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sábado, 18 de junio de 2011

A MI PADRE


PARA LINO

El mes de Junio es como si fuera tuyo
cada año festejo tu cumple y tu día
tan seguiditos el uno del otro
que no me dejaban tiempo de olvidarme.
Como ahora pese al tiempo
sigo recordando, con penitas
momentos en que te encontraba sonriendo
recibiendo dos regalos en vez de uno
mas el beso con abrazote de oso
que compartíamos parando el tiempo
que se cargaba de la emoción del cariño.
Las palabras únicas que ya nadie menciona
como Aita, hiji, petisita, o mi muñeca
resuenan con exclusiva memoria
Te extraño mucho
aún hoy te busco en las calles, o te espero
aunque secretamente se que no regresas
que es la salida mas larga que has tenido
y no llegarás con chocolate y muñequito
ni con el vaso de agua hasta mi cama...
Te recuerdo puliendo moneditas,
restaurando autos, escuchando a Mozart
y a Vivaldi y a Vangelis Papatananciu...
cuando nadie aún lo conocía...
Te recuerdo en las charlas de baño
en las afeitadas infinitas...
En este mes tan importante para mi,
porque es cuando mas huérfana me siento,
quiero regalarte mi recuerdo, mi verso
y mi promesa de encontrarnos en el tiempo

A mi papá Lino Osvaldo Rost, con todo mi amor
Graciela Rost

domingo, 12 de junio de 2011

Vandalismo. Por Pepe Eliaschev


Un cepo de acero empobreció lo que debería haber sido un debate trascendente. Melancólicamente aferrados a un tiempo pretérito, se hamacaron entre la mentira y la falsificación. Podría haber sido un instante luminoso, pero sigue siendo una interminable cacofonía de oscuridades, un campeonato de imposturas.
Lo de Bonafini es, desde luego, un pretexto ya vaciado de significados, excepto uno, el más desalentador de todos, el que reitera una apasionada compulsión por degradar todo lo valioso, ese vandalismo existencial tan argentino.
Nada más que eso quedará. Lamentarse, claro, de que “hasta eso” haya sido salpicado por la mugre más banal. Quejas contra el destino, del tipo de “ni siquiera ese valor supimos preservar”, pero no mucho más, siempre en el cuadro general de resignado chapoteo en la chatura más abyecta.
Sin embargo, dos nociones se perfilan, poderosas, al cabo de una nueva bacanal en el hedor de la compra-venta de todo. No parece que se pueda salir, ahora mismo, de un torniquete inexorable. Se forma con dos gruesas vigas de blindada convicción ideológica. A casi 28 años de la terminación del gobierno dirigido por los militares entre 1976 y 1983, las enseñanzas de aquella era parecen haberse empobrecido hasta la desesperanza.
Una noción siniestra y perfectamente mentirosa fue contrapuesta a otra de falsedad insultante. La primera sostiene que los millares de muertos que perdieron la vida a partir de 1976 (de los centenares de asesinados entre 1973 y 1976 casi nadie se acuerda) eran todos combatientes revolucionarios que habían tomado las armas para lograr una patria socialista. La segunda presume que se trató de militantes que sólo querían un mundo mejor y estaban todos consustanciados de los ideales más nobles y humanos. Todos revolucionarios fusil en mano o candorosos corderos trágicamente llevados al degolladero sin haber cometido pecado alguno.
No se ha podido aún solventar este intríngulis tan torvamente fraudulento. Se pretende negar que desde el comienzo de la “lucha armada” en la Argentina, mediados de 1962, numerosos cuadros políticos se propusieron consumar un proceso revolucionario a sangre y fuego. El documental La palabra empeñada, recién estrenado, retrata sin posibilidades de equivocaciones y al margen de las ideas de sus realizadores, la desmesura fenomenal de un grupo de alucinados que deambuló por la selva salteña entre comienzos de 1963 y mediados de 1964, en el gobierno de Arturo Illia. La revolución no la hicieron, pero asesinaron por traidores a dos de sus propios camaradas, los desafortunados Pupi Rotblat y Nardo Groswald. Lo que pasó después fue sólo un aumento de escala pero, en esencia, la locura foquista y mesiánica según la cual “el deber de todo revolucionario es hacer la revolución” (Guevara, 1967) galopó con furia hasta el desenlace trágico, que se terminó de rematar con las matanzas que recién amainaron hacia 1978-1979, una larga década después.
La pretensión insana de que esos millares de seres humanos aniquilados eran todos soldados convencidos de su causa y dispuestos a todo ofende la inteligencia más módica y rasguña la sensibilidad más elemental. Una cifra de ellos, imposible de cuantificar, quedó en el camino por su mera condición de sospechosos, ingenuos, negligentes o negadores de la realidad. El plan criminal aplicado desde marzo de 1976 determinó que montones de inocentes fueran arrasados por el solo hecho de que, estadísticamente, algunos de ellos podrían ser peligrosos para la seguridad nacional. Esta mentira atroz (pretender que todos eran revolucionarios sin mella) no es sólo un agravio a la verdad documental más evidente; este mito deleznable forma parte de una mitificación horrorosa, una reescritura de la historia que sólo se explican desde la mala fe más absoluta, desde la industrialización del oportunismo. Va de la mano de la segunda herramienta del fraude, su versión diametral opuesta, tan falsificadora como la primera.
Los muertos de aquellos años no eran revolucionarios que habían resuelto morir matando o matar muriendo; se pretende que eran incandescentes catequistas que en un país con 4% de desocupación se proponían hacer el bien a la sociedad sacando a los pobres de su desesperanzadas vidas. No secuestraron. No mataron. No recluyeron en cárceles del pueblo a nadie. No asesinaron. No asesinaron a criaturas. Nada de ello sucedió. La terrible represión ilegal que caracterizó la barbarie de los militares en el poder fue un episodio aislado del contexto, una furia asesina que sólo se proponía liquidar de la peor manera a unos jóvenes respetuosos de la vida y de los bienes de sus adversarios.
La primera falsificación (eran todos revolucionarios) triunfó en toda la regla. Los atacantes del regimiento de Formosa, que pretendieron copar a balazos una unidad militar en pleno gobierno peronista (diciembre de 1975), son hoy recordados y homenajeados de igual modo que miles de desaparecidos, muchísimos de los cuales sólo eran familiares y amigos de los buscados por la represión.
El monumento que en Costanera Norte recuerda a los desaparecidos (Parque de la Memoria) equipara a quienes mataron y secuestraron en pleno Estado de derecho con quienes fueron liquidados en dictadura.
La segunda variante (todos los muertos eran criaturas inocentes) viola perversamente hasta el alma de aquel proyecto de revolución, porque les quita a las víctimas su propia identidad como subversivos convencidos, personas absolutamente dispuestas a ejercer la violencia mas frontal en nombre de un proyecto fantasmagórico e inexorablemente totalitario, en tanto y en cuanto partía de una soberbia ideológica sin límites.
Nos quedamos, así, en el peor de los mundos, huérfanos de matices, despojados de la posibilidad de pensar y aprender, atrapados en la obscena utilización del pasado, avergonzados de nuestra ineptitud y desnudos como país ante la evidencia de que las anécdotas que estos días nos atosigan de pequeñez revelan la sombría condición en que parece bascular el país.
fuente: Perfil

