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domingo, 3 de marzo de 2013

The New York Times y un durísimo artículo por el pacto con Irán

El prestigioso diario norteamericano publicó un texto crítico del acuerdo que promueve el Gobierno por el atentado a la AMIA; lo compara con la guerra de Malvinas y lo contrasta con los juicios contra represores de la dictadura militar


En su edición de ayer, el influyente diario norteamericano The New York Times publicó un severo artículo de opinión dedicado al acuerdo con Irán por el atentado a la AMIA, donde se critica con dureza a la presidenta Cristina Kirchner, se relaciona el pacto con la guerra por las islas Malvinas, y se contrasta la decisión con los juicios contra los delitos de lesa humanidad de la dictadura.
Titulado "Argentina's about-face on terror" (que significa "la Argentina le da la espalda al terror"), el texto realiza una reseña sobre los avatares del tratado promovido por el Poder Ejecutivo, y luego señala que Cristina Kirchner "extrañamente cambió de rumbo" al llegar a un acuerdo con el gobierno de Irán.
Tras una breve explicación sobre el atentado a la AMIA (cuándo ocurrió, cuántas personas murieron), de calificarlo como el peor ataque terrorista ocurrido en el país, y de aclarar que la Argentina es la Nación con la mayor población judía de América latina, el artículo esboza los posibles motivos por los cuales la Presidenta impulsa un acuerdo con Irán: "La señora Kirchner ha defendido el tratado vigorosamente", asegura. "Es posible que crea que tomando un paso controversial hacia la resolución de una disputa de largo término podrá elevar el perfil internacional de la Argentina. También tal vez piensa que el tratado podría incrementar la popularidad de su partido en un año electoral", aventura, sobre el proyecto transformado en ley en el Congreso Nacional el jueves pasado.
Y culmina con una afirmación desalentadora: "Pero no ocurrirá ninguna de las dos. Como en la guerra contra Malvinas en 1982, la reconciliación equivocada de la señora Kirchner con Irán sólo comprometerá los intereses a largo plazo de la Argentina y no hará nada para satisfacer los anhelos de justicia de los sobrevivientes", asegura.
El artículo publicado en el prestigioso medio estadounidense relaciona y compara la actitud de la Casa Rosada con la del gobierno de Bulgaria, donde el año pasado se produjo un atentado terrorista, vinculado con Irán, contra turistas israelíes. "La decisión de la señora Kirchner de abandonar las quejas contra Irán es particularmente molesto porque ocurre sólo semanas después de que el gobierno de Bulgaria, a diferencia de la actual administración argentina (decidiera) enfrentarse a Hezbollah y directamente acusarlo por el crimen", lanza.
A su vez, perfila una hipótesis acerca de la decisión de Cristina, donde la considera parte de una estrategia de "realineación" geopolítica, en sintonía con Hugo Chávez y lejos de Dilma Rouseff: "Su gobierno populista se está moviendo hacia la posición pro Iraní de su aliado, el presidente de Venezuela, y alejándose cada vez más de las de Brasil, EE.UU. y Europa. De acuerdo al periódico argentino La Nación, la Argentina ha comenzado a colaborar en contratos de armas, incluyendo el desarrollo de tecnología de misiles, con Venezuela e indirectamente con Irán", cita.
En uno de sus pasajes más duros, contrasta el memorándum con los juicios y condenas a los represores de la dictadura militar, al sentenciar que "el paso de la señora Kirchner va en desacuerdo con la historia de la Argentina de responsabilizar a los violadores de derechos humanos". Y va más lejos: "Crear ahora la llamada comisión de la verdad para investigar el rol de Irán y Hezbollah en el ataque de 1994 y revisar los bien fundados descubrimientos de las cortes de la Argentina es un insulto a la memoria de aquellos asesinados en 1994 y a todos aquellos asesinados por la dictadura de la Argentina", sostiene.
Y cita a la titular de Apemia, familiar de una víctima, y crítica del acuerdo: "Como dijo Laura Ginsberg, cuyo esposo fue asesinado en 1994 en el ataque, el gobierno argentino ha terminado con la posibilidad de justicia", expresa el editorial.
Otra de las relaciones históricas del texto de opinión es la que traza entre el memorándum y la guerra por las islas Malvinas contra Gran Bretaña en 1982, a la cual denomina "un conflicto producto de un mal movimiento por parte de un dictador nacionalista". Pero señala: "En contraste, el presente tratado con Irán está siendo respaldado por un presidente democráticamente electo".
Y resalta que el pacto con Teherán no cuenta con apoyo mayoritario: "Mientras que la guerra de 1982 tuvo inicialmente un apoyo extendido, el acuerdo con Irán, que fue aprobado con una estrecha mayoría en el Congreso, fue rechazado por todos los partidos de la oposición, que denunciaron vehementemente en debates en el Congreso esta semana. Además, todas las grandes organizaciones judías de la Argentina se opusieron al tratado, y no hay indicadores de que el gesto conciliatorio con Irán haya sido apoyado por una mayoría de ciudadanos", asegura.
El texto está firmado por Fabián Bosoer, editor de opinión en el diario Clarín y Federico Finchelstein, un profesor asociado de historia en la Nueva Escuela, que trabajó como investigador en el centro comunitario judío AMIA en Buenos Aires antes del atentado de 1994
fuente: La Nación

