertado el recelo de quienes se creen dueños de la verdad absoluta, de fanáticos y dogmáticos". "La inquisición lo vio clarísimo", indicó, y explicó que "dejar prosperar" los libros "sin censura seria poblar el mundo de teorías subversivas".
"Esa mentalidad llegó a hacer que la novela fuera prohibida en los tres siglos de la colonia en América", repasó el premio Nobel, para indicar que una de las consecuencias en el nuevo continente fue que las ficciones "se las arreglaron para contaminarlo todo". "Todavía en nuestros días los latinoamericanos tenemos grandes dificultades para discernir entre lo que es ficción y lo que es la realidad", sostuvo. El escritor destacó que "los seres humanos no podemos vivir sin ficciones", y aseguró que en la actualidad "los comisarios políticos han reemplazado a los inquisidores de antaño".
VIDEO COMPLETO



(Fuente  de video TN) 
Redacción de Tribuna de Periodistas

martes, 15 de marzo de 2011

DURISIMO ARTÍCULO DE MARIO VARGAS LLOSA. (Octubre de 2010)

SI, LLORO POR TI ARGENTINA ..........






Argentina, un país que era democrático cuando tres partes de Europa no lo eran, un país que era uno de los más prósperos de la Tierra cuando América Latina era un continente de hambrientos, de atrasados.

El primer país del mundo que acabó con el analfabetismo no fue Estados Unidos, no fue Francia, fue la Argentina con un sistema educativo que 
era un ejemplo para todo el mundo.



Ese país que era un país de vanguardia ¿Cómo puede ser que sea el país empobrecido, caótico, subdesarrollado que es hoy? ¿Qué pasó? ¿Alguien lo invadió? ¿Estuvieron enfrascados en alguna guerra terrible?


No, los argentinos se hicieron eso ellos mismos. Los argentinos eligieron a lo largo de medio siglo las peores opciones.

Eso es. El peronismo es elegir el error, es el partido de los resentidos más aberrantes, llenos de odio, de rencores viscerales, fascistas, enfermos de 
rabia inexplicable hacia todo lo bueno que sea diferente a su manera radical y fanática de ver las cosas, son por lo general incultos, ignorantes, mediocres de mediocres!. El peronismo es perseverar en el error a pesar de manera masoquista, enfermiza, en las catástrofes que se le han ido sucediendo en la historia moderna del país.



¿Cómo se entiende eso? Un país con gentes cultas, absolutamente  privilegiado, una minoría de habitantes en un enorme territorio que concentra todos los recursos naturales. ¿Por qué no es el primer país de la Tierra? ¿Por qué no tienen el mismo nivel de vida que Suecia, que Suiza?

Porque los argentinos no han querido. Han querido en cambio ser pobres.
Seguir a "caudillos" de pacotilla, "salvadores" de porquería, locos, desquiciados por su mismo odio a todo lo que sea diferente a su locura. Han querido vivir bajo dictaduras, han querido vivir dentro del mercantilismo más espantoso.
Hay en esto una responsabilidad del pueblo argentino.

Para mí es espantoso lo que ha ocurrido en Argentina. La primera vez que fui allí quedé maravillado. Un país de clases medias, donde no había pobres en el sentido latinoamericano de la pobreza. ¿Cómo pudo llegar a la presidencia una pareja tan diabólica, manipuladora, populistas en grado extremo, corruptos de calle como los Kirchner gobernando ese país? Al menos ya uno no está! Esperemos que la que queda no pueda seguir 
hundiendo a ese otrora gran país argentino!.


Sin embargo, a juzgar por sus diabólicas relaciones estrechísimas con el desquiciado, paria, bestia troglodita, de la extinta y queridísima República 
de Venezuela, todo parece indicar que ahora "Cristinita" se apegará aún  más a ese escoria, aprendiz de dictadorzuelo, quien ya bastante le ha 
financiado su mandato a costa del noble pero incomprensiblemente inerte pueblo Venezolano. ¡Qué degradación política, qué degradación intelectual!

Argentina y Venezuela, dos países extraordinarios vueltos pedazos por una sarta de demoniacos desquiciados!!!

Por eso me pregunto ¿Cómo es eso posible?

