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domingo, 24 de junio de 2012

LOS DATOS QUE CRISTINA NO TIENE EN CUENTA


El impuesto a las Ganancias y la historia de las rebeliones fiscales


Por Roberto Cachanosky

El lío en el que está metido en el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner con el tema del Impuesto a las Ganancias es casi de manual de Historia. ¿Quién no conoce la historia del Motín del Té que tuvo lugar en Boston en 1773, cuando los colonos tiraron todo un cargamento de té al mar por el nuevo impuesto que había establecido Inglaterra, dando lugar a la guerra de la independencia americana? En rigor este impuesto tiene el antecedente de la Stamp Act (1765) y las Townshend Acts (1767) que imponía nuevos impuestos a los colonos sin consultarlos.


La Revolución Francesa tuvo, entre otros motivos, la aplicación de altos impuestos que no alcanzaba a ciertos sectores de la nobleza, del clero y otros sectores. La causa de esta presión tributaria tenía que ver con los gastos bélicos que tuvo Francia al apoyar a los colonos americanos en su lucha por la independencia. Es más, cuando se produjo la revolución, varios edificios del ente recaudador fueron incendiados por los revolucionarios franceses.
La Carta Magna que los barones le impusieron al rey Juan Sin Tierra también incluye límites a la aplicación de impuestos, además de justicia en el tratamiento que el rey le daba a sus súbditos.
Charles Adams publicó un interesante libro sobre la historia de las rebeliones fiscales titulado For Good and Evil, The Impact of Taxes on the course of civilization (Madison Books). En ese libro, Adams analiza la historia de las rebeliones fiscales desde el antiguo Egipto, pasando por la Edad Media, Rusia, Suiza, España, Alemania y, obviamente, Inglaterra y EE.UU. Cualquiera que lea ese texto puede advertir cómo los pueblos se rebelan cuando son expoliados impositivamente.
Esta introducción tiene que ver con lo que estamos viviendo hoy en Argentina, siendo Hugo Moyano el que, curiosamente, se levanta contra el Gobierno por la presión impositiva del impuesto a las ganancias. ¿Por qué curiosamente? Porque Moyano fue aliado de este gobierno, al igual que muchos otros personajes que fueron quedando en el camino, y de ser aliados pasaron a ser acérrimos enemigos para el Gobierno.
Lo cierto es que, en su voracidad fiscal, el Gobierno vieneliquidando a la gente con el impuesto a las ganancias, tanto a la gente que trabaja en relación de dependencia como a las empresas y a los independientes.
¿Qué mecanismos usa el Gobierno para aumentar el impuesto a las ganancias? El sistema es complejo, pero voy a tratar de simplificarlo.
Supongamos que, de acuerdo a este impuesto, un trabajador en relación de dependencia, casado y con hijos, no pagaba ganancias si ganaba $ 3.000 mensuales. Como la inflación llevó al ajuste de salarios, que por cierto, vinieron subiendo por arriba del 30% anual en estos últimos años, ese trabajador que ganaba $ 3000 pasó a ganar, digamos, $ 6000. El impuesto a las ganancias determina que hasta cierto monto no se paga impuesto y a partir de ese monto comienza a pagarse a una tasa progresiva. Supongamos que el mínimo no imponible era de 4500 pesos para ese trabajador casado y con hijos. Como el Estado prácticamente no ha modificado el mínimo no imponible (los $ 4.500), ese trabajador empezó a pagar ganancias cuando, por los aumentos de salarios, superó esa el mínimo no imponible. Así, cuanto más gana, más impuestos paga.
Decía antes que la tasa del impuesto es progresiva, esto quiere decir que si alguien gana un 10% más puede pagar, por ejemplo, un 15% más de impuesto a las ganancias. Es decir, no es que si gana un 10% paga un 10% más de impuesto, sino que puede pagar el 15%. Por eso es progresivo el impuesto.
Como los aumentos de salarios estuvieron superando ampliamente la inflación real y el mínimo imponible casi no se ajustó, muchas personas en relación de dependencia empezaron a pagar cada vez más impuesto a las ganancias, con lo cual el aumento de salarios conseguido se licúa en parte con el pago de este impuesto.
Pero ojo que no solo los que trabajan en relación de dependencia tienen este problema. Las empresas y los trabajadores independientes también sufren la mayor carga impositiva del impuesto a las ganancias.