lunes, 25 de febrero de 2013

Cristina, una pieza en el ajedrez iraní. Por Carlos Pagni


Cuando envió al Congreso su memorándum de entendimiento con Irán , Cristina Kirchner tuiteó: "Jamás permitiremos que la tragedia AMIA sea utilizada como pieza de ajedrez en el tablero de intereses geopolíticos ajenos". Un irónico diplomático israelí apuntó: "Que no olvide que el ajedrez fue creado por los persas".
En lo que va de la partida, la superioridad del inventor es evidente. El crimen de la AMIA ya es una pieza del tablero iraní. No sólo porque la Argentina sacrificó en la negociación con Teherán su relación con otros actores, entre los que se encuentra Estados Unidos. También porque el régimen de Mahmoud Ahmadinejad le ha impuesto al proceso un ritmo conveniente a sus necesidades internacionales y domésticas.
Así como para los Kirchner la investigación del crimen de la AMIA había sido, hasta 2011, una prenda de amistad con Estados Unidos, la aproximación a Irán fue acompañada por una ruptura con Washington. Las negociaciones de Héctor Timerman comenzaron, en secreto y bajo los auspicios de Siria, en Aleppo, el 24 de enero de 2011. Para que prosperaran, hubo que ofrecer a Teherán una prueba de buena fe. Era lógico: habían pasado apenas cinco meses de la conferencia de prensa en la que el canciller, a dúo con Hillary Clinton, denunció a Ahmadinejad por proteger al terrorismo.
Timerman pagó la fianza que le exigieron sus nuevos interlocutores: al regresar a Buenos Aires, en una sobreactuación que en aquel momento resultó difícil de entender, irrumpió con su alicate en un avión norteamericano para incautar material militar con la excusa de prevenir un atentado. Esa ofensa fue depositada en el altar de Teherán.
La Argentina entró en conflicto con Estados Unidos a costa de sus propios intereses. ¿Por qué Timerman no esperó que el Fondo Monetario Internacional tratara la situación argentina para blanquear su acuerdo con Ali Akbar Salehi? ¿Por qué no hizo el anuncio una vez que los jueces de Nueva York fallaran sobre los holdouts ? Para entender la premura de Timerman hay que mirar el tablero desde el lado iraní.
Ahmadinejad tiene dos razones importantes para exigir celeridad a la señora de Kirchner. La primera es que mañana, en Kazakhstán, reanudará las discusiones sobre su programa nuclear con los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas más Alemania. La segunda es que el próximo 14 de junio, al cabo de una campaña despiadada, Irán elegirá un nuevo presidente.
Cuando se observa la interpretación del memorándum que hace el régimen iraní, se advierte el invalorable servicio que la Presidenta está prestando a Ahmadinejad. Una versión muy esclarecedora fue la columna firmada ayer por M. Soroush en el oficialista Tehran Times, con el título "Irán y Argentina asestan un serio golpe al sionismo". Según ese artículo, que expresa la posición de Ahmadinejad, el giro del kirchnerismo frente al caso AMIA dejará al descubierto un complot sionista montado por Estados Unidos e Israel para acusar a Irán.
"El gobierno argentino tomó conciencia de que había sido víctima de un esquema político mucho más amplio y de que su Poder Judicial había estado bajo la influencia de lobbies extranjeros", dice ese vocero.
También explica que para desbaratar la patraña se ha creado la Comisión de la Verdad, que anulará una investigación plagada de irregularidades. En el mensaje al Poder Legislativo que acompañó el memorándum, Cristina Kirchner confirmó que el expediente será sometido a la revisión de los acusados.
El kirchnerismo coincide con los iraníes en la idea de un complot. Aunque Timerman no lo haya dicho, el diario Página 12, que expresa las tesis de la Casa Rosada, insiste desde hace semanas en que el fiscal Alberto Nisman puso la pesquisa bajo del control de la embajada de Estados Unidos. No llega a hablar, es cierto, de una conspiración sionista. Tampoco aclara que Nisman fue un obediente servidor de una estrategia explícita de la Presidenta.
Síntesis: al acelerar la aprobación legislativa del acuerdo, el gobierno argentino está ayudando al gobierno de Irán a poner en tela de juicio las imputaciones que pesan sobre él por sus relaciones con el terrorismo, en la semana en que debe justificar su plan nuclear ante las principales potencias del planeta.
Ahmadinejad también sumó al kirchnerismo a su campaña electoral gracias al timing que le imprimió al acuerdo. Ahora cuenta con el trofeo de un memorándum que descalifica las acusaciones. También conseguirá, al admitir los interrogatorios, que se levanten los pedidos de captura de Interpol sobre algunos imputados.
Además, esas inquisiciones ofrecen a Ahmadinejad un beneficio faccioso: entre los buscados hay tres candidatos de la oposición. Como él no tiene reelección, tal vez postule al canciller Salehi.
La disputa sucesoria embarcó a los políticos iraníes en una lucha despiadada que afecta sobre todo las relaciones de Ahmadinejad con un Parlamento al que no controla. Esa asamblea de 209 miembros, que debe aprobar el memorándum, está dominada por el poderoso Ali Larijani, un fundamentalista que, enfrentado al presidente, ya consiguió renuncias de ministros y condenas a muerte de empresarios amigos del poder. La guerra escaló de tal modo que anteayer el ayatollah Ali Khamenei obligó a ambos enemigos a una tregua.
¿La oposición legislativa podría rechazar el acuerdo Timerman-Salehi? Es probable que no. Pero nadie lo puede asegurar. Esta incógnita vuelve todavía más incomprensible la presión que Cristina Kirchner le impone al Congreso para convalidar un pacto que en Teherán no se ha empezado siquiera a discutir.
¿No convendría esperar a que mueva sus piezas el gobierno de Irán para continuar el trámite en Diputados? Así se sabría si Ahmadinejad consigue los votos y, además, se conocerían los argumentos de las distintas facciones iraníes.
Por ejemplo: el responsable de política exterior de la asamblea, Avaz Heydarpour, otro rival del presidente y del canciller, ya aclaró que "el juez y el fiscal no van a interrogar a nadie". ¿Será que el kirchnerismo se apresura a aprobar el memorándum para adelantarse a estas revelaciones?
A pesar de su retórica, Cristina Kirchner se ha convertido en una pieza del ajedrez iraní. Esa subordinación se debe a la impericia. Pero también a la interna del poder local. El acuerdo con Ahmadinejad es el triunfo de un sector del kirchnerismo que ha estado presionando para que la Presidenta renuncie a cualquier alineamiento occidental en materia de Defensa, Seguridad e Inteligencia.
Timerman es el último exponente de esa orientación, impulsada por la ministra de Seguridad, Nilda Garré; por el secretario de Asuntos Internacionales de Defensa, Alfredo Forti, y por el embajador en Siria, Roberto Ahuad, un simpatizante de Hezbollah. Carlos Zannini apadrina esta deriva, encantadora para su tercermundismo setentista.
A fin de defender la nueva posición, Jorge Argüello fue reemplazado por la pragmática Cecilia Nahón, de quien se espera que insufle a la embajada en Washington un espíritu combativo similar al que Alicia Castro exhibe en Londres.
Sería incorrecto interpretar que con este giro Cristina Kirchner pretende su inscripción definitiva en el club bolivariano. El nuevo enfoque del atentando contra la AMIA adopta el criterio principal de toda su política exterior: seguir a Brasil. Como en su país nunca hubo un atentado, Lula da Silva y, con menos entusiasmo, Dilma Rousseff hicieron de las buenas relaciones con Irán un rasgo distintivo de su gestión internacional.
No sólo Brasil intentó una mediación con Teherán en la cuestión nuclear. Fue también el único país que hizo conocer su voto en contra de la Argentina cuando se discutió en Interpol el pedido de captura de los acusados por el crimen de la AMIA. Se entiende, entonces, que Timerman haya buscado y conseguido la bendición de su colega Antonio Patriota al convenio firmado con los iraníes.
La Presidenta desautorizó con su jugada a varios colaboradores: el mandamás de la Secretaría de Inteligencia, Francisco Larcher, sostén de las investigaciones de Nisman que serán sometidas a revisión; el ministro de Defensa, Arturo Puricelli, interesado en la capacitación militar norteamericana; Julio De Vido, valedor de Puricelli, y el secretario de Seguridad, Sergio Berni, que reflotó la cooperación con la DEA, la agencia antidrogas de los Estados Unidos.
Pero hay otro dirigente oficialista que no festejará el acuerdo con Irán y menos todavía la ruptura con Estados Unidos. Es el silencioso Daniel Scioli. Hace 15 días entró en contacto con John Kerry, el nuevo secretario de Estado de Barack Obama, que lo invitó a preparar una visita a Washington.
Si bien el gobernador quiere ser el heredero de Cristina Kirchner, ella prepara una herencia cada día más incómoda. Un problema para Scioli, otro ajedrecista.
fuente: La Nación