lunes, 9 de mayo de 2011

PADRES: ¡A SUS COSAS!!!


ADOLESCENTES FUERA DE CONTROL


Siguen las tomas en el Pellegrini y un alumno pampeano le pegó a la directora.

 Los alumnos del colegio Carlos Pellegrini continúan con la toma y hoy realizarán una nueva asamblea. En tanto, en La Pampa, un alumno le pegó a la directora, a dos preceptoras y a una compañera. La escuela en crisis y los chicos, fuera de control.
 La falta de límites contribuye a que la escuela, como ámbito educativo, entre en una grave crisis y se den situaciones de caos total. Tal es el caso de  los estudiantes de la Escuela de Comercio Carlos Pellegrini, que continúan blqueando la escuela y no permitiendo el paso de autoridades en reclamo de concursos docentes y mayor participación en las decisiones académicas. Ayer, continuaban con la toma del establecimiento, en tanto que hoy realizarán una nueva asamblea y mantendrán el bloqueo del acceso, por lo que nuevamente se dictarán clases sin la presencia de las autoridades.
 
El viernes último, en tanto, el vicerrector a cargo de la escuela, Raúl Juárez Roca, a quien los estudiantes le impidieron el ingreso al establecimiento, aseguró que está trabajando para reprogramar el calendario escolar dado que los actos académicos realizados "son nulos".
 
De esta manera, los estudiantes mantienen tomado el colegio. ¿Qué hacen los padres de esos alumnos? ¿Porqué no interviene el minisitro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni?
 
Este tipo de situaciones al extremo permsivas llega a situaciones mucho más complejas. No sólo a adolescentes que carecen de límites sino situaciones agresivas. Tal es el caso de un violento episodio que ocurrió en un instituto secundario de la localidad pampeana de Toay cuando un alumno de 14 años tuvo un día de furia y golpeó a la directora, a una docente, dos preceptoras y a una compañera.
 
El episodio ocurrió el miércoles de la semana pasada, cuando un adolescente, en un aparente crisis de nervios, discutió con una compañera y comenzó a golpearla. Luego golpeó y empujó a la directora y otras autoridades que habían intervenido para evitar la agresión.
 
En el caso tomó intervención el gabinete pedagógico de la institución y determinó que los dos alumnos que protagonizaron este lamentable episodio por el momento no concurran a clase. Además, una profesora y una docente están con "licencia por accidente de trabajo".
 
Fuente: U24