Mario Vargas Llosa
(Madrid, 30 de Octubre del 2010)           

Gracias Lic. Scolaro, que ha sido fuente con su blog "El Artillero" 

lunes, 14 de marzo de 2011

Piqueteros intelectuales. Por Mario Vargas Llosa


MADRID.- Un puñado de intelectuales argentinos kirchneristas, vinculados con el grupo Carta Abierta, encabezados por el director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, pidió a los organizadores de la Feria del Libro de Buenos Aires, que se abrirá el 20 de abril, que me retirara la invitación para hablar el día de su inauguración. La razón del veto: mi posición política "liberal", "reaccionaria", enemiga de las "corrientes progresistas del pueblo argentino" y mis críticas a los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner.
Bastante más lúcida y democrática que sus intelectuales, la presidenta Cristina Fernández se apresuró a recordarles que semejante demostración de intolerancia y a favor de la censura no parecía una buena carta de presentación de su gobierno, ni oportuna, cuando parece iniciarse una movilización a favor de la reelección. Obedientes, pero sin duda no convencidos, los intelectuales kirchneristas dieron marcha atrás.
Me alegra coincidir en algo con la presidenta Cristina Fernández, cuyas políticas y declaraciones populistas en efecto he criticado, aunque sin llegar nunca al agravio, como alegó uno de los partidarios de mi defenestración. Nunca he ocultado mi convencimiento de que el peronismo, aunque haya impulsado algunos progresos de orden social y sindical, hechas las sumas y las restas ha contribuido de manera decisiva a la decadencia económica y cultural del único país de América latina que llegó a ser un país del primer mundo y a tener en algún momento un sistema educativo que fue un ejemplo para el resto del planeta.
Esto no significa, claro está, que aliente la menor simpatía por sus horrendas dictaduras militares cuyos crímenes, censuras y violaciones de los derechos humanos he criticado siempre con la mayor energía en nombre de la cultura de la libertad que defiendo y que es constitutivamente alérgica a toda forma de autoritarismo.
Precisamente, la única vez que he padecido un veto o censura en la Argentina, parecido al que pedían para mí los intelectuales kirchneristas, fue durante la dictadura del general Videla, cuyo ministro del Interior, el general Harguindeguy, expidió un decreto de abultados considerandos prohibiendo mi novela La tía Julia y el escribidor y demostrando que ésta era ofensiva al "ser argentino". Advierto con sorpresa que los intelectuales kirchneristas comparten con aquel general cierta noción de la cultura, de la política y del debate de ideas que se sustenta en un nacionalismo esencialista un tanto primitivo y de vuelo rasero.
Porque lo que parece ofender principalmente a Horacio González, José Pablo Feinmann, Aurelio Narvaja, Vicente Battista y demás partidarios del veto, por encima de mi liberalismo es que, siendo un extranjero, me inmiscuya en los asuntos argentinos. Por eso les parecía más justo que abriera la Feria del Libro de Buenos Aires un escritor argentino en consonancia con las "corrientes populares".
Si tal mentalidad hubiera prevalecido siempre en la Argentina, el general José de San Martín y sus soldados del Ejército Libertador no se hubieran ido a inmiscuir en los asuntos de Chile y Perú y, en vez de cruzar la cordillera de los Andes impulsados por un ideal anticolonialista y libertario, se hubieran quedado cebando mate en su tierra, con lo que la emancipación hubiera tardado un poco más en llegar a las costas del Pacífico sudamericano. Y si un rosarino llamado Ernesto "Che" Guevara hubiera profesado el estrecho nacionalismo de los intelectuales kirchneristas, se hubiera eternizado en Rosario ejerciendo la medicina en vez de ir a jugarse la vida por sus ideas revolucionarias y socialistas en Guatemala, Cuba, el Congo y Bolivia.
Fuego de artificio
El nacionalismo es una ideología que ha servido siempre a los sectores más cerriles de la derecha y la izquierda para justificar su vocación autoritaria, sus prejuicios racistas, sus matonerías, y para disimular su orfandad de ideas tras un fuego de artificio de eslóganes patrioteros. Está visceralmente reñido con la cultura, que es diálogo, coexistencia en la diversidad, respeto del otro, la admisión de que las fronteras son en última instancia artificios administrativos que no pueden abolir la solidaridad entre los individuos y los pueblos de cualquier geografía, lengua, religión y costumbres pues la nación -al igual que la raza o la religión- no constituye un valor ni establece jerarquías cívicas, políticas o morales entre la colectividad humana.