jueves, 21 de febrero de 2013

Traición al progresismo. Por Marcos Aguinis


Vivimos días que serán inscriptos en la historia. No como gloriosos, según Cristina Kirchner, sino repugnantes. Se quiere dar fuerza de ley a un infame pacto que comprometa a la Nación y tenga una vigencia que se extienda en el tiempo más allá de los actuales gobiernos. La frase "justicia, justicia perseguirás", quedará en el recuerdo. El próximo 18 de julio, aniversario del atentado a la AMIA, lloraremos más que nunca, como lo afirmé hace poco en un artículo.
Hugo Chávez había anunciado el "socialismo del siglo XXI" antes de construir el Eje Teherán-Caracas, dando una clara refutación a los valores que se supone caracterizan al socialismo desde su cuna, porque Irán tiene de todo menos socialismo. El socialismo del siglo XXI era una forma de reinyectar esperanzas a la mítica palabra, que fue objeto de corrupciones a través de la realidad. En la centuria pasada no sólo se trató del nacional-socialismo, sino también de los otros socialismos que sucesivamente se llamaron leninismo, stalinismo, maoísmo, titoísmo, castrismo. Ahora es evidente que, en el terreno de la conducta y los valores, todos ellos tienen más parecidos que diferencias, porque fueron reaccionarios pese a las vocingleras proclamas progresistas; sus gestiones llevaron a guerras, decadencia, hambre y ruina. Se salva la socialdemocracia porque ha evitado muchos de sus males, pero no ha logrado que su prometido "estado de bienestar" logre prevalecer. Es dolorosamente cierto, aunque hiera decirlo. El mérito de la socialdemocracia fue su constante ligadura con las instituciones constitucionales, el respeto por los derechos humanos y un límite al culto de la personalidad.
Ahora, en vez de seguirse insistiendo en el vago "socialismo del siglo XXI" acuñado por Chávez, se avanza con una palabreja que fue objeto de terribles críticas por la misma izquierda: "populismo". También se lo llama "bonapartismo" gracias a Marx y Trotski, que le dieron una convencional fecha de nacimiento en el régimen de Napoleón III, aunque existen antecedentes previos. El populismo remite a la magnética palabra "pueblo", cuyos límites son difusos. Pero se caracteriza por considerar a los ciudadanos una masa enorme, bella, sumisa y ruidosa que idolatra a un jefe convertido en dios. Esa masa no piensa: obedece. Esa masa no se beneficia: beneficia al jefe. Mucho antes de que en la Argentina se votara la ley de "obediencia debida", en los populismos se ha tendido a imponer esta norma. Nadie podía cuestionar las órdenes de Stalin, Hitler, Mao o Fidel. Nadie, ahora, puede desobedecer las órdenes de Cristina Fernández de Kirchner si pretende continuar recibiendo los óleos de su protección. No es falso que en su cercanía se haya dicho que "a la Señora no se le habla: se la escucha".
El culto a su personalidad está en pleno desarrollo. Se lo considera prioritario, aunque lleve a la destrucción del partido o los partidos políticos que la encaramaron en el poder. Lo grave de esta tendencia es que no sólo daña a la política, sino que lastima gravemente el prestigio y el futuro de nuestro país.
La última manifestación de esta pulsión antipatriótica lo expresa el absurdo acuerdo con Irán. Esta república islámica representa un elocuente rechazo al progresismo. Está gobernada por una teocracia severa con insignificantes maquillajes de democracia electiva. Discrimina a la mujer. Prohíbe la libertad sexual con castigos que pueden llegar al fusilamiento. Es abiertamente antisemita. Afirma sin pudor su deseo de borrar del mapa a otro país. Suministra armas al carnicero de Siria. Nutre grupos terroristas. Quiere convertirse en el líder de la lucha contra los valores de Occidente.
Es verdad que Occidente no tuvo una inmaculada concepción y muchas veces fue desleal a sus valores. Pero ha conseguido consolidarlos en gran parte. A esos valores tienden los países que marchan con la auténtica locomotora del progreso. No son la mayoría que integran el mapa político del mundo, pero se destacan países como Suecia, Alemania, Australia, Canadá, Finlandia, Noruega, etcétera. A ese tren se han unido o tratan de unirse países latinoamericanos como Brasil, Perú, Colombia, Costa Rica, Panamá, Uruguay, Chile. Son los que de veras han optado por el ascenso. En cambio, los que "hablan" de progresismo, pero son reaccionarios, optan por el populismo o el bolivianismo o el socialismo del siglo XXI. Son autoritarios, practican el culto de la personalidad y conducen por laberintos siniestros hacia la más honda decadencia. Brillan con sombras mortecinas los casos ejemplares de Cuba y Venezuela, que tanto júbilo despertaron al principio y tanta tristeza al final.
Ahora bien, como lo vienen señalando lúcidos y valientes periodistas, la última "obediencia debida" que ha comenzado a exigir la Presidenta -pese al absurdaje que la sostiene- es poner "punto final" a la causa AMIA, para conseguir resonancia internacional y merecer la confianza de los teócratas iraníes. No es un problema menor. Devela cómo se alardea de soberanía, cuando al mismo tiempo se la rompe en pedazos ante uno de los países más detestados del planeta. ¿No se atentó contra nuestra soberanía cuando estallaron coches bomba en plena Capital Federal? ¿Para qué este tratado con Irán, entonces? Para que ella pueda ocupar el liderazgo vacante que hasta ahora correspondía a Hugo Chávez.
A Cristina más le hubiera gustado la poderosa imagen de Angela Merkel o la genuina popularidad de Dilma Russeff. Quisiera ser admirada por Barack Obama. Pero no puede. Ya no le importa cumplir con las vacías promesas del "modelo", entre las cuales figuraba eliminar la pobreza: sus esfuerzos sólo apuntan a conseguir alguna fama, cualquiera que sea, para ganar protagonismo y, merced a éste, conseguir votos.
El Gobierno no logra desmentir que el acuerdo con Irán es absolutamente inservible para llegar a la verdad. La verdad ya ha sido develada en gran parte por los magistrados argentinos. Este pacto sólo sirve para satisfacer los delirios de grandeza que afectan a una persona. Ni siquiera en las filas de la jefa del Estado se duda de que, en caso de que la justicia argentina decida condenar a funcionarios iraníes, estos sólo responderán con carcajadas.
Es muy grave que la Argentina, tras la desaparición de Chávez del centro de la escena, se convierta ahora en el puente que necesita Irán para infiltrarse en América latina. Nunca lo conseguiría a través de Brasil. Pero sí a través de una Argentina decadente y alienada. El culto a la personalidad está llegando al grotesco de que la Presidenta determine a qué hora debe cesar una sesión en el Senado. Sobrarían otros ejemplos.
Quizás ayude a razonar mejor la historia de Fausto. Ese potente personaje de la ficción revela con precisión afilada hasta dónde puede llevar la ceguera del apasionamiento. Un pacto con el Diablo es un pacto con el Diablo. Y las consecuencias no son sino diabólicas. Fausto lo sabía, pero no le importó. Los legisladores y funcionarios que ejercen la "obediencia debida" lo saben. Debería importarles, aunque prefieren obedecer ahora, antes que pensar en los castigos futuros. Han perdido el interés en el futuro, todas sus acciones se reducen al cortísimo plazo.
Entre las condenas que recibirán sin duda, habría que estudiar si no va a calzarles el infame delito de traición a la patria. Un delito que no prescribe y que no sólo les hará papilla la conciencia, sino el patrimonio y el afecto de sus amigos y familiares. Es necesario que ahora, antes de complicarse con un pacto demoníaco, lo piensen del derecho y del revés. No se trata de un pacto progresista, se trata de una ostentosa traición al progresismo vanamente invocado. Este pacto, para colmo, comprometerá a la nación.
FUENTE: LA NACIÓN

sábado, 16 de febrero de 2013

La peor amenaza. Por Alfredo Leuco


AMIA: REVELACIONES EXCLUSIVAS


Los detalles del mail que recibió Alberto Nisman, fiscal de la causa, son escalofriantes y reveladores.


"Rusito descerebrado, te vamos a matar a vos y a tus hijas. Judío hijo de mil putas, ¿no te das cuenta que cambió la mano?” La brutal amenaza que recibió Alberto Nisman, el fiscal de la causa por el atentado a la AMIA, provocó escalofríos en los empleados del Juzgado Nº 9 que encabeza Luis Rodríguez, donde se radicó la denuncia. No sólo por el texto, sino por algunas fotografías adjuntas al estilo de los carteles narcos mexicanos que no vale la pena describir para no ser funcionales a los cobardes que sólo persiguen intimidar a los que buscan verdad, justicia y condena. Uno de los empleados más entrenados en causas complejas subrayó algunas cosas llamativas del correo electrónico que Nisman recibió en la dirección de Yahoo! que medio mundo conoce:
1) En el párrafo donde le ordenan que renuncie a la investigación, le sugieren que busque trabajo en el exterior ya que “tus amigos los gringos te van a ayudar”. El lenguaje antiimperialista ortodoxo de nuestro país identifica a los norteamericanos como “yankys”. El concepto de “gringos” se utiliza sobre todo en países de la región del Caribe, como Venezuela y Cuba.