Por ejemplo, una empresa compra una mercadería a 10 pesos y a los 6 meses la vende a 15 por efecto de la inflación. Supongamos que reponer la mercadería le cuesta 13 pesos. Para el Estado esa empresa no ganó 2 pesos, ganó 5 y, por lo tanto, le cobra el impuesto a las ganancias sobre 3 pesos que no son utilidades. Le aplica el impuesto a las ganancias sobre utilidades que no existen o si se prefiere, le cobra el impuesto a las ganancias sobre el costo de reposición de la mercadería, con lo cual le cobra ganancias sobre su capital de trabajo.
Con los profesionales independientes pasa lo mismo. Lo que pueden deducir del Impuesto a las Ganancias es nada. Es más, y esto supera al problema actual, un profesional que dedica horas de trabajo a estudiar para luego entregar su trabajo no puede deducir esas horas de trabajo del impuesto a las ganancias. Para el Estado el trabajo intelectual no es un costo y, por lo tanto, el impuesto a las ganancias se transforma casi en un impuesto a los ingresos brutos.
Doy mi caso de economista independiente. Para escribir un informe o dar una conferencia tengo que buscar datos, elaborarlos, analizarlos, leer libros y diarios, etc. Ese trabajo, para la AFIP, no es un costo. Lo único que considera como costo es el precio del libro o del diario, pero no el trabajo de estudiar y elaborar. Es como si un economista se sentara a escribir un informe y todo el tiempo que estuvo buscando datos, armando series estadísticas y analizándolas no fuera un costo de producción. Los economistas solo nos sentamos y escribimos lo primero que se nos pasa por la cabeza, y por lo tanto lo que cobramos por nuestro servicio es pura ganancia sin costo de producción.
Para quienes redactaron la ley del Impuesto a las Ganancias y para la AFIP que es quien la reglamenta, el trabajo intelectual no es un costo. Si alguien fabrica chorizos, la AFIP considera como costos de producción la carne, la tripa y el hilo, costos que se deducen del precio para determinar la ganancia que obtiene el fabricante de chorizos. No ocurre lo mismo con los profesionales. El buscar datos, elaborarlos y analizarlos —que serían el equivalente a la carne, la tripa y el hilo del chorizo— no es un costo de producción. Un disparate conceptual.
De todo lo anterior se desprende que no son solamente los empleados en relación de dependencia quienes sufren con el Impuesto a las Ganancias, sino que también las empresas y los profesionales independientes lo padecen, y yo diría que hasta con mayor intensidad.
Para ir terminado con el tema de los empleados en relación de dependencia, los independientes y las empresas, hago un solo comentario más. ¿Por qué todos los legisladores de la oposición y el periodismo sostienen que están de acuerdo con que se suba el mínimo no imponible de Ganancias para los empleados en relación de dependencia pero no dicen nada de los independientes y las empresas? ¿Acaso somos ciudadanos de segunda los independientes y las empresas al momento de pagar el impuesto a las ganancias o la posición de los políticos opositores y periodistas es pura demagogia?
Muchos de mis colegas economistas dicen que el problema del Impuesto a las Ganancias está en la inflación. Sin duda que la inflación es un problema, pero si se indexara el mínimo no imponible por la inflación verdadera y se permitiera indexar los balances y se corrigiera la ley para el caso de los profesionales independientes, el problema se atenuaría bastante. El punto es que el Gobierno sabe que está aplicando el impuesto a las ganancias sobre utilidades que no existen y sobre la indexación de los salarios. Tanto lo sabe que lo hace deliberadamente para recaudar más y así financiar su política populista. Por eso el problema no es solo la inflación en esto del impuesto a las ganancias, sino un nivel de gasto público que hoy solo es financiable expoliando a la gente. En consecuencia va a ser difícil que el Gobierno ceda fácilmente en esto de elevar el mínimo no imponible. Porque necesita desesperadamente caja. Si cede, no solo pierde políticamente, sino que pierde parte de la caja que necesita para su populismo.
Así como siglos atrás los reyes enfrentaban rebeliones fiscales por la alta carga impositiva que tenían que aplicarle a los súbditos para financiar sus guerras de conquistas y vidas opulentas, hoy sucede lo mismo. La diferencia es que en vez de financiar guerras de conquistas, hoy hay que financiar un gasto público aplastante fruto del populismo imperante. Pero el dato común es que estamos asistiendo a una rebelión fiscal. Ya pasó en el 2008 y ahora de nuevo.
Si en el Gobierno leyeran la historia de las rebeliones fiscales, empezarían a poner las barbas en remojo porque llega un punto en el que la gente se harta de trabajar para el Estado y, encima, no recibir nada a cambio por los impuestos que paga.