Por eso, a diferencia de otras doctrinas e ideologías, como el socialismo, la democracia y el liberalismo, el nacionalismo no ha producido un solo tratado filosófico o político digno de memoria, sólo panfletos a menudo de una retórica tan insulsa como beligerante. Si alguien lo vio bien, y lo escribió mejor, y lo encarnó en su conducta cívica fue uno de los políticos e intelectuales latinoamericanos que yo admiro más, el argentino Juan Bautista Alberdi, que llevó su amor a la justicia y a la libertad a oponerse a la guerra que libraba su propio país contra Paraguay, sin importarle que los fanáticos de la intolerancia lo acusaran de traidor.
Los vetos y las censuras tienden a imposibilitar todo debate y a convertir la vida intelectual en un monólogo tautológico en el que las ideas se desintegran y convierten en consignas, lugares comunes y clisés. Los intelectuales kirchneristas que sólo quisieran oír y leer a quienes piensan como ellos y que se arrogan la exclusiva representación de las "corrientes populares" de su país están muy lejos no sólo de un Alberdi o un Sarmiento, sino también de una izquierda genuinamente democrática que, por fortuna, está surgiendo en América latina, y que en países donde ha estado o está en el poder, como en Chile, Brasil, Uruguay, ha sido capaz de renovarse, renunciando no sólo a sus tradicionales convicciones revolucionarias reñidas con la democracia "formal" sino al populismo, al sectarismo ideológico y al dirigismo, aceptando el juego democrático, la alternancia en el poder, el mercado, la empresa y la inversión privadas, y las instituciones formales que antes llamaba burguesas. Esa izquierda renovada está impulsando de una manera notable el progreso económico de sus países y reforzando la cultura de la libertad en América latina.
¿Qué clase de Argentina quieren los intelectuales kirchneristas? ¿Una nueva Cuba, donde, en efecto, los liberales y demócratas no podríamos jamás dar una conferencia ni participar en un debate y donde sólo tienen uso de la palabra los escribidores al servicio del régimen? La convulsionada Venezuela de Hugo Chávez es tal vez su modelo. Pero allí, a diferencia de los miembros del grupo Carta Abierta, la inmensa mayoría de intelectuales, tanto de izquierda como de derecha, no es partidaria de los vetos y censuras. Por el contrario, combate con gran coraje contra los atropellos a la libertad de expresión y la represión creciente del gobierno chavista a toda forma de disidencia u oposición.
De quienes parecen estar mucho más cerca de lo que tal vez imaginan Horacio González y sus colegas es de los piqueteros kirchneristas que, hace un par de años, estuvieron a punto de lincharnos, en Rosario, a una treintena de personas que asistíamos a una conferencia de liberales, cuando el ómnibus en que nos movilizábamos fue emboscado por una pandilla de manifestantes armados de palos, piedras y botes de pintura. Durante un buen rato debimos soportar una pedrea que destrozó todas las lunas del vehículo, y lo dejó abollado y pintarrajeado de arriba abajo con insultos. Una experiencia interesante e instructiva que parecía concebida para ilustrar la triste vigencia en nuestros días de aquella confrontación entre civilización y barbarie que describieron con tanta inteligencia y buena prosa Sarmiento en su Facundo y Esteban Echeverría en ese cuento sobrecogedor que es El matadero .
Me apena que quien encabezara esta tentativa de pedir que me censuraran fuera el director de la Biblioteca Nacional, es decir, alguien que ocupa ahora el sitio que dignificó Jorge Luis Borges. Confío en que no lo asalte nunca la idea de aplicar, en su administración, el mismo criterio que lo guió a pedir que silenciaran a un escritor por el mero delito de no coincidir con sus convicciones políticas. Sería terrible, pero no inconsecuente ni arbitrario. Supongo que si es malo que las ideas "liberales", "burguesas" y "reaccionarias" se escuchen en una charla, es también malísimo y peligrosísimo que se lean. De ahí hay solo un paso a depurar las estanterías de libros que desentonan con "las corrientes progresistas del pueblo argentino".
© El País, SL

lunes, 7 de marzo de 2011

Izquierdas y derechas, parientes. Por Alberto Benegas Lynch (H.)