2) El repugnante texto, plagado del repertorio antisemita, lo firman con vivas a Irán y a Hezbollah. El nombre del grupo terrorista está escrito con la fonética del idioma original y al castellanizarlo colocan una “a” en lugar de la letra “o” para designar lo que literalmente significa el partido de Alá o de Dios. Dice “Hizbalá” y no “Hezbollah”, como en la grafía del inglés.

3) Cuando la amenaza se dirige a las hijas del fiscal, señalan la casa, el club, y mencionan algo muy reservado, con lo que demuestran que tienen un nivel de información importante: hacen una referencia a la mudanza de domicilio que están por concretar en estos días. Vale aclarar que las hijas viven con su madre, la ex esposa del fiscal, la jueza Sandra Arroyo Salgado, en un country muy tradicional pero que, por razones de estudio, efectivamente, decidieron cambiar de domicilio. Tanto el fiscal como la jueza tienen custodia especial de la Policía Federal.

4) Casi como una anécdota de tipeo, PERFIL pudo observar en un despacho de un dirigente comunitario que el mail finaliza proclamando la “muerte al sionismo ursupador (sic)” en lugar de usurpador.
La lógica 6, 7, 8 consiste en acusar y apuntar con el dedo, y con foto si es posible, a los periodistas o medios que dan a conocer alguna información no querida por funcionarios, amigos y favorecedores del Gobierno. Si esos muchachos luego sufren algún inconveniente, escraches, abucheos o citaciones de la Justicia, de inmediato responsabilizan a esa prensa de haber provocado la acción. Así, la culpa de la cobarde agresión que sufrió Kicillof fue de Noticias y la silbatina que se comió Boudou fue culpa de Clarín y La Nación.
Si se siguiera ese mecanismo perverso que fomenta la autocensura, se podría decir, entonces, que fue Horacio Verbitsky el que incitó a que se produjeran las amenazas al fiscal Nisman.
Por suerte para todos, eso no es cierto y no existe, desde el lado del periodismo profesional, nadie que tenga la cabeza tan fanatizada como para atribuir cada hecho a una conspiración del enemigo ideológico.
El domingo pasado, en su habitual columna de Página/12, que suele ser un anticipo del pensamiento del Gobierno, mixturado con textos que parecen salidos de partes de inteligencia, el periodista publicó: “Ni Israel, ni Estados Unidos, ni el fiscal Nisman fomentan el acuerdo, por más que en público el fiscal diga que acompañará la nueva etapa. Luego de varios viajes a Israel y a Estados Unidos y de varios años de trabajo conjunto con funcionarios de la Secretaría de Inteligencia interesados en la cooperación con aquellos países en cuestiones de inteligencia y seguridad, se ha vuelto muy sensible a la trama internacional”.
En otro fragmento de su escrito, Verbitsky dice que “el atentado fue parte de una guerra que Argentina no libra pero de la que fue víctima” y perpetra una versión sui géneris de la teoría de los dos demonios cuando coloca al mismo nivel ético a Israel e Irán, porque plantea que “quedar en medio de dos gobiernos fundamentalistas con fuerte impronta religiosa es una calamidad para cualquier Estado democrático”.
Un argumento tan forzado que se transorma en chicana. Irán es un Estado explícitamente teocrático dirigido por un líder religioso supremo que conduce un gobierno político pero sometido a los clérigos. Hace falta mucha intencionalidad para igualar ese sistema con el israelí.
En las elecciones generales de hace 15 días, los partidos religiosos judíos Shas y Judaísmo Unido de la Torá obtuvieron un total de 18 bancas y El Hogar Judío, un partido ultranacionalista y pro religioso, logró 11. Es decir que del total de escaños de la Knesset (Parlamento), esas ideas representan 25 de las 120 que existen, apenas una más del 20%.
El planteo es más grave que la militancia de un periodista porque se trata de la confirmación del viraje chavista del gobierno de Cristina. Y porque recuerda la hermandad estratégica que hubo con Montoneros en los 70. Fue en el sur del Líbano, hoy ocupado por Hezbollah, donde tuvo lugar la famosa foto de Yasser Arafat con Mario Firmenich y Fernando Vaca Narvaja, hoy ministro de Río Negro.
Varios pelotones, alguno encabezado por Rodolfo Galimberti, hicieron en ese lugar su entrenamiento foquista y la capacitación en la colocación de explosivos.
¿Hay una clara decisión de Cristina de integrar la Línea Fundadora del bloque bolivariano y, si el cáncer finalmente derrota a Hugo Chávez, ofrecerse ella misma para continuar el liderazgo? Rafael Correa y Evo Morales presiden dos países demasiado chicos para colocarse en el lugar de la locomotora. Fidel y Raúl están muy erosionados por su pensamiento jurásico y blindado.
Dilma Rousseff huye de esa posibilidad: es una estadista madura que quiere jugar en las ligas mayores del mundo para beneficiar con más justicia social a la mayoría de su pueblo.
Cristina, papisa frustrada, ocuparía con orgullo la comandancia del grupo de países que tienen una sólida alianza estratégica e ideológica con un jefe de Estado como Ahmadinejad, que niega el Holocausto y fomenta la desaparición del Estado de Israel.
Esta es la gran novedad desde el punto de vista político en la Argentina.
Los malabares y papelones que Héctor Timerman tiene que hacer para explicar lo inexplicable y para no soportar más los retos de Cristina son insólitos. Es que el Gobierno nunca pensó que, casi en su totalidad, las entidades más representativas de la comunidad judía, e incluso los no judíos, iban a rechazar en forma tan cerrada el Pacto de Etiopía.
Como dijo el senador tucumano José Cano, ni Luis D’Elía como canciller lo hubiera hecho mejor que Timerman. El piquetero, vocero de facto de Irán, siempre tiene una palabra de elogio para los acusados del peor atentado terrorista producido en la historia argentina.
Cuando se abrazó con Moshen Rabbani en Qom, la ciudad sagrada ubicada a 156 kilómetros de Teherán, y como el cristinismo todavía no había cambiado su opinión respecto del atentado, padeció el ninguneo de los medios K.
En aquel momento desató su ira contra Sergio Szpolski, al que acusó de ser “un sionista, coronel del Mossad” que recibe millones del Gobierno para hacer la comunicación kirchnerista”. Fue tristemente antológica aquella guerra santa por Twitter.
D’Elía dijo que iba a querellar al empresario, que lo acusó de “ser un ladrón” que recibía “cheques de Irán” para defender el régimen triplemente esdrújulo por “misógino, homofóbico y xenófobo”.
A propósito de Rabbani, hay que anticipar que el mayor impacto político lo va a producir el amenazado fiscal Alberto Nisman con un nuevo dictamen que dará a conocer dentro del próximo trimestre.
Se trata de un informe de más de 600 fojas, que después de dos años de trabajo encontró nuevas pruebas que fortalecen la acusación a Irán en general y al ex diplomático Moshen Rabbani en particular.
Incluso, uno de sus discípulos aparece vinculado al atentado en el aeropuerto John Fitzgerald Kennedy. Esto desmiente rotundamente a la Presidenta y al canciller, que dicen que la causa está estancada.
Y hace todavía más cruel el volantazo que se pegó.
La que está congelada es la investigación de la Corte Suprema de Justicia, que sólo junta polvo y vergüenza ajena en los cajones. Cuesta creer que el juez Eugenio Zaffaroni se permita opinar sobre este tema sin esbozar aunque sea una mínima autocrítica.
Si Cristina y Timerman salen del pantano en el que se metieron, la nueva presentación de Nisman va a terminar de desnudar su sinrazón y va a quebrar, tal vez para siempre, la relación entre el oficialismo y la mayoría de las entidades de la comunidad judía.
FUENTE: PERFIL

