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jueves, 28 de abril de 2011

CARNE PARA TODOS LOS TARADOS:¿4000 KG DE CARNE PARA TODO EL PAIS?


QUIERO ACLARAR QUE COMPRATO EN UN 100% LO EXPUESTO POR ALDERETE EN ESTA NOTA, MAS AÚN SIENDO DEL INTERIOR DEL PAÍS.
ESTOY CANSADA QUE UNA PRESIDENTE NACIONAL SE DIRIJA SOLO AL CONO URBANO BONAERENSE EN SUS DISCURSOS Y BENEFICIOS... ¿ES REALMENTE UN GOBIERNO FEDERAL O ES UNA PAYASADA ELECTORAL CADA VEZ QUE DA LA CARA??????
Graciela Rost

No sé si la presidenta peca de ingenua o nos toma por idiotas:
Un camión de 4000 Kg, para 40  millones de argentinos, es 0,1  gramos de Carne por Argentino.  O en otras palabras para alcanzar un 1K Gr por argentino  Tardaría  10000 días   … O casi 30 años  años…
No se puede ser tan naif para querer dar carne con un solo camión de 4000 Kilos para el conurbano, donde hablamos de mínimo 8 millones de pobres…
Lo peor es que los canales de televisión publican esto como si fuera la panacea como una gran medida para la gente…
Poor esto es vital para el Gobierno controlar los medios para que este tipo de noticias sea lo mejor  del mundo…
La presidenta Cristina Kirchner presentará hoy en la Casa Rosada el programa oficial “Carne para todos”, que apuntará a abaratar el precio de algunos cortes de ese producto típico en la dieta de los argentinos.
Si bien no se adelantaron los detalles de la iniciativa, fuentes oficiales confirmaron que la jefa de Estado lanzará el plan a las 16.30 durante un acto en el Salón de las Mujeres de Casa de Gobierno.
El objetivo del programa será ofrecer carne vacuna a precios más bajos, ya que este producto viene experimentado en el último tiempo reiteradas subas de precios. Justamente el indicador cárneo es el que hizo subir el costo de la canasta familiar.
Para un plan serio debería ser por lo menos 4000 camiones con 4000Kg de Carne por Día, al menos así los pobres podrían acceder a un kilo de puchero.
La jugosa pauta publicitaria y el “des manejo” deja a las claras,  la demagogia de este gobierno.
Administra pobreza.
Aún no me explico porque le dio 6 millones de pesos a “ Despegar .com” por pauta publicitaria, que también ofrecerá hoteles con la “carne para todos”…
Por Héctor Alderete
halderete@seprin.com
Temas relacionados:
Pauta Publicitaria arbitraria para tapar la realidad:
Video Muy ilustrativo de la demagogia y como se administra la pobreza.:
PD. Sería interesante saber cuánto costará este programa y luego saber las empresas que proveerán las carnes, a ver si no hay algún conocido..