El mes próximo, Mario Vargas Llosa visitará Buenos Aires para participar en el congreso de la Mont Pelerin Society, organizado por la Fundación Libertad, y se le ha cursado invitación oficial para inaugurar una nueva muestra de la ilustre Feria del Libro. Esta presencia ha desatado vendavales de calibre diverso, pero todos envueltos en un inconfundible tufillo de intolerancia y dignos de una acabada expresión de clausura mental. En este contexto, dado que se "habla en superlativo", como diría Ortega, es oportuno bajar los decibeles y consignar algunas reflexiones generales sobre izquierdas y derechas, etiquetas tan vapuleadas en estos días.



La tesis central de esta nota estriba en que, mal que les pese a "los progres" y a los "fachos", la manía de identificar una postura intelectual por la localización geográfica presenta una falsa disyuntiva. También la pretendida ubicación "de centro" resulta en una notable desubicación puesto que carece de identidad, ya que se corre en una u otra dirección según se mueven los extremos.
La representación más fuerte de las derechas está constituida por el nazi-fascismo. En los hechos, Hitler tomó cuatro pilares del marxismo: la teoría de la explotación, el ataque a la propiedad, el antiindividualismo y la teoría del polilogismo. En este último caso, en Mein Kampf escribe que "el marxismo aspira a traspasar el mundo sistemáticamente a manos del judaísmo" (el propio Marx se despacha contra los judíos en La cuestión judía , para no decir nada de las matanzas y persecuciones de Stalin y sus socios criminales), pero Hitler adopta el criterio de Marx en cuanto a la diferente estructura lógica de burgueses y proletarios que sustituye por la de "judíos y arios" (aunque, al igual que en el caso marxista, nadie explicó en qué se diferencian los silogismos respecto de la lógica aristotélica y, después de engorrosos intentos de la pastosa clasificación de "razas" que confundieron con religión, los sicarios nazis raparon y tatuaron a sus víctimas para distinguirlas físicamente de sus captores). Hitler, en entrevista revelada por Thevor Roper en Le Figaro el 12 de diciembre de 1958, había concluido que "la raza judía es ante todo una raza mental".
Por su parte, Mussolini fue secretario del Círculo Socialista y colaboró asiduamente en el periódico Avenire del Lavoratore, órgano del movimiento socialista, época en que sus lecturas favoritas incluían a George Sorel, Kropotkin y la dupla Marx-Engels. Luego fue colaborador del diario Il Populo y director de Avanti. Tal como consigna Gregorio De Yurre en Totalitarismo y egolatría , "era la figura más destacada y representativa del ala izquierdista del marxismo italiano". En losEscritos y discursos de Mussolini, igual que Hitler, mantenía que "el capitalismo es un sistema de opresión". Finalmente, por desavenencias varias, lo expulsan del partido y en 1919 funda losfascios de combate o antipartido.
En realidad, tanto los nazis como los fascistas, al permitir el registro de la propiedad de jure pero manejada de facto por el gobierno, lanzan un poderoso anzuelo para penetrar de contrabando y más profundamente con el colectivismo respecto del marxismo que, abiertamente, no permite la propiedad, ni siquiera nominalmente. Si miramos con alguna atención a nuestro mundo de hoy comprobaremos el éxito del nacionalsocialismo y del fascismo, que sin necesidad de cámaras de gas ni de campos de concentración avanzan a pasos agigantados sobre áreas clave que sólo son privadas en los papeles (en verdad, privadas de toda independencia) como la educación, las relaciones laborales, los bancos, los transportes, los medios de comunicación, el sector externo, la moneda y tantas otros campos vitales.
Entre los autores que han enfatizado las similitudes y parentescos de la izquierda y la derecha se destaca nítidamente Jean-François Revel, quien en La gran mascarada apunta: "Si el nazismo y el comunismo han cometido genocidios comparables por su amplitud, por no decir por sus pretextos ideológicos, no es en absoluto debido a una determinada convergencia contra natura o coincidencia fortuita debidas a comportamientos aberrantes sino, por el contrario, por principios idénticos, profundamente arraigados en sus respectivas convicciones y en su funcionamiento [?] No se puede entender la discusión sobre el parentesco entre el nazismo y el comunismo si se pierde de vista que no sólo se parecen por sus consecuencias criminales sino también por sus orígenes ideológicos. Son primos hermanos intelectuales. [?] Se objetará, con razón, que ninguna rememoración de la criminalidad nazi puede ser excesiva. Pero la insistencia en esa rememoración se convierte en sospechosa cuando sirve para aplazar indefinidamente otra: la de los crímenes comunistas".