viernes, 15 de febrero de 2013

El tercer atentado es de índole moral. Por Santiago Kovadloff


Hubo en el pasado una industria de la muerte. Prosperó en los campos de concentración alemanes. Hay ahora una comercialización de la muerte. Acaba de convalidársela en el Parlamento argentino.
Ahmadinejad puede sentirse satisfecho. A su negacionismo de la Shoá se suma ahora la subestimación del dolor judío por parte del Estado argentino. Si se trata de renegar de lo sucedido, la coincidencia no podía ser mayor.
A los dos atentados materiales que ya tuvieron lugar se agrega ahora este tercer atentado que es de índole moral y que, una vez más, es cometido en la Argentina. Con él ha volado por el aire la máscara que cubría la cara del delito y la mentira. Hoy no hay conexión local en la siembra del espanto; hoy todos los responsables de lo ocurrido son argentinos y forman parte del gobierno nacional.
La defensa del acuerdo establecido con Irán es clara en su propósito: se trata de convertir a los verdugos en inocentes y a los inocentes asesinados en seres insignificantes.
Con este acuerdo humillante, la Argentina se aparta de la verdad y de la historia. De la historia, porque la historia pide que no haya olvido. De la verdad, porque la verdad reclama justicia y sólo se le brinda el encubrimiento del crimen y el desprecio del dolor.
¿Dónde está el progresismo de quienes se subordinan al mandato de los delincuentes?
¿Dónde está la política de derechos humanos de un gobierno que tiene oídos para los que violan esos derechos y no los tiene para quienes exigen su vigencia?
Ayer la verdad ha sido vendida al mejor postor por el Parlamento. Su responsabilidad era resguardarla. Y la ha rifado. Mayoría de la pequeñez y de lo infame. Mayoría de lo vergonzoso y lo perverso. Mayoría del desprecio por la soberanía nacional. Mayoría de la bajeza ejercida sin temblar y de la obediencia debida practicada con fervor.
Ni la justicia argentina ni la comunidad política del país ni la colectividad judeo-argentina están con el Gobierno. Pero el Gobierno no está solo. El Gobierno está con Irán.
Hay desde ayer una nueva clase de desaparecidos en la Argentina. Son los asesinados en la AMIAy la embajada de Israel.
El Gobierno ha decidido, con su acuerdo escalofriante, terminar con su significación como fundamento de la búsqueda de la verdad y la justicia. Los ha hecho desaparecer como límite intransponible de toda conducta indigna. Ha volatilizado su valor real y simbólico para convertir en un patético acuerdo la indignidad. El Gobierno lo sabe. Lo sabemos nosotros. El olvido no tendrá lugar.
Este texto fue leído por el autor en el acto de ayer frente al Museo del Holocausto 
FUENTE: LA NACIÓN