miércoles, 27 de abril de 2011

UN LLAMADO DE ATENCIÓN A LA OPOSICIÓN


Un drama nacional

Por Santiago Kovadloff 


No faltan entre nosotros los políticos opositores persuadidos de que encarnan principios republicanos y democráticos que no encuentran eco en la sociedad. Creen que la gente estaría enferma de incultura, oportunismo, confusión, violencia y desaliento. Sin recursos cívicos ni adecuada sensibilidad, esta sociedad -dicen- es incapaz de advertir lo que ellos representan.
Además de presuntuoso, el planteo parece estéril, debido a que invierte las responsabilidades que caben a cada uno de los términos de esa relación entre dirigentes y comunidad.
Si hay políticos que no consiguen despertar el interés de la gente en la proporción que ellos desean es porque, en realidad, no saben cómo hacerlo o no tienen con qué. De ningún modo la gente es incapaz de darse cuenta de lo que significan esos dirigentes, como si de geniales artistas se tratara y a los que el vulgo no supiera reconocer.
Deberían aprender, esos políticos de la oposición, la lección impartida por el Gobierno. El Gobierno ha sabido construir un discurso verosímil para buena parte de la sociedad. Supo hacerse oír y ha llegado a ser representativo. De nada hubieran servido sus abultados caudales de dinero sin esa habilidad. Y ella consiste, como es evidente, en haber podido volcar a su favor esa extendida frustración social tenazmente acuñada por los desaciertos, las arbitrariedades y las reiteradas estafas cometidas contra el país por quienes, en las tres últimas décadas, no han sabido infundirle credibilidad a la democracia recuperada.
El oficialismo no ha hecho otra cosa que recoger con extrema habilidad la siembra de ese hondo desencanto colectivo. Administrando el desengaño y el resentimiento, supo convertirlos, allí donde prendió su prédica, en un fervor militante y polimorfo. La administración kirchnerista preserva y amplía en su provecho esa fractura social que ella no produjo, pero que contribuyó y contribuye a profundizar. De hecho, nadie puede acusarla de haber dado origen a la fragilidad institucional de la Argentina, al espesor mafioso de muchas de sus corporaciones, al incumplimiento de la ley, al derrumbe de los partidos políticos, a la incautación impune de los módicos ahorros bancarios de tanta gente ni al pavoroso repliegue de la educación pública en consonancia con el auge del narcotráfico. Pero lo que sí tuvo lugar con esa administración fue la fulgurante capitalización del descontento colectivo por parte de un gobernante singularmente astuto y decidido a ensanchar su módico protagonismo provinciano al precio que fuere. Nadie sino Néstor Kirchner supo concebir, después de Perón y Alfonsín, la frustración colectiva como recurso propicio para la construcción de poder político. ¿Cambios estructurales? Ninguno sobrevino desde entonces. La pobreza sigue invicta pero asistida. La desocupación, malamente compensada por el paternalismo estatal. El tráfico de drogas, intocado. La inseguridad, intacta. La inflación, desatada. La policía, inmersa en la corrupción. Y 700.000 jóvenes arrinconados en la ignorancia y la falta de empleo, mientras la ley vocifera su demanda sin encontrar en el Gobierno otra cosa que oídos sordos.