Más adelante, en el mismo libro, Revel escribe: "Estoy de acuerdo en que se me exhorte a que abomine cada día más de los antiguos admiradores de Himmler, a condición de que no sean antiguos admiradores de Beria los que me administran esa homilía conminatoria. [?] La analogía no es mía: es de Stalin. Fue él quien llamaba a Beria "nuestro Himmler" y fue en esos términos en los que lo presentó al presidente estadounidense, Franklin Roosevelt".
En la práctica, las rencillas izquierda-derecha se deben a facciones que luchan por el poder y que a veces se embarcan en muy distintas estrategias para el mismo objetivo de estatización y con el mismo enemigo común: el liberalismo. Decimos que a veces, porque en otras oportunidades aparecen formalmente aliados como el caso del pacto Molotov-Ribbentrop o, como ocurre diariamente, aliados en los hechos aunque no en las palabras. La inconducente dicotomía derecha-izquierda es a todas luces falaz y engañosa puesto que ambas posiciones se apoyan en las botas para manejar las vidas y haciendas de las personas; con o sin urnas, se llevan por delante derechos y cercenan libertades (aunque unos recurren al esperpento del "ser nacional" y la xenofobia, mientras que los otros a "los superiores intereses del Estado", que asimilan a los de los burócratas).
Como aparentemente hay más adherentes de la izquierda, se publicitan más los horrores del Holocausto, pero los comunistas masacraron a más de cien millones de personas, según las prolijas estadísticas que revela, entre otros, Stéphané Courtois en El libro negro del comunismo . Lo de "aparentemente" viene a cuento porque, en los hechos, son muchos más los que suscriben las políticas del fascismo y el nacionalsocialismo con el aval de quienes inocentemente se autotitulan de izquierda. Si bien el origen histórico de las izquierdas radica en la oposición al poder en épocas de la Revolución Francesa, luego degeneró en el uso y en el abuso para provecho propio.
Y para los distraídos que dicen que Stalin no ha sido "el verdadero socialismo" y que debe aplicarse "el socialismo con rostro humano", tengamos muy presente lo que señala el ex marxista Bernard-Henri Lévy en su Barbarism with a Human Face : "Aplíquese marxismo a cualquier país que se quiera y siempre se encontrará un Gulag al final". Respecto de la social democracia de Eduard Bernstein conviene subrayar que a pesar de su revisionismo respecto de Marx, insiste en el redistribucionismo que significa reasignar factores productivos desde las áreas preferidas por los consumidores hacia las deseadas por los aparatos estatales, con lo que el consiguiente derroche de capital reduce salarios e ingresos en términos reales. La actual quiebra de los llamados "sistemas de seguridad social" coactivos en distintas partes del mundo, los desplantes del sindicalismo compulsivo y la maraña y caos fiscal son el resultado de la antedicha visión, que termina empobreciendo a quienes se dice se desea proteger, y cuyo aspecto medular radica en el igualitarismo de los Rawls, Dworkin, Thurow y Bobbio que, con el mejor de los propósitos, no parecen percatarse de los graves perjuicios que crean a los más necesitados.
Entonces, en última instancia, la verdadera disyuntiva, con sus muchos matices, es entre el estatismo y el liberalismo, al tiempo que deben enfatizarse los desaguisados mayúsculos que se han adoptado en diversos lares, a los que algunos endilgaron injustamente la etiqueta de "liberal" a pesar de la destrucción de la división horizontal de poderes, los intentos de amordazar a la prensa, alquimias monetarias, controles de precios, adiposos gastos y deudas estatales en el contexto de corrupciones inauditas y alianzas con barones feudales disfrazados de empresarios.
Mario Vargas Llosa pertenece a la tradición de pensamiento liberal, la cual, como queda expresado, no constituye un tejido uniforme. En el mencionado congreso de liberales del mes próximo aparecerán las diferencias de opinión que siempre enriquecen el conocimiento que, como explica Popper, es provisional y abierto a refutaciones.