jueves, 22 de septiembre de 2011

Cuando la mentira se instala en la Justicia. Por Adrián Ventura


Es frecuente ver que la Justicia no se ocupe de investigar un crimen. Pero hay algo mucho peor: que tuerce la verdad.
Hay muchos ejemplos. El caso AMIA, el caso Candela, la causa Schoklender o las referidas a la identidad de los hijos de Ernestina Herrera de Noble o a Papel Prensa. Todas ellas parecen apoyarse en una directriz común: están dirigidos a descubrir la verdad oficial, aunque no sea la realidad.
Ayer, la presidenta Cristina Kirchner se refirió en las Naciones Unidas al atentado contra la mutual judía. La única parte que sobrevive de aquella pesquisa es la pista internacional, reconstruida gracias a importantes informaciones aportadas por fuerzas de seguridad extranjeras. Sobre esa base, la mandataria reclamó que Irán se someta a la Justicia. Pero la conexión local fue muy mal investigada y tanto un tribunal oral como la Corte anularon ese tramo de la pesquisa. ¿Se puede decir que, a esta altura, se hizo justicia?
¿No estará pasando algo similar con el caso Candela? Es uno más de otros miles que tienen igual suerte. La muerte de la niña parece haber dado pie a un libreto más propio de una mala novela policial que a una investigación rigurosa. No existe seguridad sobre cómo llegó el ADN de Candela a la supuesta casa donde habría estado secuestrada. No es seguro que haya estado allí. Hay dudas sobre el peritaje. El material genético no coincide con el de cinco imputados. ¿Pagó la niña con su vida una deuda que un familiar suyo tenía con un delincuente? Tal vez la investigación judicial sea rigurosa y correcta, pero no lo parece. Y llama la atención que la policía no pueda esclarecer un crimen que, si bien fue cruel, no fue planteado por sofisticados delincuentes trasnacionales. ¿Qué queda, entonces, para los más complejos?
Por otro lado, ¿qué se sabe hasta ahora del caso Schoklender? El juez Norberto Oyarbide no les abre todo el expediente ni a los fiscales ni a la Auditoría General de la Nación. La hipótesis oficial del Gobierno es que Hebe de Bonafini fue una víctima de Sergio Schoklender, por lo cual ni ella ni la fundación estuvieron involucradas. Y el juez parece avanzar en esa línea. Tal vez haya sido así. Pero ¿nadie es responsable de que los fondos se hayan desviado? Por ahora, en Tribunales nadie se hace esta pregunta.
La jueza Sandra Arroyo Salgado investiga si los hijos adoptivos de Ernestina Herrera de Noble son hijos de desaparecidos. Hasta hace dos meses, la magistrada tenía un notorio interés en probarlo a través de tres peritajes. Pero repentinamente pisó el freno porque el resultado de los dos primeros cotejos genéticos no dio el resultado que más agrada a Abuelas de Plaza de Mayo y al Gobierno. Como los estudios permitieron concluir que los jóvenes no tienen parentesco alguno con personas desaparecidas en los años 1975 y 1976 -época en la que ellos nacieron-, ahora encontró alguna excusa formal para no avanzar con la tercera y última prueba.
La Justicia, cuando se desentiende de la verdad, escribe un libreto del poder de turno.

fuente: La Nación

lunes, 18 de julio de 2011

AMIA, 17 años de impunidad y una trama que nadie quiere investigar. Por Christian Sanz

Hace 17 años, el 18 de julio de 1994, estallaba a las 9.53 de la mañana una bomba que destrozaría la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina, provocando el peor atentado sufrido por la Argentina. Este dejó 85 muertos que en realidad fueron víctimas de una serie de negocios que quedaron truncos. El rastro es sencillo de investigar, pero nadie se atrevió a hacerlo. MDZ te cuenta la historia detrás de la historia.



Cuando el presidente Néstor Kirchner asumió la primera magistratura, el 25 de mayo de 2003, uno de los temas que juró investigar de manera implacable, fue el del atentado a la AMIA. Había cierta coherencia en sus palabras, ya que su esposa, la hoy presidenta de la Nación Cristina Kirchner, había presidido, años antes, la "Comisión Bicameral Especial de Seguimiento de los Atentados a la Embajada de Israel y al Edificio de la AMIA". Incluso, desde ese lugar, la entonces senadora hizo enormes esfuerzos a efectos de que se investigara la verdadera línea que develara este tema: la "pista siria".
Años más tarde, algo raro sucedió, ya que todos los esfuerzos del matrimonio presidencial se volcaron a repetir la “historia oficial” de culpar al Estado de Irán, tal cual les fue impuesto por los servicios de Inteligencia norteamericanos e israelíes: la CIA y el Mossad.