La frustración reiterada lleva al resentimiento y éste no pide sino venganza, pues descree de la Justicia. El oficialismo no aspira a revertir el descrédito de la democracia republicana. Su propósito es instrumentarlo. Y lo sabe hacer. Su palabra da en el blanco de las polarizaciones elementales en las que se complace toda sociedad desencantada. El Gobierno ceba el resentimiento, lo alienta y le da sustento. Ha descubierto cómo potenciar a su favor la desilusión, los agravios y la amargura desatados por los demagogos de la democracia que lo precedieron en el poder. La eficacia evidenciada para lograrlo prueba su talento. En esa estrategia sin escrúpulos consiste su arte. Nadie ha conseguido configurar, como lo ha hecho el oficialismo en sus dos gestiones, un discurso tan preciso para ganar el apoyo progresivo de buena parte de la mitad más dañada de una totalidad partida. El Gobierno ha rentado su padecimiento. Ha encauzado hacia su molino las aguas del escepticismo que el abuso precedente del orden constitucional terminó inspirando en tanta gente. Ha compensado con sentimentalismo, clientelismo, maniqueísmo y mitología un formidable vacío de identidad.
Y del otro lado ¿qué? Del otro lado, los que se dicen capaces de restañar la democracia vilipendiada. No todos ellos provienen del despedazamiento de los partidos. Pero todos acusan, muy a su pesar, los efectos de ese despedazamiento. Invocan la necesidad de recuperar lo perdido: el respeto por una Constitución burlada, la dignidad de las instituciones que hoy sobreviven anémicas, la equidad social asentada en el desarrollo y la educación. Conforman, estos políticos, las partes desgajadas de una estructura ausente. Reivindican, en todo lo que emprenden, el valor de una unidad de la que no son expresión. Y eso para desesperación de quienes quisieran confiar en ellos. Es que no han sabido transformar, al menos hasta hoy, el relato de nuestras desgracias en un discurso unánime y esperanzador. No son persuasivos, son sintomáticos de aquello mismo que aseguran combatir: el monólogo, la fragmentación, el caudillismo, la vocación principesca.
El discurso oficial supo ubicarse en el centro de la escena. Y se valió para ello del desapego a la democracia republicana generado por la perversión impuesta al sistema a lo largo de los años en que se pasó de la extrema expectativa en sus virtudes a la desilusión radicalizada. El discurso opositor, en cambio, atomizado en incontables voces que se disputan un rol estelar, no ha sabido vertebrar la disconformidad mayoritaria con el kirchnerismo. Una disconformidad que ya se ha pronunciado en las elecciones legislativas en el año 2009 y que sigue luchando contra el desaliento, a la espera de una respuesta convincente por parte de una dirigencia opaca. Pero esa inoperancia no es hija del aire. Hunde sus raíces en la historia argentina. Los Kirchner optaron por rentabilizar en provecho propio la decadencia de la República. La tendencia opuesta, esa que busca remontar la cuesta del deterioro, deberá poner en juego recursos culturales, lucidez política y habilidades retóricas que, hasta ahora, brillan por su ausencia.
No corresponde, pues, ver en el proceder del Gobierno sino la consumación de un persistente desprecio por la ley y las instituciones ya vivo y cultivado con ahínco en la primera mitad del siglo pasado. Incumplida la transición del autoritarismo a la democracia, iniciada a fines de 1983, el kirchnerismo representa en buena medida el desenlace previsible de tanto desatino previo. Javier González Fraga lo ha señalado bien: "Los Kirchner lograron apoderarse de las reivindicaciones de los débiles y atropellados de los últimos cuarenta años. Frente a eso, la racionalidad cumple un papel muy acotado". Tan acotado, se diría, que aún está lejos de caracterizar las conductas indispensables que se le reclaman a la oposición y que conforman la base de las expectativas de un amplísimo sector social que golpea a sus puertas sin ser atendido todavía.
No estamos, por cierto, en la Grecia antigua. Entre nosotros, la historia no está condicionada por el destino. Pero sí lo está por la mayor o menor aptitud para aprender de los propios desaciertos. ¿Habrá aún quienes lo adviertan a tiempo?
Fuente: La Nación