FUENTE: TRIBUNA




jueves, 31 de marzo de 2011

TRABAJADORES: ¿Quieren saber quiénes fueron los diputados que dejaron caer el debate por Ganancias?


En una acalorada discusión, el presidente de la Cámara Baja cerró el debate por falta de quórum en una maniobra que atribuyen a Agustín Rossi.

En medio de un escándalo, en el que no faltaron gritos y señalamientos, el arco opositor en su conjunto fracasó este miércoles en un intento por conseguir el quórum para tratar el impuesto a las Ganancias con 11 diputados ausentes.
La jugada se le atribuye al jefe de la bancada K en Diputados, Agustín Rossi. Según la reconstrucción del diario Clarín, a  las 13:32 el santafesino era el único de los oficialistas presente en el recinto que venía reclamando el levantamiento de la sesión porque no conseguían el quórum. En ese momento, con Rossi incluído, el marcador arrojaba 128 diputados presentes hasta que irrumpió la legisladora del PJ Federal, Ivana Bianchi, para ocupar el lugar 129 y dar inicio al debate. Fue en ese momento cuando Rossi agitó a los presentes y se le levantó de su banca para desmontar la sesión.
Entre los que legisladores que pegaron el faltazo a la sesión, se contaron José Arbo (Partido Liberal-Corrientes), Miguel Bonasso (Diálogo por la Ciudad-Capital), Francisco Fortuna (Peronismo Federal-Córdoba), Natalia Gambaro (Peronismo Federal-Buenos Aires), Estela Garnero (Peronismo Federal-Córdoba), Eduardo Kenny (UCR-La Pampa), Cecilia Merchán (Libres del Sur-Proyecto Sur-Córdoba), Pedro Molas (UCR-Catamarca), Alfredo Olmedo (Salta somos Todos-Salta), Liliana Parada (Proyecto Sur-Capital) y Lorena Rossi (Peronismo Federal-Río Negro).

La caída del debate por Ganancias, representa el primer fracaso del año. Se trata de la modificación a un impuesto que afecta a unos 2 millones de trabajadores solteros que cobran más de $ 4.818 pesos y casados con salarios superiores a los $ 6.665. De alentarse el proyecto, el cambio prevé pisos a $ 7.200 y $ 9.000, respectivamente.

"¡Hay quórum, señor presidente, Rossi dio el quórum!", le señalóFederico Pinedo, diputado y jefe de la banca PRO en la Cámara Baja, cuando Rossi daba por finalizada la sesión. "El reglamento de la Cámara de Diputados establece que el quórum lo establecen los diputados 'presentes en el recinto', no los que están ‘sentados en sus bancas'", indicó por su parte el radical Ricardo Gil Lavedra, según publicó el diario La Nación.

Las críticas también fueron dirigidas al presidente de la Cámara, Eduardo Fellner, por haber levantado la sesión: "Lo que hizo Fellner es un piquete parlamentario para dejar sin voz al pueblo argentino", criticó Pinedo.  "El Gobierno no quiere beneficiar a los trabajadores. Hoy queríamos llevar el mínimo no imponible del impuesto a las ganancias a $ 11.000, pero no pudimos porque el oficialismo no dio quórum", dijo Felipe Solá.

"Los diputados sindicales del kirchnerismo les dieron la espalda a los trabajadores", se quejó Horacio Piemonte, de la Coalición Cívica.

fuente; Perfil

sábado, 12 de febrero de 2011

EL IMPUESTO A LA GANANCIA MÍNIMA PRESUNTA


El regresivo sistema tributario argentino


La Argentinacuenta con uno de los sistemas tributarios más regresivos del planeta, de hecho se sustenta básicamente en impuestos al consumo. Pagan más los que menos tienen. Sin embargo, como siempre, todos lo saben, muchos lo critican y denuncian pero nadie hace nada.
Cada fuerza política que llega al poder, al momento de asumir, se olvida de todas las falencias advertidas al sistema, y sigue poniendo parches de manera interminable o conservando los ya existentes.
Nuestro sistema tributario podría definirse perfectamente como un engendro de magnitudes incontrolables. Y por eso, por esa imperiosa necesidad que tienen los poderes políticos de turno de controlarlo, es que lo siguen emparchando en lugar de dar los primeros pasos para empezar a sanearlo, a hacerlo más equitativo.
Un tributo es distorsivo cuando vulnera uno de los principios constitucionales en materia tributaria, esto es, la capacidad contributiva. Pero esto no queda allí, sino que además las transacciones comerciales se ven afectadas y en nada se favorece la competencia transparente.
Un ejemplo de esto es el Impuesto a la Ganancia Mínima Presunta, pasible de que se incurra en doble imposición en tanto no permite la imputación de pasivos. Este impuesto se creó en 1990 bajo la denominación de “Impuesto sobre los Activos” y fue derogado en 1995 para renacer con su nombre actual en 1998, aunque desde su origen la doctrina se pronunció en su contra.
La Corte Suprema de Justicia de la Nación entendió la inconstitucionalidad del IGMP en el caso “Hermitage” en junio 2010. Asimismo, en octubre del mismo año, se pronunció de igual modo acerca del caso “Establecimiento Oeste S.A.”. En el primero, argumentó no encontrar un nexo entre el hecho imponible que evidenciara una ganancia mínima presunta y la base imponible, mientras que en el segundo el ente se hallaba en concurso preventivo.
Hace más de 150 años Alberdi escribía: “Después de los cambios en la religión y en el idioma del pueblo, ninguno más delicado que el del sistema de contribuciones (...)”.
Sin embargo, a juzgar por el absurdamente complejo e inequitativo régimen tributario nacional vigente en este país, podría concluirse que nadie lo leyó o al menos, nadie quiso nunca entenderlo.

Nidia G. Osimani