Cuando ello ocurrió, el mismo año que asumió Kirchner, en 2003, junto al colega Fernando Paolella —junto a quien publiqué el libroAMIA, la gran mentira oficial— envié dos cartas al entonces mandatario a efectos de ponerlo en autos sobre la verdadera trama.
En una de esas misivas, le dije al entonces mandatario que debía indagar sobre la “verdadera línea” de lo ocurrido esa fatídica mañana y que apunta a una pista que nunca fue investigada en profundidad. “Una pista que lleva indefectiblemente a otro país: Siria. Un país al que nadie se atreve a mencionar siquiera. Y eso a pesar de los muchos indicios que existen en tal sentido.”
Algunos puntos salientes de esa carta, ayudarán a entender la real trama de lo sucedido el 18 de julio de 1994, cuando a las 9.53 de la mañana estalló la sede de la AMIA en mil pedazos:
"La primera mentira que se pudo ver en los medios y que el juez Juan José Galeano aún sostiene, es la de la Trafic-Bomba. Ese supuesto vehículo explosivo ha sido visto sólo por una testigo de los 200 que tuvo la causa: Nicolasa Romero, quien posteriormente admitió haber sido presionada para decir semejante barbaridad.
Desde esa base se construyó toda una “historia oficial” que empezó a apuntar sus cañones al país que finalmente sería el chivo expiatorio: Irán.
Y es que la Traffic que supuestamente estalló frente a la puerta de la AMIA, según los genios de la inteligencia local, estaba conducida por un suicida iraní.
A partir de allí, el juez Galeano, algunos ‘servis’ de inteligencia y muchos funcionarios locales se ensañaron contra Irán sin tener prueba alguna (…) Algunas de las principales pistas que apuntan a Siria en el atentado a la AMIA:
1-Tanto al momento de la explosión de la Embajada de Israel, como de la AMIA, estaba presente en Buenos Aires el traficante Monzer Al Kassar, ministro sin cartera de los intereses de Siria y primo lejano de Carlos Menem.
En ambas oportunidades el dato fue muy bien oculto por los servicios de inteligencia locales y extranjeros.
2-Gracias a un llamado anónimo, el mismo día del atentado a la AMIA, se intentó detener a tres ciudadanos sirios: El matrimonio conformado por Narman Al Henawi y Mohamed Al-Alem, nacidos en Damasco y residentes en Argentina; y Ghassan Al-Zein, quien se presentó como sobrino del presidente de Siria, Haffez el Assad. Lo más llamativo fue que Al-Zein denunció como domicilio Florida 938, sede de la marroquinería Namir y propiedad de la familia Yoma.
Finalmente nunca se llego a detener a los nombrados. Una orden “superior” hizo que los dejaran en paz y, un día después, el trío sirio desapareció.
3-Poco antes de la explosión, un camión conducido por Alberto López, estacionó frente al edifico de la AMIA dejando un volquete de la empresa Santa Rita, propiedad de Nassib Haddad, de origen libanés.
En el transcurso de la investigación se descubrió, gracias a la hoja de ruta que López tenía en su poder, que a pesar de que primero figuraba la AMIA como lugar a donde depositar el volquete, partió hacia un supuesto baldío ubicado en la calle Constitución 2655-57. Enfrente del mismo, se encuentra la vivienda de Jacinto Kanoore Edul.
Lo interesante de todo esto es que Edul conocía —y mucho— a Al Kassar. En su teléfono se registraron varias llamadas a Siria y a España, así como a Telleldín, el dueño de la supuesta Traffic-Bomba.
Y por si esto fuera poco, —Edul— reconoció públicamente ser "amigo íntimo de Carlos Menem".
4-La empresa encargada de la limpieza de la AMIA pertenecía al desaparecido Alfredo Yabrán, de inocultable raigambre siria y amigo personal del ex presidente Menem. En su momento, el ex ministro Domingo Cavallo confesó que en un viaje a Siria, el presidente de dicho país le pidió puntualmente a su par argentino –Menem- que velara por dos personas: Al Kassar y Yabrán. Muy sugestivo.
Asimismo, Sr. Presidente, existe un documento incorporado a la causa AMIA -elaborado por los legisladores republicanos Yossef Bodansky y Vaugh Forrest, miembros de la Fuerza de Tareas sobre Terrorismo y Guerra no convencional- que afirma que "el increíble éxito", del atentado se debió en parte sustantiva al reclutamiento de "dos operativos locales, ambos islámicos", quienes organizaron sendos grupos que se encargaron de cometerlo, tarea en la que habrían contado con el decidido apoyo de agentes sirios, a su vez miembros del círculo más próximo al presidente Menem.
Según el informe, el atentado contra la AMIA, así como el derribo de un avión comercial en Panamá, y el ataque a la embajada de Israel en Londres, fueron "patrocinados y controlados por Teherán y Damasco" y su aprobación final se produjo en "Bir-Al -Abd, Beirut, donde altos funcionarios iraníes y de Hezbollah se reunieron a finales de mayo de 1994.