jueves, 17 de febrero de 2011

Cristina gobierna para la tribuna. Por Luis Majul


Después del luto y del impacto generalizado por la muerte de Néstor Kirchner, la presidenta Cristina Fernández parece estar gobernando a fuerza de golpes de efecto. Las evidencias sobran, pero en los últimos días se hicieron más notables. Aunque se trata de episodios muy distintos, el uso mediático del conflicto con el avión militar de Estados Unidos y los cuatro minutos del video de homenaje al ex presidente durante el Fútbol para Todos parecen dos movidas efectistas y de alto impacto en la opinión pública, más que políticas de Estado destinadas a perdurar.
Nadie puede discutir el derecho del gobierno nacional a revisar y comparar el inventario del contenido de ese avión e incluso de exigir la apertura de una valija cuyo contenido puede resultar,a priori , peligroso o sospechoso. Es obvio que Estados Unidos haría lo mismo con un avión militar argentino. Es probable también que, por su paranoica política contra el terrorismo internacional, los encargados de la seguridad del aeropuerto tratarían a los visitantes de una forma poco cortés y hasta prepotente. Incluso es factible que la decisión del canciller Héctor Timerman pueda caer muy simpática no sólo al núcleo duro que apoya al kirchnerismo sino también a los argentinos de clase media y media alta que alguna vez fueron maltratados y hasta humillados en los distintos aeropuertos de Estados Unidos. Sin embargo, parece excesivo y hasta irresponsable confundir una infracción aduanera con un asunto que pondría en juego "la soberanía nacional".
¿Por qué las usinas oficiales instalaron el incidente con tanta energía? Sea porque la Presidenta y el canciller se sientan destratados por el presidente norteamericano, Barack Obama, sea porque el Gobierno desea interrumpir los convenios de entrenamiento con el Pentágono, o porque de pronto la Policía de Seguridad Aeroportuaria y la Aduana se transformaron en celosos custodios del territorio argentino, el efecto real y práctico de la decisión oficial fue sacar de la tapa de los diarios los tres temas que más preocupan e indignan a los argentinos: la inseguridad, el aumento del costo de vida y la corrupción gubernamental.
¿Tenía el mismo propósito, el de instalar un tema "a favor del gobierno" en la agenda, la espectacular detención del secretario general de la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (Uatre), Gerónimo "Momo" Venegas? Con la foto del sindicalista esposado, ¿pretendían matar varios pájaros de un tiro pero el disparo les salió por la culata, como sostiene el ex presidente Eduardo Duhalde a cualquiera que pretenda escucharlo?
Néstor Kirchner siempre tuvo en claro que una de las principales fuentes de poder, además del dinero, es el control de la información. De hecho, admitía que su pelea contra el Grupo Clarín en particular y los medios no oficialistas en general era, en el fondo, por el manejo de la agenda. Es decir: la imposición de los temas que deberían consumir los argentinos. "Tenemos la misma clientela", sorprendió un día Kirchner al accionista del grupo Héctor Magnetto en uno de sus encuentros, cuando todavía mantenían una buena relación. Recién cuando el ex presidente comprendió que el acuerdo era imposible decidió invertir mucho dinero en la tarea por instalar "otra agenda".
Los elementos están a la vista. La detención de Venegas fue prenunciada en Tiempo Argentino y la primicia del avión decomisado apareció en Página 12. La súbita y saludable preocupación por el trabajo esclavo se ha transformado en uno de los grandes temas sociales de todos los medios paraoficiales (en ellos no se habla, por ejemplo, del altísimo porcentaje de trabajo en negro que existe en el Estado nacional). Algunos altos funcionarios de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) están pidiendo a sus subordinados que hagan de periodistas. Todos los viernes tienen que enviar a sus superiores una lista de casos "espectaculares" para poder instalarlos en los principales medios. El malestar de los técnicos más serios ya es indisimulable. Temen ponerse al borde de la legalidad por "armar" o "amplificar" casos de personas o empresas que son consideradas "enemigos" del Gobierno, la Presidenta o los principales jefes de la AFIP.
El aviso de homenaje al ex presidente recientemente fallecido constituye, también, parte de "la otra agenda". Los artistas y funcionarios que participaron del proyecto tienen todo el derecho de hacerlo. La envergadura política de Kirchner y las pasiones que todavía despierta su manera de ejercer el poder hacen comprensible semejante muestra de amor. Componer una canción en su memoria parece algo muy natural. Lo que resulta sorprendente y para nada espontáneo es que se transforme en una "publicidad oficial" de cuatro minutos, que se la emita deciséis veces por fin de semana, en medio de la transmisión de fútbol, y que sea financiada con el pago de los impuestos de todos los argentinos.
Cristina Fernández puede darse el lujo de gobernar para la tribuna y a través de golpes de efecto porque la oposición es incapaz de instalar su propia agenda de prioridades. La gran pregunta es si le servirá para conseguir más votos o se le volverá en contra, como sucedió, en su momento, con las falsas denuncias contra Francisco de Narváez y Luis Juez, por citar sólo los casos más ruidosos.


jueves, 2 de diciembre de 2010

DEMAGOGIA POR CADENA NACIONAL


¿NO VENÍAMOS TRIBUTANDO YA?


Ahora Cristina quiere que graduados aporten para becas.