¿Porqué Siria?

 Sr. Presidente, cuando Carlos Menem ganó las internas contra Cafiero en 1988 estaba obsesionado por un sólo objetivo: llegar a la Rosada a cualquier precio. Entonces no dudó en tomar decisiones de estado para tal meta, por eso no le tembló el pulso cuando negoció la entrega del misil Cóndor II a los sirios, libios o egipcios. Tampoco escatimó en detalles para la cooperación nuclear con Assad, como lo mencionó el ex embajador Spinoza Melo. Y tampoco se hizo el “chancho rengo” cuando ubicó al prófugo Ibrahim en la Aduana, o en ocasión del otorgamiento del pasaporte de la discordia a su primo Al Kassar.
Menem no dudó en otorgarle aún más poder al Cartero Yabrán, dotándolo con la capacidad de contar con todos los elementos necesarios, desde el punto de vista estratégico, para que siguiera haciendo lo mejor que sabía, lavar dinero y concentrar poder en determinadas áreas estratégicas, como lo eran el correo, los depósitos fiscales, el transporte de documentos y caudales, empresas privadas de seguridad y la impresión de pasaportes y DNI.
También estableció negociaciones para su financiamiento con los libios y también con los palestinos, tal como lo corroboró —el ex contacto de Menem con Khadaffi— Nemen Nader.
El fracaso de las negociaciones por el Cóndor II y el reactor nuclear, fueron determinantes para el deterioro de las relaciones entre Menem y el país de sus ancestros. El proyecto significó para Egipto, Siria, Arabia Saudita e Irak, una pérdida de millones de dólares. Pero sobre todo el incumplimiento de las promesas de Menem a los árabes fue un duro golpe a la estrategia militar de los mismos en Medio Oriente, ya que el Cóndor II era netamente superior al Scud y al Badr 2000.
Assad se tomó muy en serio las traiciones de Menem. El presidente sirio recibió a su colega argentino en noviembre, luego del atentado a la AMIA. Nunca se explicó por qué Menem viajó a Siria cuatro meses después del atentado a la mutual judía. Si hubiera sido por él, el viaje lo habría realizado mucho antes. Sin embargo, las misiones que encabezaron en su momento Eduardo Menem y Omar Vaquir, ambos con excelentes relaciones en aquel país, fracasaron y Carlos Menem tuvo que recurrir a su familia política para que Assad por fin accediera.
Pero Menem tenía dos motivos para ese viaje. Según la periodista Olga Wornat, "a Menem lo nublaba, además, la concreción de dos aspiraciones: quería que el gobierno de Hafez Al Assad condenara públicamente el atentado a la AMIA y que sus agentes de inteligencia colaboraran con la investigación. Casi un delirio, considerando que en la Argentina trabajaban el Mossad, el FBI y la CIA, enemigos mortales de Siria”.
 La carta enviada a Kirchner concluye pidiendo al entonces mandatario que no creyera en mi palabra, sino más bien que “investigue profundamente”; que “trate de involucrarse personalmente en el tema.”
Néstor nunca lo hizo finalmente, y mucho menos su esposa, la actual Presidenta de la Nación. Al revés de lo pretendido, ambos profundizaron la historia oficial impuesta por Estados Unidos contra Irán.
Ello explica por qué, 17 años después de ocurrido, el peor atentado de la historia argentina, aún no se ha esclarecido.

Christian Sanz

fuente: Tribuna