Para no perder la costumbre, ayer al mediodía la Sra. Cristina Fernández abusó de la cadena nacional para exponer otra de sus genialidades populistas.

Entre tanta cosa que dice, desdice, teatraliza, grita, da clases de nunca se sabe qué, reta, ridiculiza, se victimiza por mujer o por viuda y vende una imagen de lo que nunca fue ni es, dejó planteada la inquietud de que los graduados en universidades públicas—entre los que ella se cuenta—deberían aportar de su bolsillo para que otros ciudadanos puedan estudiar.

"En algún momento tendremos que discutir que aquellos que hemos tenido la suerte de graduarnos en universidades públicas gratuitas y que no somos pocos, ver si no aportamos un poquito en becas a esas universidades", señaló.
"Es hora de desprenderse un poquitito de lo que uno tiene para que el país esté un poquito mejor".
Desconozco si la intención es crear agentes de retención o en qué mecanismo piensa, pero lo primero que a cualquier graduado de universidad pública se le debe ocurrir es que la idea no estaría mal si las reglas del juego estuvieran claras. Pero realmente no es así.
En este país hay mucha gente solidaria que no duda jamás a la hora de colaborar, incluso con dinero. Pruebas de esto tenemos de sobra en la historia argentina. Sin embargo, acá hay nuevamente varios puntos que no se explican.
Por un lado, existen partidas en el presupuesto nacional que desde siempre se destinan a la educación. Entonces las preguntas serían: ¿Por qué no usan ese dinero? Bueno, supongamos que no alcance, entonces ¿Por qué no alcanza? ¿No calculan bien el presupuesto nacional? ¿Destinan esos fondos para otra cosa? ¿Cuál? ¿Para financiar qué tipo de gastos?
Los ciudadanos que pagan los impuestos creen que los recursos para educación, salud, seguridad, justicia, etc., son utilizados para eso servicios públicos y bien administrados por el Gobierno ¿Estarán muy equivocados?
Lo segundo que cabría hacer es “replantearle” (ni siquiera refutarle) a la Sra. Fernández su brillante idea con una hipótesis formulada por un conocido político local cuando dijo “si dejamos de robar por dos años….”.
En ese contexto, el interrogante que englobaría sería si alguna vez los que siempre dicen que los recursos nunca alcanzan pensaron en la posibilidad de renunciar a sus enriquecimientos ilícitos en aras de la salud, la educación, la seguridad y la justicia de los sectores mas postergados. La hipocresía de la clase dirigente honestamente da asco. Haber incurrido y seguir incurriendo en la repugnante ostentación de riqueza malhabidas mientras hablan de la “pobreza estructural” o proponen que parte del pueblo financie a la otra parte del pueblo es de una caradurez mayúscula. Sobre todo teniendo en cuenta que ese sostenimiento que hace el ciudadano común del Estado, sus gobernantes lo dilapidan en "fútbol para todos", delirios de trenes bala, excentricidades personales, financiamiento de fuerzas de choque para meter miedo a la población en nombre del poder político de turno, compra de voluntades y tanta corrupción.
La tercera cuestión es considerar la cantidad de personas de otros países que vienen a estudiar a nuestras universidades públicas precisamente porque son gratuitas, al igual que a tratarse en nuestros hospitales públicos.
Entonces, si es el mismo Estado es el que promueve la inmigración de tantos latinoamericanos para conseguir mayor cantidad de votos en las elecciones, les otorga planes sociales, beneficios de todo tipo que ni los propios nativos muchas veces conseguimos, ¿por qué no siguen el consejo del político local antes mencionado y con esos fondos financian las universidades públicas, los hospitales públicos la seguridad, la justicia y a todos los inmigrantes latinoamericanos que quieran traer para que los voten y así seguir perpetuándose en el poder? ¿O acaso no es ese el verdadero objetivo?
¿Alguien tendrá la respuesta estos interrogantes?

Nidia G. Osimani